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viernes, 14 de marzo de 2014
La escena no es de William Blake
Es innegable que la descripción
de la tierra de la leche y la miel
parece indescifrable en lo imposible,
hasta aprender que llega el día.
Todos los demás le mentían,
y es increíble que a nadie le importe,
además de ser aceptado así,
como algo que cae del cielo
no siendo rebotado hacia arriba.
La madre escalada en la tierra
llegaba a la selva perdida,
cuando sólo tocabas mi corazón,
a sonar en la muerte sin garganta
el húmedo llanto de tu lluvia.
Aun así, ¿por qué estamos aquí?
Debemos continuar en la oscuridad
de esta isla que se desplaza en el caos,
buscando una afirmación indecisa;
o quizás aprendamos algo
al lamer el suelo, buscando
difuntos de oscuras sabanas
que piensan cansados la palidez
de los huesos en la suerte,
por los cementerios solitarios.
Bancarrota de esquemas tropicales,
esbeltez del día inacabado,
entonces podría tolerar
tus dientes en tu risa, boca,
que templo en mi saliva, agua
para los sacerdotes de la orden, misa,
perdida en el marasmo escaso
de la inexistente humanidad pérdida.
Todo lo llevabas dentro, en el paraíso,
y los demonios te rascan la piel,
para que corras indecisa,
novia que nunca tuve
y que ahora aprieta mi cuello,
minuto antes suicida
saliendo del fango tenebroso.
Doy el beso de los condenados,
mala memoria de viejo
en el corazón hecho escombros.
Pero la función comunicativa aprieta las voces,
y negábamos la belleza
hundiendo el panorama de los nombres,
pues la tentación maltrecha y perdida
era la escafandra que quita el aire.
En los polos de atracción antagónicos
estallaban, una y otra vez,
los espacios suficientes de un petardo,
pólvora seca en mi garganta
que ahora saboreo gozando
la aspereza tierna fiera
de los que queman su destino,
en la brisa libre sonando.
Real men don´t buy girls
-An estimated one million children are forced to work in the global sex industry every year.
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16 rasgos de las personas altamente sensibles
THE HUFFINGTON POST
|
Por Amanda Chan
Publicado: 05/03/2014 13:34 CET | Actualizado: 06/03/2014 13:47 CET
Si te sientes identificado con lo anterior, puede que seas una persona muy sensible. Estos rasgos de personalidad (que comenzó a investigar Elaine N. Aron a principios de los 90) son relativamente comunes; una de cada cinco personas los posee. Aron, que ha escrito múltiples artículos y libros sobre la sensibilidad, entre ellos The Highly Sensitive Person (en español, El don de la sensibilidad), también desarrolló un test (que puedes probar aquí) para ayudar a determinar si eres una persona altamente sensible.
Si bien es cierto que ha aumentado el interés por la introversión (debido, especialmente, a las publicaciones sobre el tema, como el libro de Susan Cain Quiet, en español, El poder de los introvertidos), y que ahora somos más conscientes de estos rasgos de personalidad, Aron también destaca que la gente altamente sensible sigue considerándose una "minoría".
Pero "minoría" no es sinónimo de malo. De hecho, ser altamente sensible tiene numerosas características positivas. Aquí tienes algunas de las cualidades que comparte la gente altamente sensible.
1. Sienten con mayor intensidad. "Les gusta procesar las cosas a un nivel más profundo", afirma Ted Zeff, autor de The Highly Sensitive Person’s Survival Guide. "Son muy intuitivos, y llegan hasta el fondo de las cosas para llegar a descubrirlo todo".
2. Son más reactivos emocionalmente. La gente más sensible reacciona más frente a cualquier situación. Por ejemplo, mostrarán más empatía y preocupación por los problemas de un amigo, según explica Aron. También suelen preocuparse más por la reacción de otra persona ante a un suceso negativo.
3. Probablemente estén acostumbrados a oír: "No te lo tomes de forma personal" o "¿Por qué eres tan sensible?" Dependiendo de la cultura, la sensibilidad se puede considerar un valor añadido o, por el contrario, algo negativo, nos cuenta Zeff. En algunas de sus investigaciones, Zeff afirma que, en Norteamérica, la gente se burla con frecuencia de los hombres altamente sensibles (tal y como reconocieron los entrevistados), mientras que en otros países como Tailandia e India, los hombres sensibles no suelen ser objeto de burla, según afirmaron en las entrevistas. "Por lo tanto, tiene mucho que ver con la cultura; en algunas sociedades, que te digan '¡Qué sensible eres!' puede ser algo bueno", explica.
4. Prefieren hacer ejercicio solos.
La gente altamente sensible tiende a evitar los deportes de equipo, en los que parece que todo el mundo está observando tus movimientos, argumenta Zeff. En su estudio, la mayoría de las personas sensibles a las que entrevistó prefería deportes individuales, como hacer bicicleta o senderismo y salir a correr. Sin embargo, esto no siempre se cumple; también hay gente altamente sensible que, gracias a la comprensión y al apoyo de su familia, tiene más facilidad para participar en deportes de grupo, afirma Zeff.
5. Les cuesta más tomar decisiones. Las personas altamente sensibles son más conscientes de las sutilezas y de los detalles que dificultan la toma de decisiones, asegura Aron. Aunque no haya una decisión "acertada" o "equivocada" (por ejemplo, a la hora de elegir el sabor de un helado), las personas más sensibles tienden a tardar más en decidirse, puesto que sopesan cualquier consecuencia posible. Como aconsejaba Aron en su Comfort Zone Newsletter, "tómate todo el tiempo que la situación te permita y, si es posible, pide más tiempo si lo necesitas". "Cuando tengas que decidirte, piensa por unos momentos (un minuto, una hora, un día, una semana) que ya has tomado una decisión concreta. ¿Qué te parece? A menudo, desde fuera, la decisión adquiere otras dimensiones, y te da la posibilidad de ver tu caso con más claridad", sugiere. Por otra parte, cuando una persona altamente sensible llega a la conclusión de cuál es la decisión adecuada y cuál no en una situación determinada, llevará a cabo con rapidez esa misma decisión en ocasiones futuras.
6. Se sienten más decepcionados que los demás al tomar una decisión "equivocada". ¿Has experimentado alguna vez ese sentimiento desagradable al descubrir que has tomado una decisión errónea? En el caso de las personas altamente sensibles, "esa sensación se amplifica, pues su reactividad emocional es más alta", explica Aron.
7. Son muy muy observadores.
Las personas altamente sensibles son las primeras en darse cuenta de los detalles de una habitación, de los zapatos que estrenas, o de los cambios del tiempo.
8. No todas las personas sensibles son introvertidas. De hecho, según Aron, alrededor de un 30% de las personas altamente sensibles son extrovertidas. La especialista asegura que muchas veces, las personas sensibles y extrovertidas han crecido en una comunidad estrechamente unida (puede que vivieran en un barrio residencial, en un pueblo pequeño, o que tuvieran mucha relación con sus familiares), por lo que les resulta más fácil interactuar con la gente.
9. Trabajan bien en ambientes de equipo. Ya que las personas altamente sensibles les dan muchas vueltas a las cosas, trabajan muy bien en equipo, explica Aron. No obstante, son más adecuadas para puestos en los que no tienen que tomar una decisión final. Por ejemplo, si una persona sensible forma parte de un equipo médico, será buena analizando los pros y los contras que implica la operación de un paciente, pero es preferible que sea otra persona la encargada de decidir si ese paciente debe operarse o no.
10. Son más propensos a la ansiedad o la depresión (pero solo si han vivido experiencias negativas en el pasado). "Si has experimentado momentos malos en tu vida, sobre todo de pequeño (falta de seguridad en casa o en la escuela), tu sistema nervioso está activado para sentir ansiedad", explica Aron. Pero esto no quiere decir que todas las personas altamente sensibles vayan a tener ansiedad; de hecho, un entorno comprensivo es una buena medida de protección frente a la ansiedad. Los padres de niños altamente sensibles tienen que "asumir que sus hijos son estupendos, pero que hay que saber cómo tratarlos", afirma Aron. "No debes pecar por exceso de protección, pero tampoco por defecto. Tienes que valorarlos de tal manera que, desde jóvenes, tengan confianza en sí mismos y sepan que pueden hacer bien las cosas".
11. Los sonidos desagradables pueden ser bastante más molestos para una persona altamente sensible. Si bien es cierto que, en general, a casi nadie le gustan los ruidos molestos, las personas altamente sensibles son aún más sensibles al caos y al ruido. Esto se debe a que tienden a sentir más fatiga o estimulación por un alto nivel de actividad, cuenta Aron.
12. Las películas violentas son las peores.
Puesto que las personas altamente sensibles son más propensas a la empatía y a la sobrestimulación, las películas violentas o de miedo no les van mucho, afirma Aron.
13. Lloran con más facilidad. Esta es la razón por la que es importante no avergonzar a las personas sensibles por su condición, explica Zeff. Si sus amigos y su familia se dan cuenta de que esa es su forma de ser, y la aceptan, no verán el "llanto fácil" como algo de lo que deban avergonzarse.
14. Son muy educados. Las personas altamente sensibles son muy cuidadosas, asegura Aron. Por ello, suelen mostrarse más consideradas con la gente y tienen muy buenos modales. También tienden a darse cuenta antes de que alguien no se está comportando bien. Por ejemplo, las personas más sensibles son más conscientes de dónde han dejado su carrito de la compra, no por temor a que alguien se lo robe, sino porque no quieren molestar a nadie al bloquearle el paso.
15. Son más sensibles a las críticas. Las personas altamente sensibles reaccionan a las críticas de forma más intensa. Como consecuencia, a veces emplean algunas tácticas para evitar las críticas, como por ejemplo, tratar de agradar siempre a la gente, criticarse a sí mismos, o evitar mostrar el origen de las críticas, de acuerdo con Aron.
"Si alguien te dice algo negativo, tú puedes responder que te da igual, y nadie se sentirá ofendido. Pero, si se tratara de una personas altamente sensible, se lo tomaría muy a pecho", afirma Zeff.
16. Un cubículo cerrado, bien. Oficinas abiertas, mal.
Al igual que prefieren hacer ejercicio solas, las personas sensibles también prefieren trabajar en un entorno individual. Zeff explica que a muchas personas sensibles les gusta trabajar desde casa o ser autónomos, porque así pueden controlar los estímulos de su lugar de trabajo. Según Zeff, los que no tienen el lujo de poder elaborar sus propios horarios de trabajo flexibles, prefieren trabajar en espacios pequeños y cerrados, donde tienen más privacidad y menos ruido.
Traducción de Marina Velasco Serrano
10 Consejos para presentarse a Premios Literarios
1. Escoge el concurso literario adecuado
Hay muchos factores que se deben tener en cuenta al elegir a cuál premio enviar tu obra: ¿Es un premio con buena reputación? ¿Es un premio que realmente elige el mejor o siempre elige a escritores locales? ¿Es un premio que se da a escritores noveles o de trayectoria? ¿Es un premio que respeta tus derechos morales y patrimoniales? ¿Es un premio que se ajusta a la extensión, tema o género de tu obra? Lo mejor es visualizarte como autor, tener claras tus expectativas y la calidad de tu trabajo. Hay premios que dan mucho dinero pero no publican tu obra ni le dan difusión. Hay otros, que por el contrario, dan menos dinero pero publican tu libro y pueden disparar tu carrera como escritor.
2. Conoce tu género literario
¿Eres cuentista, novelista o poeta? No hay que saltar de género en género por el impulso de un premio. Por ejemplo, si eres bueno escribiendo cuentos conoce bien ese género, perfecciona tu técnica y tu estilo; no te desvíes a escribir poemas porque ha aparecido la convocatoria de un premio de poesía que paga 10 veces más. Pero si lo único con lo que sueñas es con el dinero del premio, adelante, escribe por el dinero. Lo más seguro es que te lleves una buena desilusión.
3. Lee bien las bases
¿Se quedará la entidad convocante son los derechos de tu escrito? ¿Se admiten textos publicados o solo inéditos? ¿Se puede enviar la obra por correo electrónico? ¿Cual es la extensión máxima o mínima de los trabajos? Estas son solo algunas de las preguntas que las bases de los Premios Literarios suelen responder, pero aun así, en cada concurso se eliminan cantidades de concursantes por no cumplir con las bases, o los autores se sorprenden al ganar porque no sabían lo que implicaba enviar su texto a un concurso. Es mejor no llevarse una sorpresa. Hay que leer las bases una por una y con detenimiento.
4. Acógete por completo a las bases
Pensar que los organizadores no se van a dar cuenta de alguna falta a las bases del premio, o que van a perdonar las infracciones a estas por la calidad o creatividad del texto, es bastante inocente. El no acogerse por completo a las bases descalifica una obra automáticamente. No seas creativo con respecto al cumplimiento de las bases de los premios.
5. Céntrate en uno o en pocos concursos
Los Premios Literarios pueden convertirse en una adicción. El deseo de reconocimiento o de ganar uno de esos jugosos premios con cuyo dinero podrías hacer tantas cosas, puede despertar tu ambición y hasta tu locura. Hay quienes escriben para decenas de premios literarios a la vez, con la ilusión de que a mayor cantidad de premios presentados mayores serán sus posibilidades de ganar. Los Premios Literarios (al menos los que son limpios y los que cuentan con jurados juiciosos en su labor) son otorgados por la calidad de las obras. En realidad la ecuación que debería hacer un autor que se precie de serlo es: a mayor calidad mayor las posibilidades de ganar.
6. No te precipites
Que le vamos a hacer, los escritores somos emocionales y pasionales. Terminar de escribir una obra es una felicidad, un orgullo y en ocasiones una emoción irrefrenable. Pero la verdad es que una obra no se termina en el primer intento: debe llevarse a un proceso de corrección, reescritura y perfeccionamiento. Precipitarse a enviar un texto a un premio literario por el afán de cumplir con una fecha limite de cierre, es un gran error. A veces se piensa con cierta inocencia: “A lo mejor, a pesar de los errores que no alcancé a corregir, le gusta al jurado. Y una vez gane habrá tiempo para corregir antes de su publicación”. Existen muchos premios literarios, si no alcanzas a presentarte a uno porque tu obra no está terminada, deja el estrés de lado, mejora tu obra y escoge otro concurso para enviarla.
7. Cuida la ortografía
Un texto enviado a un Premio Literario que contenga muchos errores es una pésima carta de presentación para un escritor. Los jurados podrían perdonar uno que otro error de ortografía, pero cuando son muchos afecta la lectura de un texto por bueno que sea. No hay que confiarse del corrector de ortografía de Word, hay que conocer la ortografía lo mejor que se pueda, o tener alguien que la conozca bien y que este en disposición de corregir tus textos. La mala ortografía puede descalificar tus escritos de la posibilidad de ganar un premio.
8. Se impecable en la presentación
La presentación de una obra a un Premio Literario es muy importante. Un texto mal presentado (sucio, desordenado, mal encuadernado…) es una muestra de poco profesionalismo. La presentación impecable puede dar la idea de un escritor que es también cuidadoso en su forma de escribir.
9. Se honesto
Escribe para ti pensando en hacer tu mejor trabajo. Que no se te ocurra jamás plagiar a otro para ganar un premio, lo más seguro es que te descubran, y sea como sea, no sería honesto. Se honesto con tu escritura, con tu estilo, con lo que eres como persona y como autor.
10. No te desanimes si no ganas
No siempre se puede ganar. No siempre escribimos nuestro mejor trabajo. No siempre son justos los premios literarios. Escribir es una labor que exige continuidad y disciplina más allá del talento por si solo. Es probable que tras presentarte a varios premios literarios aun no logres ganar uno. Es cierto que el no ganar puede llevarnos a cuestionarnos sobre nuestro talento, pero los grandes escritores no lo han sido siempre: se hicieron con el tiempo y con mucho trabajo. Incluso muchos de los más grandes autores de la literatura universal jamás ganaron un premio ni fueron publicados en vida. No te desanimes, simplemente trabaja en mejorar.
Hay muchos factores que se deben tener en cuenta al elegir a cuál premio enviar tu obra: ¿Es un premio con buena reputación? ¿Es un premio que realmente elige el mejor o siempre elige a escritores locales? ¿Es un premio que se da a escritores noveles o de trayectoria? ¿Es un premio que respeta tus derechos morales y patrimoniales? ¿Es un premio que se ajusta a la extensión, tema o género de tu obra? Lo mejor es visualizarte como autor, tener claras tus expectativas y la calidad de tu trabajo. Hay premios que dan mucho dinero pero no publican tu obra ni le dan difusión. Hay otros, que por el contrario, dan menos dinero pero publican tu libro y pueden disparar tu carrera como escritor.
2. Conoce tu género literario
¿Eres cuentista, novelista o poeta? No hay que saltar de género en género por el impulso de un premio. Por ejemplo, si eres bueno escribiendo cuentos conoce bien ese género, perfecciona tu técnica y tu estilo; no te desvíes a escribir poemas porque ha aparecido la convocatoria de un premio de poesía que paga 10 veces más. Pero si lo único con lo que sueñas es con el dinero del premio, adelante, escribe por el dinero. Lo más seguro es que te lleves una buena desilusión.
3. Lee bien las bases
¿Se quedará la entidad convocante son los derechos de tu escrito? ¿Se admiten textos publicados o solo inéditos? ¿Se puede enviar la obra por correo electrónico? ¿Cual es la extensión máxima o mínima de los trabajos? Estas son solo algunas de las preguntas que las bases de los Premios Literarios suelen responder, pero aun así, en cada concurso se eliminan cantidades de concursantes por no cumplir con las bases, o los autores se sorprenden al ganar porque no sabían lo que implicaba enviar su texto a un concurso. Es mejor no llevarse una sorpresa. Hay que leer las bases una por una y con detenimiento.
4. Acógete por completo a las bases
Pensar que los organizadores no se van a dar cuenta de alguna falta a las bases del premio, o que van a perdonar las infracciones a estas por la calidad o creatividad del texto, es bastante inocente. El no acogerse por completo a las bases descalifica una obra automáticamente. No seas creativo con respecto al cumplimiento de las bases de los premios.
5. Céntrate en uno o en pocos concursos
Los Premios Literarios pueden convertirse en una adicción. El deseo de reconocimiento o de ganar uno de esos jugosos premios con cuyo dinero podrías hacer tantas cosas, puede despertar tu ambición y hasta tu locura. Hay quienes escriben para decenas de premios literarios a la vez, con la ilusión de que a mayor cantidad de premios presentados mayores serán sus posibilidades de ganar. Los Premios Literarios (al menos los que son limpios y los que cuentan con jurados juiciosos en su labor) son otorgados por la calidad de las obras. En realidad la ecuación que debería hacer un autor que se precie de serlo es: a mayor calidad mayor las posibilidades de ganar.
6. No te precipites
Que le vamos a hacer, los escritores somos emocionales y pasionales. Terminar de escribir una obra es una felicidad, un orgullo y en ocasiones una emoción irrefrenable. Pero la verdad es que una obra no se termina en el primer intento: debe llevarse a un proceso de corrección, reescritura y perfeccionamiento. Precipitarse a enviar un texto a un premio literario por el afán de cumplir con una fecha limite de cierre, es un gran error. A veces se piensa con cierta inocencia: “A lo mejor, a pesar de los errores que no alcancé a corregir, le gusta al jurado. Y una vez gane habrá tiempo para corregir antes de su publicación”. Existen muchos premios literarios, si no alcanzas a presentarte a uno porque tu obra no está terminada, deja el estrés de lado, mejora tu obra y escoge otro concurso para enviarla.
7. Cuida la ortografía
Un texto enviado a un Premio Literario que contenga muchos errores es una pésima carta de presentación para un escritor. Los jurados podrían perdonar uno que otro error de ortografía, pero cuando son muchos afecta la lectura de un texto por bueno que sea. No hay que confiarse del corrector de ortografía de Word, hay que conocer la ortografía lo mejor que se pueda, o tener alguien que la conozca bien y que este en disposición de corregir tus textos. La mala ortografía puede descalificar tus escritos de la posibilidad de ganar un premio.
8. Se impecable en la presentación
La presentación de una obra a un Premio Literario es muy importante. Un texto mal presentado (sucio, desordenado, mal encuadernado…) es una muestra de poco profesionalismo. La presentación impecable puede dar la idea de un escritor que es también cuidadoso en su forma de escribir.
9. Se honesto
Escribe para ti pensando en hacer tu mejor trabajo. Que no se te ocurra jamás plagiar a otro para ganar un premio, lo más seguro es que te descubran, y sea como sea, no sería honesto. Se honesto con tu escritura, con tu estilo, con lo que eres como persona y como autor.
10. No te desanimes si no ganas
No siempre se puede ganar. No siempre escribimos nuestro mejor trabajo. No siempre son justos los premios literarios. Escribir es una labor que exige continuidad y disciplina más allá del talento por si solo. Es probable que tras presentarte a varios premios literarios aun no logres ganar uno. Es cierto que el no ganar puede llevarnos a cuestionarnos sobre nuestro talento, pero los grandes escritores no lo han sido siempre: se hicieron con el tiempo y con mucho trabajo. Incluso muchos de los más grandes autores de la literatura universal jamás ganaron un premio ni fueron publicados en vida. No te desanimes, simplemente trabaja en mejorar.
Fuente: guialiteraria.blogspot.com
Enrique Vila-Matas: "La vida se parece más a cómo la pensamos que a cómo la vemos en televisión"
- El escritor viaja por el arte con su última novela "Kassel no invita a la lógica"
- Los libros de Vila-Matas habitan la frontera entre la ficción y la no ficción
- RTVE.es entrevista a uno de nuestros más destacados escritores
- Además, puedes leer el encuentro digital con Enrique Vila-Matas
http://www.rtve.es/noticias/20140310/enrique-vila-matas-kassel-invita-logica/891882
El escritor Enrique Vila-Matas, durante su entrevista para RTVE.es en la librería +bernat de BarcelonaPABLO BECEIRO
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El autor Enrique Vila-Matas, en un restaurante chino como en el que escribió su última novela "Kassel no invita a la lógica"ELENA BLANCO
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Portada
de "Kassel no inbita a la lógica" en la que se ve el Palacio de la
’Orangerie’ de la ciudad alemana de Kassel, ocupada por lo mejor del
arte contemporáneo durante la documenta.
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El ojo crítico - Enrique Vila Matas reflexiona sobre el sentido del arte en 'Kassel no invita a la lógica'
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Kassel no invita a la lógica
La última novela de Enrique Vila-Matas, de 300 páginas, ha sido publicada por la Editorial Seix-Barral.
La última novela de Enrique Vila-Matas, de 300 páginas, ha sido publicada por la Editorial Seix-Barral.
El autor acudió a la documenta de Kassel, la exposición más importante del arte actual, como participante -aún sin ser un artista plástico- y nos relata su experiencia de aquellos días, viajando entre la realidad y la ficción como suele hacer en sus anteriores novelas.
La figura del ‘mcguffin’
Arranca la novela hablando del ‘mcguffin’ que inventó Hitchkock y que es una de sus figuras preferidas. ¿No cree que este principio es también un ‘mcguffin’ del libro, creado para llamar la atención del lector?"Si el arranque de la novela es un `mcguffin’, en una novela que habla de los ‘mcguffin’, está plenamente justificado. Cuando entrevisté a Dalí, le pregunté si era verdad lo que estábamos hablando, y me respondió: “Gala me dijo que si era verdad, estaba bien, pero que si no lo era, estaba ‘mol ben trovato”.
La fina línea que separa la realidad y la ficción
Al leer su novela, uno está permanentemente haciéndose la pregunta de qué es cierto y qué es inventado…De una forma muy sencilla, la artista Dominique González-Foerster, con la que colaboro ahora en Madrid (ella inaugura una instalación en el Palacio de Cristal que se llamará ‘Esplendide Hotel’), escribió sobre mí: “Los libros de Vila-Matas habitan la frontera entre la ficción y la no ficción. Están escritos de una manera que hace pensar que nada en ellos es invención”
Los libros de Vila-Matas habitan la frontera entre la ficción y la no ficción. Están escritos de una manera que hace pensar que nada en ellos es invención"En una ocasión, Dominique González-Foerster estaba hablando conmigo de su admiración por el cine del director alemán Fritz Lang. Y le conté que tuve un encuentro con Fritz Lang en el lavabo de un hotel de San Sebastián. Ella se quedó pensando que en ese momento entrábamos en un territorio de locura. Sin embargo, en aquel encuentro de San Sebastián, yo tenía veinte años y Fritz Lang tenía ochenta. El encuentro fue real. Ocurrió en el Hotel Reina Cristina, en un lavabo enorme, en el que coincidimos frente al espejo al lavarnos las manos. Algunos amigos de entonces esperaban a que saliera del lavabo para que les contara qué había hablado con Lang. Sin embargo yo, por timidez, solo me lavé las manos mientras él se cambió de ojo el parche. Como era muy joven, me quedé un poco impresionado al ver que se cambiaba el parche de lugar. Él me miró, y al verme impresionado, me dijo: “C’est la vie…”
Muchas cosas que son reales, tal como las digo parecen inventadas"Durante la conversación, Dominique González-Foerster aceptó que esta historia era un hecho real pero, de entrada, ella dijo que esta historia podría no ser verdad. Por lo tanto, muchas cosas que son reales, tal como las digo parecen inventadas. No solamente es que yo invente a veces, sino que todo lo real parece inventado.
"Es el terreno de los recuerdos, que evocaba Borges cuando explicaba que cuando contamos algo que recordamos la vez anterior, ya no era lo que ocurrió, por tanto, manejamos recuerdos falsos. Al hablar de realidad y ficción, es difícil que no se confundan."
Es un libro de viajes, entre otras cosas, en el que la primera persona en singular soy yo"Todo lo que yo cuento en la novela sucedió, pero si os contara ahora la historia sobre Kassel, te contaría cosas y aparecerían personajes que no están en el libro, porque no he incluido todo lo que sucedió. Sin embargo, aunque yo te contara una versión un poco diferente, os daríais cuenta de que el fondo de la historia que cuento es el mismo. Por tanto, está claro que es un libro de viajes, entre otras cosas, en el que la primera persona en singular soy yo."
Sobre Kassel y el arte contemporáneo
¿Fue su primera visita a la documenta de Kassel?La documenta era como un mito de mi generación"La documenta era como un mito de mi generación, un lugar donde se reunían las vanguardias contemporáneas. Había visto reportajes, fotografías, pero nunca había esperado que se me invitara a participar, y es lógico, al no ser un artista plástico. Me invitan a muchas convocatorias sobre literatura, pero no de otras disciplinas. Por otra parte, tenía un precedente: hace diez años fui invitado a ser paseante oficial de la Feria del Libro de Basilea."
El escritor en Internet
Hacer una entrevista con Vila-Matas tiene la dificultad de que el autor ya ha exlicado en su web y en su blog gran parte de lo que deseas saber.Mi web es muy ambiciosa porque cuenta con muchísimas entradas y muchísimo material para leer, y cuento además con una revista dentro, que se llama “La vida de los otros”, en la que colaborado desde Almodóvar y David Trueba a otros conocidos escritores, como Javier Marías. La web está pensada también para la divulgación de mis libros y para recoger toda la bibliografía publicada sobre ellos. Por eso hay una página para cada uno de los libros."
Antes de que saliera el libro, pensé que me harían tres preguntas sobre la ficción y la realidad, y yo mismo me contesté"En cambio, el blog está pensado para divertirme yo. Me gusta colocar fotografías, textos. En esta ocasión, he jugado a contestar a tres preguntas. Antes de que saliera el libro, pensé que me harían tres preguntas sobre la ficción y la realidad, y yo mismo me contesté. Esto se ha convertido en un reportaje que se llama ‘Entrevista inventada’. Me han preguntado sobre estos temas, pero nadie ha hecho alusión sobre si lo habían leído antes. Y he tenido la duda de si estaban escuchando lo que ya habían leído, o bien lo escuchaban por vez primera."
Barcelona y Cataluña
Habendo nacido en Barcelona… ¿nunca se planteó escribir en catalán?"A lo largo del tiempo, habré hablado un millón de veces más en catalán que en castellano. Pero no domino ese idioma como lengua literaria y por tanto prefiero abstenerme de aventuras que, por otra parte, nadie me pide."
No me gustaría nada es una Cataluña fuera de EuropaUn escritor que vuela entre la realidad y la ficción… ¿qué piensa de la situación catalana actual, ¿es más realidad o es más ficción?
"Creo en el diálogo y de hecho tengo ciertas esperanzas de que pueda llegarse a un acuerdo satisfactorio para todos. Veremos. Lo que desde luego, por sentido común, no me gustaría nada es una Cataluña fuera de Europa y encima conducida –que siempre puede pasar- por algún inepto."
Vila-Matas y Hemingway
Con el paso de los años… ¿se parece más ahora a Hemingway que en su juventud?"Al cabo de tantos años, incluso me asombra darme cuenta de que en realidad no me he parecido a él jamás en ningún momento ni en ningún detalle, en ninguno, nunca.
Ahora, para parecerme a él tendría que volver a los 61 años y a esa edad pegarme un tiro en una casa horrible allí en Ketchum, Idaho. Pero ya me dirá usted cómo lo hago para volver a tener 61 años. Y, sobre todo, cómo lo hago para pegarme un tiro."
La realidad y la imaginación
Si no hubiera aparecido María Boston en su camino… ¿Por dónde estarían ahora volando los hilos de su imaginación?La única verdad de una novela está en aquello que se cree el lector"No habría ido a Kassel y ahora estaría buscando novelas que me contaran qué sucede cuando uno viaja a la Documenta para participar en ella y trata de dar una conferencia más allá del último bosque de las afueras de la ciudad, sin duda con la idea de que no acuda nadie.
En definitiva, estaría buscando que alguien me contara la historia de un tipo que está loco por dar una conferencia sin nadie."
¿Dónde hay más verdad, en la realidad o en la ficción?
"Decía Baroja que “la única verdad de una novela está en aquello que se cree el lector”. No puedo estar más de acuerdo.
La vida es más parecida a cómo la pensamos que a cómo la vemos en la televisiónPero, dicho esto, añadiré que creo más posible encontrar la verdad a través de la ficción que a través de lo que consideramos la realidad, ya que esa supuesta realidad no es igual para todos. Cada uno tiene la suya propia. Y esa realidad personal del otro es una ficción para uno.
Por eso yo quiero insistirle a usted en una idea: la vida es más parecida a cómo la pensamos que a cómo la vemos en la televisión, contada de forma tan personal por los otros."
jueves, 13 de marzo de 2014
Anna Gavalda: "no hay que esperar ser feliz, hay que decidir serlo"
EFE
- Madrid
13/03/2014 -
11:01h
Convencida de que "no hay que esperar ser feliz sino
que hay que decidir serlo", la escritora francesa Anna Gavalda traslada
ese lema a "Billie", la primera novela de una trilogía sobre la
juventud "de nuestra época".
"¿Cómo es tener 25 años a
principios del siglo XXI?". Es la pregunta que se hizo Gavalda, una de
las autoras superventas de las letras francesas, y el resultado son tres
novelas: "Billie", publicada ahora en español, "La Vie en mieux", que
sale mañana en Francia, y otra, aún sin título, que verá la luz en
septiembre.
El mundo occidental es "duro" para las
nuevas generaciones, que tuvieron infancias "mimadas", que "tienen todo y
a la vez no tienen nada", reflexiona en una entrevista telefónica con
Efe esta escritora nacida en 1970 en Boulogne-Billancourt, una localidad
burguesa de las afueras de París.
Su canal de información es su entorno y la gente que lo
puebla le transmite, dice, "un mundo muy frágil", por lo que espera que
los jóvenes "inventen otra cosa, una felicidad, un bienestar que no pase
necesariamente por el consumismo".
Optimista por
naturaleza, ella mira "con mucha curiosidad" a esta nueva generación
"hiperconectada" por obra y gracia de las nuevas tecnologías, convencida
de que va a "sorprendernos", pues es "capaz de una gran solidaridad,
como se vio en España con los indignados".
Y
construirá, espera, "otro mundo", con "leyes mejores que las nuestras"
en las que no se permita tal concentración de poder como la que atesora,
por ejemplo, dice, el presidente ruso Vladimir Putin.
Un mundo mejor que en el que le tocó nacer es el que se construye
Billie, la protagonista de la novela homónima que publica en español
Seix Barral, en la que Gavalda compone una oda a la amistad en una
especie de cuento de hadas para adultos.
"Es una
historia sobre la amistad, una historia de amor entre un hombre y una
mujer, pero no como pareja, sino como amigos, pero que es un amor de la
misma calidad", subraya la autora del libro de relatos "Me gustaría que
alguien me esperase en algún lugar", que la catapultó a la fama, o de
las novelas "La sal de la vida", "Juntos nada más", "La amaba" y "El
consuelo", que la consagraron.
Y de cómo la amistad puede ser una tabla de salvación para salir de ciertos infiernos, ya sean socioeconómicos o morales.
Billie, es hija de lo que Gavalda llama "el cuarto mundo", esos
suburbios de pobreza extrema que existen en Occidente, y Franck, un
joven con dotes artísticas y homosexual, en un hogar asfixiado por el
desempleo y la ideología de ultraderecha del padre.
Ambos son los patitos feos, los "marginales" del colegio, donde se
conocerán y aprenderán a apreciarse gracias a una profesora de francés
-Galvalda también ejerció como maestra antes de triunfar en las letras-
que les pone como tarea representar ante la clase la pieza "Con el amor
no se juega" (1834), una obra de teatro de tres actos de Alfred de
Musset.
"Es mi forma de decir que las obras maestras,
los clásicos de la literatura, de la música o de la pintura no tienen
edad, son universales y pueden ser comprendidos por todo el mundo",
subraya.
De esa obra sacan Franck y Billie la idea de
que "tu honor y tu nobleza surge de la lucha, aunque te caigas, por
conseguir ser quién quieres ser y aceptarte y quererte como eres".
Y lo hacen a su manera, que en el caso de Billie está trufada de
palabras malsonantes y de argot, algo que sorprendió enormemente a sus
lectores cuando salió el libro en Francia el año pasado.
Ella, que nunca lee las críticas, ni las buenas ni las malas, se ríe de
ese puritanismo lingüístico y a modo de respuesta en la última página
de su novela da las "gracias" a su "querido" Henri du Chazaud, lingüista
y lexicógrafo francés de renombre fallecido en agosto pasado y con el
que Galvalda mantenía una estrecha amistad.
"La
amistad, la soledad, el encuentro y el coraje de vivir" son temas
recurrente en la obra de Gavalda, cuya única novela juvenil, "35 kilos
de esperanza", que comienza -ironiza- con la frase "Detesto la escuela",
es estudiada en los institutos franceses.
"No
escolarizar a un niño es un crimen", afirma tajante Gavalda, quien pese a
"desconfiar" de los escritores que transmiten "mensajes" ("no somos
sociólogos ni curas", apunta), con la trilogía sobre la juventud que
arranca con "Billie" quiere trasmitir a las nuevas generaciones una
inyección de ánimo frente al futuro: "¡Vamos sed valientes! Ayudaos y el
cielo os ayudará!".
Y "sed felices", añade, porque,
como decía Jacques Prévert "deberíamos intentar ser felices aunque solo
fuese para dar ejemplo", o porque como señalaba Voltaire: "Es cortés ser
feliz".
Ella con su obra, con la que solo pretender "dar placer y divertimento" a los lectores, pone su granito de arena.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Ray Loriga ‘Za Za, emperador de Ibiza’
Esa aburrida manía de querer buscar la felicidad
Ray Loriga crea en ‘Za Za, emperador de Ibiza’ una sátira sobre un narco de poca monta y repasa su trayectoria
Una estela del paraíso perdido de Ray Loriga
metamorfosea su cara con los azules relampagueantes del televisor.
Acaba de anochecer y el salón de su casa madrileña está a media luz. Ve
entusiasta y preocupado la participación del patinador español Javier
Fernández en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi (Rusia). Loriga
vive una felicidad genuina, ahí, ahora, viendo a su compatriota en
compañía de sus recuerdos y sueños infantiles en Jaca… Hielo, patines,
fuerza, figuras…
Felicidades auténticas, pero extraviadas, que nada tienen que ver con las que él analiza y critica en Za Za, emperador de Ibiza (Alfaguara). Una narración esparcida de humor y sátira en la cual reflexiona sobre “esa extraña manía que ha entrado a todos por ser felices”. Un espejismo. La sociedad, afirma Loriga (Madrid, 1967), se ha embalado en un viaje de no retorno cuyo único destino obligatorio es ser felices, aunque sea tomando atajos, con efectos secundarios, “al tiempo que nos hace sentir culpables por no estar pletóricos”.
Su novela cuenta esa búsqueda desaforada, a veces vacua, a través de un episodio disparatado, donde lo que muestra, en realidad, es su envés: el estigma alrededor de lo opuesto a la felicidad oficial, tristeza, melancolía y sentimientos y sensaciones vecinas. Para contarlo, Loriga recurre a otra parcela de su paraíso perdido: Ibiza. Lo que representa hoy, lo que ya no es. Se vale de la historia de Za Za (Zacarías Zaragoza Zamora), un antiguo narcotraficante de poca monta apartado del negocio pero que un día se ve envuelto en un episodio rocambolesco: hay una droga nueva que promete la felicidad total sin peajes y se llama como él, pero todo en mayúscula y junto: ZAZA.
Es solo el comienzo del embrollo. ¿O el final? Una novela en la que se va por una montaña rusa, o caminos zigzagueantes, según le guste más al lector, donde están presentes siete búsquedas comunes a todas las personas, y presentes en sus obras, y que Loriga define veloz, al ritmo de Za Za:
Paraíso: “La Ibiza del libro es la de los 70 de mi infancia y la de hoy. Es como el paraíso perdido”.
Alegría: “Una palabra que cambia dependiendo de lo que quieras conseguir. No sé si he sido especialmente feliz. Alegre es no haberme colgado con tantas cosas vividas”.
Euforia: “Una sensación que con la edad se abandona. El éxito, las drogas…”.
Amistad: “Acaba siendo lo que más importa”.
Amor: “En sus múltiples formas está en todo. Es una complicación enorme pero hermosa”.
Sexo: “Después de la música lo más entretenido. Es sentirse vivo y muerto a la vez. Como encajar las piezas de un puzle”.
Felicidad: “Como obligación parece la causa de los males, una condena. Como anhelo no es mala”.
Y después de ese paseo vital-literario, Ray Loriga reconoce que “a
veces caerse no es malo”, sobre todo ahora que todos esperan bajo la
piñata prometida de felicidades. Una búsqueda que en términos
empresariales lleva implícita una trampa: “Es un engaño. El señuelo del
éxito nos hace correr más y en ese tiempo somos más productivos”. Y si
hay “un malo” por esa mercantilización y capitalización de la felicidad
“somos todos”. Y lo dice precisamente él, que ha pasado por diferentes
predios de dichas artificiales.
¡La felicidad!, ¡la felicidad!, como gran embaucadora es el tema de su libro número 13, en 22 años de literatura, desde su debut con Lo peor de todo, al que siguieron títulos como Héroes, Tokio ya no nos quiere, Trífero o El hombre que inventó Manhattan. Echa un vistazo atrás y reconoce que le resulta difícil juzgar la literatura española de los noventa por haber formado parte de ella. “Una época de autores muy dispares y sin una relación directa, salvo la edad. Quizá alguna sensación de que se podía escribir desde la juventud. Por eso hay retratos o autorretratos de una época concreta pero con formas diferentes”.
¿Y el presente? Ve la literatura más tranquila que dinámica. Aunque confiesa que le faltan elementos para analizarla, vislumbra dos razones: “El fin de los editores clásicos, de verdad. Ahora son contratados para una cuenta de resultados, y hay un cierto desprecio hacia el oficio de editor real. El segundo es el debilitamiento de la crítica literaria. Antes era más formadora, analítica. Esa posición de la crítica se ha perdido”.
Esa es otra felicidad extraviada. A cambio se ha descubierto otra de dudoso cantar. “Una de las peores formas de entender la democracia es la histeria colectiva alrededor de que cualquiera y todo vale. ¡Son gilipolleces! La sociedad fomenta los atajos al éxito o la fama que daría la felicidad. O el dinero, sea ilícito o legal. El resultado es que cualquiera puede ser un ciudadano ilustre. Hay confusión. Además, se extiende la idea de que aquello que ven muchos es bueno a ultranza, y no siempre es así. Es un desconsuelo porque no hay elementos de juicio, ni valoración. Falta criterio y rango y verdadera apreciación. La libertad es sagrada pero no se puede dejar todo en manos de la dictadura de la opinión”.
Ya es de noche y el televisor que estaba mudo recobra el sonido al empezar la actuación del patinador español en Sochi. Relampaguea en su cara. Mientras comenta la actuación, sus recuerdos van hasta sus nueve años, en Jaca, cuando su abuela materna lo llevaba a la pista de hielo.
Felicidades auténticas, pero extraviadas, que nada tienen que ver con las que él analiza y critica en Za Za, emperador de Ibiza (Alfaguara). Una narración esparcida de humor y sátira en la cual reflexiona sobre “esa extraña manía que ha entrado a todos por ser felices”. Un espejismo. La sociedad, afirma Loriga (Madrid, 1967), se ha embalado en un viaje de no retorno cuyo único destino obligatorio es ser felices, aunque sea tomando atajos, con efectos secundarios, “al tiempo que nos hace sentir culpables por no estar pletóricos”.
Su novela cuenta esa búsqueda desaforada, a veces vacua, a través de un episodio disparatado, donde lo que muestra, en realidad, es su envés: el estigma alrededor de lo opuesto a la felicidad oficial, tristeza, melancolía y sentimientos y sensaciones vecinas. Para contarlo, Loriga recurre a otra parcela de su paraíso perdido: Ibiza. Lo que representa hoy, lo que ya no es. Se vale de la historia de Za Za (Zacarías Zaragoza Zamora), un antiguo narcotraficante de poca monta apartado del negocio pero que un día se ve envuelto en un episodio rocambolesco: hay una droga nueva que promete la felicidad total sin peajes y se llama como él, pero todo en mayúscula y junto: ZAZA.
Es solo el comienzo del embrollo. ¿O el final? Una novela en la que se va por una montaña rusa, o caminos zigzagueantes, según le guste más al lector, donde están presentes siete búsquedas comunes a todas las personas, y presentes en sus obras, y que Loriga define veloz, al ritmo de Za Za:
Paraíso: “La Ibiza del libro es la de los 70 de mi infancia y la de hoy. Es como el paraíso perdido”.
Alegría: “Una palabra que cambia dependiendo de lo que quieras conseguir. No sé si he sido especialmente feliz. Alegre es no haberme colgado con tantas cosas vividas”.
Euforia: “Una sensación que con la edad se abandona. El éxito, las drogas…”.
Amistad: “Acaba siendo lo que más importa”.
Amor: “En sus múltiples formas está en todo. Es una complicación enorme pero hermosa”.
Sexo: “Después de la música lo más entretenido. Es sentirse vivo y muerto a la vez. Como encajar las piezas de un puzle”.
Felicidad: “Como obligación parece la causa de los males, una condena. Como anhelo no es mala”.
La búsqueda de la felicidad es un engaño. El señuelo del éxito nos hace correr más y en ese tiempo somos más productivos
¡La felicidad!, ¡la felicidad!, como gran embaucadora es el tema de su libro número 13, en 22 años de literatura, desde su debut con Lo peor de todo, al que siguieron títulos como Héroes, Tokio ya no nos quiere, Trífero o El hombre que inventó Manhattan. Echa un vistazo atrás y reconoce que le resulta difícil juzgar la literatura española de los noventa por haber formado parte de ella. “Una época de autores muy dispares y sin una relación directa, salvo la edad. Quizá alguna sensación de que se podía escribir desde la juventud. Por eso hay retratos o autorretratos de una época concreta pero con formas diferentes”.
¿Y el presente? Ve la literatura más tranquila que dinámica. Aunque confiesa que le faltan elementos para analizarla, vislumbra dos razones: “El fin de los editores clásicos, de verdad. Ahora son contratados para una cuenta de resultados, y hay un cierto desprecio hacia el oficio de editor real. El segundo es el debilitamiento de la crítica literaria. Antes era más formadora, analítica. Esa posición de la crítica se ha perdido”.
Esa es otra felicidad extraviada. A cambio se ha descubierto otra de dudoso cantar. “Una de las peores formas de entender la democracia es la histeria colectiva alrededor de que cualquiera y todo vale. ¡Son gilipolleces! La sociedad fomenta los atajos al éxito o la fama que daría la felicidad. O el dinero, sea ilícito o legal. El resultado es que cualquiera puede ser un ciudadano ilustre. Hay confusión. Además, se extiende la idea de que aquello que ven muchos es bueno a ultranza, y no siempre es así. Es un desconsuelo porque no hay elementos de juicio, ni valoración. Falta criterio y rango y verdadera apreciación. La libertad es sagrada pero no se puede dejar todo en manos de la dictadura de la opinión”.
Ya es de noche y el televisor que estaba mudo recobra el sonido al empezar la actuación del patinador español en Sochi. Relampaguea en su cara. Mientras comenta la actuación, sus recuerdos van hasta sus nueve años, en Jaca, cuando su abuela materna lo llevaba a la pista de hielo.
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