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jueves, 25 de abril de 2013

10 puertas para un viaje

De los míticos arcos de Isthar, entrada a la mítica Babilonia, a la belleza natural de Delicate Arch, en el desierto de Utah

 

Turistas ante la bóveda natural de Delicate Arch, en el desierto de Utah (EE UU). / Nicholas Pitt
Construcciones legendarias, triunfales arcos conmemorativos, bóvedas naturales de roca sobre el oleaje oceánico… Dispersas por todo el mundo, algunas son espléndidas, otras temibles y macabras, e incluso las hay divertidas. Diez puertas que todo viajero debe cruzar al menos una vez en la vida.

01 Pasiones fronterizas

WAGAH (INDIA y PAKISTÁN)



Ceremonia diaria de cierre de puertas en Wagah, paso fronterizo entre India y Pakistán. / Alex Linghorn
Dos puertas metálicas, una naranja, blanca y verde, y otra con una luna creciente y una estrella, se alzan equidistantes en la frontera de la única carretera que hay entre India y Pakistán. Trazada tras la separación en 1947, este paso fronterizo divide la aldea de Wagah, que desde entonces acoge un espectáculo poco habitual. Cada noche los guardias de ambos países representan la ceremonia de cierre de puertas con gran pompa y patriotismo. Zapateos y paso de la oca mientras una muchedumbre de indios y paquistaníes vitorean separados tan solo unos metros, pero profundamente divididos. Suele haber más indios que paquistaníes, pero todos gritan el nombre de su país y ondean pequeñas banderas. Es un ritual entre la atracción turística y la demostración de fuerzas, que refleja las confrontadas pasiones entre ambos países. El evento no está exento de un toque de fiesta y la gente se hace fotos con los guardias de uno y otro lado.
Wagah está a 28 km de Amritsar, a 20 km de Lahore. La ceremonia tiene lugar todos los días al caer la tarde y dura unos 45 minutos.

02 Puertas a lo macabro

COSTA DE LOS ESQUELETOS (NAMIBIA)



Puerta de entrada al parque nacional de la Costa de los Esqueletos, en Namibia. / Jami Tarris
Dos macabras calaveras con huesos cruzados señalan esta puerta en la costa noroeste de Namibia. No parece la más acogedora de las bienvenidas, pero marca la entrada a los tramos más salvajes de la Costa de los Esqueletos, una franja hostil llena de herrumbrosos barcos embarrancados, donde el estruendoso Atlántico –y poco más– remonta hacia Angola.
El parque nacional de la Costa de los Esqueletos se extiende desde el río Kunene, en la frontera con Angola, hasta el río Ugab, y está dividida en tres secciones: la primera, desde la bahía de Henties a Ugab, incluye la olorosa Reserva de Focas del Cabo del Cruce; la segunda atraviesa la puerta de Ugab hacia la bahía de la Terraza, un rico refugio de fauna; y la tercera va desde la bahía de la Terraza hasta, sencillamente, el fin de la carretera.
El macabro nombre del parque se debe a la cantidad de navegantes europeos que a lo largo de los siglos sufrieron terribles naufragios en sus agitadas aguas. Los portugueses fueron los primeros en explorarlas y le dieron el poco tranquilizador nombre de las Puertas del Infierno. A este macabro pasado se le añade muchos siglos de pesca de ballenas y lobos marinos, cuyos esqueletos adornaban esta costa junto a los numerosos barcos herrumbrosos que todavía hoy aparecen varados en sus playas: desde navíos del siglo XVI hasta cargueros contemporáneos.
Se necesita permiso para entrar en el Parque de la Costa de los Esqueletos y conducir más allá de la bahía de la Terraza está prohibido; el acceso al safari se realiza en avioneta.

03 Arco de triunfo hindú

BOMBAY (INDIA)



Puerta de India, en el puerto de Bombay. / Peter Adams
Construida para conmemorar la visita del rey Jorge V en 1911, la Puerta de India es como un pequeño Arco del Triunfo de París, pero con florituras islámicas. Situada en el paseo marítimo del puerto de Bombay, en la zona de Apollo Bunder, frente al mar, es uno de los principales puntos de encuentro en Bollywood, como se suele llamar a la capital industrial y cinematográfica del país indio. Se trata de un arco de basalto de 26 metros de altura, proyectado por el arquitecto escocés George Wittet en lo que se llamó el estilo indo-islámico. Se concluyó en 1924 y desde entonces se convirtió en la puerta de entrada ceremonial para los virreyes y gobernadores de Bombay. El último regimiento colonial marchó bajo ella en 1948.
Las mejores vistas de este icono del país no son fáciles de obtener: para disfrutarlas hay que conseguir una habitación en el carísimo Taj Mahal Palace & Tower Hotel (que sufrió un ataque terrorista en 2008), ubicado justo al lado. Si el presupuesto no da para esto, los barcos del embarcadero a la isla Elefanta ofrecen también buenas panorámicas.

04 Bienvenidos a Babilonia

BERLÍN (ALEMANIA)



Dos visitantes ante la Puerta de Ishtar, en el Museo de Pérgamo de Berlín. / Corbis
Como una cueva de Aladino, el Museo de Pérgamo de Berlín abre una fascinante ventana al mundo antiguo. Una de las estrellas del museo es la reconstruida puerta de Ishtar, del reinado de Nabucodonosor II en Babilonia. Es imposible no quedar deslumbrado ante su tamaño, la vía procesional que conducía hasta ella y la fachada del salón del trono, todo ello construido con ladrillos vidriados que resplandecen en tonos azules y ocres. Los leones, caballos y dragones, que representaban a los principales dioses babilónicos, son tan impresionantes que casi se oyen los rugidos y la fanfarria.
La Puerta de Isthar era originalmente una de las ocho puertas monumentales de la muralla interior de Babilonia, por la cual se accedía al templo de Marduk, donde se celebraban las fiestas propias del Año Nuevo. Formaba parte de una majestuosa Vía Procesional que finalizaba en un gran patio donde se alzaba la mítica Torre de Babel, un zigurat del que ya no queda ni rastro. La de Isthar sigue siendo, aun fuera de su contexto original, una puerta imprescindible que todo viajero debería ver (y cruzar) al menos una vez en su vida. Hay que calcular al menos dos horas para ver este increíble museo berlinés; imprescindible la audioguía (es gratuita).

05 Una entrada triunfal para Napoleón

PARÍS (FRANCIA)



La avenida de los Campos Elíseos de París, con el Arco de Triunfo al fondo. / Charles Bowman
La terrorífica rotonda con 12 salidas que rodea el Arco de Triunfo de París, en la plaza Charles de Gaulle, no es probablemente lo que Napoleón había pensado cuando encargó su construcción en 1806. Claro que también había planeado ganar todas sus batallas y ver el monolito concluido antes de 1836. No importa; ahora ya está acabado y es el epicentro de la ciudad. Amplios bulevares –Campos Elíseos incluidos- parten en forma radial de su base. Desde su terraza rectangular, a unos 50 metros de altura, las vistas son panorámicas: al sureste el Louvre, al sur la Torre Eiffel y al noroeste el Grand Arche de la Défense, otra puerta que casi merece estar en este listado.
El Arco de Triunfo abre todos los días de 10.00 a 22.30 (hasta las 23.00 entre abril y septiembre). Se llega con las líneas de metro 1, 2 o 6 (estación Charles de Gaulle-Étoile).

06 Puerta celestial

MIYAJIMA (JAPÓN)



'Torii' del santuario de Itsukushima, en Miyajima (Japón). / Corbis
Este es uno de los más bellos parajes de Japón. En el siglo XVII, Shunsai Hayashi, erudito de Confucio, viajó a Japón y realizó una lista de las tres mejores vistas del país. Esta torii (puerta tradicional) flotante roja y el templo que la acompaña en Miyajima, cerca de Hiroshima, era una de ellas. La propia isla de Miyajima ha sido lugar de culto durante mucho tiempo. Pero es que su aspecto es realmente celestial: un pequeño afloramiento en mitad del mar de Seto con un bosque de robustos arces, templos y tranquilidad, y la emblemática Itsukushima-jinja rodeada de agua como inolvidable entrada. Podría parecer incluso un pictograma de la complicada escritura japonesa.
Existen muchos santuarios sintoístas en Japón pero el de Itsukushima está reconocido como uno de los más bellos y mejor conservados, así como uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional integrada en un extraordinario paisaje natural.
El 17 de junio, durante el Festival de Kangensai, los músicos entran al santuario en barca.

07 Delicate Arch

UTAH (EE UU)



Un turista fotografía Delicate Arch, en el parque nacional Arches, en Utah (EE UU). / Eddie Brady
Los aficionados a los arcos naturales de roca tienen un sinfín de ellos en el parque nacional Arches, zona protegida en el desierto alto de Utah. Aquí se pueden admirar las elegantes curvas del Double Arch o el Landscape Arch, de 91 metros de largo, uno de los más grandes del mundo. En total, hay registradas más de dos mil de estas formaciones de roca arenisca esculpidas por la erosión, pero es el Arco Delicado, el que figura en todas las postales. También aparece en las matrículas y en los sellos postales; es el símbolo oficial del estado de Utah. De 52 metros de alto y aislado sobre un risco de color rojo, el mejor momento para contemplarlo es al atardecer, cuando el último rayo parece arrancarle llamaradas.
Los 2,4 kilómetros desde Wolfe Ranch hasta Delicate Arch supone de 30 a 45 minutos de paseo. Los conductores deben dirigirse al mirador Delicate Arch Viewpoint.

08 Costa Jurásica

DORSET (REINO UNIDO)



Niños jugando en la playa de Durdle Door, en la Costa Jurásica, en Dorset (Inglaterra). / Gideon Mendel
Durdle Door tiene algo de primigenio: quizá sea el hecho de encontrarse en la costa jurásica de Dorset, o su nombre en inglés antiguo (que significa “agujerear”), o puede que solo se trate del batir de las olas. De cualquier modo, este arco de roca, erosionado de forma natural en la piedra caliza, parece atemporal, aunque el corrosivo Canal de la Mancha opine lo contrario: probablemente, algún día esta roca se desmoronará. Hasta entonces, se puede pasear por el acantilado para toparse con fósiles milenarios, cuevas de elegantes curvas y vistas del poderío de Durdle Door. Es la imagen más fotografiada del abrupto litoral de Dorset.
Se recomienda divisar el arco paseando por el tramo del South West Coast Path que va desde Ferrybridge a la cala de Lulworth (unos 23 kilómetros). La estación de tren más cercana está en Wool y la puerta está a un kilómetro desde West Lulwoth.

09 Monumento a la reconciliación

BERLÍN (ALEMANIA)


 
Puerta de Brandeburgo, en Berlín. / Matthew Frost
La Puerta de Brandeburgo siempre ha sido símbolo de algo. Construida por Carl Gotthard Langhans en 1791 como un monumento a la Paz (para el rey Federico-Guillermo), irónicamente fue bombardeada en la II Guerra Mundial. Durante los años en que Berlín estuvo dividida, constituía la separación de la ciudad (antes los coches pasaban bajo sus arcos), con el Muro discurriendo junto a sus pilares. Cuando este cayó en 1989, las multitudes de Berlín Este y Oeste se congregaron junto a este icono, que actualmente vuelve a a ser un símbolo de unidad y armonía.
La puerta está en Pariser Platz, en Mitte; se llega con línea U-Bahn U2 a Mohrenstrasse o con el tren hasta Brandenburger Tor. Enfrente, en la plaza de París, se han reconstruido fielmente numerosos edificios, como el hotel Adlon, en el que se alojan famosos de todo el mundo.

10 La puerta de la conversión

DAMASCO (SIRIA)


Un coche antiguo estadounidense ante la puerta de Bab Sharqi, en Damasco (Siria). / Eric Lafforgue
Aunque no son buenos tiempos para visitar Siria, no nos resistimos a reseñar una de las grandes puertas de la antigüedad, la de Bab Sharqui, en Damasco, capital de un país con muchas connotaciones históricas, artísticas y culturales, como la famosa carretera de San Pablo hasta la propia Damasco, que tal vez llevó al santo a pasar por la citada Bab Sharqui, una de las siete grandes puertas de la capital de Siria. Está en el extremo este de la Calle Recta, la avenida a la cual Dios dirigió al converso cristiano.
Es la única entrada que se conserva del antiguo diseño romano, aunque dos mil años no pasan en balde y de la mampostería original solo quedan fragmentos. A pesar de ello, todavía resulta grandiosa. Por ella se accede a un laberinto de callejuelas, zocos y herméticas casas damasquinas que el tiempo ha respetado en su mayoría. Las maravillas de la arqueología siria aguardan a que el país recupere la normalidad y nos abra de nuevo las puertas de par en par.

¿Tenían tus abuelos más sexo que tú?

Varios estudios demuestran que la frecuencia sexual ha disminuido con respecto a años anteriores. Nuestros antepasados tenían más aventuras que contar pero nosotros, al menos, hemos ganado en calidad.

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Ursula Andress y Jean-Paul Belmondo en Up to his ears de 1965.
Foto: Everett Collection
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Si la época actual, en materia de sexo, fuera una serie de televisión, ¿cuál creen que se acercaría más a la realidad? Empecemos con Mad Men, en la que hombres y mujeres parecen presos de una lujuria desmedida que no respeta ni el lugar de trabajo, y en la que el protagonista, Don Draper, no tiene tiempo ni energía suficientes para complacer a todas las chicas que se le insinúan abiertamente y sin tapujos. Tal vez pensemos que eso solo pasa en la ficción, pero para ponernos los dientes largos Jane Maas publicista norteamericana que vivió esa época –el equivalente a Peggy Olson en el mundo real, ya que empezó desde abajo y llegó a dirigir su propia agencia de publicidad– escribió no hace mucho un libro, Mad Women, la otra cara de la vida de Madison Avenue (Lumen), en el que separa mito de realidad. Tras reconocer que no se fumaba ni se bebía tanto como en la serie, confiesa: “El sexo no es que estuviera en el ambiente sino que se respiraba”. Sin comentarios.
En el lado opuesto estaría la serie Un hombre en casa. Ya en los 70 en el barrio de Eals Court, en Londres, los ánimos se han desinflado un poco, Chrissy, Jo y Robin, los protagonistas y compañeros de piso, tontean episodio tras episodio pero no se comen una rosca, por no hablar de los caseros, los Roper, un matrimonio entrado en años, en el que el marido hace oídos sordos a las demandas sexuales de su esposa. La serie originó una expresión muy utilizada por un amigo: “Aquí se folla menos que en los Roper”, decía para denominar cualquier ambiente poco propicio para el sexo.
Cronológicamente le toca el turno a Sexo en Nueva York, –otro conocido ingenioso sugería que sería más verídico hacer una serie titulada Sexless in the city (Sin sexo en la ciudad)–; aquí los guionistas parecen haberse inspirado más en la realidad y hay una de cal y otra de arena, días buenos y malos, épocas de abundancia y de escasez. 
Buscar estadísticas que demuestren si la frecuencia sexual ha aumentado o disminuido con los años no es fácil porque el interés por estos asuntos es relativamente nuevo. Durante años, solo las marcas de condones estaban dispuestas a hacer preguntas embarazosas a la gente, en parte para ver cómo podían incrementar sus ventas. Los informes Durex son la única referencia al respecto en nuestro país. El último, sobre Bienestar Sexual, del año 2012, se hizo a 29.000 personas de 36 países y, entre sus resultados, se deducía que el 73% de los españoles tiene sexo al menos una vez por semana, de ellos solo un 2% lo hace cada día, un 5% entre 5 y 6 veces por semana y un 24% dos veces cada siete días. Los colombianos parecen ser los que hacen el amor con más frecuencia, seguidos por indonesios, rusos y portugueses.  Si comparamos este informe de Durex con el del año 2007/08, vemos que un poco antes los españoles tenían una media de 118 encuentros sexuales al año, lo que significa 2,26 a la semana. En este estudio, los griegos están en primer lugar en número de coitos anuales (164), seguidos por los brasileños (145), polacos y rusos (143), mientras los japoneses ocupan el último puesto con solo 48 días de sexo al año.
El 1 de abril de este año la revista Pediatrics publicaba online un estudio del Guttmacher Institute, en EEUU, titulado Iniciación sexual, uso de anticonceptivos y embarazos en los adolescentes, en el que se echaba por tierra la teoría suscrita por mentes conservadoras de que esto se parece cada vez más a Sodoma y Gomorra. Según el trabajo de Lawrence B. Finer y Jesse M. Philbin, los adolescentes estarían comenzando su vida sexual a una edad mucho mayor que en el pasado. “Los medios de comunicación con frecuencia sensacionalizan el comportamiento sexual adolescente, pero los datos no apoyan esta teoría”, dice Finer en el estudio, y continúa, “los jóvenes esperan más para tener su primera relación sexual, usan anticonceptivos con mayor frecuencia y, por lo tanto, tienen menos posibilidades de tener embarazos que sus iguales de épocas pasadas”. La conclusión es rotunda: “La posibilidad de actividad sexual entre adolescentes de cualquier edad –en nuestros días– es menor a la de cualquier momento de los últimos 25 años. Lo que quiere decir que la gente no solo comienza su actividad sexual a una edad mayor, sino que lo hace con menor frecuencia”. 
Rebuscando datos en Internet encuentro una declaración hecha en 2003 por John Bancroft, director por aquel entonces del Kinsey Institute en la Universidad de Indiana, toda una autoridad en investigaciones en materia sexual. Bancroft decía que “la gente no tiene tanto sexo como solía tener”, con motivo de un estudio que se hizo, en el que ponía de manifiesto la disminución de la frecuencia sexual en las parejas con respecto a los años 50.
¿Nos estamos acercando a la filosofía de vida de los Roper o se trata solo de un periodo de vacas flacas que llegará algún día a su fin? Victoria Romero, sexóloga y pediatra de la Fundación Sexpol, en Madrid, se muestra un poco escéptica con la metodología de estos estudios. “Primero habría que definir qué es una relación sexual y la mayor parte de las veces, en cuestión de estadística, se entiende por coito, lo que no es del todo cierto. No sé si habremos bajado en frecuencia, imagino que sí desde la crisis, ya que los recortes también han llegado hasta aquí, pero la sexualidad femenina ha ganado mucho en calidad, con respecto a la de nuestras madres, y la de los hombres, también. Ahora cada uno es responsable de su placer y sus orgasmos”.
Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, sin datos concretos pero con años de experiencia como terapeuta, se inclina a pensar que es probable que tengamos menos sexo que antes, pero la calidad es mejor. “Nuestras madres, y mucho más nuestras abuelas, no podían decir que no, por eso se inventaban eso de que les dolía la cabeza y los hombres usaban el sexo como una forma de descarga y de relajación tras un día de trabajo. Es fácil que en los años 50 o 60 las parejas españolas lo hicieran 2 o 3 veces por semana. Hoy se deja para el sábado, el resto de los días estamos demasiado cansados. El estrés ha sustituido a la moralidad como impedimento para disfrutar más del sexo, lo bueno es que la mayor parte de la gente es consciente del problema y hace por solucionarlo”. 
Tal vez nuestros abuelos tenían relaciones más frecuentemente pero la vida sexual se ha alargado, como mantiene Santiago Frago, experto en Sexología y director médico del Instituto de Sexología Amaltea, en Zaragoza. El centro ha mantenido hasta febrero de 2012 una asesoría sexológica para mayores de 65 años. “La media de edad de las personas que acudían a consulta era de 73 años”, comenta Frago. “Tal vez ahora haya menos cantidad de encuentros pero hay más diversidad, tenemos más parejas antes de dar con una estable y eso nos permite comparar, experimentar y mejorar”.
Tenemos más herramientas pero nos falta tiempo, tal vez debamos hacer como en Mad Men y, puesto que nos pasamos la vida en la oficina, empezar a incorporar el sexo también en el trabajo. Si alguna vez he querido ser jefa, además de por ganar mucho más, es por tener un despacho como el de Don Draper con minibar, ropa limpia para cambiarse y un enorme sofá donde pensar, y hacer infinidad de cosas, en posición horizontal.

martes, 16 de abril de 2013

Reivindicando a las chicas de la generación beat

Kristen Stewart, Amy Adams y Kirsten Dunst interpretan a las grandes damas beatniks en la postergada adaptación al cine de 'En el camino', la novela-manifiesto de Jack Kerouac.

kristen
Kristen Stewart en una escena de On the road.
Escrita en tres únicas semanas dentro de un asfixiante apartamento en Manhattan, En el camino siempre tuvo más de elegía que de crónica del presente. Jack Kerouac se basó en sus propias experiencias de juventud, terminó el manuscrito (un único rollo mecanografiado, sin párrafos ni márgenes) en 1951 y pasó seis años más negociando las condiciones de su publicación. Para cuando vio la luz en 1957, la novela ya hablaba de un zeitgeist cultural perdido, de una Arcadia irrecuperable, y su éxito editorial despojó a Kerouac de su valiosísima condición de outsider. En otras palabras: En la carretera es el mejor compendio de ese huracán de bohemia, jazz, drogas y poesía que conocemos como Generación Beat, pero también fue su corolario.
Con Diarios de motocicleta (2004), Walter Salles ya narró los viajes de un icono contracultural de mediados del siglo XX, así que parecía la opción adecuada para llevar al cine los de otro. El resultado es una película tan fiel a la novela que parece no haber entendido bien su defensa de la libertad creativa. On the Road traduce en imágenes (bellas, delicadas) algunos pasajes que se leían con ruido de máquina de escribir en la cabeza, pero esa prosa espontánea de Kerouac, que fue comparada con el bepop por la crítica literaria del momento, se convierte aquí en un diseño de producción tan arrebatador como, en el fondo, calculado.
Salles mantiene uno de los puntos más controvertidos de En el camino: su visión de lo femenino. Dean Moriarty (Garrett Hedlund) y Sal Paradise (Sam Riley) son los verdaderos protagonistas, renegados que sólo saben vivir en una huida hacia delante. Las mujeres de sus vidas son, al mismo tiempo, adoradas y rechazadas. Quizá el problema no sea sólo de esta novela en concreto, sino de todo el movimiento beat, que tendía a ignorar a las mujeres (incluso como musas: las de Kerouac fueron siempre hombres) y a celebrar a sus poetas masculinos. Al fin y al cabo, eran los años 50. Sin embargo, On the Road demuestra que estuvieron ahí y, gracias a su sabio uso del star system, quizá sirva para reivindicarlas:
a) Joan Vollmer
Seudónimo: Jane.
Actriz: Amy Adams.
Biografía: La historia la recuerda como figura trágica, pero su importancia dentro del grupo fue mucho más allá. Su apartamento en Nueva York (que compartía con Edie Parker, futura esposa de Kerouac) fue el gran punto de encuentro para todos los miembros de la generación, desde Allen Ginsberg hasta William S. Burroughs. Joan inició una relación con este último en 1946, que acabó primero en boda y, más tarde, en tragedia. Al volver de un viaje, el bueno de Bill se encontró a sí mismo con una pistola humeante en la mano y Joan, que hasta hace poco estaba sujetando un vaso con la cabeza, yacía en el suelo con una herida mortal de bala. Burroughs afirmó que ambos simplemente estaban jugando a Guillermo Tell, aunque su confesión más desgarrada respecto al incidente llegaría en su introducción a Queer, una novela publicada en 1985: “Tengo que llegar a la inquietante conclusión de que yo no hubiera sido escritor de no ser por la muerte de Joan”. On the Road los muestra a ambos en días más felices, y Amy Adams logra reflejar ese fulgor fuera de lo común del que siempre hablaron sus compañeros de generación.
on the road
b) LuAnne Henderson
Seúdonimo: Marylou.
Actriz: Kristen Stewart.
Biografía: Ex mujer de Neal Cassady, poeta que sirvió a Kerouac como base para el personaje de Dean Moriarty, LuAnne fue lo más parecido que ambos escritores tuvieron a una musa. Les acompañó en el viaje que ocupa la mayor parte de En la carretera y, a juzgar por algunas fotos de la época, la sensualidad quemada por el sol de la que Kristen Stewart hace gala en la película le hacía bastante justicia. Es probable que la última referencia biográfica a Henderson nos la proporcione el biógrafo de Kerouac, Gerald Nicosia, quien afirma que ambos se siguieron viendo años después de su viaje. Seguían conservando su afición por fumar marihuana e imaginar formas en las nubes, hasta que un día Kerouac se volvió hacia ella y le confesó que ya no veía nada.
on the road
b) Carolyn Cassady
Seúdonimo: Camille.
Actriz: Kirsten Dunst.
Biografía: Nacida en una familia tradicional de Michigan, Carolyn Robinson ya era universitaria y diseñadora profesional conoció a Neal Cassady en 1946. Pese a que él le aseguraba que ya no estaba con LuAnne Henderson, Caroline decidió no creerle cuando se encontró a ambos en la cama con Allen Ginsberg. Así que Carolyn se marchó a Los Ángeles e inició una carrera como diseñadora de vestuario. Neal acabó volviendo a su vida: se casaron en 1948, aunque un año después él se marchó a vivir aventuras con su amigo Jack y su ex mujer. Su dedicación a sus tres hijos la mantuvo alejada de su carrera como artista: no produjo ninguna obra perdurable, pero lo cierto es que Neal tampoco. Su participación en la Generación Beat se limita a haber estado muy presentes en la órbita de los grandes. En 2008, Carolyn renegó por completo del concepto: “Por lo que yo sé, la Generación Beat fue algo que se inventaron los medios y Allen Ginsberg”.

on the road
c) Otras

No todas las mujeres que jugaron un papel prominente en el movimiento aparecen en On the Road. Por ejemplo, se queda fuera Joyce Johnson, una escritora admirada y respetada en su propio tiempo, aunque posiblemente su obra más famosa sea Minor Characters (1999), una autobiografía de sus días junto a Jack Kerouac. Ella fue quien estuvo a su lado cuando la popularidad de En el camino lo volvió un hombre inestable y clínicamente deprimido. También le debemos una de las descripciones más duras de la presencia femenina en la Generación Beat: “Al movimiento le importaba poco la participación de las mujeres como artistas. La verdadera comunicación se daba entre hombres, las mujeres estaban allí como meras espectadoras: mantenías la boca cerrada y, si eres inteligente, quizá se te podía pegar algo. Era una estética muy masculina”.

Otro nombre importante fue Diane di Prima, a quien Ginsberg describió como genial. Publicó más de cuarenta libros, fue una pieza fundamental en el cambio del movimiento beatnik al movimiento hippie, fundó el American Theatre for Poets y no circunscribió su producción literaria a los 50, sino que continuó durante las décadas posteriores. Y después están las autoras influidas por los beats, pero demasiado jóvenes para ser consideradas parte del movimiento, como Joanne Kryger o Anne Waldman. Por no hablar de su impacto decisivo en la música de Patti Smith, Laurie Anderson, Kim Gordon... Esa atmósfera de humo y jazz que captura On the Road duró tan poco como un relámpago, pero su impronta cultural aún permanece.

miércoles, 3 de abril de 2013

Siete Psicópatas

Escrito por Jesús Usero   
Curiosa película de violencia y psicópatas, consciente de su origen… Siete Psicópatas es un perfecto ejemplo de metalenguaje, una película algo absurda que se aprovecha de ello, de su supuesta bobería porque sabe que es boba y, sobre todo, sabe que es una película. Porque la trama de Siete Psicópatas juega con el hecho de ser una película dentro de una película y, durante la mayor parte de su metraje, lo hace con mucha inteligencia y de forma divertida, aunque no lo haga hasta el final y no encajen todas las piezas. Se convierte en una película divertida, inofensiva y muy curiosa. Diferente a la anterior película de su director, Martin McDonagh, pero con un tono que sin duda recuerda a aquella. Aunque para disfrutarla completamente, hay que aceptar el juego que propone. Un juego que parte de un guionista, Colin Farrell, en crisis creativa, dominado por un alcoholismo que niega y con un guión que hace tiempo tenía que haber entregado, Siete Psicópatas. Con ayuda de su peculiar amigo, Sam Rockwell, al menos los psicópatas de su guión comienzan a tomar forma en su cabeza, lo que les llevará a enfrentarse a un mafioso cabreado y a terminar en un curioso viaje al desierto donde terminar la historia. Entre todo el caos, nos cuentan la historia de esos siete psicópatas parte de la película que serán incluidos dentro de la otra película… Por eso decía que Siete Psicópatas y sus personajes parecen completamente conscientes de que forman parte de una película. La forma en que escriben el guión y la historia real pasa a ser parte del guión (Rockwell contando el que sería final perfecto de la película, la historia del cuáquero, lo que nos lleva al de la “vida real” o al verdadero final de la película…), el tema del alcoholismo tomado con humor negro… Hay un diálogo en la película en el que Walken (sensacional como siempre) acusa a Farrell de que sus personajes femeninos son inverosímiles y bobos… porque los personajes femeninos de la película lo son… y encima Abbie Cornish y Olga Kurylenko apenas aparecen en pantalla. Aunque Cornish tiene un plano bajo la lluvia… Con ese humor bizarro y ese juego entre personajes que saben que son personajes, ante todo en su primera parte la película funciona de forma brillante. La presentación de cada psicópata es genial y cada uno es más bizarro que el anterior. Y más salvaje. Luego la película toma un derrotero distinto, con el viaje al desierto huyendo de Woody Harrelson, y es cuando se pierde más y naufraga y llega a decepcionar con la caída de ritmo, pese al excelente final. Como ese personaje del conejo blanco, brillante, que desaparece. O las mujeres… qué desperdicio. Lo que queda es una película que es demasiado consciente de lo que es y de sus limitaciones, con un salvaje tratamiento de la violencia (ojo al cementerio), con mucha sorna, con una historia que se promete muy interesante, pero luego decae antes del tramo final. Imperfecta, divertida, con un muy buen reparto y con mucha sangre. Aunque puede que el título despiste a más de uno. Una buena película. Jesús Usero

Una bala en la cabeza

Escrito por Miguel Juan Payán   
Una bala en la cabeza, buena alianza de dos grandes del cine de acción, Stallone y Walter Hill. Walter Hill es una auténtica institución en el cine de acción, con una filmografía que aporta un buen puñado de títulos esenciales para definir el cine de acción de varias décadas, como Forajidos de leyenda, La presa, The Warriors, Limite 48 horas, Calles de fuego, Danko: calor rojo, El último hombre. Si añadimos a ello su faceta como guionista de La huida, de Sam Peckimpah y su papel en la creación de Alien, queda claro que es uno de los pilares del cine americano desde hace varias décadas. Por eso los aficionados al buen cine de acción esperábamos con interés su encuentro con Sylvester Stallone, que en mi opinión da como resultado un sólido largometraje de acción capaz de suscitar cierta nostalgia ochentera y respetar las claves de autoría del cine de Hill al tiempo que le proporciona al actor uno de los personajes más sólidos que ha interpretado en la pantalla. Los aficionados al cine policíaco encontrarán en Una bala en la cabeza un esquema argumental con el que sin duda podrán reconocer la fórmula aplicada en otras películas de Walter Hill, que fue el encargado de poner de moda las buddy movies, o películas de amiguetes, en el cine de los ochenta con Límite 48 horas, contribuyendo de paso a que Eddie Murphy pudiera poner el primer ladrillo para su estrellato incluso antes de protagonizar Superdetective en Hollywood. Basado en la improbable amistad entre dos tipos muy distintos sometidos a una situación de peligro relacionada con su arriesgada actividad profesional y obligados a aliarse para sobrevivir, una fórmula que Hill extrajo de la filosofía del cine de acción y evasión de Howard Hawks, John Ford, John Sturges o Robert Aldrich (podríamos rastrearla en clásicos como Dos cabalgan juntos, Duelo de titanes O Comando en el mar de China, entre muchas otras), ese planteamiento argumental ha sido aplicado por el director, heredero de todos estos grandes cineastas, en varias ocasiones, por ejemplo en Danko: Calor rojo y regresa, ligeramente actualizado y algo más oscuro y menos festivo que en películas anteriores, para convertirse en el pretexto argumental de Una bala en la cabeza. La película podría ser definida como un eficaz entretenimiento con una trama argumental sencilla y ligera, poco más que un boceto acomodado a las características de revival nostálgico del cine de evasión producido en la década de los ochenta que grandes figuras de aquellos tiempos como Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone o Bruce Willis han elegido para mantener viva su carrera en su madurez. No es, evidentemente, Los mercenarios, pero los que en su momento disfrutaron del cine de acción protagonizado por Stallone o dirigido por Hill pueden reencontrarse aquí con un esquema que les resultará tremendamente familiar. Por ejemplo a través del personaje del villano, interpretado por Jason Momoa, el Karl Drogo de la serie Juego de tronos y el Conan del largometraje más reciente estrenado sobre el personaje que creara Robert E. Howard. El hombre es un derivado de todos esos otros villanos de la filmografía de Hill, tipos siempre imprevisibles, físicamente hipertrofiados, más siniestros porque uno nunca sabe por dónde le van a salir y en general, como afirma una línea de diálogo, no parecen interesados por el dinero. Físicamente próximo al villano Billy Oso que encarnara Sonny Landham (el indio de Depredador) en Límite 48 horas y psicológicamente tan pirado e individualista como sus villanos más sádicos: el Raven al que diera vida Willem Dafoe en Calles de fuego o el Hickey encarnado por Christopher Walken en El último hombre. De manera que por estos y otros detalles de estilo y planteamiento hagan el favor, señores críticos de alto standing de no negarle las características de autor a Walter Hill por el mero hecho de que el buen hombre tenga como objetivo prioritario contar historias que nos entretengan. Una bala en la cabeza puede no ser una de las mejores películas del director, pero sigue siendo eficaz como producto de evasión en el seno del cine policíaco, es muy seria en su planteamiento visual, no cae en la trampa tan habitual del cine actual de acción de hinchar el perro para prolongar el metraje innecesariamente, sino que siguiendo la pauta de honestidad que siempre ha aplicado a sus obras Walter Hill va al grano sin inventarse personajes innecesarios ni subtramas totalmente artificiales y ajenas al relato principal. Lo que sí es, insisto, es una de las mejores películas y uno de los mejores trabajos que nos ha ofrecido Sylvester Stallone en su etapa más reciente como actor. El argumento y el personaje se ajusta como un guante a Stallone para sacarle el máximo partido a su imagen cinematográfica, y los degustadores del buen cine policíaco pueden pasar un muy buen rato con este largometraje. No obstante echo en falta un mayor desarrollo del personaje del policía asiático que acompaña al protagonista. En lugar de dirigirse a un protagonismo bicefálico que es lo más habitual en la explotación de la buddy movie, Hill ha optado por darle mayor peso en la trama a Stallone sin dejar que su joven compinche de aventuras pueda acercársele o hacerle la menor sombra. Eso obra en contra de una mayor química y tensión dramática entre ambos, al estilo de la que desarrollaron Nick Nolte y Eddie Murphy en Límite 48 horas. Me ocurre otro tanto con el personaje femenino de la tatuadora, al cual creo que le podrían haber sacado mayor partido. Sin embargo insisto en ponerle cuatro estrellas porque me parece un producto muy sólido en el marco del cine policíaco y además creo necesaria la vuelta de un estilo más reposado y clásico a este tipo de historias que han tirado en los últimos tiempos por el camino de lo trepidante y precisan un urgente retorno a sus fuentes más reposadas y narrativas, sustentadas sobre un guión competente y un buen trabajo de los actores, más que sobre un puñado de secuencias supuestamente espectaculares que por su abuso han acabado por convertirse en repetitivas. Miguel Juan Payán
Escrito por Miguel Juan Payán   
Viernes, 15 de Marzo de 2013 16:51
Escrito por Miguel Juan Payán   
Viernes, 15 de Marzo de 2013 16:51

Hannibal: Luces y sombras de un ilustre caníbal

http://www.encadenados.org/nou/n-79-ridley-scott/hannibal-hannibal-2000

Hannibal-11. Mucho se había especulado sobre una secuela casi obligada, después del éxito de crítica y público de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991).
Ocho millones de dólares (oficialmente) convencieron a Thomas Harris para escribir una tercera novela sobre el personaje de Hannibal el caníbal. Nueve millones de dólares (oficialmente) permitieron a Dino de Laurentiis adquirir (nuevamente) los derechos de esa novela para llevarlos al cine.
En 1986, Dino ya había producido Hunter (Manhunter), basada en la primera novela de Harris sobre Lecter (El dragón rojo). Como fue un fracaso, el bueno de Dino regaló (sí, han leído bien: regaló) los derechos del personaje a Jonathan Demme para que rodara la segunda película. El resultado ya es conocido: Demme se forró de dinero y de prestigio.
2. Además del dinero, también el factor humano entra en juego.
Oficialmente, Demme se niega a dirigir el nuevo film “por exceso de violencia” (¿de verdad es este el mismo joven que se formó en la factoría de Roger Corman con sexploitiations de serie Z?).
Oficialmente, Jodie Foster no interpreta de nuevo su personaje por “diferencias creativas” con el guión, en alusión también a que el final original de la novela era muy duro para su personaje (¿de verdad la Foster leyó el guión final? Pero si su personaje cambia radicalmente respecto a la novela, quedando como una persona íntegra que en ningún momento se deja seducir “por el lado oscuro”).
Oficialmente, Anthony Hopkins no tiene ningún problema en meterse de nuevo “en la piel” de Hannibal el caníbal (diez millones de dólares también habrán ayudado lo suyo).
3. Después de tantas versiones oficiales, ¿qué es lo que queda?
En primer lugar, Anthony Hopkins. Está en el personaje de su vida y se nota. Disfruta y nosotros con él. Incluso ha añadido mucho humor negro a Lecter, algo de lo que carece el interesante libro de Thomas Harris.
En segundo lugar, tenemos a Clarice Starling, esta vez en la piel de Julianne Moore. Su trabajo es impecable durante la primera media hora del filme. Pero cuando Lecter entra en escena devora (literal o figuradamente) a todos sus compañeros de reparto, por lo que Clarice pasa a ser un secundario de lujo... quizá esa sea la verdadera razón por la que la endiosada Jodie Foster se negó a interpretar el papel (o incluso la razón por la que Gary Oldman no aparece en los créditos, pese a que el personaje que interpreta, el deforme Mason Verger, está presente en gran parte del metraje).
En tercer lugar, tenemos a Ridley Scott. Parecía que con Gladiator había recuperado el rumbo, así que no es de extrañar que se rodee del mismo equipo para su nuevo filme (Mathieson en la fotografía, Zimmer en la música, Scalia en el montaje).
Sin embargo, el batacazo con este Hannibal es serio. ¿Razones?
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Quizá el motivo fundamental de la desilusión que produce este título es que Demme sugiere y Scott muestra. Una escena ilustra perfectamente lo dicho.
Cuando en El silencio de los corderos hablaban de lo que hizo Lecter a una enfermera, mordiéndole la cara mientras sus pulsaciones no pasaban de ochenta, el espectador siente un profundo estremecimiento; sólo hemos oído lo que hizo, mientras Clarice ve una foto que nosotros sólo alcanzamos a imaginar, pero nunca vemos.
En Hannibal esa misma escena está narrada en un explícito flashback: ahí tenemos al bueno de Lecter agarrado a la mandíbula de la enfermera disfrutando de un improvisado banquete. El encanto y el temor de la versión anterior han desaparecido por completo y todo queda reducido a una bonita imagen demasiado explícita.
Y así una y otra vez: la tortura de Mason, la muerte de Pazzi en Florencia, el festín de los cerdos... Todo es mostrado literalmente por un Ridley Scott que, con su entusiasmo por los efectos especiales, ha olvidado por qué fue un gran triunfo Alien, el octavo pasajero: precisamente porque creaba un clima, una atmósfera, donde el mal estaba siempre presente, lo podíamos sentir, pero casi nunca lo veíamos explícitamente.
4. Ridley Scott ha tenido siempre una peligrosa tendencia a ilustrar historias antes que a contarlas. Es mejor fotógrafo que narrador. A él, como a muchos otros cineastas actuales, le pesa mucho su origen publicitario y videoclipero: se entusiasma con un bonito encuadre, con una luz sabiamente dirigida... y se olvida de dirigir al resto de elementos que componen la película.
Así las cosas, es normal que Hannibal sea un filme bello de contemplar, pero sin alma, sin ese perfecto engranaje que convertía El silencio de los corderos en una obra inolvidable.
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5. Por último, queda el guión. Ted Tally se limitó a podar tramas secundarias en la adaptación de El silencio de los inocentes (desaparece, por ejemplo, la familia del director del FBI y los capítulos dedicados a su mujer enferma) y eso dio mucha mayor concentración (y un Oscar al guión) a la narración central de El silencio de los corderos.
Aquí, el primer guión de David Mamet siguió derroteros parecidos: mucha fidelidad al libro original y los retoques imprescindibles. Pero en el cine actual el desfile de guionistas es imprescindible. Incluso Ridley Scott reconoce que contrató un nuevo guionista porque ese final “no era el adecuado” (¿quiere decir que no daba pie a una tercera parte, que en realidad es cuarta, de las aventuras de Lecter y Clarice?).
El resultado ya lo habéis visto en pantalla: el final del libro es totalmente alterado, incluso dando un giro inexplicable al personaje de Lecter: aquí Clarice ya no es seducida por el lado oscuro del animal que todos llevamos dentro (sino que permanece íntegra); y Hannibal ya no es un implacable y delicioso degustador de semejantes (sino un pobre mortal enamoradizo y castrado —literal y figuradamente— en sus deseos hacia Clarice).
En definitiva, todo parece apuntar a que queda abierta la puerta para un futuro enfrentamiento entre el caníbal (que ya no lo será tanto) y la intrépida agente del FBI. Como en el Correcaminos y el Coyote. O como en Tom y Jerry.
Es normal que De Laurentiis, para su próxima película sobre el personaje ya haya desechado una reedición de El dragón rojo y esté más interesado en un nuevo guión (¿original?) escrito por Ted Tally: de lo que hablaremos en el futuro es de una franquicia como James Bond, con su cine bianual con el público.
Una pena.
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Malos tiempos para la nouvelle cuisine
Hasta aquí lo que en su día escribimos con motivo del estreno de Hannibal en España, en el año 2000, aquí, en Encadenados.
Aunque considero que lo publicado hace doce años sigue siendo válido, confieso que revisada hoy la película de Ridley Scott ha ganado enteros.
Su elegante puesta en escena, su control del montaje, el humor de Hopkins con el personaje, el equilibrio en las tramas paralelas (Clarice puteada por su jefes, Hannibal perseguido por unos aficionados y la venganza de Mason) y un saber hacer apoyado siempre en su brillante caligrafía, son elementos que ayudan a que el film sea como el Chianti que Lecter utiliza para saborear sus exquisitos platos: mejora con el tiempo.
Cierto que le sigue fallando su tendencia a ilustrarlo todo, como los intestinos de Pazzi colgado de la fachada de su palacio, pero no es menos cierto que la preparación de este tipo de escenas —con el humor añadido respecto al libro— nos prepara para un festín que no defrauda.
Quizá más sugerencia y menos evidencia ayudarían, pero tampoco abusa en exceso y más si tenemos en cuenta por dónde han ido los derroteros del cine actual y del personaje de Hannibal Lecter en particular.
Recordemos: en 2000, tras el éxito del film de Ridley Scott, De Laurentiis quería un nuevo guión de Tally y rechazaba un remake de El dragón rojo. Y lo quería rápido, no le apetecía esperar otros nueve años para una nueva secuela.
Sin embargo, los proyectos iniciales del productor se fueron pronto al traste: no llegó el guión original de Ted Tally y hubo que volver a la primera novela, aunque con un director con mucho, muchísimo menos nivel que Demme o Scott: un tal Brett Ratner.
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Lo que sí llegó fue una nueva novela de Thomas Harris sobre el personaje. Abandonada por el cine su bella propuesta de una escalada de apetitosos banquetes en Argentina a cargo de Hannibal y su cachorro Clarice, el autor decidió buscar en otros derroteros y, como casi siempre sucede, acudió a los orígenes del personaje.
Y tampoco la propuesta literaria —resuelta con una brillantez y una técnica exquisitas, como es habitual en el autor— alcanzaba mayores vuelos: se trataba en el fondo de justificar por qué un jovenzuelo que ha visto todas las maldades imaginables en la guerra acaba convertido en un caníbal. La culpa es de la guerra, de esos soldados centroeuropeos incontrolados que huyen y matan en vez de pelear como hombres.
Así, es normal que uno decida zamparse a sus semejantes: no merecen mayor atención que cualquiera de los animalitos que uno caza en el bosque para la comida familiar del fin de semana.
Torpe e innecesaria justificación que cierra caminos al atractivo de Hannibal Lecter, aunque su intención fuera precisamente abrir nuevas vías a la franquicia apostando por un actor joven que sustituyera a un Anthony Hopkins que había devorado con entusiasmo su papel en la pantalla —y, de paso, a sus compañeros de reparto—, pero que ya estaba tan mayor que sólo vale para interpretar a un envejecido Hitchcock en su última película.
Y todo ello si nos ceñimos sólo a Hannibal, el origen del mal (2007), una película dirigida con solvencia por Peter Webber, pero que partía de una historia innecesaria, una justificación pobre para un personaje que funciona mejor en las sombras que cuando éstas son iluminadas por explicaciones que empobrecen su carisma.
Toda la parte final de la película —una vez hemos comprobado la maldad de unos soldados lituanos que se comen, literalmente, a Misha, la hermana de Hannibal, cuando son niños— se convierte en la venganza de un joven hambriento —nunca mejor dicho—, que busca a los asesinos de su hermana para demostrarles que eso no se hace así, a pelo: la venganza puede ser un plato que se sirva mejor frío, pero antes hay que cocinarlo debidamente.
Así las cosas, el mito de Hannibal desciende muchos enteros. Su personaje queda explicado hasta la saciedad. Casi diríamos que incluso justificado. Una grosería.
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¿Hacía falta tanta luz en la inquietante oscuridad de sus orígenes?
El misterio de su nacimiento, de su perfecto control, de su afición a comerse a sus semejantes, todo ello desaparece. Todo. Y si no hay misterio, el thriller carece de emoción.
Un apunte final: hemos hablado sólo de Hannibal, el origen del mal porque, pese a todo, es una película que tiene sus puntos de interés.
De Laurentiis ya había hecho El dragón rojo en 1986 (la primera película como director de Michael Mann: un gran fracaso en taquilla), que en 2001 diera marcha atrás en su primera intención de no hacer un remake fue una de las peores decisiones de su dilatada filmografía.
Y que dejara el remake en manos de un negado como Brett Ratner, sencillamente condenó la película al olvido. Sólo recordar su título: Red Dragon (El dragón rojo, 2002)
Mejor no revisar una propuesta tan lamentable y pensar que la filmografía de Hannibal Lecter con Anthony Hopkins finaliza con éste luciendo su muñón en un avión, al final de la película de Ridley Scott. Y que sus orígenes, bueno, no es que sean demenciales, pero son menos interesantes que las andanzas del doctor Lecter adulto.
Visto el resultado de las dos secuelas, es normal que la carrera cinematográfica de este ilustre caníbal haya finalizado.
Lástima, era un personaje que comenzaba a caernos simpático.
Escribe: Sabín
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Muere Jess Franco, símbolo inconformista del cine español

Con una filmografía tan inabarcable como su lista de pseudónimos, Jesús Franco hizo de la rebeldía estilo sin parar de rodar películas hasta su muerte, acontecida con 82 años. Por CINEMANÍA

muere jess franco simbolo inconformista del cine espanol
Siempre es triste tener que lamentar la desaparición de un cineasta histórico; mucho más si encima se trata de un compañero de publicación, como es el caso del director Jesús Franco, que ha fallecido esta mañana en la Clínica Pascual de Málaga, a consecuencia de un infarto cerebral sufrido el miércoles pasado. El cineasta, más conocido como Jess Franco, ha muerto con 82 años tras dedicar los últimos 56 por completo al cine, siendo autor de aproximadamente dos centenares de películas. Hoy mismo puede verse en Madrid la última de ellas, Al Pereira vs. The Alligator Ladies.
Aunque su primer largometraje, Tenemos 18 años (1959) se inscribiera en el terreno de la comedia (tenía guión de Luis García Berlanga y estaba protagonizado por Terele Pávez y Antonio Ozores), cierta deriva fantástica del argumento ya ayudó a prefigurar lo que terminaría siendo una prolífica carrera consagrada en cuerpo y alma al género puro, especialmente el fantastique. Gritos en la noche (1962), su primer éxito, ya explota las constantes estilísticas del cine de Franco, que se caracterizaría por una frenética rapidez de producción que le permitía completar varios títulos al año (ese mismo año también estrenó Vampireras 1930 y La mano de un hombre muerto), ambientes góticos, temática sobrenatural y mujeres hermosas. Su capacidad de trabajo y la audacia para exprimir al máximo exiguos presupuestos le valieron el reconocimiento de ser considerado el padre de la Serie B española.
Dada su oposición a la dictadura franquista, realizó gran parte de su obra de finales de los 60 y primeros 70 en el extranjero, firmando con pseudónimos como Frank Hollman, Franco Manera, J. P. Johnson, Wolfgang Frank, entre otros, como, el más utilizado, Clifford Brown, con el que hizo filmes como Los demonios (1973), Diario íntimo de una ninfómana (1973), Aberraciones sexuales de una mujer casada (1981) o Las orgías inconfesables de Emmanuelle (1982). El caso es que no sólo la censura española la tomó con él, sino también la internacional, haciendo que muchas de sus producciones eróticas fueran calificadas como cine X o estrenadas en versiones mutiladas. Algo que no impidió que en los 80 también probara suerte dirigiendo algún título porno.
La maldición de Frankenstein (1972) fue una película fundamental en su filmografía por suponer el encuentro con Lina Romay, compañera sentimental y musa del cineasta hasta su muerte el año pasado. Lo cierto es que hablar del cine de Franco muchas veces es hacerlo también de sus actrices, a las que el director escogía y retrataba con suma pasión: Diana Lorys, Soledad Miranda, Rosalba Neri, Maria Rohm, Lina Romay o, recientemente, Fata Morgana han sido figuras clave en películas como El castillo de Fu-Manchú (1969), Marquis de Sade: Justine (1969), 99 mujeres (1969), La isla de la muerte (1970), El conde Drácula (1970), Vampyros Lesbos (1970), Eugénie (1974), El reformatorio de las perdidas (1976), Carne fresca (1997), La cripta de las mujeres malditas (2010) o La cripta de las mujeres condenadas (2012).   
El talento de Jess Franco ha sido reconocido por cineastas de espíritu cercano como Roger Corman (se podría decir que Franco fue el Corman europeo) o Quentin Tarantino. En 1965 trabajó como director de segunda unidad para Orson Welles cuando rodó en España Campanadas a medianoche, así como en sus proyectos inacabados de La isla del tesoro y Don Quijote. De esta última, Franco realizó un montaje incompleto del material rodado por Welles que se pudo recuperar de sus herederos, estrenado en 1992. A finales de la década de los 90 dirigió dos películas protagonizadas por la banda gallega Killer Barbies y un videoclip del grupo granadino Los Planetas, lo que le convirtió en icono de la generación indie. Pese al reconocimiento internacional de millones de fans del género de terror y Serie B, el cine de Franco no obtuvo el beneplácito académico en España hasta la obtención del Premio Goya de Honor en 2009, concedido por su extensa carrera cinematográfica en un emotivo homenaje.

Los directores más infravalorados (y V): Jack Arnold

Nuestro serial reivindicativo concluye con un tributo a un mago de la serie B, responsable de 'La mujer y el monstruo' y 'El increíble hombre menguante'. Por YAGO GARCÍA

los directores mas infravalorados (y v) jack arnold
Nos hemos adentrado en la oscura mente de Neil Jordan, hemos recorrido una España drogadicta y navajera de la mano de Eloy de la Iglesia, descendimos a la locura de la mano de Nicolas Roeg y tuvimos una sobredosis de violencia ochentera con Walter Hill. Ya sólo queda una entrega (por ahora) de nuestro serial sobre directores olvidados y reivindicables, y para protagonizarla CINEMANÍA ha escogido a un auténtico currante. Uno de esos trabajadores del cine criados en lo más feroz del sistema de estudios, capaz de trabajar a destajo (cuatro películas, o más, en un año) y a la vez de tomarse un filme de serie B con la seriedad de una superproducción. ¿De quién hablamos? Pues de Jack Arnold (1916-1992), un señor que lo mismo te filmaba un western, que una comedia, que una película de intriga, pero cuyo verdadero amor fue siempre la ciencia-ficción, un género al que legó verdaderos clásicos. Sigue leyendo, y descubrirás un mundo de efectos especiales primigenios, premisas inverosímiles y resultados casi siempre espectaculares.

La mujer y el monstruo (1954)


¿Por qué nos gusta? Antes de que Alien y sus derivados se llevasen al espacio exterior los arquetipos del cine de monstruos, esta película era el ejemplo más acabado de cómo la conjunción entre un señor vestido de látex (escamoso, en este caso), una actriz curvilínea (Julie Adams) y un director con buena mano para los sustos podía generar un título clásico. Su cutrez entrañable, aunque muy verosímil para la época, y la sabiduría de Arnold a la hora de crear atmósferas húmedas y tropicales ha convertido a La mujer y el monstruo en uno de los títulos más queridos de la primera época de Universal Studios. Y eso, tratándose de la misma factoría que lanzó el Drácula de Tod Browning, La novia de Frankenstein, El hombre lobo y El hombre invisible, es decir muchísimo.
Momento cumbre: La primera aparición de la Criatura de la Laguna Negra, un ejercicio de sutileza del que Ridley Scott aprendió muchísimo.

Tarántula (1955)


¿Por qué nos gusta? Tras habernos mostrado a un bicho siniestro de escala humana en La mujer y el monstruo (y en su secuela El regreso del hombre monstruo, rodada el mismo año), Arnold decidió regresar a lo grande... Literalmente, porque en este pequeño clásico la amenaza toma la forma de una araña radioactiva a la cual, en lugar de por picar a quinceañeros con gafas y convertirlos en superhéroes, le da por crecer descontroladamente. Señalemos que, además de unos efectos especiales de aúpa, Tarántula puede alardear de haber sido el debut en el cine de Clint Eastwood. El futuro director de Sin perdón aparece en un papel de piloto militar, tan extremadamente breve que ni siquiera sale en los créditos.
Momento cumbre: La tarántula de marras escapa del laboratorio, picando a su creador. Lo cual no sólo da pie a una escena de acción gloriosa, sino también a un pionero momento de terror biológico.

El increíble hombre menguante (1957)


¿Por qué nos gusta? Está claro que a Jack Arnold (y a la ciencia-ficción de los 50, en general) le gustaba jugar con los tamaños. Así, tras el gigantismo de Tarántula, nuestro cineasta nos ofrece la triste historia de un científico (Grant Williams) que encoge sin parar. Gracias al guión de Richard Matheson (Soy leyenda), El increíble hombre menguante no destaca sólo por su delirante premisa, sus efectos especiales o lo bien que evoluciona su historia, sino también por una peculiar poesía existencialista. Muchos críticos ilustres, como Guillermo Cabrera Infante, han utilizado este filme como ejemplo de las virtudes de la mejor serie B.
Momento cumbre: Hay donde elegir. Desde la escena en la que el héroe está a punto de ser devorado por su gato hasta la lucha contra la araña, por no mencionar el impresionante final.

Un golpe de gracia (1959)


¿Por qué nos gusta? En esta película, basada en las novelas de Leonard Wibberley sobre el Ducado de Gran Fenwick y sus 40 kilómetros cuadrados de territorio, Arnold añadió un miembro más a su galería de monstruos. Sólo que esta vez la criatura de marras no tenía garras, escamas ni ojos compuestos: estamos hablando de Peter Sellers. El actor británico, todo un ente primigenio en el plató (y fuera de él, aunque por motivos distintos) se luce aquí de lo lindo interpretando tres papeles, entre ellos el de la Duquesa Gloriana, peculiar gobernante que decide declararle la guerra a los EE UU con la noble intención de perderla, y así recibir ayudas del Plan Marshall. Esta comedia enloquecida se beneficia, además, de la presencia de Jean Seberg antes de convertirse en musa de la Nouvelle Vague.
 Momento cumbre: El Ducado de Gran Fenwick envía su a Nueva York fuerza expedicionaria, compuesta por veinte soldados (uno de ellos, Sellers) con espadas y arcos. El ejército estadounidense queda, digamos, un poco consternado.

Boss Nigger (1975)


¿Por qué nos gusta? Sexagenario ya, y tras una década larga dedicado casi en exclusiva a la televisión, Arnold volvió a la pantalla grande para dejar su impronta en otro género clásico de la serie B: la blaxploitation. Es decir, el cine protagonizado por afroamericanos, generalmente violento y descaradamente orientado a los cines de barrio. En este caso, hablamos de la tercera parte de La leyenda de Nigger Charley, saga protagonizada por un cazarrecompensas afroamericano (el ex deportista Fred Williamson, que también escribe el guión) que se ganó un lugar en nuestro informe sobre las precursoras de Django desencadenado.
Momento cumbre: El contraste entre una ambientación western muy currada (Arnold era un veterano del género) y el temazo soul de Terrible Tom que suena en los créditos iniciales.

"¿Estaban todos drogados?": las notas de producción de 'Blade Runner'

Los problemas que atravesó la película de Ridley Scott no son ningún secreto, pero ahora tenemos acceso directo a una lista con las pegas puestas por los productores. Por CINEMANÍA

estaban todos drogados? las notas de produccion de blade runner
Blade Runner es un clásico de la ciencia-ficción que, más de 30 años después de su estreno, sigue fascinándonos por su preciosismo, densidad de detalles, pulcritud estética, buenos recuerdos e incluso alguna que otra maldición sobre las cabezas de sus anunciantes. Sin embargo, las cosas no estaban así de claras en 1982, cuando la película dirigida por Ridley Scott salió del infierno que había supuesto su producción y llegó a los cines (ya con dos montajes distintos). Los pases previos al estreno habían sido un desastre tanto con los productores como con público, motivo por el que finalmente varias versiones del mismo filme salieron a la luz, con las consecuencias y el creciente número de discos en sus ediciones domésticas que todos conocemos. Gracias a io9, a continuación podemos ver una hoja con el resultado de uno de dichos pases en Tandem Productions, donde los productores Jerry Perenchio [JR], Bud Yorkin [BY] y Robin French [RF] reflejan sus opiniones sobre el workprint (todavía sin la música de Vangelis) despachándose con ganas y sentencias como "la voz en off es un insulto" (pese a que fue un requerimiento suyo que Scott se vio obligado a incluir), "¿estaban todos drogados cuando lo hicieron?" o "esta película es peor en cada proyección". ¿Preparado para una buena dosis de críticas constructivas al viejo estilo de Hollywood?
Blade Runner
1. ¿Dónde está la música de Vangelis?
2. Inicio demasiado machacón. Voz en off sosa y monótona.
3. La voz en off es terrible, el público se dormirá.
4. Necesitamos la frase sobre las 100 preguntas. [Interrogatorio de Rachel]
5. El flashback de Leo es confuso. ¿Está escuchando una cinta?
6. Creía que habíamos decidido quitar las figuritas.
7. Esta película es peor en cada proyección.
8. ¿Por qué la voz en off es tan terrible? Suena drogado. ¿Estaban todos drogados cuando lo hicieron?
9. Demasiados planos de Pris entrando en el edificio de Sebastian.
10. Esta película es peor cada vez que la vemos. No puede ser sólo por estar en blanco y negro y sin doblar. [¡Intenté explicárselo!]
11. Deckard al piano es interminable.
12. La música de sinagoga no gusta nada a la gente, tenemos que usar a Vangelis.
13. ¿Por qué han añadido más cámara lenta en la muerte de Zhora?
14. Han puesto más tetas en la escena del vestidor de Zhora.
15. Todavía no volvemos a Rachel suficientemente rápido, por lo que la muerte de Leon no funciona.
16. Deckard y Rachel en el apartamento es demasiado largo. [Le expliqué que volviste a poner la escena como estaba porque JC creía que no había suficiente emoción] Sí, lo sabemos, ¡pero ahora es demasiado larga! [Esto es Deckard lavándose la cara, cambiándose de ropa, entrando en el dormitorio, cogiendo el vaso, etc.]
17. ¿Por qué hace falta el tercer corte a los huevos? [Seb, Batty, Pris. Les gusto el añadido al principio de la escena]
18. "Es bueno tu oponente". ¡Eso es confuso!
19. A Deckard le cuesta la vida entrar en el edificio. [Robin le dijo que con música eso estaría OK]
20. El segundo plano de la uña debería desaparecer y la muerte de Pris es demasiado larga.
21. La lengua de Pris queda colgando fuera en el plano general después de que Batty la haya besado.
COMENTARIOS GENERALES
Hasta la muerte de Zhora la película es mortalmente aburrida.
La voz en off es un insulto.
Corta el doblaje y trae la película con Terry [Rawlings] para que Ladd/Tandem compartan sus impresiones y Bud [Yorkin] la monte. Prohibitivo por la cantidad de película que habría que traer.
Como opción alternativa, Bud y Robin irán a Londres y montarán la película con Terry.
Ridley [Scott] y su equipo han hecho tres montajes distintos y todavía no han conseguido lo que pactamos, ahora deberán hacerlo ellos.

jueves, 21 de marzo de 2013

El GTA Spano se consagra entre los grandes de Ginebra


El Salón Internacional del Automóvil de Ginebra cerró el pasado domingo 17 sus puertas al público tras doce días de exposición, con el GTA Spano consagrado como una de las grandes estrellas de la muestra, en la que fue su tercera participación.

Spania GTA acudía a la feria suiza con la versión de producción del GTA Spano, que incorpora la última evolución de su motor potenciado hasta los 900 cv, así como diversas mejoras estéticas tanto en el exterior como el interior, que le otorgan una mayor presencia. Los dos primeros días de feria fueron como es habitual exclusivos para la prensa, siendo el GTA Spano uno de los grandes atractivos entre las principales marcas artesanales.
En la que era su tercera participación, Spania GTA optó por presentar una espectacular versión con la carrocería totalmente en carbono visto, así como en un llamativo amarillo. Para ello la firma española contó con un espectacular stand de 200 m2 ubicado en el centro del hall 2, que gracias a su plataforma giratoria en carbono y a su pasarela para el público, fue uno de los más visitados.
En total, la 83 edición del Salón de Ginebra ha contado con más de 10.000 periodistas acreditados y cerca de 800.000 visitantes, según cifras oficiales. Spania GTA prepara ya su próxima participación en Top Marques Mónaco el próximo mes de abril, en la considerada la feria de lujo más importante del Mundo y en la que cumplirá su cuarta participación como una de las grandes estrellas del evento.
El GTA Spano del que se construirán 99 unidades, dispone de su motor propio, que le permite situarse en una potencia de 900 CV y un par motor limitado electrónicamente a 1000 Nm.
Cuenta con una aceleración de 0 a 100 Km/h en 2,9 segundos y una velocidad punta superior a los 350 Km/h. El chasis ha sido realizado combinando carbono, titanio y Kevlar, convirtiéndolo en todo un referente en el sector por su elevada rigidez y su ligereza.