No hay nadie más, estuvo a punto de haber un amor
correspondido, todo iba bien hasta que me di cuenta de que estaba muerta. No,
no era una zombi, era tu viva imagen, tardé en darme cuenta, fue como vomitar
sobre tu cadáver, no hubiera debido darme tantas oportunidades, aún ahora, al
recordarlo, me entra un escalofrío de repugnante beneficio, soy culpable.
Manuel se acercó a su espalda y la besó en la nuca, notó el
olor y la untuosidad de la crema hidratante, no tenía ganas, estaba cansado. No
obstante, había llegado la hora, venía el turno de los orgasmos. Tiritar de
placer bajo la inclemencia de las palabras, llorar por adentro; terminó de
atarse la soga, se ajustó el pelambre de monstruo, sacó el miembro y empezó a
trajinar. Pensó en el agua, los ojos cegados y la oscuridad que le impedía ver,
adoraba la inseguridad de las sombras, ponía los pies junto a los suyos, sentía
su calor mientras todo se movía como en una canción triste, aunque animada. Iba
a ser un largo camino, sentir el peso de ella le reconfortaba. Millones de años
habían venido desde muy lejos a buscarlo, nadaba en un mar lleno de evidencias;
iba a salir bien de aquélla; los buenos tiempos regresarían, no tendría que
divagar ni soñar despierto; soñar con las sanguijuelas de su anterior empresa,
las que vivían del sudor ajeno, puro materialismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario