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viernes, 31 de agosto de 2012

Amasijo dentro del abismo

La perspicacia guerrera sale tonta
del abismo que afrontamos
unidos al unísono
en el hábito.

Dándote la vida
menos durable he sentido
el trono que perdí
al romper.

Caigo luego en la espesura
y bebo la lluvia que brota,
para renacer de las cenizas
en el animal miedoso.

Sitiando los caminos
que conducen al perdón
incendiamos el amasijo
de barrizales golpeados.

Los creía yo acampados
en el tedio cotidiano
y ahora salen asqueados
generalmente en ascuas.

Son peso cobarde
doliente en la vida
haciendo verdad la sospecha
que abunda en nuestras inercias.

Cadenas de sangre

Siento decírtelo tan de repente,
en el tiempo inconcluso
que huye hacia mí:
Olvídalo.

Haz las maletas,
viaja
más allá,
lejos.

Aun así, viviendo
de los granos de la piedad,
oyendo extrañas voces,
casi sin pedir.

Cae la noche,
hace calor,
peor estar,
sí.

Entonces entiendo
el sombrero de paja,
el ladrido de un perro,
que no deja dormir.

Imagino cosas,
pero tiemblo
al no oler
las cadenas.

Fantasmas,
somos fantasmas
que mueren en vida
con risas sin fin, pues son por ti.

La carcajada muta
en lágrima de pena,
en mentira piadosa,
y luego acabo, aquí.


Torre de Babel


Las cosas no cambian ni tampoco las palabras. Lo mismo ocurre con el amor tratado como en una pescadería, sin recatos y a gritos. Lo primero fue el verbo, pero luego vino el desprecio al caerse nuestra Torre de Babel y tener que hablar cada uno su propio idioma. Una cosa de la que no habla la Biblia, es la emanación que se levanta entre los pilares de ese otro edificio llamado comprensión; criatura revelada a pensar de la limitación del lenguaje y nacida, precisamente, sobre los escombros de la torre bíblica. Sólo esa comprensión puede llegar a traducir nuestros idiomas.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un código en el mundo: las culpas que llevo dentro

Hay un código en el mundo
que todos descifran
pero nadie comprende,
es el código de culpas
que tengo en mi esqueleto.
Lucho por entenderlo,
pero sin embargo muero
entre tanto tonto penitente
que huye algo roto
ante mi caída concisa.
Puedo buscar en la basura
o en la joyería que es tu rostro,
pero todo está oculto
como si fueras desnuda
y no me excitara tu cuerpo.
Así es de complicado mi entierro
cuando llorabas mi nacimiento
de esas ideas que invaden,
y, pese a todo, nos sometemos
para poder comprenderlo.

Sangre, semen y café con leche

La gente quiere sangre, semen y café con leche, quiere la marisma que no convence, el éxtasis de no conocerte. Mientras tanto me dedico al triste negocio de leer libros de otros y hacerlos míos para luego divulgarlos.
Al menos me gustaría hacerlo, el dedicarme al redoble de tambores, al guitarrear con las cuerdas vocales de otros, simple sujeto que no alcanza pero sonríe.
En su lugar mato el tiempo y el tiempo me mata a mí, la esperanza es lo último que se pierde, pero no encuentro nada, muero de sed. De la sed de los guerreros que mueren de ganas, y tú tan lejos, en el pantano que resbala en mi rostro, luchando por la arrogancia de los que se han ido.
¿Quién ha dicho que no lo convences? La chica muestra su intimidad para sonreír, el tiempo mata las notas del comienzo, la gente quiere sangre, semen y café con leche.

domingo, 26 de agosto de 2012

Apocalipsis: La victoria de los insectos

Lucho entre hormigas; malvado de mí, acaban por comerme los ojos; sin piedad, con cierto gusto a humor vitreo, el mundo se acaba y yo no lo entiendo; será la programación de la televisión, serán las elecciones al Gobierno, no me lo creo. Sin embargo, aun tengo fuerzas para escribir, ¿qué será de mí cuando me falten?

Arruinado: El poder del deseo

La lucha, la ducha, la hucha y ciertos mareos desvian el rumbo de mis ahorros mientras me mojo y caigo lejos de lo acordado, sin compasión, en el mar de los equivocos que arruinan, la huída afecta a todos los que lo leen: el saldo de mi cuenta corriente en el rojo intenso de tus labios.

jueves, 23 de agosto de 2012

Un último deseo


El hombre color Sol muestra por fin su verdadera faz: son todos mis amigos revelándose en la carrera hacia la meta final. Pienso, luego existo; existo, luego no invierto mi tiempo en pensar. El instinto dice que estoy cerca. Empiezan a abofetearme por no ir a clase. Las ventanas acaban rotas, entra el aire frío que acompasa la quebrada respiración.
Soy asmático: esto lo dejaba para el final. Una vez vomite esputos de sangre, desde el pulmón al hielo del champagne, desde éste a tus labios, y desde estos a mi derrota. Tal vez debiera apuntarme a un gimnasio o correr cada mañana, sobre todo para mejorar el estado corporal, también el espiritual. Sólo de pensarlo regresa el miedo.
Los del ejército desfilan para disparar hacia arriba; asalto un tanque y apunto a un puente, lo derribo para luego encontrarte esperando en el otro extremo. Abajo el río se desborda.

martes, 21 de agosto de 2012

El canido que llevamos dentro: Mi utopía

Ahora, en mi soledad, creo que ya topé con lo decisivo; esto es el convertir el lobo que somos en un perro faldero. Algunos pensarán que eso es un mero amansamiento. Desde mis años de exceso, lo veo como la verdad. El canido que llevamos dentro merece un poco de consideración, que por algo es el mejor amigo del hombre.
Tal vez sea una huida hacia delante, pero no una entrega insensata a todo lo que destaca para luego engañar. Quizás mañana piense de otra forma, pero eso no quita validez a mi solución. Al fin y al cabo, los que sobreviven siguen mi ejemplo.
Mi alma también sobrevive mientras se apaga en esta noche de agosto. He sustituido las barras de los bares por el trazo del bolígrafo, del mismo modo que un día sustituí la televisión por el frío de la ciudad romana. Los aires cambian según las respiraciones de sus hombres; la tierra tiembla por los celos de una mujer; y un humilde servidor ha luchado con el diablo de la depravación.
De los viajes a la carne quedan recuerdos, pero sobre todo la desilusión que queda tras la derrota. Creo que lo que importa es el lenguaje; pero éste se escabulle por una calle desierta buscando un reconocimiento o una sacudida.
El ogro renace en el hombre que nunca fue niño, o en el niño que nunca fue hombre. Así me encontré yo cuando vi mi reflejo en su rostro. Un rostro que es traslativo como mi ciudad ideal y mi Dios personal.

Soldados del placer bien entendido


Funcionario, soy funcionario, con todo lo malo y lo bueno que esto puede suponer, más allá de los prejuicios, con mis momentos malos y alguno bueno, que de todo ha de haber. Con mis libros (ellos tan leales), mis sueños (tan traicioneros) y estos escritos que voy colgando en la gran red para que la gente los lea.

Entre mis escritos, los hay obscenos, inocentes, incendiarios y rebeldes. Por lo menos es lo que intento. Me gustaría que llegasen al mayor número de gente, para poder compartir mi visión del mundo y crear esos momentos mágicos de conexión en los que todo se desvanece para iluminar un camino que procuro llenos de alegrías.

De esta forma, busco a mis soldados, a los defensores de la libertad, del placer bien entendido y de los conocimientos que no excluyan la humildad. Que estos soldados encuentren algo de provecho, es lo único que espero como capitán de este ejército dispuesto para la guerra contra la ignorancia y la mediocridad.

Queda aquí mi deseo, y que sirva de conjuro contra los malos tiempos, contra los ladrones y las amenazas que nos rodean. Soldados, que mi encargo no os supere, y mantened la calma; es la mejor arma contra el enemigo.