Hay libros que se leen y libros que se quedan encendidos en la habitación cuando uno ya ha apagado la luz. “La médica de guardia” pertenece a los segundos.
Marina Seoane no comete errores. Lleva ocho años siendo la mejor médica de urgencias de su hospital de A Coruña, y esa perfección no es vocación: es penitencia. Una noche, en la cama seis del box de pediatría, un niño de seis años con una crisis asmática empieza a respirar con el mismo silbido exacto que respiró su hija Nuria antes de morir. Y su madre pronuncia, palabra por palabra, la frase que Marina lleva ocho años oyendo en sueños: «Pensé que no era nada.» No es casualidad. Vuelve a ocurrir. Y otra vez. Como si aquella cama la estuviera esperando.
A partir de esa premisa —de una sencillez inquietante—, Pazos construye una novela que se mueve con una elegancia rara entre dos aguas. Por un lado, el pulso del thriller psicológico: ¿es la cama seis un fenómeno que la razón no alcanza, o el cansancio y el dolor dibujando patrones donde solo hay estadística? El autor tiene la inteligencia de no contestar del todo, y de que esa ambigüedad no frustre, sino que ilumine. Por otro, el retrato social de un hospital público sostenido a duras penas por las manos que nadie contabiliza: Charo, la supervisora que lleva veinte años esperando una plaza fija; Yolanda, que dobla turnos para pagar la ortodoncia de su hija; Carmen, la limpiadora que sabe de los pacientes lo que no recoge ningún informe clínico. Son ellas, y no los despachos, quienes mantienen el edificio en pie.
La prosa —de frase larga, cálida, acumulativa— avanza sin prisa y sin una sola nota falsa, y alcanza su punto más alto en un encuentro que no se olvida: el día en que Marina viaja a un pueblo del interior de Lugo a buscar al hombre al que ha odiado con nombre y apellido durante casi una década, y descubre que la rabia, cuando por fin se mira de cerca, casi nunca cabe en una sola persona. Es una de las escenas más honestas sobre el perdón —y sobre por qué a veces el perdón ni siquiera es lo que hace falta— que ha dado la narrativa española reciente.
“La médica de guardia” cierra el tríptico “El lado oscuro del éxito”, pero se sostiene sola, entera, luminosa incluso cuando duele. Una historia sobre cuánto pesa lo que cargamos solos —y sobre el momento exacto en que aprendemos a dejar que alguien nos ayude a bajarlo.
No faltan camas. Faltan manos. Y falta, sobre todo, quien sepa contarlo así.
Carlos Martínez
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