Entrada destacada

Libros de Juan Carlos Pazos desde 1€

  https://www.amazon.com/author/juancarlospazosrios “EL LABERINTO DE LOS AFECTOS” https://amzn.eu/d/9Hc7xoY “EL LIBRO VERDE (versión autoriz...

viernes, 13 de noviembre de 2020

Comienzo de la novela negra "Muerte y orfandad"

El emisario

S

i quisiera desempeñar el papel de protector, habría recurrido a alguien como Gisela; para eso todavía tengo mucho tiempo. Ahora lo que necesito es una pasión desbordada, al borde del delirio y un poco dramática en la parte más débil. Al final, saldré triunfante, también con una nueva experiencia en el tira y afloja de las relaciones sentimentales. Ella se habrá quedado con el desengaño y con el sabor agridulce de probar la fuerza de la juventud; además, qué duda cabe, tendrá el fraude del sexo. Al fin y al cabo, a eso se reducen las grandes historias: a estar en la cumbre y con el tiempo acabar en lo más abajo que un ser humano pueda llegar.

    Mientras hago elucubraciones sobre mi éxito, otros padecen. Los niños juegan protegidos por los soportales, hoy toca improvisar guerras con sus petardos, les tengo simpatía, a la vez no soporto sus ruidos sorpresa. Con tanta nube, la ciudad parece tan lúgubre como sus habitantes. La nota de colorido es puesta de nuevo por los barrenderos al trabajar, con sus impermeables amarillos, debajo de la persistente lluvia. Vuelvo a casa caminando por la destacable ciudad vieja, entre la claridad de las piedras entrañables que susurran más que rezan peleas históricas. ¿Cuántas puñaladas? ¿Cuántas inocencias ultrajadas en cuerpo o en espíritu? Hoy en día, esta zona es transitada por un ambiente estudiantil que gasta el dinero en noches de juerga; un dinero que reciben de sus padres, luego sus hijos lo aprovechan para emborrachar el cuerpo y agotar la inocencia en noches agotadoras sin final previsto; de esta forma, buscan destinos ignorados por los abusos impuestos sobre uno mismo.


    En otra época, las luces de Navidad enredaban un contexto que luchaba por ser y no era; incluso así, se puede afirmar que de aquella todavía había muchos elementos apacibles. Eso no resulta raro, el egoísta egocéntrico del más alto ego recorrió esta calle de piedras tanto físicas como espirituales, entre las rocas busqué una gema, una esmeralda o quizás una veta de oro; a pesar de golpear con fuerza todas estas paredes, solo encontré silencio y desdicha. La calle y la lluvia son las mismas, no el espectador, le han afectado el tiempo empleado en la búsqueda y el cansancio de la entrega. En el caso que ahora procedo a narrar ocurre algo parecido, él tampoco podía escapar de las circunstancias.




miércoles, 15 de julio de 2020

La tierra prometida

Es innegable que la descripción de la tierra de la leche y la miel parece indescifrable en lo imposible, hasta aprender que llega el día.

Todos los demás le mentían, y es increíble que a nadie le importe, además de ser aceptado así, como algo que cae del cielo no siendo rebotado hacia arriba.

La farsa escalada en la tierra llegaba a la selva perdida, cuando sólo tocabas mi corazón, a sonar en la muerte sin garganta el húmedo llanto de tu lluvia.

Aun así, ¿por qué estamos aquí? Debemos continuar en la oscuridad de esta isla que se desplaza en el caos, buscando una afirmación indecisa; o quizás aprendamos algo al lamer el suelo, buscando difuntos de oscuras sabanas que piensan cansados la palidez de los huesos en la suerte, por los cementerios solitarios.

Bancarrota de esquemas tropicales, esbeltez del día inacabado, entonces podría tolerar tus dientes en tu risa, boca, que templo en mi saliva, agua para los obispos de la orden, misa, perdida en el marasmo escaso de la inexistente humanidad pérdida.

Todo lo llevabas dentro, en el paraíso, y los demonios te rascan la piel, para que corras indecisa, suerte que nunca tuve y que ahora aprieta mi cuello, minuto antes suicida saliendo del fango tenebroso.
Doy el beso de los condenados, mala memoria de viejo en la cartera hecha escombros.

La función comunicativa aprieta las voces, y negábamos la belleza hundiendo el panorama de los nombres, pues la tentación maltrecha y perdida era la quiebra que quita el aire.

En los polos de atracción antagónicos estallaban, una y otra vez, los espacios suficientes de un petardo, pólvora seca en mi garganta que ahora saboreo gozando la aspereza tierna fiera de los que queman su destino, en la brisa libre sonando.

Covid-19. Ley de Estado o ley de mercado

En estos últimos dos meses y medio todo ha cambiado, el coronavirus venía a atacarnos como si fuese el protagonista de una película de gran presupuesto o de un best seller terroríficamente diseñado para consumo liviano, todos hablamos mal del Covid-19, él solo busca reproducirse, perpetuar su material genético, por mala fortuna su instinto de supervivencia darwiniano nos iba a crear una situación que casi podemos denominar de guerra. Aunque la situación creada es excepcional, las reglas del juego en la sociedad humana no han cambiado, son las mismas que ha habido desde que existen los sistemas políticos y económicos, desde que el hombre se organizó como tribu y empezó a relacionarse para tener más posibilidades de sobrevivir con el objetivo de progresar en su labor también de reproducirse y perpetuar sus genes.
 Hemos visto que el trueque no fue anterior al dinero, sino que el hombre es un ser de compensaciones abstractas, cuando tratamos con los demás el cálculo también está ahí, hoy por ti mañana por mí; nos conocemos y no olvidamos; el trueque solo funcionó ocasionalmente y con extraños, somos más inteligentes de lo que parecemos, aunque también estamos atados a un mercado necesario para nuestro sustento.
He aquí que, incluso en una situación dramática como es una pandemia global, el sistema económico de la oferta y la demanda funciona a rajatabla. La escasez determina el precio incluso cuando se demandan artículos que pueden salvar vidas, hablamos de las mascarillas, los respiradores y otros artículos sanitarios. Ante la gran demanda que hubo y hay por esos productos, los precios subieron exponencialmente, en casi ningún lado se encontraban. Quizás no había mascarillas o tal vez se ocultaban para que aumentasen los precios y obtener más beneficios. El sistema económico es un proceso institucionalizado. Por fortuna, el sistema se adapta; con rapidez múltiples empresas se pusieron a fabricar los necesarios productos de protección para obtener beneficios, por altruismo, por status o por todo a la vez; alguna como Inditex aprovechó su logística y en un acto desinteresado las trajo gratuitamente de donde más había, de China, precisamente el primer lugar donde se propagó el virus y que, ironías de la vida, ha sido el principal productor y vendedor de estos productos, con el consiguiente beneficio económico.. Por otra parte, el Estado también intervino al fijar un precio máximo y evitar así la especulación.
No hay duda de que el abastecimiento de productos de primera necesidad es ante todo un acto político, es público, orientado a una meta (que haya el menor número de muertes posibles) y exige un poder diferenciado al hacer una labor de control sobre el mercado, lo cual afecta a muchos individuos dentro de los gobernados. Es también un acto de coerción que criticarían los partidarios del libre mercado, aunque cualquier medida siempre tendrá un rival pero también sus apoyos. La legitimidad la dan las urnas, aunque a veces no se haga lo que los votantes esperaban, ocurren entonces procesos de conflicto que podemos ver estos días con las caceroladas o las manifestaciones que no reconocen la legitimidad de la autoridad; puede que no estemos de acuerdo con ellas, forman sin embargo parte de la conducta política, más aún de un país democrático; tales actos constituyen otra forma de control, como también lo es la división de poderes en ejecutivo, judicial y legislativo; también la división territorial de poder que conlleva el diferenciar ámbitos local, provincial, regional y estatal. Precisamente una de las críticas al estado de alarma es la concentración del poder ejecutivo en un mando único a cargo del presidente y su consejo de ministros.
Algunos dicen que el daño producido por el confinamiento excederá enormemente cualquier beneficio en cuanto a la economía se refiere, en otros países ha habido gobiernos que han pasado completamente de cualquier medida contra el Covid-19; se centran ellos en la enorme penuria económica que puede llegar a causar, alegan que es preferible morir por el virus que no por hambre. En efecto, la privación de actividad puede conducir rápidamente a una nueva crisis; según ellos, el parón económico producirá un daño permanente e irreparable, lo cual es cierto aunque quizás sea incluso peor para la economía el miedo y la muerte continua.  Consideran ellos que es un error el retrasar la vuelta a la normalidad, alegan que se perderán empleos que según ellos no se recuperarán hasta dentro de bastante tiempo, acusan al gobierno de pretender crear una sociedad empobrecida. He aquí cómo en este debate social surge un nuevo mercado en cuya balanza está por un lado las posibles muertes humanas y por otro la pérdida de empleos, con ello el aumento de la pobreza. Surge así una negociación política que se puede asimilar a una negociación también de mercado, de ofertas y contraofertas para prorrogar el estado de alarma, de concesiones donde se ven involucradas vidas, también intereses económicos.
Hay que maximizar la ganancia, también minimizar las pérdidas y, por ejemplo, si no abrimos las fronteras a posibles infectados, uno de los sectores del país más próspero e importante, el turismo, se va a ir a pique. Aquí se ve que las relaciones entre algunos de los grandes empresarios (también sus afines) y sus empleados son claramente impersonales, tal vez en muchos más casos de los que hubiera debido, el dominio económico se aleja del trato social personalizado, al final resulta cierto el refrán de “ojos que no ven, corazón que no siente”; muchos añoramos las empresas que eran como familias y que cada vez escasean más. Al final, todo se reduce al intercambio de cantidades de muertes por cantidades de dinero, aunque parezca cruel debemos acostumbrarnos a que dicho trueque sea posible, los dos conceptos se reducen ambos a meros números de una estadística que no atiende a relaciones de tipo social. Todos participamos en el gran circo del intercambio, unos dominando, otros alienados y, en este caso, cada uno en su casa a esperar el momento en que la balanza se incline para su lado. Unos queriendo libertad para morir, otros reclamando más ayudas para poder sobrevivir, atendiendo también a la libertad, aunque más al seguir vivos y que esa supervivencia sea digna.
Es curioso el hecho de que hemos pasado de presenciar guerras en directo por televisión (la primera fue la primera Guerra del Golfo) a ver toda una pandemia también por televisión, más aún por internet, en esto hay que destacar el enorme papel (en muchas ocasiones desafortunado) que han ejercido las redes sociales, no por ellas en sí mismas, sino por el uso que han hecho de ellas algunos que se consideran ciudadanos respetables, pero que más se puede esperar de una sociedad adicta a la telebasura. Cada día nos despertábamos, en realidad todavía lo hacemos (todavía no estamos a salvo) y lo primero que hacíamos era mirar en el móvil la cantidad de muertes e infectados, comparábamos los datos para ver quién iba ganando y quién perdiendo en el marcador de muertes, casi como si fuese una competición deportiva y quisiéramos ser los mejores para así vencer a nuestro común enemigo, también al vecino que lo hacía peor que nosotros. Luego, casi al instante, empezábamos a recibir mensajes con todo tipo de información sobre el llamado “bicho”, muchas de ellas falsos. Las conocemos con el nombre de bulos y fueron (también son y serán) fabricadas con el propósito de que la opinión girase hacia uno de los bandos, de que ganase nuestro equipo para organizar una fiesta; aunque nos duela, estos también son actos políticos, de los de peor clase, todo hay que decirlo; aunque en este tipo de situaciones la verdad duela aún más que en la anterior normalidad.
Mención especial merece la influencia de la epidemia en la estructura familiar. Aparte de la muerte de familiares cercanos sin que haya sido posible el contacto presencial con ellos, incluido el posterior duelo, hay que hablar de familias cuyo hábitat ha sido modificado considerablemente con los problemas que ello conlleva. A quién más afecta esos problemas es a los más débiles y desfavorecidos, a las mujeres que sufren violencia machista y están condenadas a vivir veinticuatro horas con sus maltratadores, a los niños que están en esos hogares conflictivos o que simplemente han sido segregados de uno de sus progenitores que tenían su custodia compartida.
Los problemas han sido mayores en las familias extensas, en aquellas en que miembros adicionales a la familia nuclear comparten vivienda para sufragar gastos, de coincidir un par de horas al día han pasado a estar juntos todo el tiempo, en esa situación es fácil que los conflictos soterrados salgan a la luz. Lo mismo sucede en familias reestructuradas donde sobre todo los hijos se ven obligados a prescindir de su padre o madre biológico, lo cual puede descomponer la relación con el padrastro o madrastra, una relación que muchas veces es difícil porque está ahí la sombra de los genes condicionando incluso el calificativo con el que se nombran a esos padres y madres postizos.
Por último, ya que hablamos de familias y desfavorecidos, quiero comentar la gran tragedia que ha habido con la gente mayor, quizás los que más duramente ha atacado el coronavirus. Principalmente a los que estaban viviendo en centros residenciales, con la espada de Damocles que conllevaba la cantidad de muertes en gente de su edad y con el oprobio que supone el carecer de contacto físico con los seres más queridos; unos seres queridos que también se ven impedidos al estar lejos de sus padres y abuelos debido al covid y al distanciamiento muchas veces ocasionado por las condiciones laborales.
Y es que la estructura laboral ha cambiado mucho si partimos de la vida agrícola y pasamos a trabajos realizados en otros sectores más avanzados. La movilidad que exige el nuevo mercado laboral ha ocasionado que las familias estén divididas temporalmente; por desgracia el confinamiento ha prolongado en exceso esa temporalidad. Eso afecta tanto a los que se trasladaron como a los que se quedaron. En este mundo globalizado, donde tenemos capacidad de enterarnos sobre lo que ocurre en el otro extremo del planeta al instante, quizás nos estemos perdiendo lo fundamental, esto es el trato cotidiano con nuestros seres más cercanos y queridos. El coronavirus ha aumentado esta pérdida, en muchos casos convirtiéndola en toda una tragedia.

domingo, 12 de julio de 2020

Un crimen y un culpable


En el lado equivoco de las cosas se ahoga este provocador sin ánimos de corrección. Santas Patrias esquivadas, rezos y juramentos; todo lo tuyo sin lo mío; pedazo de carne que revienta ante el pudor de no tener otro destino que probar la existencia de algo que se llama amor y luego es fracaso.

Te ríes de mí, en tu pedestal de ceniza, fuego arrasado, sentimientos raros, hoy ha llegado un circo al pueblo de tus carencias, mira las gracias del payaso, mira la furia del león; estás invitada a ver todo el espectáculo, no vas a tener que pagar, todo corre a mi cargo, estoy de promoción, hasta puedes tomar las palomitas de la paz.

Seré mentecato, no te rías. También te podría haber sugerido otras cosas, pero preferías lo clásico, no importa, tengo que garantizar el disfrute de todo el personal; hoy vendemos lotería de Navidad, la puedes recoger en la administración de siempre, la he dejado a tu nombre, forma parte del espectáculo en el cual nos forramos, ábrete de piernas, soy tu hombre hecho placer, ya no importa nada, sudor en la mejilla, sentimiento acordado por un contable que juega a ser escritor.

El cuento tiene que acabar cuando apenas ha empezado, no te olvides de cerrar la puerta al salir, seguiremos en contacto, dale
recuerdos al idiota de tu hermano.

Si declaras, hemos acabado, tengo una coartada, el cuento tiene que acabar cuando apenas ha empezado, no te olvides de escribirme, yo ya lo hecho, en este escrito, en este juramento de venganza.

lunes, 11 de mayo de 2020

Camino de un buen puerto


Gracias a Pablo Neruda

Otra vida me mueve en el ritmo
que excita las ávidas raíces
de la ternura en la sangre
a escuchar entre los árboles
la canción del amor insomne.


Desde los ojos que se abren
al despertar precavido,
y se nos escapan los tristes líos
en la integración insolidaria
por la angustia restablecida.


Independencia de credos y consignas
que al respeto de la dignidad estética
hace ascuas en la palabra lírica
en este largo morir despedazado
que es el estar sin estar atrapado.


Al fin llega el día que esperamos
para que todos volvamos a la casa
donde la conversación a modo de animal
se despereza en carantoñas prometidas
en el tono amistoso del timbre cotidiano.


En lo sonoro llega la muerte
a despedazar llamas informes,
y es el frío más tieso
que una escoba de bruja en el aire
a escapar de sus solitarios pecados.


Las voces son vencidas en el día sin salario,
nadan ellas indecisas en aquel mar
para que la obstinación en los rostros
desespere los minutos perdidos
en la larga estancia desentonada.

Una canción


El amigo de lo desconocido
canta a la Luna una canción
de perdida y derrota;
el mundo se acaba
y tú sigues sonriendo,
por mis tonterías,
así de incauto soy.

Aumenta el ruido
para corromper el poema
de las gracias socavadas,
mis imperfecciones cínicas
van hacia el sarcasmo del pirata
que te enseña la calavera.
¿Dónde demonios está mi mar?

Maltrecho y acabado,
la humedad de las lagrimas
del niño que recuerda
erosiona el carácter
de la madre de hielo,
necesito un helado
además de algo llamado amor.
¿Por qué serás tan guapa?
La belleza también se marcha.

Hablando de belleza y de marcha
te invito a una cena de desperdicios,
alegre e insensata aceptas mi propuesta,
nos ponemos una caja de cartón en la cabeza
para protegernos de la fina lluvia,
la gente nos mira sorprendida:
son jóvenes y felices
.
La felicidad también se marcha.

domingo, 10 de mayo de 2020

Tom Petty & The Heartbreakers - American Girl (letra en inglés y traducción al español)

Letra Original:
Letra Traducida:
Well she was an American girl
Raised on promises
She couldn't help thinking that there
Was a little more to life somewhere else

After all it was a great big world
With lots of places to run to
Yeah, and if she had to die tryin'
She had one little promise she was gonna keep

Oh yeah, all right
Take it easy baby
Make it last all night
She was an American girl

Well it was kinda cold that night
She stood alone on her balcony
Yeah, she could hear the cars roll by
Out on 441, like waves crashin' on the beach

And for one desperate moment there
He crept back in her memory
God it's so painful, something that's so close

And still so far out of reach

Oh yeah, all right
Take it easy baby
Make it last all night
She was an American girl
Bien ella era una chica Americana
criada en promesas
Ella no podía evitar pensar que
había un poco más de vida en alguna otra parte
Después de todo era un mundo enorme
con muchos lugares a los cuales correr
Sí, y si ella tuviera que morir intentándolo
ella tenía una pequeña promesa que ella iba a mantener

Oh sí, muy bien
Tómatelo con calma Nena
Haz que dure toda la noche
Ella era una chica Americana

Bien era una noche algo fría
ella estaba sola en su balcón
Sí, podía escuchar los coches rodar
afuera en la 441, como olas rompiendo en la playa

Y ahí por un momento desesperado 
él reapareció en su memoria 
Dios es tan doloroso cuando, algo que está tan cerca
y aun así está tan fuera de alcance

 Oh sí, muy bien
Tómatelo con calma Nena
Haz que dure toda la noche
Ella era una chica Americana

Fragmento de Sexus (Henry Miller)

Entonces confesó algo que era –bien lo sabía yo- una puñetera mentira, pero aun así, interesante. Una de esas “deformaciones” o “trasposiciones” propias de los sueños. Sí, cosa bastante curiosa, las otras chicas, verdad, sintieron lástima de ella… lástima de haberla metido en aquél fregado. Sabían que no estaba acostumbrada a acostarse con todo quisqui. Así, que pararon el coche y cambiaron de asiento para que se sentara delante, con el tipo peludo, que hasta entonces había parecido decente y tranquilo. Ellas se sentaron detrás en las rodillas de aquellos hombres, con las faldas alzadas, mirando hacia delante y, mientras fumaban sus cigarrillos y reían y bebían, les dejaba ponerse las botas.
“¿Y qué hizo el otro tipo, mientras sucedía eso?”, me sentí obligado a preguntar al final.
“No hizo nada”, dijo. “Le dejé que me cogiera la mano y le hablé lo más rápido que pude para quitárselo de la cabeza.”
“Venga, hombre”, dije, “déjate de cuentos. A ver, ¿qué hizo? ¡Cuenta!¡Cuenta!”
Bueno, el caso es que le tuvo cogida la mano mucho tiempo, lo creáis o no. Además, ¿qué podía hacer? ¿Es que no iba conduciendo el coche?
“¿Quieres decir que en ningún momento se le ocurrió parar el coche?”
Claro que sí. Lo intentó varias veces, pero ella lo convenció para que no lo hiciese… Ése era el rollo. Estaba pensando desesperadamente cómo pasar a la verdad.
“¿Y al cabo de un rato?”, dije, para allanar el terreno.
“Pues, de repente, me soltó la mano…” Hizo una pausa.
“¡ 

“Y después volvió a cogerla y se la colocó sobre la pierna. Llevaba la bragueta abierta y tenía el aparato tieso… y estremeciéndose. Era un aparato enorme. Me entró un susto tremendo, pero no me dejaba retirar la mano. Tuve que hacerle una paja. Después paró el coche e intentó arrojarme fuera. Le rogué que no lo hiciese. “Sigue conduciendo despacio”, dije, “Haré lo que quieras… después. Estoy asustada”. Se limpió con un pañuelo y reanudó la marcha. Entonces empezó a decir las guarrerías más soeces…”
“¿Como por ejemplo?¿Qué dijo exactamente?¿Lo recuerdas?”
“Oh, no quiero hablar de eso… era repugnante.”
“Después de lo que me has contado, no veo por qué vacilas por unas palabras”, dije, “¿Qué diferencia hay? Igual podrías…”
“Muy bien, si lo deseas… “Eres la clase de tía a la que me gusta follar”, dijo. “Hace mucho tiempo que tengo ganas de joderte. Me gusta la forma de tu culo. Me gustan tus tetas. No eres virgen: ¿a qué vienen tantos remilgos? Como si no te hubieran jodido más que una gallina… como si no tuvieses un coño que te llega hasta los ojos” …y cosas así.”
“Me estás poniendo cachondo”, dije. “Vamos, cuéntamelo todo”
Ahora veía que le encantaba desembuchar. Ya no era necesario disimular por más tiempo: estábamos disfrutando los dos.
Al parecer, los hombres del asiento trasero querían cambiar de pareja, cosa que la asustó de verdad. “Lo único que podía hacer era fingir que quería que me jodiese el otro primero. Éste quería parar al instante y salir del coche. “Conduce despacio”, lo engatusé, “luego podrás hacer lo que quieras conmigo… no quiero tenerlos a todos encima a la vez”. Le cogí la picha y empecé a darle masajes. Al cabo de un intante estaba tiesa… más incluso que antes. ¡La Virgen! Te lo aseguro, Val, nunca había tocado una herramienta como aquélla. Debía de ser un animal. Me obligó a cogerle los huevos también: eran pesados y estaban hinchados. Se la meneé deprisa, con la esperanza de hacerlo correrse enseguida…”
“Oye”, le interrumpí, excitado con lo de la gran polla de caballo, “hablemos claro. Debías de morirte de ganas de follar, con aquél aparato en la mano…”
“Espera”, dijo, con los ojos brillantes. Ya estaba tan mojada como una gansa, con los masajes que le había estado dando…
“No me hagas correrme ahora”, suplicó, “o no podré acabar la historia. ¡La Virgen! Nunca pensé que querrías oír todo esto”. Cerró las piernas bajo mi mano, para no excitarse demasiado. “Oye, bésame…” y me metió la lengua hasta la garganta. “Ay, Señor, ¡ojalá pudiéramos follar ahora! Esto es una tortura. Tienes que curarte eso pronto… me voy a volver loca…”
“No te distraigas… ¿Qué más ocurrió? ¿Qué hizo él?”
“Me cogió por la nuca y me metió la cabeza a la fuerza en su entrepierna. “Voy a conducir despacio como has dicho”, susurró, “quiero que me la chupes. Después de eso, estaré listo para echarte un polvo como Dios manda”. Era tan enorme, que creí que iba a asfixiarme. Sentí ganas de morderlo. De verdad, Val, nunca había visto una cosa igual. Me obligó a hacerle de todo. “Ya sabes lo que quiero”, dijo, “Usa la lengua. No es la primera vez que te metes una picha en la boca”. Al final, empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo, a meterla y sacarla. Me tuvo todo el tiempo cogida de la nuca. Estaba a punto de volverme loca. Entonces se corrió… ¡pufff! ¡Qué asco! Creí que no acabaría nunca de correrse. Aparté la cabeza rápidamente y me echó un chorro a la cara… como un toro.”
Para entonces estaba a punto de correrme yo también. La picha me bailaba como una vela mojada. “Con purgaciones o sin ellas, esta noche follo”, pensé para mis adentros.
Después de una pausa, reanudó el relato. Que si la hizo acurrucarse en el rincón del coche con las piernas levantadas y le anduvo hurgando por dentro, mientras conducía con una mano y el coche iba haciendo eses por la carretera, que si le hizo abrirse el coño con las dos manos y después lo enfocó con la linterna, que si le metió el cigarrillo y la obligó a intentar chupar con el coño. Que si uno de ellos intentó ponerse de pie y meterle la picha en la boca, pero que estaba demasiado borracho para lograrlo. Y las chicas… entonces ya en pelotas y cantando canciones verdes, sin saber adónde se dirigía ni qué vendría después.
“No”, dijo, “tenía demasiado miedo para sentirme apasionada. Eran capaces de cualquier cosa. Eran unos matones. En lo único que podía pensar era en cómo escapar. Estaba aterrada y lo único que él seguía diciendo era: “Ya verás, preciosa… te voy a joder hasta las entrañas. ¿Qué edad tienes? Ya verás…”. Y entonces se la cogía y la blandía como una porra. “Cuando te meta esto dentro de ese chochito tan mono que tienes, vas a sentir algo. Voy a hacer que te salga por la boca. ¿Cuántas veces crees que puedo hacerlo? ¡Adivina!”. Tuve que responderle “¿Dos…tres veces?”. “Supongo que nunca te han echado un polvo de verdad. ¡Tócala!”. Y me hizo cogerla otra vez, mientras se movía hacia delante y hacia atrás. Estaba viscosa y resbaladiza… debió de estar corriéndose todo el tiempo. “¿Qué tal sienta, amiga? Puedo alargarla dos o tres centímetros más, cuando te barrene ese agujero tuyo con ella. Por cierto, ¿qué tal, si te la metiera por el otro agujero? Mira, cuando acabe contigo, no vas a poder ni pensar en follar en un mes”. Así es como hablaba…”
“¡Por el amor de Dios, no te detengas ahora!”, dije. “¿Qué más?”


Pues, paró el coche, junto a un campo. Se habían acabado las contemplaciones. Las chicas estaban intentando vestirse, pero los tipos las sacaron desnudas. Estaban gritando. Una de ellas se ganó un guantazo en la mandíbula para que fuese aprendiendo y cayó como un tronco junto a la carretera. La otra se puso a apretar las manos, como si estuviese rezando, pero no podía emitir sonido alguno, de tan paralizada estaba por el miedo.
“Esperé a que abriera su puerta”, dijo Mona. “Entonces salí de un brinco y eché a correr por el campo. Se me salieron los zapatos. Me corté los pies con los espesos rastrojos. Corrí como una loca y él tras de mí. Me alcanzó y me arrancó el vestido: lo desgarró de un tirón. Después le vi alzar la mano y al momento siguiente vi las estrellas. Tenía agujas en la espalda y veía agujas en el cielo. Él estaba encima de mí cabalgándome como un animal. Me hacía un daño terrible. Quería gritar, pero sabía que lo único que haría sería volver a pegarme. Me quedé tumbada y rígida de miedo y lo dejé magullarme. Me mordió por todo el cuerpo –los labios y las orejas, el cuello, los hombros, los pechos- y no dejó de moverse ni por un instante: no paraba de follar, como un animal enloquecido. Pensé que me había roto todo por dentro. Cuando se retiró, creí que había acabado. Me eché a llorar. “Calla”, dijo, “o te doy una patada en la mandíbula”. Sentía la espalda como si hubiera estado rodando entre cristales. Él se quedó tumbado boca arriba y me dijo que se la chupase. Todavía la tenía grande y viscosa. Creo que debía de tener una erección perpetua. Tuve que obedecer. “Usa la lengua”, dijo, “¡Lámela!”. Se quedó tumbado respirando pesadamente, con los ojos en blanco y la boca completamente abierta. Después me puso encima de él, haciéndome saltar como si fuera una pluma, girándome y retorciéndome como si estuviese hecha de goma. “Así está mejor, ¿eh?”, dijo. “Ahora dale tú, ¡zorra!”, y me sostuvo ligeramente de la cintura con las dos manos, mientras yo follaba con todas mis fuerzas. Te lo juro, Val, no me quedaba una pizca de sentimiento… excepto un dolor abrasador, como si me hubieran metido por el cuerpo una espada al rojo vivo. “Ya está bien”, dijo. “Ahora ponte a cuatro patas… y levanta bien el culo”. Entonces me lo hizo todo… la sacaba de un sitio y la metía en el otro. Me tenía con la cabeza enterrada en el suelo, en pleno lodo, y me obligó a cogerle los cojones con las dos manos. “¡Apriétalos!”, dijo, “pero no demasiado fuerte, ¡o te parto la boca!”. El lodo me estaba entrando en los ojos… apestaba horriblemente. De repente, sentí que apretaba con todas sus fuerzas… estaba corriendose otra vez… era caliente y espesa. Yo ya no podía resistir un momento más. Me desplomé de cara contra el suelo y sentí derramárseme la lefa por la espalda. Le oí decir: “¡Maldita sea tu estampa!”, y después debió de golpearme otra vez, porque no recuerdo nada hasta que me desperté tiritando de frío y me vi cubierta de cortes y magulladuras. El suelo estaba mojado y yo estaba sola…”


En aquél punto la historia siguió una dirección y despues otra y otra. Con mi afán por seguir sus divagaciones, casi me olvidé del sentido de la historias, que era el de que ella había contraído una enfermedad. Al principio no se había dado cuenta de lo que era, porque se había manifestado como un grave acceso de hemorroides. La causa había sido haber permanecido tumbada en el suelo mojado, afirmó. Al menos, esa había sido la opinión del médico. Después vino lo otro… pero había ido al médico a tiempo y la había curado.

A veces (poema erótico de Angel Gónzalez)


Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.

Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!

Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.

Pero él disimulaba

AGUA SEXUAL (Pablo Neruda)


Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando

en las costuras del alma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor

saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos