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miércoles, 24 de febrero de 2021

Muerte y orfandad: Una visión de la vida

 


En realidad, cumplo con mi trabajo; ahora necesito descanso, guijarro con canto, estilo a destajo, pasa el tiempo, tiene que pasar y olvidamos a los desmantelados, casas abandonadas; quizás pueda, quizás deba reemplazar la miseria con orgullo, llenar de júbilo mi tristeza, instaurar otra vez la ilusión en esta existencia llena de abandono.


Soy pesimista; de todas formas, creo que va implícito en mis genes, en la sangre envenenada de vicios. Soñaba con que se me aparecieran un par de novias guapas, soñaba con que se me apareciera Dios acompañado. Vivíamos en un mundo en el que Dios no existía. Rezábamos con nuestros cuerpos, lo hacíamos sin comenzar los ciclos hormonales del apremio. Al terminar, expresábamos nuestro ultimátum e implorábamos para que la siguiente vez saliera más satisfactorio el intercambio; nos santiguábamos a través de un beso con lengua; bendecíamos las sabanas con el orgullo. Después de acostarnos, el acto de nuestra vida era una expiación hecha a medida del amor entre extraños.


El abismo quedaba a la vuelta de la esquina, bastaba chocar con una piedra para caer en él. Fue más probable la prisión, una nueva cárcel. El éxito y el fracaso salían como un argumento de novela barata, formaba parte de la vida destinada a ser ella misma. Las vidas de sus amigos se disociaban como los balances de un contable corrupto, desprovistas de esperanza, también sin lógica, parecían simples pendejos endeudados a perseguir una utopía. Estaban caracterizados por vivir dentro de un período de penitencia constante, al final no había salida.


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viernes, 5 de febrero de 2021

Muerte y orfandad: Otro deseo

 

Ahora no nos cuidan como antes, en su lugar intentan que lleguemos a ser superhombres, a la vez también serviles artesanos de la repetición, memorias llenas de cosas inútiles. Si no fuera bastante, encima nos hablan de un Dios que no hemos podido elegir, que se nos ha impuesto por simple costumbre. Sin embargo, lo peor, lo que no comprendo por más que me esfuerce, es el habernos separado de las chicas. Cómo vamos a poder gobernar una familia si no tenemos trato con miembros del género femenino, cómo vamos a aprender a tratarlas si lo que nos enseñan es cómo murió un señor crucificado, al cual no hemos conocido ni mucho menos visto, de qué forma van a darnos su confianza si sobre lo que debemos preocuparnos es de las guerras que armaron unos que se llaman los Austrias y que invadieron el país de donde supongo provengo. No, no lo entiendo; a mí me gustaría que mis profesores nos contasen historias de piratas o también enseñanzas que tratasen de la forma de manejar un equipo de gente, quizás también de cómo arreglar cosas en casa, esa casa que no tenemos, el hogar por el cual todos soñamos, y qué me decís de mandar una carta a una persona importante en lugar de saberse cuál es el sintagma nominal y cuál el predicado. Pero no, quieren que seamos serviles, por desgracia, a mis casi trece años, empiezo a notar más la necesidad de gobernarme que la de ser gobernado.





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lunes, 25 de enero de 2021

MUERTE Y ORFANDAD: Recuerdo de un amor

 

¿Hasta qué punto ignorábamos nuestro futuro? No lo sé, poco importa ahora que me espera el verdugo, el alma cándida que va a acabar con mi dolor. La escena se enturbia si la alzamos sobre la realidad, no he conseguido nada que la explique, lloro sin un motivo aparente, no puedo detenerme. Un segundo intento puede ser mortal, mi amiga lo sabe; aunque lo hubiera deseado no podría ayudarme, estoy solo. Mi vida interior acaba con la desconocida, pues lo absurdo me alimenta, casi tanto como los logros culinarios de Gumersinda o los golpes que han sufrido todos; antes tenía otras esperanzas, ahora nada. Para cuando nos encontremos, yo y mi amada, prometo mantener vivo el deseo, la sensacional vida que podemos gozar juntos, sin Manrique, sin Elías, sin Joaquín, sin todos nuestros estorbos.


Recuerdo golpes que me han dado, instantes de abandono perpetuo, más allá, ahí donde nos espera el hombre que proclaman salvador. Desearía no recordar nada, por una extraña influencia vuelvo sobre lo mismo.


Nunca se me ocurrió preguntarle si ella era feliz. Tenía, desde luego, sus momentos buenos, tenía las uñas demasiado largas. Se metía entre los niños, los reprendía y les daba comida; a los más pequeños, cuando lloraban, los besaba en la mejilla. Hacía todo esto, no era lo más importante, lo crucial venía por su sola presencia, dulce bocado de deseos no conseguidos. Casi parecía amor, creo que era incluso superior, una necesidad a la que nos entregábamos alegres.


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lunes, 21 de diciembre de 2020

Gestión de la incertidumbre

 


Dile a la rabia que te come que ya no estoy,
díselo como si no lo quisieses decir,
lentamente, como si el segundo durase un minuto,
como si un minuto durase un siglo,
como si no existiese el tiempo
y jamás hubiésemos estado aquí.

Dile que los sentidos no sienten,
qué la Luna desertó de mis mareas,
del calendario de un camionero,
del efluvio de un cristal
de una bohemia corrompida.
¿Quién llama a la puerta?

Reniego de todas las medidas,
te retengo y no me sostengo,
la rosa mordió a la margarita
que no para de temblar.
Lo siento, la señora no está,
venga en otro momento.

Quizás no haya otros quizás,
quizás…

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

MUERTE Y ORFANDAD (Verónica). @EdAtlantis


 

Verónica era una chica de color, si aceptamos la definición que aceptan por aquí; en definitiva, descendía de esa raza de personas traídas de África con la misión de servir; a pesar de este designio divino, algunos de los miembros de esa vieja y, a la vez, ignorante estirpe, no soportaban emparentarse con un sicario. Nunca habían manifestado en público su posición con respecto a sus padrinos, sin duda por el miedo que los consumía, del mismo modo que lo hacía la ausencia total de oportunidades en la patria que los adoptó, aunque esa adopción fuera a la fuerza. A pesar de su ignorancia, sabían lo que no convenía hacer, del mismo modo que un perro sabe el sitio donde le dan comida, también el lugar donde solo recibe palos. Miguel Ezequiel sabía que los culpables habían sido ellos, los que le habían metido en la cabeza todas las ideas sobre el honor y la honestidad. Un negro no tiene más honor u honestidad que el que dicta el cuerpo, quien no lo crea así debe escapar de ellos, pues acabarán por comer los ojos a los seres que los protegen. Incluso así, hay algunos que, ante un rayo de luz, se creen los amos del mundo, esa idea nadie se la iba a quitar del pensamiento.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Muerte y orfandad @EdAtlantis (en el orfanato)

 

    Con humildad, les perdono magnánimo en mi trono de soledad, rey de un desierto como la playa urbana a la cual vamos en verano. Debería haber tenido más optimismo, hoy la bronca fue tremenda, por eso voy a hacer un esfuerzo de la misma forma que incita mi tutor a menudo. Este presunto protector no conoce, en realidad, lo que preocupa a su negrito tímido e insolente. En cambio, el aspirante a macaco ve a primera vista de qué pie cojea su maduro profesor: un oficio para el cual no tenía vocación, una mujer que ha engordado o se ha vuelto vinagre como el vino viejo, un colegio de niños que no son normales. Además de todo eso, podría señalar una religión que no da respuestas, una gente que percibe tu inferioridad, una incapacidad para lograr disimular la inseguridad; en definitiva, una vida que no es vida, pero a la que tienes que defender cuando hablas con el negrito huérfano.

    Sí, Elías, no creo que te percates, incluso así te comprendo; puedo asegurar que deberías ser tú el sujeto pensante, el amargado que escribe unas líneas para pasar el rato, para olvidar o encontrar una solución. En cambio, es tu desconocido alumno quien lo hace, el niño inocente que parece tener problemas con la trigonometría, todavía más con la Historia con mayúscula; sí, esa historia insípida que enseña Delia, la joven recién salida de la universidad a la cual prestas buenos ojos. La realidad es como un libro que espera su lectura, mi tutor hace tiempo que lo dejó olvidado, lo hizo de la misma forma que otros olvidan el bolso; pero lo que nunca olvidan es a los hijos.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Muerte y orfandad @EdAtlantis (un deseo)

  

    Todo tendría solución si nos hubieran acogido; este es nuestro único sueño en nuestra pesadilla de no tener padres; además, aquí dentro, hay hechos que abusan de nuestra inocencia; de ninguna otra forma se pueden calificar la empanada de pieles de pollo que nos cocina doña Gumersinda, también merecen señalarse los coscorrones, por no hablar del castigo que surge al no disfrutar de demasiadas salidas a la calle y tener tan poco tiempo de vida lúdica.

    Incluso así, lo peor para mí forma parte de otra característica propia pero ajena. Todo lo malo queda reducido a una tara, a una desfachatez del destino culpable. Mi verdadero pecado queda reducido a la tez que insulta, a mi moreno permanente, al luto por unos parientes que no he conocido, unos progenitores que me regalaron el presente de la ausencia de claridad. Por eso, el tiempo pasa y, sin embargo, siempre estaré fuera de sitio. Estoy seguro de que mi ascendencia procede de otro continente, de otro contenido, argamasa y ladrillo. Las conversaciones tornan la alegría en amargura, al igual que el vino que no me dejan tomar acaba convirtiéndose en vinagre. Cuáles hubieran sido las razones para mi castigo, las desconozco; de la misma forma, ignoro el rumbo de los caminos que conducen a esta cárcel que es mi hogar.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Muerte y orfandad de Juan Carlos Pazos @EdAtlantis (El alma de la ciudad)

 El alma de la ciudad estimulaba la tristeza ante un invitado tan sobresaliente, los árboles de la calle principal regalaban sus sombras y, aunque iba con la calefacción a la máxima temperatura, no se despojó de su desaliñada gabardina; prenda algo agravada, todo sea dicho, en su pobreza de años desgastados en otro cuerpo, en uno que no correspondía cuando se repartieron los agravios de la mala fortuna.

La diferencia entre un hijo de puta y un cabrón es que el primero nace y el segundo se hace. Había puesto su resguardo a la altura de su fama. A algunas de las personas que frecuentaba no les gustaban aquellos aires. Al afirmar esto, el autor aborda la liquidación de una empresa en construcción, lo hace con ciertos significados ridículos, los significados de la muerte a cualquier precio, en este macabro juego todas las cartas están marcadas.