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viernes, 23 de enero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
La poesía es otra vez un arma cargada de futuro
Medio centenar de poetas de 12 países participa en la antología 'Humanismo solidario' para reclamar una vuelta a valores perdidos y buscar más compromiso en momentos de crisis
Un hombre en el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, en playas de Tijuana, en 2012. / GUILLERMO ARIAS (EL PAÍS)
El poema se hace grito. La emoción es su arma. Es el regreso de la
eterna reflexión sobre si el principal compromiso de los poetas hoy es
con el arte mismo o con la realidad resquebrajada de ideales y asediada
de crisis. Medio centenar de poetas hispanohablantes y magrebíes y casi 600 creadores, intelectuales y otros ciudadanos
consideran que es el momento de un arte que refleje el humanismo
solidario, de la vuelta a la humanización a la creación artística. Una
reflexión que hiciera hace 60 años Gabriel Celaya en su célebre poema La poesía es un arma cargada de futuro.
“El valor ético de la poesía va más allá de los contenidos. No se trata sólo de los versos que denuncian una injusticia o asumen una protesta. La poesía establece una relación con el tiempo muy distinta de la que hoy domina en las sociedades del vértigo”. Estas palabras de Luis García Montero resumen parte del sentir de los 49 escritores de 12 países (nacidos a partir de 1950), que participan en la antología Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea (Visor), coordinado por Remedios Sánchez García y selección de poemas de Marina Bianchi, presentado en Casa de América, de Madrid, en una lectura poética.
“Lo que queremos decir y no podemos / lo cubrimos con un manto azul y transparente. / Cicatrices / donde el silencio dice su verdad / y pudre poco a poco nuestra lengua”, grita el peruano Eduardo Chirinos en este volumen, en un reconocimiento a lo primero, al Yo. Cicatrices, se titula el poema. A partir de esa íntima geografía pretérita que es siempre presente, el poeta viaja a su mundo para otear el mundo.
Esta poesía no tiene que ver con la de finales de los años cincuenta y la década de los sesenta que era más bien colectiva, aclara Marina Bianchi. Lo de hoy, agrega, “es una crisis que desde la realidad exterior afecta mucho al individuo, a su interioridad, y cada uno expresa su reacción, que no resignación”. La profesora de la universidad italiana de Bérgamo reclama una vuelta a los valores que se han extraviado en una sociedad de consumo. Valores como la cultura o la literatura, que han perdido su papel fundamental de crear opinión pública y de hacer ver la realidad.
Esa es la idea de la Asociación Humanismo Solidario, presidida por Francisco Morales Lomas, una de las promotoras de la edición de esta antología poética. Creada en 2013, dicha asociación, en palabras de Manuel Gahete, miembro fundador y consejero de Humanismo Solidario, surgió cuando un conjunto de creadores alzó su voz para reivindicar “el inalienable compromiso que debe anteponer lo otro a lo propio; la necesidad de un nuevo humanismo, no excluyente, que retome como esenciales las aspiraciones de autenticidad, superación y ética que sustancian la vida”. Esos planteamientos están recogidos en un manifiesto que ya cuenta con la adhesión de casi 600 creadores, intelectuales y otros ciudadanos de diferentes países, la cual se puede consultar en www.humanismosolidario.com
Hasta 1925, cuando José Ortega y Gasset y su La deshumanización del arte, se remonta José Sarria para recordar que ya entonces el filósofo español advertía del “camino errático hacia el cual se abocaba el arte, al desarraigar al ser humano de su perspectiva, su punto de vista”. Sarria cree que no se debe renunciar a un compromiso y comportamiento éticos. Comparte la idea de María Zambrano que incitaba a ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas.
Y es ahí donde entra el poeta, dice Bianchi: “Debe darse cuenta de la
realidad y hacer que se dé cuenta el lector. Es el verso que se vuelve
grito sin olvidarse del acto creativo. Comunicar el malestar”.
El primer reto que afrontan los poetas actuales es hacer buena poesía, que conecte, además, con la situación de la persona de la calle, que sufre, que es su cómplice, asegura Remedios Sánchez, de la universidad de Granada. ¿Y, cómo conectar?: “No cayendo en el cinismo o en la evasión, sino hablando de lo que duele a todos”.
“La poesía es una expresión universal del Hombre para el Hombre”, recalca Khédija Gadhoum. Para la poeta tunecina-estadounidense “más allá de las precarias definiciones y delimitaciones geopolíticas postcoloniales, globales o neo-coloniales, la poesía sigue siendo un compromiso glocal que expresa la voluntad del Pueblo que lucha por sus derechos civiles, dignidad y justicia”.
“Hoy la muerte deambula en los rincones / y se encuentra susurros que se escapan / y confunde siluetas en todas las esquinas”, advierte Roxana Méndez, desde El Salvador. Más en este tiempo emboscado de incertidumbres.
A García Montero le gusta creer que el poeta que piensa durante horas una palabra precisa representa a cualquier ciudadano que quiere ser dueño de sus opiniones, que quiere pensar lo que dice. “En época de cancelación de las ilusiones colectivas basta con un ok. Pero cuando se quiere buscar un espacio de entendimiento, un espacio para que el tú y el yo constituyan un nosotros, hay que matizar, enriquecer el lenguaje, buscar las palabras. Esa defensa del lenguaje, del entendimiento y del propio conocer, con uso libre de razón y de corazón, es lo que le da un carácter rebelde a la poesía y la enlaza con las tradiciones del humanismo”.
Pero la emoción a secas no, advierte Bianchi: “La cuestión es cantar emociones universales en las que el lector pueda reconocerse y experimentar”. Todo eso no es nada si no hay una cultura de la cultura, afirma la colombiana Piedad Bonnett. Una de las cosas perdidas de la poesía que debería recuperarse son los lectores de otras épocas: “No implica que el poeta deba hacer concesiones, sino que la escuela debe acercar más al alumno a la poesía, haciendo de ella un placer y no un deber”.
Latinoamérica: Carlos J. Aldazábal (Argentina), Efraín Bartolomé (México), Mario Bojórquez (México), Piedad Bonnet (Colombia), Alí Calderón (México), Gabriel Chávez (Bolivia), Eduardo Chirinos (Perú), Andrea Cote Botero, (Colombia), Federico Díaz Granados (Colombia), Jorge Galán (El Salvador), Eduardo Langagne (México), Roxana Méndez (El Salvador), Xavier Oquendo (Ecuador), Miguel Ángel Zapata (Perú).
Magreb y Oriente Próximo: Mohammed Doggui (Túnez), Abderrahman El Fathi (Marruecos), Nathalie Handal (Palestina), Khédija Gadhoum (Túnez-EE UU), Fátima Galia (Sáhara Occidental).
“El valor ético de la poesía va más allá de los contenidos. No se trata sólo de los versos que denuncian una injusticia o asumen una protesta. La poesía establece una relación con el tiempo muy distinta de la que hoy domina en las sociedades del vértigo”. Estas palabras de Luis García Montero resumen parte del sentir de los 49 escritores de 12 países (nacidos a partir de 1950), que participan en la antología Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea (Visor), coordinado por Remedios Sánchez García y selección de poemas de Marina Bianchi, presentado en Casa de América, de Madrid, en una lectura poética.
“Lo que queremos decir y no podemos / lo cubrimos con un manto azul y transparente. / Cicatrices / donde el silencio dice su verdad / y pudre poco a poco nuestra lengua”, grita el peruano Eduardo Chirinos en este volumen, en un reconocimiento a lo primero, al Yo. Cicatrices, se titula el poema. A partir de esa íntima geografía pretérita que es siempre presente, el poeta viaja a su mundo para otear el mundo.
Esta poesía no tiene que ver con la de finales de los años cincuenta y la década de los sesenta que era más bien colectiva, aclara Marina Bianchi. Lo de hoy, agrega, “es una crisis que desde la realidad exterior afecta mucho al individuo, a su interioridad, y cada uno expresa su reacción, que no resignación”. La profesora de la universidad italiana de Bérgamo reclama una vuelta a los valores que se han extraviado en una sociedad de consumo. Valores como la cultura o la literatura, que han perdido su papel fundamental de crear opinión pública y de hacer ver la realidad.
Cantar la realidad y emocionar
W. M. S.
Conciencia de su propia poesía debe ser el primer compromiso de un
poeta, dice la autora madrileña Alicia Aza. Si al poeta, agrega, le es
dada la capacidad para observar la realidad y hacerlo de manera
diferente a los demás, “tiene la responsabilidad, más allá de su propia
estética, de su mayor o menor lirismo y de su grado de expresividad, de
dejar constancia con su voz de su posición y de su mirada ante la
realidad que observa. La poesía es una actitud que conlleva un
compromiso creativo y vital, un camino a recorrer y cualquier discurso
poético debe construirse sobre una experiencia humana”.Esa es la idea de la Asociación Humanismo Solidario, presidida por Francisco Morales Lomas, una de las promotoras de la edición de esta antología poética. Creada en 2013, dicha asociación, en palabras de Manuel Gahete, miembro fundador y consejero de Humanismo Solidario, surgió cuando un conjunto de creadores alzó su voz para reivindicar “el inalienable compromiso que debe anteponer lo otro a lo propio; la necesidad de un nuevo humanismo, no excluyente, que retome como esenciales las aspiraciones de autenticidad, superación y ética que sustancian la vida”. Esos planteamientos están recogidos en un manifiesto que ya cuenta con la adhesión de casi 600 creadores, intelectuales y otros ciudadanos de diferentes países, la cual se puede consultar en www.humanismosolidario.com
Hasta 1925, cuando José Ortega y Gasset y su La deshumanización del arte, se remonta José Sarria para recordar que ya entonces el filósofo español advertía del “camino errático hacia el cual se abocaba el arte, al desarraigar al ser humano de su perspectiva, su punto de vista”. Sarria cree que no se debe renunciar a un compromiso y comportamiento éticos. Comparte la idea de María Zambrano que incitaba a ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas.
El primer reto que afrontan los poetas actuales es hacer buena poesía, que conecte, además, con la situación de la persona de la calle, que sufre, que es su cómplice, asegura Remedios Sánchez, de la universidad de Granada. ¿Y, cómo conectar?: “No cayendo en el cinismo o en la evasión, sino hablando de lo que duele a todos”.
“La poesía es una expresión universal del Hombre para el Hombre”, recalca Khédija Gadhoum. Para la poeta tunecina-estadounidense “más allá de las precarias definiciones y delimitaciones geopolíticas postcoloniales, globales o neo-coloniales, la poesía sigue siendo un compromiso glocal que expresa la voluntad del Pueblo que lucha por sus derechos civiles, dignidad y justicia”.
“Hoy la muerte deambula en los rincones / y se encuentra susurros que se escapan / y confunde siluetas en todas las esquinas”, advierte Roxana Méndez, desde El Salvador. Más en este tiempo emboscado de incertidumbres.
A García Montero le gusta creer que el poeta que piensa durante horas una palabra precisa representa a cualquier ciudadano que quiere ser dueño de sus opiniones, que quiere pensar lo que dice. “En época de cancelación de las ilusiones colectivas basta con un ok. Pero cuando se quiere buscar un espacio de entendimiento, un espacio para que el tú y el yo constituyan un nosotros, hay que matizar, enriquecer el lenguaje, buscar las palabras. Esa defensa del lenguaje, del entendimiento y del propio conocer, con uso libre de razón y de corazón, es lo que le da un carácter rebelde a la poesía y la enlaza con las tradiciones del humanismo”.
Pero la emoción a secas no, advierte Bianchi: “La cuestión es cantar emociones universales en las que el lector pueda reconocerse y experimentar”. Todo eso no es nada si no hay una cultura de la cultura, afirma la colombiana Piedad Bonnett. Una de las cosas perdidas de la poesía que debería recuperarse son los lectores de otras épocas: “No implica que el poeta deba hacer concesiones, sino que la escuela debe acercar más al alumno a la poesía, haciendo de ella un placer y no un deber”.
49 poetas, 12 países
España: Juan Carlos Abril, Sergio Arlandis, Alicia Aza, Luis Bagué Quílez, José Cabrera Martos, Isla Correyero, Paloma Fernández Gomá, Manuel Gahete, Luis García Montero, Guadalupe Grande, Pedro Luis Ibáñez Lérida, Raquel Lanseros, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga, José María Molina, Ángeles Mora, Francisco Morales, Manuel Moya, Fernando Operé, Julia Otxoa, Benjamín Prado, Josep M. Rodríguez, Daniel Rodríguez Moya, Javier Salvago, José A. Santano, José Sarria, Juan José Téllez, Alberto Torés, Fernando Valverde, Javier Vela.Latinoamérica: Carlos J. Aldazábal (Argentina), Efraín Bartolomé (México), Mario Bojórquez (México), Piedad Bonnet (Colombia), Alí Calderón (México), Gabriel Chávez (Bolivia), Eduardo Chirinos (Perú), Andrea Cote Botero, (Colombia), Federico Díaz Granados (Colombia), Jorge Galán (El Salvador), Eduardo Langagne (México), Roxana Méndez (El Salvador), Xavier Oquendo (Ecuador), Miguel Ángel Zapata (Perú).
Magreb y Oriente Próximo: Mohammed Doggui (Túnez), Abderrahman El Fathi (Marruecos), Nathalie Handal (Palestina), Khédija Gadhoum (Túnez-EE UU), Fátima Galia (Sáhara Occidental).
Crítica de "Exodus"
“Exodus” nos relata la historia de Moisés, general de los ejércitos del Faraón Seti, cuyo aprecio y cariño por su caudillo supera al que siente por su verdadero hijo y heredero Ramsés. Trás la muerte de Seti, Ramsés le sucede y envía a Moisés al exilio convirtiendo a su prácticamente hermano en su enemigo, que responderá desafiando su imperio y liderando a los esclavos hacia la libertad.
En esta ocasión tenemos al Ridley mas épico embarcado en una gran producción y eso se nota ya en la introducción con la primera batalla tanto en la ambientación, decorados y en la planificación de grandes multitudes (algo en lo que él es especialista) pero después de esta la historia se relaja para centrarse en los personajes y en una historia por todos conocida que se aleja todo lo posible en su faceta más religiosa e intenta mostrárnosla de una forma lo más realista posible y es en esta parte central de la película en donde se ven los altibajos más evidentes mostrándonos algunos sucesos que pasan de forma demasiado precipitada (muerte del faraón, noviazgo y casamiento de Moisés, etc…) algo que me hace pensar en que es probable que haya una versión extendida o del director con otros que se hacen largos y pesados.
Solo con sustituir los nombres propios nos damos cuenta de que durante la primera media hora de película, Scott nos esta contando exáctamente lo mismo que en “Gladiator”. Eso sí, lo hacemos obnuvilados por el magnífico trabajo de vestuario y por un uso muy correcto del 3D que amplifica la sensación de inmersión que producen los decorados, sobre todo en los planos generales de Egipto.
La peor parte les toca a los personajes encarnados por Sigourney Weaver y Aaron Paul, con apenas tres lineas de diálogo y un par de primeros planos que les diferencian de cualquier figurante. John Turturro y Ben Kingsley aprovechan como buenamente pueden la poca cancha de la que disponen y María Valverde, que al menos dispone de más tiempo en pantalla que todos los anteriores juntos, exprime al máximo su limitado papel como figura romántica y familiar del protagonista.
A medida que el primer impacto visual va decayendo, dichos defectos van aflorando pero, por suerte para la película, es en ese momento cuando entra en escena el tercer personaje fundamental: Dios.
Es con la intervención del Todopoderoso cuando la cinta retoma toda su épica y capacidad de fascinación y no decae hasta el final. Desde la realista, sin dejar de ser espectacular, recreación de las plagas hasta el formidable clímax en el Mar Rojo, la demostración de categoria en la dirección de Scott, el uso de los efectos especiales y la partitura de Alberto Iglesias nos otorga un gigantesco espectáculo, emocionante y que derrocha épica y solemnidad.
Amor universitario
Estábamos lejos de casa, alguien
había logrado impresionarla, todas las versiones coincidían en que yo tenía la
culpa, cobré el precio estipulado por contar un mal chiste, pagaste contenta,
con una felicidad llena a sabor a cerveza mejicana mezclada con un toque de
limón. No eras la que peor estabas, tampoco la más serena. Tus padres se
asustaron con tantas ínfulas de macho. Todo salió mal, pero hoy no voy a pasar
por nuestra calle, la calle de los presagios cumplidos, la calle que
compartimos entre apuntes, platos sin lavar e inocencia corrompida, pero aún
así todavía inocencia.
Éramos felices y todo salió mal o
simplemente no salió. Llego la hora y decidimos decirnos adiós. No sabíamos si
fuimos amantes, amigos o compañeros, recuerdo tu risa y el primer beso… Ahora sustituyo aquella
felicidad por el placer sin más.
Crítica de "Corazones de acero"
"Corazones de acero" (lamentable título español del mucho más sugerente
"Fury") empieza de forma rotunda y contundente. David Ayer demuestra de
qué material está hecho y confirma todo aquello que sus films previos
habían permitido anticipar, y es que es un autor con una capacidad para
gestionar imágenes por encima de la media. Ya lo había dejado claro no
obstante en "Sabotage", su otro film de 2014 protagonizado por Arnold
Schwarzenegger, que funcionaba exclusivamente como un ejercicio de
estilo que podía recordar -a veces- a Peckinpah o sin irnos tan lejos, a
Fuqua.
Tristemente tenía un mal guión y era algo insalvable, pero en "Corazones de acero" hay un libreto sólido, hay una buena construcción de personajes y sobre todo, hay momentos de observación genuinos, que hacen de este film uno destacable dentro del cine bélico. No excelente, tampoco notable, pero sí rescatable de entre toda la producción del género de los últimos años, sobre todo si sabemos valorar en su justa medida su propuesta visual, que remite induscutiblemente a "Apocalypse Now" de Francis Ford Coppola, tendiendo un pequeño hilo a la monumental "La delgada línea roja" a la hora de conferir el punto de vista a un personaje atrapado donde no querría estar.
Lo primero que nos encontramos en esta “Furia” descontrolada es la profundidad de su imagen. En un atisbo de alarde técnico, Ayer deja delante lo que importa y detrás lo demás, un ejercicio que parece apuntar a una idea inicial en tres dimensiones, que aún vista en las 2 tradicionales, le da un soplo poderoso a ese despliegue técnico que se espera de una película como ‘Corazones de acero’. Las escenas de acción bélica están rodadas con gran acierto, y se convierten en lo más interesante y emocionante de toda la cinta, aunque, por suerte, Ayer reserva un espacio para presentarnos microrrelatos de sus personajes.
En el campo interpretativo destaca un Brad Pitt que recuerda a su vengativo personaje de ‘Malditos bastardos’ (Quentin Tarantino, 2009): la misma actitud, la misma cara e incluso se intuye un parecido en sus palabras y forma de expresarse. Da la sensación de que repite personaje, pero con Tarantino funcionó, y con Ayer no se queda atrás. Pero el trabajo de Brad Pitt funciona mejor en grupo, en ese grupo de 5 actores que empata tan bien y que forma un ente único alrededor de la historia.
En definitiva, véanla y disfrútenla como lo que es: una cinta de acción muy bien ejecutada y seria, con un telón de fondo interesante e histórico que mostrará crudamente las miserias de la humanidad y los ideales por los que lucharon ambos bandos.
Tristemente tenía un mal guión y era algo insalvable, pero en "Corazones de acero" hay un libreto sólido, hay una buena construcción de personajes y sobre todo, hay momentos de observación genuinos, que hacen de este film uno destacable dentro del cine bélico. No excelente, tampoco notable, pero sí rescatable de entre toda la producción del género de los últimos años, sobre todo si sabemos valorar en su justa medida su propuesta visual, que remite induscutiblemente a "Apocalypse Now" de Francis Ford Coppola, tendiendo un pequeño hilo a la monumental "La delgada línea roja" a la hora de conferir el punto de vista a un personaje atrapado donde no querría estar.
Lo primero que nos encontramos en esta “Furia” descontrolada es la profundidad de su imagen. En un atisbo de alarde técnico, Ayer deja delante lo que importa y detrás lo demás, un ejercicio que parece apuntar a una idea inicial en tres dimensiones, que aún vista en las 2 tradicionales, le da un soplo poderoso a ese despliegue técnico que se espera de una película como ‘Corazones de acero’. Las escenas de acción bélica están rodadas con gran acierto, y se convierten en lo más interesante y emocionante de toda la cinta, aunque, por suerte, Ayer reserva un espacio para presentarnos microrrelatos de sus personajes.
En el campo interpretativo destaca un Brad Pitt que recuerda a su vengativo personaje de ‘Malditos bastardos’ (Quentin Tarantino, 2009): la misma actitud, la misma cara e incluso se intuye un parecido en sus palabras y forma de expresarse. Da la sensación de que repite personaje, pero con Tarantino funcionó, y con Ayer no se queda atrás. Pero el trabajo de Brad Pitt funciona mejor en grupo, en ese grupo de 5 actores que empata tan bien y que forma un ente único alrededor de la historia.
En definitiva, véanla y disfrútenla como lo que es: una cinta de acción muy bien ejecutada y seria, con un telón de fondo interesante e histórico que mostrará crudamente las miserias de la humanidad y los ideales por los que lucharon ambos bandos.
Crítica de "Birdman"
Sin plumas, sin cortes... el mejor Iñárritu posible
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/27/53fdb52122601db3348b4574.html?a=6526169f6a8b50ce49a8df8249208592&t=1409149676
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'Birdman' se ofrece como una triste, agria, divertida, virtuosa y furiosa, aunque desigual, disección del cine, la fama y, en general, los bichos implumes
Fotograma de la película 'Birdman', del director Alejandro González Iñarritu
EFE
La esperanza, decía Emily Dickinson, es esa cosa con plumas. Cuando
el griego Platón se vio en el aprieto de definir al hombre no se le
ocurrió nada más que aquello de "bípedo implume". Y así. Es decir, por
una razón u otra, e independientemente de la inclinación sexual, los plumíferos desconciertan, atraen y hacen cosquillas al cerebro.
Quizá por ello, Alejandro González Iñárritu ha elegido el mismo
argumento (las plumas) para, por orden: a) refundarse como director de
comedias; b) alejarse del patrón de autor atormentado (o no tanto) y
cargante (o menos) al que le había empujado cada una de sus epopeyas
emocionales anteriores, y c) completar por todo lo anterior su mejor
película hasta la fecha.
'Birdman' (hombre pájaro) inauguró la nueva edición de la Mostra y lo hizo con la contundencia que siempre debe acompañar a una propuesta arriesgada, necesariamente visceral y furiosa. Mucho. Michael Keaton (sí, él) interpreta a un actor en el trance de la redención. El que fuera un superhéroe de fama en los 80 (hablamos de la película de Iñárritu) se empeña ahora en convertirse en un reputado director teatral de éxito. El mismo que volara por las taquillas de los cines encerrados en centros comerciales quiere ahora, pasados los años, el respeto de la grey conspicua.
Y es en este punto, como ya habrán notado, donde la ficción y la realidad se confunden. No nos atrevemos a decir que Keaton (el que fuera el mejor Batman posible) haga de él mismo en la pantalla, pero casi. Sin duda, la provocación que plantea el director excita el ánimo y, ya puestos, otras partes blandas del cuerpo.
Rodada sin cortes aparentes en un largo, trucado y muy brillante plano-secuencia, la idea es acercar la cámara lo más posible a lo que la realidad tiene de espejismo de sí misma. Nos explicamos. Nada tan tramposo, vulgar y falso como eso que entendemos por real. La realidad no es más que el precipitado de todas las ficciones, mentiras, mitos y símbolos que la explican, que la dan sentido. Iñárritu, hasta la fecha, había jugado de forma tan espectacular como aturullada a romper la ficción para volverla luego a montar. Recuerden 'Babel'. Pues bien, ahora se trata de lo contrario. O, mejor, de lo mismo, pero al revés.
La historia de un hombre lanzado al laberinto del 'backstage' de su propia obra (su existencia quizá) ofrece al espectador un enfebrecido juego de espejos en el que, en efecto, no es difícil verse reflejado. La enfermedad de un hombre en conflicto entre lo que quiso ser y lo que necesariamente es se antoja demasiado parecido al padecimiento de cualquiera. Las réplicas arrebatadas de Naomi Watts, Emma Stone, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough y, sobre todo, un genial Edward Norton completan un panorama dramático tan claustrofóbico como impenitente. Gozoso, cruel y, definitivamente, sin plumas. No hay esperanza.
La segunda mitad de la cinta es otra cosa. Probablemente nadie puede renunciar a ser él mismo. Ni siquiera Iñárritu. Es aquí cuando el precipicio acecha y la cinta se espesa; cuando la aventura existencial del personaje se acerca y coquetea con un proceloso 'ego-trip' al abismo. Y, pese a ello, sin duda gracias a la distancia que proporciona las reglas de la comedia y merced al trabajo entre la excentricidad y la iluminación de Keaton, 'Birdman' vuela. Cosa de las plumas, sin duda.
Keaton es una especie de Quijote incapaz de poner orden entre sus sueños y sus miserias; entre la realidad y el deseo. De paso, él y su personaje se alzan como testigos y clara evidencia de la pérdida de sentido hoy de la ficción, del cine quizá, de la cultura en última instancia. No hablamos del entretenimiento sino de esa herramienta que permite conocer. La realidad sin más, sin una historia que la dé sentido, no existe. Pero eso es otra historia.
Sea como sea, y como le demostraría con gesto severo Diógenes a Platón: nada nos distingue de un pollo desplumado.
'Birdman' (hombre pájaro) inauguró la nueva edición de la Mostra y lo hizo con la contundencia que siempre debe acompañar a una propuesta arriesgada, necesariamente visceral y furiosa. Mucho. Michael Keaton (sí, él) interpreta a un actor en el trance de la redención. El que fuera un superhéroe de fama en los 80 (hablamos de la película de Iñárritu) se empeña ahora en convertirse en un reputado director teatral de éxito. El mismo que volara por las taquillas de los cines encerrados en centros comerciales quiere ahora, pasados los años, el respeto de la grey conspicua.
Y es en este punto, como ya habrán notado, donde la ficción y la realidad se confunden. No nos atrevemos a decir que Keaton (el que fuera el mejor Batman posible) haga de él mismo en la pantalla, pero casi. Sin duda, la provocación que plantea el director excita el ánimo y, ya puestos, otras partes blandas del cuerpo.
Rodada sin cortes aparentes en un largo, trucado y muy brillante plano-secuencia, la idea es acercar la cámara lo más posible a lo que la realidad tiene de espejismo de sí misma. Nos explicamos. Nada tan tramposo, vulgar y falso como eso que entendemos por real. La realidad no es más que el precipitado de todas las ficciones, mentiras, mitos y símbolos que la explican, que la dan sentido. Iñárritu, hasta la fecha, había jugado de forma tan espectacular como aturullada a romper la ficción para volverla luego a montar. Recuerden 'Babel'. Pues bien, ahora se trata de lo contrario. O, mejor, de lo mismo, pero al revés.
Una obra maestra
El resultado es una cinta febril que roza la obra maestra todo lo que dura su primera mitad. Es ahí donde el director se exhibe, liberado de muchos de los vicios del pasado, en toda su amplitud. Por primera vez, la caricatura no es una consecuencia no deseada del exceso emocional en el que naufragaban sus héroes (piensen en el personaje de Bardem en 'Biutiful'), sino un ejercicio roto y desangrado de provocación guiado por la mano sabia de un Keaton irrenunciable. La vida, en efecto, como caricatura. Negra e insípida.La historia de un hombre lanzado al laberinto del 'backstage' de su propia obra (su existencia quizá) ofrece al espectador un enfebrecido juego de espejos en el que, en efecto, no es difícil verse reflejado. La enfermedad de un hombre en conflicto entre lo que quiso ser y lo que necesariamente es se antoja demasiado parecido al padecimiento de cualquiera. Las réplicas arrebatadas de Naomi Watts, Emma Stone, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough y, sobre todo, un genial Edward Norton completan un panorama dramático tan claustrofóbico como impenitente. Gozoso, cruel y, definitivamente, sin plumas. No hay esperanza.
La segunda mitad de la cinta es otra cosa. Probablemente nadie puede renunciar a ser él mismo. Ni siquiera Iñárritu. Es aquí cuando el precipicio acecha y la cinta se espesa; cuando la aventura existencial del personaje se acerca y coquetea con un proceloso 'ego-trip' al abismo. Y, pese a ello, sin duda gracias a la distancia que proporciona las reglas de la comedia y merced al trabajo entre la excentricidad y la iluminación de Keaton, 'Birdman' vuela. Cosa de las plumas, sin duda.
Keaton es una especie de Quijote incapaz de poner orden entre sus sueños y sus miserias; entre la realidad y el deseo. De paso, él y su personaje se alzan como testigos y clara evidencia de la pérdida de sentido hoy de la ficción, del cine quizá, de la cultura en última instancia. No hablamos del entretenimiento sino de esa herramienta que permite conocer. La realidad sin más, sin una historia que la dé sentido, no existe. Pero eso es otra historia.
Sea como sea, y como le demostraría con gesto severo Diógenes a Platón: nada nos distingue de un pollo desplumado.
La paradoja creadora
No digas que no, realmente te domino
y no tienes nada que hacer contra mis hilos, para mí no constituyes nada más
que una marioneta humedecida en alcohol que navega por mares de tiempo sin
salir de su manta raída, esa que siempre te acompaña para no resfriarte.
En primer lugar apareció mi amor y
luego lo confundí con el odio, un odio por ser un héroe y no recibir recompensa.
Los demonios de mi angustia hablan un lenguaje propio, se ríen y a la vez
lloran; son unos hipócritas que acaban por explotar cuando menos te lo esperas,
justo cuando te ordeno cosas y tú no haces nada.
Tú eres el intruso, el alma cándida
que se apiada de mí. Olvídame, tira todas estas argucias a la papelera porque
merezco estar muerto; merezco arder en las llamaradas de las miradas ajenas. En
cambio, navego por un mar que no comprende mi amor, por un mar en tempestad y
cuyos únicos compañeros de viaje están muertos. Son los gajes de un oficio que
no entiendo, pero que aún así practico. El oficio de vivir de espaldas al
mundo.
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Disponible en: https://amzn.eu/d/094bBma7 Turno de noche La sala de espera olía a gripe, a café de máquina y a ese sudor frío que sueltan...