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sábado, 14 de septiembre de 2019

Mi heroína



Caballos al galope
destronan divinidades
fuera de los puntos cardinales
para así dar pleitesía
a todos mis retoños.

Circuncisión de parafimosis,
escayolada en lo trasplantado,
rompo todos los caminos
de la indigna sociedad culpable,
que ahora condena mis bromas.

Todo el mundo lo tendrá,
picaremos la carne sangrante
con las oscuras iras indispensables
que traen más gusto
a mi ración obrera.

Al salir, la envidia correrá
desnuda en sus dudas
por la vacía calle universal,
para buscar un sumidero
donde despotricar confortable.

La posesión te destronará
de tu latido miserable
cayendo al abismo de mis pesares
donde viven todas mis ganas
aún por ti, en la nada.

Juntos comeremos al nuevo rico,
en los diez mandamientos esfumado,
como cáliz lleno de sangre
en nuestra ávida sed desechable,
igual que el cigarro que apago.

Sociedad aburrida del bienestar
de ti desterrarme no quiero,
pues cada vez me hundo más,
manipulando tus tempestades
para morir en tu mar.

Al final es todo ceniza
del motor al suspenso marchito
durante siglos de risa
en la erosión caliza
que alza el sigilo.

Quedaremos, por ello, desnudos
tú, yo y él con su brillo
de chica de otro barrio
donde se mendigan suavidades
por un trozo de pesar.

Caballos al galope
sobre las ruedas de la fortuna,
las chicas tuercen la cabeza
a tu sarcasmo feroz
de buscar otros golpes.

Steinitz, el primer científico-poeta del ajedrez

Steinitz, el primer científico-poeta del ajedrez - Deporte

Cultura, ciencia y ahora tecnología, pulsamos el botón rojo y comienza la grabación, tras una semana de garabatear aparece toda una vida. Steinitz juega con su tablet, le da peón y turno de ventaja, ya no somos los mismos. Pese a lo huraño de su carácter fue el primer experto en ajedrez pedagógico, estableció los pilares de lo que vino después. Debemos repasar su historia apasionante, aquí queda parte de la verdad.
El padre del ajedrez moderno nació en distintos días según quién nos lo cuente, podría ser un día 18, pero también un día 14 o un día 17 de mayo; lo único fijo es el año 1836 y el sitio: Praga que en aquel momento de principios del siglo XIX era austriaca. Se crió en una en una modesta familia de comerciantes de ferretería y era el menor de trece hermanos, desde pequeñito destacaba sobre todo en matemáticas, algo habitual en los ajedrecistas debido su gran capacidad de cálculo. Más adelante se trasladó a Viena para cursar allí sus estudios de Ingeniería, carrera que no llegó a terminar debido a que el ajedrez se cruzó en su camino, un hecho que marcaría profundamente su vida y con el tiempo el de otros muchos aficionados a este juego-deporte. Viena era entonces uno de los grandes centros ajedrecísticos de Europa quizás solo por detrás de Londres que era aquel entonces la meca del ajedrez, en Viena podríamos encontrar en aquel tiempo hasta diecinueve cafeterías en las que la gente jugaba a diario. Gracias a esto Steinitz pronto se interesó en el juego, que había aprendido con su padre. Sus progresos fueron rápidos y Steinitz, que se ganaba un buen dinero apostando en los cafés, abandonó sus estudios para dedicarse de lleno al ajedrez, pronto se convirtió en el jugador más fuerte de Viena.

Según Steinitz, el primero que dominó la pareja de alfiles, una vez comenzado el final el poseedor de los dos Alfiles debería maniobrar de la siguiente forma contra el jugador que tiene Alfil y Caballo:
1-Dominar el centro
2-Quitar al Caballo enemigo posibles puntos fuertes y limitar al máximo sus movimientos
3-Tratar de ganar espacio avanzando los Peones
4-Preparar la maniobra decisiva – que en muchos casos consiste en penetrar con el Rey por las casillas de color diferente al Alfil del jugador que tiene Alfil y Caballo-.
5-Se puede, en determinado momento, simplificar la posición cambiando uno de sus Alfiles por una pieza contraria –Alfil o Caballo- para transformar la ventaja de los Alfiles en otra aún más prometedora y determinante en la victoria.

El joven Steinitz triunfaba en el tablero; tanta fue su fama y su gloria que lo invitan a Londres a la Exposición Universal que tuvo lugar en el año 1862. Es su primera aparición en el circuito internacional; por otro lado también es la primera vez que se juega con controles de tiempo, mediante rudimentarios relojes de arena. Con 26 añitos consigue colocarse en sexto lugar , lo mejor de cada casa estaba allí en Londres, además su partida contra Mongredien recibió el premio a la partida más brillante del torneo , balance positivo en definitiva.

Estamos hablando de un tipo genial, pero que además tenía un enorme seguridad, se cuenta que en cierta ocasión le preguntan si podría ganar algún torneo de los importantes de verdad y respondió ni corto ni perezoso que de «salida ya le digo que tengo una gran ventaja pues yo soy el único que no tiene que enfrentarse a Steinitz«.

Steinitz tenía unas enormes ganas de triunfar, aunque su fuerte y hosco carácter a veces le traía problemas. Otra anécdota en su historial le ocurrió en una partida contra el famoso banquero Epstein (muy poderoso en aquélla época), en un lance del juego Epstein le dijo muy molesto: «¡Joven, tenga cuidado!, ¿no sabe usted con quien está hablando?«, a lo que el atrevido Wilhelm respondió: «Lo sé perfectamente, usted es Epstein, pero en el ajedrez Epstein soy yo«. Esto en aquélla época era una grave falta de respeto, pero así era el temperamental Steinitz, siempre acompañado de su mal humor que le hizo granjearse un gran número de enemistades.

Principio de ataque: si se considera tras la evaluación que se está mejora hay que transformar esta ventaja por medio del ataque («el bando superior está obligado a atacar, si no lo hace perderá tal ventaja»), pero ¿qué atacar?; también mostró el camino: el objetivo debe ser una debilidad en la posición enemiga y siguiendo la estrategia militar se elige el punto de menor resistencia.
Principio de defensa: «el que está en desventaja debe estar dispuesto a defenderse, debe estar dispuesto a hacer una concesión». Añadió que la norma a seguir en cuanto a las concesiones debe estar guiada por el principio de economía, hacer la mínima concesión posible y, por supuesto, abstenerse de jugadas agresivas; sólo debe intentar volver a equilibrar la posición.

Al principio Steinitz practicaba un estilo muy agresivo, el típico ajedrez romántico de la época. Los jugadores que ganaban un buen torneo se auto-proclamaban como campeón del mundo, luego venía otro torneo y ahora el nuevo campeón era otro. De todas formas desde sus comienzos Steinitz quiso ante todo ser brillante en su juego. Sus partidas fueron tan notables que fue apodado el ‘Morphy austriaco’. Su fama iba aumentando sin cesar y a esto contribuyó su victoria en el match contra Anderssen en 1866. Aquella victoria supuso un relevo en el trono, pero no un cambio de paradigma ajedrecístico. No todavía. Steinitz aún jugaba con el estilo de su época, esto es, básicamente como un Anderssen en versión más joven.

Steinitz estuvo largas temporadas ausente de la gran competición, más centrado en intentar salir adelante como escritor de ajedrez en periódicos y revistas, o publicando ensayos. No era muy bueno manejando sus finanzas pero se honraba de pagar siempre sus deudas, por lo que inevitablemente nunca gozó de una buena posición económica. El trabajo como escritor le daba más y mejor de comer que la propia competición. Recordemos que la figura del ajedrecista profesional ni siquiera existía por entonces.

Según Steinitz, se puede resumir en 6 puntos la manera de llevar una partida en el medio juego:
1º Construcción de una posición sólida.
a) Uso casi exclusivo de las aperturas cerradas
b) Ausencia de sacrificios y en general jugadas de relumbrón que carezcan de solidez
c) Parquedad en los cambios de piezas y peones
d) Predominio de los ataques lentos o de larga preparación
2º Acumulación de pequeñas ventajas.
Steinitz resaltó la ventaja del alfil sobre el caballo, hasta ese momento se consideraban piezas de igual potencia.
3º Formación de puntos débiles en el campo enemigo y utilización de los mismos.
Puntos débiles, llamados holes por Steinitz: un peón doblado o aislado, pieza intercluida, pieza aislada.
4º El ataque no se ha de dirigir exclusivamente al flanco donde se halla el Rey.
5º Asegurar el triunfo final.
Se refiere a tener una fuerte preparación en los finales, cosa que en aquélla época no era muy habitual.
6º Estrategia expectante.
     O sea la práctica de sus teorías sobre el juego posicional.

Fue el primero es sistematizar y dogmatizar principios posicionales, tales como la importancia del centro, la debilidad de casillas, los peones débiles, la importancia de la pareja de alfiles, temas como el del alfil malo, etc…

En los clubes vemos con regularidad jugadores con poco conocimiento en la técnica, se desprenden de la pareja de alfiles con facilidad extraordinaria, debido a la preferencia y temor que siente por los caballos. Recientemente el gran maestro francés Dorfman en su libro «El método de Ajedrez» toca el tema de la pareja de alfiles como una de las ventajas estáticas. El jugador que pretenda seguir ascendiendo su nivel debe comprender el manejo de la pareja de alfiles. William Steinitz muestra el procedimiento para manejar la pareja de alfiles, Steinitz fue el primero en realizar un estudio a profundidad sobre el tema «PAREJA DE ALFILES».

Por otro lado, Steinitz hacía de las posiciones de carácter más cerrado su predilecto campo de acción. En ellas los peones tienen menos movilidad, lo que suele ser señal de una larga lucha, en contraposición al juego variable que ofrece la partida abierta.

Quizás pecó de dar excesiva importancia a sus valoraciones estáticas frente a las cuestiones dinámicas de la lucha. A Steinitz no le importaba jugar de una manera muy defensiva y permitir a sus «románticos» rivales que se estrellaran en el ataque.

Antes de Steinitz, Philidor había aportado algo de verdadero valor teórico al recalcar la importancia de los leones con aquella frase mítica de que los peones son el alma del ajedrez. Pero cuando llegan las nuevas teorías de nuestro hombre todo cambia, deduce que hay ciertos principios estratégicos que conviene analizar en una posición y que no es todo arte, romanticismo y florituras. Como decía la filosofía del neopositivismo hay que analizar la posición, fijarse si tenemos pequeñas ventajas, se fija en un concepto mucho más estratégico del ajedrez, se vuelve más tranquilo el juego, quizás bastante más sosegado, incluso más aburrido por qué no decirlo, empieza la lucha entre los románticos y los estratégicos. Cuando se encuentra una flor escribes un tratado de biología, eso es lo propio de Steinitz, escribir un poema sería más propio de los jugadores románticos. Leyendo los principios fundamentales el paisaje parece diáfano.

Por ejemplo, muchos jugadores incluyendo fuertes grandes maestros no le prestaban especial atención a la pareja de alfiles, esta ventaja fue sometida a estudio por el primer campeón mundial Steinitz. En la práctica podemos ver ejemplos donde un gran maestro de la talla de Spielman firmó las tablas en dos posiciones con la pareja de alfiles en el torneo de New York 1927, esto demuestra que el desconocimiento técnico esta a todos los niveles.
 
David Hooper resumió algunos de sus más importantes principios en su libro La teoría de Steinitz:
  1. Al inicio de una partida las dos fuerzas están en equilibrio.
    2. Un juego correcto en ambas partes mantiene el equilibrio y conduce inevitablemente al empate.
    3. Por lo tanto, un jugador solamente puede ganar como consecuencia de un error del oponente. No existen «jugadas ganadoras».
    4. En tanto que se mantenga el equilibrio, el ataque —sin importar cuán hábil sea— nunca puede tener éxito frente a una defensa correctamente ejecutada. Dicha defensa tarde o temprano forzará la retirada y reagrupamiento de las piezas atacantes, con lo que el jugador que hasta entonces atacaba sufrirá una inevitable desventaja.
    5. Por lo tanto, ningún jugador debe iniciar el ataque hasta que haya obtenido previamente una ligera ventaja causada por un error del oponente, ventaja que justifique la decisión de atacar.
    6. Así, al inicio de una partida el jugador no debe buscar un ataque inmediato. Lo que debe hacer es buscar alterar el equilibrio en su favor induciendo al oponente a cometer un error. Esto debe preceder a cualquier ataque.
 
Ya después de su primera y aplastante victoria contra Blackburne, quedó claro que Wilhelm Steinitz contaba con un arma de batalla que el resto de sus colegas desconocían. El ascendente maestro checo había superado los vehementes ataques de su talentoso oponente con una defensa tenaz, pero sobre todo con una sencillez y una lógica sorprendentes ¿De dónde había extraído el austriaco los elementos que le daban esa superioridad sobre sus contrarios? Los principios de su teoría ajedrecistica, que conforman lo que hoy damos en llamar «juego de posición», los formuló Steinitz en su obra inmortal «The Modern Chess Instructor», cuyas enseñanzas ayudarían a forjar a los grandes genios de la siguiente generación, con Emmanuel Lasker y Siegbert Tarrasch a la cabeza. Steinitz era ante todo un gran pensador y supo vislumbrar un componente lógico y una serie de aspectos íntimos del juego en el fugaz paso de Morphy por Europa. Pero aun así, y al contrario que el americano, Steinitz no buscaba la brillantez y la rapidez de acción, sino aspectos más duraderos de la posición. Así pues, es frecuente ver en sus partidas largas defensas con el objeto de conservar una leve ventaja de posición, cosa muy frecuente hoy en día, pero revolucionaria en aquel tiempo. Esta característica de su estilo era la que le hacía preferir las partidas más cerradas.
Estrictamente hablando, es posible que no tuviera más capacidad que Anderssen o Zukertort, a quienes sistemáticamente había vencido. Su auténtica grandeza radicaba en sus dotes de pensador profundo, en saber captar y sintetizar de sus predecesores lo que hoy denominaríamos juego de posición, cuyos principios sería él el primero en formular.
Jugaba lentamente, calculaba con precisión sus movidas, prefería las maniobras posicionales a los ataques brillantes y solo combinaba cuando podía prever todas las consecuencias. El estilo posicional, su gran aporte, llevó a Steinitz a arrasar donde se presentara, a diseñar variantes novedosas (y aún vigentes) para la Defensa Francesa y la Apertura Española, y a derrotar a cada uno de los grandes maestros de finales del siglo XIX, incluyendo al polaco Johannes Zukertort en el primero de los matches por el campeonato del mundo, efectuado en 1886.

Tres veces defendió exitosamente el trono. Además Wilhelm Steinitz, ha sido el Campeón Mundial más viejo de la Historia. Tenía 58 años cuando perdió el título frente a Emanuel Lasker en 1894.

La nueva teoría propugnaba el estudio de la estructura de peones. De pronto, adquirían vida detalles “anecdóticos” del juego sobre los que nadie se había parado a pensar: peones aislados, doblados, agujeros y debilidades permanentes, piezas sobrecargadas…Pero no sólo eso. Steinitz afirmaba que no se debía atacar si la posición no era superior y que, en tal caso, era obligado hacerlo, so pena de dejar escapar las ventajas estratégicas. En general, lo que entonces se llamó Escuela Moderna (y que, con el tiempo, se rebautizaría como Clásica) preconizaba una racionalización de todos los aspectos del juego, dotándolo de una lógica cientifista. En una frase Steinitz plasmó su nueva forma de sentir y percibir el ajedrez: Un sacrificio se refuta mucho mejor al aceptarlo… toda una declaración de intenciones a favor de la destrucción de belleza en un tablero de ajedrez.

En 1883 se trasladó a los Estados Unidos donde adquirió la nacionalidad norteamericana. fuentes revelan que lo hizo por su deseo de enfrentarse a Paul Morphy, con el que mantuvo varias entrevistas en New Orleans. Morphy no aceptó jugar con Steinitz, ya que su decisión de retirarse del ajedrez era irrevocable. Sus motivos iban incluso más allá, ya que reconoció haber llegado a odiar el juego que tanta fama le reportó, debido a la fuerte presión que recibió de la conservadora sociedad de su ciudad natal, New Orleans, que no veía con buenos ojos que uno de sus ciudadanos perdiera el tiempo en algo tan ‘irrelevante’ como el ajedrez.

Siempre fue un luchador y supo superar las adversidades de una vida marcada por las penurias económicas. Después del match con Lasker, estuvo recluido en un sanatorio en Rusia, pero sus problemas de salud y mentales eran graves —parece ser que se imaginaba jugando eléctrica o telegráficamente contra Lasker o contra Dios mismo— y murió prácticamente en la pobreza tras una vida marcada por desgracias personales en un hospital psiquiátrico de la isla de Ward en Nueva York.
Como él mismo dejó escrito:
«Me hallaba 20 años más adelantado que mi tiempo. Jugaba bajo ciertos principios que eran desconocidos para Zukertort y para el resto de mis rivales. Básicamente, mis ideas no eran comprendidas. Hasta que jugadores contemporáneos como LaskerTarraschPillsburySchlechter y otros, ya por fin han comprendido mis ideas, las han adoptado, y como es natural, han perfeccionado la obra teórica que yo mismo inicié».

Sus teorías sobre la posición desempeñaron un papel muy importante en el desarrollo del arte de ajedrez.
Tampoco se deben olvidar sus aportaciones a la teoría de las aperturas:
– Sistema Steinitz en la apertura española
– Variante Steinitz en la defensa francesa
– Gambito Steinitz en la apertura vienesa
 
Por desgracia, a sus aportaciones a la teoría de ajedrez no se les prestó la debida atención durante sus años de vida.

Costura del pecado

Costura del pecado - Literatura
Habría cogido alguna vez un hilván, el rasgo sesgado de un camino que se debía seguir. Las puntadas hacían daño en el corazón, la burla pecaminosa de una mujer que no te merecía. El modo salía orgulloso, el tiempo volvía inclemente y el lugar acababa entre tus brazos. La borrachera parecía otro complemento circunstancial. Eras una niña, eras Lucifer con una hoguera entre las piernas. No importa, te haré caso aunque no quiero.
Descartes se casó con Spiderman. Fue la boda del año y tú no estabas invitada. Hubo todo tipo de viandas, hasta mataron un cochinillo. Lloraste amargamente cuando no te invitaron, la clase política tiene esas cosas, aquella noche hubo sesión doble de hidratante.

Necesito tus ganas de corromperme. Necesito tus arañazos, tu dolor encarnado en mi cuerpo. He roto todos los relojes, he quemado todas las cartas. Soy el diablo que te molestó, soy el admirador que humillaste. No lo entiendo. No puedo aguantar más, la catarata no deja ver el paisaje, agonizo en el barro de tus improperios, muero en el intento de recordarte.

En la Corte todos te envidian; la Reina siempre ha deseado tener tu cutis para presumir delante de su suegra, noche tras noche se masturba para no dejarle nada que hacer a su marido. Dicen que hasta la misma esperanza iba a  desertar de tus filas para no cruzarse en tu camino. Puedes andar con la cabeza alta, la gente  te adora.

Cierro la maleta para el viaje, me esperan un par de parientes pacientes. Paciente como el veneno de una flor que arde delante de mis ojos. Oigo tu voz y luego rompo este cuento, así vendo mi alma. Mi alma muere debajo de la Luna y encima de los retales.

Para un escritor que se suicidó

Para un escritor que se suicidó - Literatura
Antes de empezar un pensamiento que me persigue, esto es que una vez que hayas leído mis esfuerzos de escritor, quizás tengas la sensación de que solo has encontrado escombros, desperfectos de una construcción que se aniquila, simples errores que se aplastan a si mismos. Lo que ocurre no es que nadie me entienda, sino que uno no entiende nada. El mundo gira, la gente se queda como siempre y el autor busca una muerte recompensada. 
Recompensada con la fama, con el dinero y el reconocimiento. Seguro que hay personajes que buscan doble significado en mis palabras, mensajes ocultos en los cuales se muestran las grandes verdades, las verdades oscuras en definitiva; no los hay. Soy un ser simple, en su día pendenciero y sinvergüenza, ya hoy en día sin respuesta y perruno, acomodado al fin y al cabo. No busques, pues, grandes recompensas en mis escritos.

Para muestra las historias y los sueños que os cuento, lo que hago con las palabras se reduce a un baile a través del cual repito siempre los mismos pasos y notas. Un poco de mi vida, unas nociones de religión casera (sí, existe la religión casera, la inventé yo) y mucho de la mujer que más me odia. Con eso, y con la ayuda de la música, que me acompaña cuando escribo, todo está hecho. Ante la mezcla mágica, hasta el propio creador se queda perplejo. Desde el punto de vista productivo, la fórmula tiene éxito: dos novelas y diez poemarios acabados dan muestra de ello. Desde el punto de vista de la calidad quizás flojea. No debiera ejercer la autocrítica, cualquiera se da cuenta de que mi opinión nace desde el meollo de la subjetividad, incluso así hoy quiero castigarme, flagelarme con mis trucos baratos de comediante y exhibicionista.

Como cantan Barricada «ninguna bandera me pone carne de gallina» ni tan siquiera la propia. Si quieres leerme (al final lo estás haciendo) no te sofoques pues. Aquí no buscamos grandes metas, aunque tampoco ponemos en duda la capacidad intelectual de los compañeros de viaje, todos necesitamos literatura liviana, aunque venga acompañada de un exceso de metáforas.

Llegado a este punto del texto aparece el momento en que el autor ya no sabe qué escribir y escribe lo primero que se le viene a la cabeza, algo así como que no se le ocurre nada. Otra forma de encontrar una salida viene al recoger una palabra del disco que escucha en este momento; o mejor todavía, agarrar un libro de otro autor y no soltarlo hasta haberle sacado la esencia al transponer con otras palabras su ritmo interno. Sí, estáis en lo cierto, todo vale.

Se prepara la gran explosión para crear el universo que algo, alguno, quizás tú, ha creado para nosotros. Seamos felices con lo dado, aunque nos rodee la tristeza; aún podemos respirar aire, aún podemos hacer el amor, forniquemos entonces como posesos hasta que el mundo se acabe, la causa merece la pena (yo también lo intento).

Ahora la pregunta parece obvia: ¿por qué seguir adelante? Solo para pasar el tiempo, para quedarse estancado en el punto de salida. No lo sé; ya os dije, entrelíneas, que soy un ignorante. Tan solo espero la caridad o el compadreo, o las dos cosas a la vez; nada importa, tampoco mi religión casera (a mí solo me ha dado quebraderos de cabeza) y sin embargo sigues leyendo: ¿será magia?

Seré breve porque los textos largos parecen una cárcel, muy bien decorada, pero cárcel después de todo. Ignoro si compraría un libro mío si fuese de otro, digo ya uno porque estoy leyendo las próximas críticas distanciadoras: el texto parece que no avanza y al final no dice nada, resulta una mezcla rara entre poesía y pornografía, un títere sin pies ni cabeza, un engendro del malestar. No os cortéis, es lo que pensáis, nada importa.

David Foster Wallace se ha suicidado, creo con una escopeta o rifle (no sé si son lo mismo), nada importa. He leído algo de él, algún ensayo, y me ha cautivado, ¿soy yo su sucedáneo? La canción dice que «he perdido mi apuesta por el rock and roll» y para los ávidos de señales o datos diré que la estoy escuchando en el disco en directo «pequeño cabaret ambulante» de Enrique Bunbury, ya lo sé, está mal mostrar los engranajes, pero estoy harto de lo que está bien y lo que está mal, soy un iluso y solo escribo esta línea para darle una línea más a un párrafo en el que salen dos grandes autores.

Me gusta mencionar nombres y asociarlos con sensaciones, nace así otro recurso, muchas veces repetido, pero no por ello menos odiado. No voy a abandonar así como así este barco que se hunde, necesito un poco de sal para mi rodaballo (otro recurso: mencionar algo que no tiene nada que ver con lo que se escribe: rompe el ritmo y despierta). Entretanto podéis poner la sartén en el fuego y empezar a calentar el aceite, ya tengo hambre y necesito vitaminas para continuar.

Continuaremos con una referencia a la actualidad, esa que sale en los telediarios y en los periódicos: «los alumnos del C. I. F. P. Compostela se manifiestan por el uso del tolueno, compuesto tóxico que usan en sus clases prácticas». En el disco Enrique brama: «Él va pidiéndole a Dios que se lo lleve con ella…. Por eso va buscando la muerte». Ya no sé lo que digo, los hechos no están relacionados, llega el momento de desvarío, esos momentos que ponen de los nervios a mis detractores, di algo más Enrique, te necesito. La escritura parece ya entrecortada como si el autor se hubiera tomado algo para sacar palabras de donde no las hay, la canción acaba pero no las palabras, ha llegado el momento de la verdad y ya está pensando un final, un final sobre el cual nunca hasta ahora habría llegado a pensar que llegaría (y perdón por repetir el verbo, me gustan los juegos de palabras). En el disco el público pide «otra» repetidamente, «bravo, bravísimo» (esto lo digo yo).

Llega el tango final, agárrate a mis michelines, objeto de comida basura como mis escritos. No esperéis peras del olmo, todo se acaba, el ensayo está completo y ha llegado a su punto de inicio. ¿A qué no he añadido nada que no hubieras sabido antes? 
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí, de todas formas esto solo acaba de comenzar, os espero en el próximo sueño. Ahora necesito descansar y olvidar que no he hecho nada, necesito pensar en objetivos, en falsos logros, en creerme un artista para todo lo que me empeño, y aun así no llegar ni tan siquiera a simple artesano: Solo escribo basura, errores que se aplastan por si mismos, casi como una buena película erótica de ésas que tanto nos gustan y que abandonamos a los quince minutos por lo que nos provoca.