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domingo, 9 de octubre de 2016

La adaptación de 'Buenos Presagios', de Neil Gaiman y Terry Pratchett, comenzará a rodarse a inicios de 2017

De Carlos Quiñones http://www.sensacine.com/noticias/series/noticia-18544363/
La ficción televisiva contará con seis episodios de una hora.
La largamente esperada adaptación televisiva de la novela Good Omens (Buenos Presagios, en español) escrita por Neil Gaiman y el fallecido escritor de fantasía Terry Pratchett finalmente llegará a la televisión, y probablemente lo haga antes de lo esperado.
Gaiman se encuentra produciendo una versión en acción real de esta obra de fantasía, horror y comedia, además de producir también la adaptación de American Gods para Starz. En una reciente conversación con Deadline, el autor ha revelado: "[Buenos Presagios cuenta con] seis episodios de una hora y acabo de terminar el guión para el episodio 6. Está realizada a través de la BBC. Para saber algo más allá de eso vamos a tener que esperar y ver".
Tras la muerte de Pratchett en 2015, Gaiman había descartado cualquier intento de adaptar este trabajo literario a la televisión. Sin embargo, una carta póstuma en la que Pratchett le daba la bendición, hizo que se animara a completar el proyecto. En la misma entrevista, el autor revela que la adaptación de Buenos Presagios probablemente llegue un año después del estreno de American Gods, cuyo estreno está planeado para 2017. "Empezamos a rodar muy, muy pronto el próximo año", añade Gaiman.
El prolífico escritor de fantasía y ciencia ficción no ha descartado, además, que en el futuro veamos una secuela literaria de Buenos Presagios, a pesar de la muerte de Pratchett. "Ya veremos. Quiero decir, la primera cosa que tiene que pasar es que tenemos que hacer la serie de televisión", ha señalado. Adicionalmente, el autor está preparando, junto a Jeffrey Seller, productor del exitoso musical de Broadway Hamilton, llevar su serie de novelas de InterWorld a la televisión.
Aunque por ahora no sepamos nada sobre esta adaptación, tú puedes disfrutar del primer tráiler de American Gods mostrado en la San Diego Comic-Con a continuación.

lunes, 10 de junio de 2013

'Juego de tronos' también habla español

Arrastra audiencias de televisión millonarias y ostenta el récord de descargas en Internet

Al final de la tercera temporada, 'El País Semanal' reúne a las dos actrices españolas de la exitosa serie basada en los libros de George R. R. Martin

La actriz española Natalia Tena, Osha en 'Juego de Tronos. / Fotografía David Dunan / Estilismo Rebecca Corbin-Murray
Se conocieron en un universo fantástico y muy intenso, trufado de conflictos familiares, intrigas políticas, ansias de poder, mucho sexo y más violencia, y desde entonces son aliadas y cómplices. Natalia Tena y Oona Chaplin nunca han compartido plano en ese Juego de tronos erigido en un fenómeno televisivo que arrasa audiencias millonarias, aunque sí muchas veladas preparando juntas sus personajes de ficción en la serie que ha marcado un antes y un después en sus carreras. La de dos jóvenes actrices que, gracias a su bagaje familiar y vital, pueden transitar con completa soltura desde el español hasta un inglés que abre la llave del mercado internacional. Ellas son las caras españolas de una serie con tantos personajes y frentes abiertos que hace casi imprescindible tener buena memoria.
Para la legión de fanáticos de la serie producida por la cadena estadounidense HBO, ellas son Osha y Talisa, dos mujeres con resolución de acero envueltas en una trama de constantes giros que sigue sin tener un atisbo de piedad a la hora de aniquilar a sus protagonistas. Las actrices tienen vetado hacer cualquier comentario sobre los personajes que pueda desvelar pistas sobre la intriga, que quedará algo más resuelta para los espectadores de EE UU con la emisión hoy del último capítulo de la tercera temporada (que en España se emite el martes en Canal +). Una serie generadora de tal impaciencia que muchos intentan anticiparse con las armas tecnológicas, contribuyendo a que Juego de tronos haya batido récords de descargas ilegales (un millón del estreno de la tercera temporada en menos de un día, según el control realizado por TorrentFreak).
Primero fueron los libros de George R. R. Martin, que llevaron a muchos de sus fans a la serie. Y después, la producción –con grandes pretensiones, que divide su rodaje entre Islandia, Irlanda del Norte, Croacia, Marruecos o Malta– ha convertido los cinco libros ya publicados (faltan dos) en best sellers, y son muchos los que no pueden esperar los nuevos capítulos. En España, según su editora, Gigamesh, tras la primera temporada, las ventas de los libros se multiplicaron por ocho. Una legión de seguidores que convirtieron a Juego de tronos en la serie más pirateada de 2012 con 4,2 millones de descargas por capítulo, según datos de la web especializada TorrentFreak.
Y el fenómeno crece. Si el episodio piloto de la primera temporada fue seguido en HBO por 2,2 millones de espectadores, en 2012 lo hicieron 3,8 millones. Este año, más de 4,4 millones siguieron el reinicio de una trama que también se ha ganado a la crítica. En su palmarés, una veintena de premios desde su estreno; entre estos, Globos de Oro o seis creative arts emmys en 2012.
Natalia ya había logrado afianzar a la salvaje Osha como uno de los personajes más cool –según el veredicto de las redes sociales– cuando una nueva compañera desembarcó en Belfast para encarnar a una doncella de origen noble que acabaría siendo reina. “Me fascinó desde el primer momento”, relata Oona Chaplin sobre aquel primer encuentro en una habitación de hotel donde corrió el champán al ritmo del inseparable acordeón de Natalia, quien suma su talento musical al de la interpretación. Los dos últimos años han compartido muchas experiencias, tanto entre las bambalinas de los Siete Reinos como en el mundo real, pero sobre todo las ha unido el “regalo” de participar en un gran proyecto que “abre muchas puertas y te procura un peso en los castings”.
Si sus sosias de la ficción vienen habitando los tonos grises y ocres de un reino del norte llamado Invernalia, la multiculturalidad de Londres –donde se han encontrado con El País Semanal– es el marco de las vidas de dos artistas cuyas carreras se han desarrollado principalmente en el mundo anglosajón. Ciudad donde nació y tiene su elemento bohemio Natalia Gastiain Tena (Londres, 1984), hija de una pintora extremeña y un carpintero vasco instalados en Reino Unido, pero que Oona solo define vagamente como “el lugar donde quizá he pasado más tiempo”. El recorrido de la vástago de la actriz británico-americana Geraldine Chaplin y del director de fotografía chileno Patricio Castilla arranca desde su ciudad natal (Madrid, 1986) hacia Cuba, Estados Unidos, Francia y Suiza, en un periplo familiar que le ha legado el dominio de varias lenguas (español, inglés, francés e italiano) y la noción de que cualquier residencia es en el fondo temporal.
A los dos únicos rostros de Juego de tronos que hablan español fuera del plató les cuesta definirse en términos de patria. Coinciden en la contradicción, son españolas, pero no tanto. “Cuando llego a Madrid”, explica Natalia, “me siento más inglesa, pero aquí en Londres me veo más española, o mejor como una londinense pero diferente de mis amigos británicos. En España tampoco soy como ellos, aunque cuando voy a Extremadura y puedo oler la sierra, también pienso: ‘He llegado a casa”. Oona sorprende con un deje cubano que, si bien casa con su dulce personalidad, no suele aflorar en las entrevistas, en las que resuena una veta más castiza: “Mi acento no es de ninguna parte, me cambia constantemente, tanto cuando hablo español como inglés”. Dice tener de española “el pasaporte y mi amor al chorizo, o que me gustan el flamenco y Almodóvar”, pero “la gente me pregunta de dónde soy y no les puedo responder, no me gusta pertenecer a ningún club”.
Natalia decidió prescindir con fines artísticos de su primer apellido (Gastiain) “porque aquí nadie es capaz de pronunciarlo bien”, mientras que en el caso de Oona los motivos resultan evidentes cuando se trata de una Chaplin. Hija de gentes del cine y nieta por parte materna de esa figura inmensa que fue Charles Chaplin, asegura que durante la adolescencia intentó resistirse a la vocación de la saga, pero su encuentro con el teatro mientras estudiaba en Escocia le inoculó “el virus”. Cursó una solicitud en la prestigiosa escuela de interpretación RADA, con sede en Londres, y tras conseguir el ingreso, la suerte estaba echada. Comenzó arañando pequeños papeles (incluido su “minuto y medio de gloria” como extra en una película de James Bond, Quantum of Solace) y fue ganando presencia en algunas de las mejores series británicas, como Sherlock o The Hour.
El pedigrí de los Chaplin, admite, “despierta la curiosidad de la gente”. Incluso su nombre de pila es una herencia de su abuela Oona, no solo esposa del eterno Charlot o madre de Geraldine –inolvidable protagonista de Cría cuervos o Doctor Zhivago–, sino también hija del dramaturgo y Nobel de Literatura Eugene O’Neill. “No sé si he conseguido algún trabajo por ello, pero de ser así no me importaría. Porque me inspira pensar especialmente en lo que hizo mi abuelo Charles Chaplin con una sola vida, tan completa y llena de amor”. Tuvieron que mediar, en cualquier caso, dos pruebas para que Oona consiguiera encarnar a la Talisa de Juego de tronos, un personaje que en los libros aparece con otro nombre (Jeyne Westerling) e intenciones manipuladoras. El cambio hacia una Talisa que en la pequeña pantalla resulta una suerte de santa entre tanto villano no ha gustado a algunos de los seguidores más puristas de la serie: “Entiendo la reacción, pero a mí me resulta más simpática que la del libro: es una mujer fuerte y la única que vive una historia de amor verdadero, porque todo lo demás es cálculo político y ego”, defiende completamente identificada con su papel.
Oona Chaplin, caracterizada como Talisa, en una escena de la serie.
Natalia no había leído los libros publicados de la saga Canción de hielo y fuego y apenas sabía nada de Osha cuando se presentó con la melena cubierta de flores a un casting en el que someramente “pedían a alguien salvaje”. La prueba fue un flechazo para George R. R. Martin, como él mismo proclamó coincidiendo con el arranque de la serie: “Al principio (ante la imagen fija de Natalia en el vídeo) me dije que era completamente inadecuada para el papel, demasiado joven y guapa. Luego vi su actuación y estaba increíble. Ha creado un personaje mucho más interesante que el que yo describo en los libros”. Tremendo elogio que ella acoge con mucha timidez, a pesar de ser una veterana del oficio y de contar en su currículo con cuatro títulos de la serie cinematográfica de Harry Potter, donde interpretó a la bruja Nymphadora Tonks.
Dotada para la música y otras vertientes artísticas, sus padres acabaron enrolándola en la escuela Bedales, donde se forman muchas jóvenes promesas, y que en su caso le abrió el acceso a su primera gran película, Un gran chico, protagonizada por el británico Hugh Grant: “A los 16 años, mis amigos me decían que ya tenía el futuro resuelto, pero las cosas pueden cambiar, y yo acabé consiguiendo una beca de música en Boston y otra de filosofía y teología en Australia. Al final dije que no, porque estaba enamorada por primera vez, y fue así como realmente me cambió la vida”. Natalia se quedó en Londres y decidió seguir buscando su espacio en el cine y la televisión, sin abandonar nunca la música.
Juego de Tronos le ha brindado proyección y poder prácticamente “inventarse” a un personaje que destaca mucho más en la adaptación televisiva que en los libros que lo inspiran (“yo no tenía que estar en la tercera temporada, Osha había desaparecido”), y que concibe como “una ratita del bosque que siempre va a sobrevivir”. La descripción se antoja también como una metáfora de su hipotética continuidad en la producción, a tenor de los capítulos previos al desenlace de la tercera entrega y de las declaraciones de Martin, el padre de la criatura literaria, sobre cómo Natalia le ha conducido a repensarse el juego que todavía puede dar en su papel. La aludida no suelta prenda cuando se le inquiere si este verano estará filmando una cuarta temporada, ni siquiera cuando Oona interviene para dejar muy claro que “George [R. R. Martin] ama a Natalia”. Lo dice con cariño, y completamente compenetrada con su compañera de aventura laboral, de trances sentimentales (“me ayudó mucho cuando me rompieron el corazón…”) y de más de una juerga.
“En la vida real, las dos son muy diferentes de los personajes que retratan en la serie, pero formar parte de un espectáculo tan grande como Juego de tronos se parece mucho a ser miembro de una banda en la que sus músicos pasan mucho tiempo juntos. Cuando Natalia y Oona regresan del plató, hasta hablan y gesticulan del mismo modo…”, dice divertido Sirius Flatz, mánager del grupo Molotov Jukebox, sexteto en el que Natalia es la única mujer y la estrella del cartel. Solo unas horas después de la sesión de fotos, le espera una sala abarrotada en Madame Jojo’s, un conocido local del Soho londinense donde su voz sensual y su acordeón arroparán la presentación del primer single (Something for the weekend) de su nuevo álbum, que entremezcla desde el gypsy y el ska hasta la samba o el swing, con el principal y sano propósito de sacar al personal a bailar. En junio tienen cita en el reconocido festival de Glastonbury.
En un plan muy informal, Oona ha llegado a compartir escenario con Molotov Jukebox, incluso a cantar, aunque lo suyo es el baile por formación (clásica) y temperamento. La perfecta dicción en la lengua de Shakespeare y esos genes anglosajones que le permiten emular en la ficción a una En­glish rose, paradigma de un ideal muy clásico de la mujer británica, quedan pulverizados en cuanto se pone en movimiento el volcán latino. “Bailo mucho, incluso cuando paso la aspiradora, y sigo con mis noches de salsa; ayer estuve con la rumba”. Espíritu inquieto que entiende el cine como un mundo abierto (“hoy puedes hacer una película con el iPhone”) y que estudió edición siguiendo el ejemplo de su padre, proyecta revertir en un largometraje su pasión por el baile como una de las grandes expresiones de la historia de Cuba.
“Oona es muy abierta y te abraza a los pocos segundos de conocerte”, confirma vía e-mail el actor Will Mellor, uno de los rostros más populares de la televisión británica, cautivado por esa inmediata ruptura del hielo antes de ponerse ambos en la piel de una pareja en Dates, apuesta estival del Channel 4 británico. “Poco convencional”, “imponente” e incluso “mágica” son los epítetos que elige para describir a una actriz que acaba de rodar en Canadá la primera película en inglés de la directora peruana Claudia Llosa –Oso de Oro del Festival de Berlín de 2009 por La teta asustada– y que, en su vocación multifacética, confía en reenganchar este verano con la producción de Juego de tronos como ayudante de sonido.
Natalia también está llena de proyectos, aunque admite que le cuesta situar por primera vez el equilibrio entre sus dos carreras, la interpretación y la música. Una nueva serie de la BBC, junto al celebrado dúo de cómicos británicos David Mitchell y Robert Webb; las promociones de Juego de tronos y la propia incógnita sobre el futuro de Osha la han convencido de ir resolviendo esa dualidad sobre la marcha para no agobiarse. Sus colegas de Molotov Jukebox lo entienden, su imagen también tiene réditos. “A veces han intentado publicitarnos como la banda de la actriz que sale en una serie de éxito, aunque siempre hemos intentado ganarnos nuestro propio mérito. Pero existe esa curiosidad, y es verdad que algunos fans de Nat nos han descubierto después de verla primero a ella en la pantalla”, reconoce su compañero de giras Tom Wilsson.
El tremendo impacto de una serie ubicada en un mundo ficticio medieval ha trastocado los horizontes de dos actrices que ya han empezado a conocer la alfombra roja de Hollywood. ¿Les gustaría o preparan el salto al otro lado del Atlántico? Natalia responde con un punto entre excéntrico y distante, fiel reflejo de su media alma británica: “He ido a Los Ángeles y no me enamoré, pero no lo sé: yo voy a donde la vida me llama”. A una Oona que se define como “nómada por cultura” le gustaría recalar en Cuba, en México o, por qué no, en España, aunque las escasas perspectivas de trabajo (“el cine español está bastante muerto”) apelan al más práctico de los sentidos, que es no descartar Estados Unidos. Reino Unido solo es una estación, apostilla, y “es tiempo de moverse”.

Espadas y dragones

Jacinto Antón
“Un dragón no es una fantasía frívola”. La frase es de J. R. R. Tolkien, que sabía de lo que hablaba. Las espadas tampoco son nunca intrascendentes. Hay que tomárselas muy en serio, porque matan, y quitan y ponen reyes. Está en su naturaleza, como en la del dragón vomitar fuego. En una espada, como en un dragón, relampaguean revividas las antiguas leyendas. Eso las hace fascinantes.
“Mis espadas las he tomado de los viejos mitos”, me explicó hace años el novelista Michael Moorcock, uno de los grandes nombres de la fantasía épica, el género del que bebe Juego de tronos. Yo le señalaba a Moorcock las semejanzas entre el arma de uno de sus grandes personajes, Elric de Melniboné, y las famosas espadas de las sagas nórdicas. En la Hervarar saga, del siglo XIII, por ejemplo, aparece la espada maldita del rey Svafrlami, Tyrfing, que solo puede guardarse, una vez desenvainada, tras segar una vida. La espada de Elric posee esa misma siniestra característica. “Es que la saqué de ahí”, me confesó Moorcock, “como muchas otras cosas”.
Espadas y dragones están de moda. Las novelas de Martin y la serie televisiva nos los han devuelto. El poder de emoción y la popularidad de Juego de tronos deben mucho a la materia prima de sus historias, con las viejas espadas y dragones (también con el sexo, queda dicho: una combinación ganadora). Como Tolkien o como Moorcock, Martin ha saqueado el baúl de los mitos y cuentos (y de paso, a sus predecesores del género y todo lo que ha podido, desde las hipocracias de los jinetes mongoles, hunos o cosacos –los dothrakis– hasta los eunucos turcos, el fuego griego y el Muro de Adriano; ¡vaya cómo ha arramblado con todo, y cómo lo ha recreado Martin!).
Ahí está la espada Hielo, el emblemático mandoble de los Stark (con esa espada ejecuta Lord Stark a un desertor de la Guardia de la Noche, y con ella, cerrando el círculo, él mismo es decapitado); la ligera Aguja de Arya –de esgrimista, que habría gustado a Scaramouche, y que recuerda a Dardo, la hoja élfica de Frodo–; la Garra Larga que regalan a Jon Nieve customizada con un lobo huargo en el pomo, un arma bastarda como él, o la Portadora de Luz de Stannis Baratheon, cuya hoja quema. Espadas de la estirpe de Excalibur, de la Balmung (o Nothung) vuelta a soldar por Sigfrido, primas de las tolkinianas Glamdring –espada mágica de Gandalf.
Antes de que se me olvide en esta tormenta de espadas, ¿no es Jaime Lannister, el Matarreyes, al que cercenan una mano (sin anestesia) un avatar martiniano de Tyr, el guerrero dios manco de la mitología nórdica que pierde el mismo miembro en las fauces de Fenrir, el lobo del Ragnarok? El Ragnarok –la batalla del fin del mundo–, por cierto, estará precedido, según los mitos, por el Fimbulvetr, el gran invierno, que sugiere la cruel estación (y sus peligros) que amenaza el mundo de Canción de hielo y de fuego. No he encontrado referencias a un Trono de Hierro forjado con las espadas de los enemigos como el de la serie. Es sabido que el Trono de Hierro lo hizo construir Aegon I Targaryen como metáfora de la dificultad de mantenerse en el poder. En el impresionante sitial podríamos percibir resonancias del Trono Oscuro de Sauron en Mordor y de la costumbre de levantar trofeos con las armas de los vencidos.
En el pastiche que es la serie de George R. R. Martin, uno de los grandes disfrutes es discernir la procedencia de tantos elementos y la enorme gracia con que lo ha hecho. Saber mezclar pasajes dignos de las fantasías dunsanyanas con escenas propias de Dallas, el lenguaje poético con la grosería, los altos ideales con las más bajas pasiones, la belleza con la atrocidad, es parte del secreto del éxito.

martes, 19 de marzo de 2013

«Juego de tronos» se vuelve más fantástica

19 de marzo de 2013 05:00 GMT
Más acción y fantasía es la promesa que trae consigo la tercera temporada de Juego de tronos, la serie de estética medieval que ha seducido a millones de espectadores en todo el mundo con su oscura trama de intrigas políticas. Basada en el inicio de la tercera novela de la saga de George R. R. Martin Canción de hielo y fuego y sin ahorrar escenas de sexo y violencia de la historia original, la nueva entrega de uno de los productos estrella de la factoría HBO se estrenará en Estados Unidos el 31 de marzo y en España el 9 de abril en Canal+.
«Es un drama íntimo, psicológico. Una historia basada en la evolución de los personajes pero situada en un mundo épico», describió en un encuentro en Londres el danés Nikolaj Coster-Waldau, que interpreta a Jaime Lannister en la ficción y recobra protagonismo en la tercera temporada.
Los actores de la serie, que se rueda al mismo tiempo en distintas localizaciones alrededor del mundo y con diversos directores, coinciden en definir la trama ideada por Martin como una lucha por el poder en la que el espectador difícilmente puede discernir dónde está el bien y dónde la traición.
«En ese mundo todos son terriblemente ambiciosos y narcisistas. Nadie es completamente blanco ni completamente negro, aunque todos tienden un poco al negro», señaló el británico Ian Glen, que interpreta a Jorah Mormont. El actor avanzó que «cada vez hay más dragones en la serie, dragones peligrosos que pueden arrasar ciudades y ejércitos con una sola exhalación de fuego».
Coincide con él la norirlandesa Michelle Fairley (Catelyn Stark), para quien el universo de Juego de tronos «es un lugar duro, lleno de sexo y violencia, en el que los personajes están obligados a sobrevivir». «Son personajes que crecen, se desarrollan. Su mundo avanza muy rápido y, si no se mueven, mueren. Especialmente las mujeres, ellas tienen que ser mejores estrategas que los hombres si quieren seguir adelante», sostuvo Fairley.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Sabor intenso a ‘Juego de tronos’

 

Al libro oficial de la saga de George R. Martin, en versión televisiva, se le une un original compendio de recetas extraídas de las novelas

Fotograma de la serie 'Juego de Tronos'. / Helen Sloan/ Everett Collection/ Cordon Press
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/12/18/actualidad/1355832209_880435.html
Cuando un fenómeno nos azota, lo hace sin contemplaciones. La saga Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin, más conocida por el título de su primer tomo, Juego de tronos, fue un fenómeno literario venerado a finales de los noventa y principios del nuevo siglo por un público amante de la literatura fantástica medieval y de las grandes sagas épicas como las espléndidas Añoranzas y pesares, de Tad Williams (Timun Mas), La rueda del tiempo (Timun Mas), de Robert Jordan,  o Historias de Terramar, de Ursula K. Le Guin (Minotauro). En Estados Unidos rompió récords de ventas a partir del segundo tomo, Choque de reyes, y en España tuvo su aparición gracias a la apuesta de Gigamesh. Pero llegó la serie de televisión y la gran campaña publicitaria de la cadena HBO (en España Canal+ y Antena 3) para colocar el fenómeno a nivel global. Con él han llegado nuevas ediciones de los cinco libros publicados hasta la fecha (de siete que serán en total), superventas en DVD y una sucesión depublicaciones periféricas que explican y aumentan el universo creado por el escritor estadounidense. En ocasiones, aparecen intensas joyas como El libro oficial de Juego de tronos (Grijalbo) y Festín de hielo y fuego. El manual de cocina oficial (El País Aguilar).
La serie 'Juego de tronos'.
Martin, que comenzó su carrera como novelista, la continuó como guionista y volvió a su amor por la literatura, dejó Hollywood a finales de los años ochenta porque sus ideas para series de televisión eran demasiado complicadas. Es decir, demasiado caro llevarlas a cabo. El autor, que siempre ha pensado a lo grande, se olvidó de las limitaciones impuestas en los estudios televisivos de Los Ángeles gracias a la saga que le ha dado la fama mundial. Cinco libros después, su novela río cuenta con al menos una veintena de personajes principales, cientos de secundarios y un sinfín de escenarios y batallas descritos en más de 5.000 páginas. “Sabía que ningún estudio o cadena se iba a atrever a acercarse siquiera a una historia así”, comenta Martin en el prefacio del libro de la serie. Al final se arriesgó la HBO, una cadena privada donde su éxito no se mide de forma exclusiva por la audiencia y cuenta con amplios presupuestos.
Todos los secretos del rodaje de la serie se encuentran en el libro oficial, desglosado en cinco apartados que se corresponden con los lugares donde transcurre la acción: El muro, Invernalia, Desembarco del Rey, Poniente y Essos. En cada apartado se habla de los decorados, el vestuario, se explican conceptos y se analizan personajes y casas nobiliarias. Coordinado por el editor jefe de guiones de la serie, Bryan Cogman, el tomo mezcla declaraciones de los directores, los técnicos, el reparto, guionistas, productores y el propio Martin (que ejerce en la serie de productor y escribe el guion de un capítulo por temporada) con bocetos, genealogías y fotografías del rodaje en lugares como Irlanda del Norte, Malta, Marruecos o Croacia. Un gran aperitivo a la espera de la tercera temporada, que HBO estrenará el 31 de marzo de 2013 y Canal+ lo hará en exclusiva en España en abril.
La serie 'Juego de tronos'.
Y tras el copioso aperitivo, el festín. Son muchos los libros de comida que aparecen en las librerías en la época navideña. Siempre es un regalo seguro y quizá uno de los más originales sea Festín de hielo y fuego. El manual de cocina oficial de Juego de tronos, de Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer. Estas dos acérrimas seguidoras de la saga comenzaron a analizar los platos descritos gozosamente por Martin en sus páginas —pasteles de pichón, buñuelos de maíz dulce, nabos en mantequilla, peras cocidas, uro asado con puerros— y a adaptarlos a la vida moderna en un blog de recetas culinarias, The Inn at the Crossroads, que ha terminado siendo un libro que cuenta con un prólogo del escritor.
“Comer es bueno. Me gusta el jamón de España, muy bueno. No lo tenemos en Estados Unidos”, dijo Martin a EL PAÍS en julio de 2012 cuando explicó que este libro estaba cerca de ver la luz. Pese a la efusiva muestra de buen saque reflejada en sus ojos, Martin no quiso explayarse más, pero ahora en el prólogo cuenta algunos detalles, como que no sabe cocinar, pero que le encanta transmitir con sus palabras “lugares, sonidos y aromas”. Su pasión por describir grandes banquetes medievales ha quedado plasmada a la perfección con recetas simples y buenas fotografías. “Comed fuerte, amigos. Llega el invierno”, se despide Martin en el prólogo, el mismo en el que da una pequeña píldora a sus miles de seguidores: “Estoy de vuelta en casa, trabajando en el próximo libro…”.
Festín de hielo y fuego. El manual de cocina oficial. Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer. Traducción de Daniel Odevaine. EL PAÍS Aguilar. Madrid, 2012. 223 páginas. 21,90 euros.
El libro oficial de Juego de tronos. Bryan Cogman. Traducción de Raúl Sastre. Grijalbo. Barcelona, 2012. 192 páginas. 21,90 euros

martes, 18 de diciembre de 2012

13 cosas que necesitas saber sobre ‘El Hobbit’

Una por cada enano involucrado en la búsqueda por recuperar su patria de las zarpas de un dragón mortífero. 

Por Sean T. Collins

13 cosas que necesitas saber sobre ‘El Hobbit’ Imagen de
Es la precuela de una trilogía y el comienzo de otra, pero El Hobbit: Un viaje inesperado, puede sentirse más cercana que muchas películas por sí solas. Estás viendo una adaptación del libro de J.R.R. Tolkien, que incluye un montón de material extra que Tolkien escribió pero que fue publicado en otros libros. Una precuela de la exitosa El Señor de los Anillos y además una buena película. Los rumores contradictorios sobre todos estos factores pueden desorientarte tanto como seguir llevando tus gafas 3D al salir del cine.
Resuélvelo todo antes de llegar al cine con esta rápida guía que hace un recorrido, desde la controvertida técnica de filmación hasta el retorno de Gollum, junto con Gandalf y Galadriel (13 puntos en total, uno por cada enano involucrado en la aventura para recuperar su patria de un mortífero dragón). ¿Ha triunfado el director Peter Jackson en su cruzada? Responde a este enigma empezando aquí:
1. Piensa en El Hobbit como El Señor de los Anillos, temporada dos Desde los primeros fotogramas, todos y cada uno de los 48 por segundo, El Hobbit: Un viaje inesperado está diseñado para ver, oír y sentir como si volvieras a donde El Señor de los Anillos: El retorno de el rey lo dejó hace nueve años. Si eres un adicto los anillos, la sensación de reentrar en un mundo que amas es más placentera incluso que fumar la hierva más fina de La Comarca.
Es además, una sensación familiar: como lo que sientes cuando estás viendo el estreno de tu serie favorita, nueve meses después del último capítulo de la temporada anterior. Por eso te quejas de la duración de las películas y piensas que estrenar una por año es un error. Cada una de las trilogías Jackson-Tolkien se emitirá durante el mismo tiempo que cualquier temporada de Los Soprano. Los dramas de la nueva era dorada de la televisión han preparado nuestra capacidad de atención y de visualización.

2. Esta precuela no es una de esas precuelas Ya sabes. Como las depuradísimas y brillantes precuelas de La Guerra de las Galaxias, donde se veía tan poco del curtido mundo de la trilogía original que el propio Lucas tuvo que volver a introducirse en las aventuras de Luke Skywalker, para añadir pequeños robots voladores, y de alguna forma recordarte que estabas en el mismo universo. Eso no es un problema aquí. Es obvio que la tecnología que Jackson ha usado para sus dos trilogías de Tolkien (tecnología donde él y su equipo son pioneros en gran parte) ha mejorado mucho en la última década, pero Jackson está usando esa tecnología recrear el aspecto de siempre. Sí, es más aguda, pero los enanos, elfos, hobbits, orcos, castillos, ruinas y montañas te provocan el mismo sentimiento que hicieron hace una década. Si esperabas que esta película fuera tan perfecta que convirtiera a la original en anticuada, relájate.
3. Los 48 fps hacen que a veces parezca una escena de videojuego. ¿Y qué? 
El director Peter Jackson se empeñó en rodar El Hobbit digitalmente con el doble de fotogramas por segundo que una película estándar, con la esperanza de aportar una mayor claridad para mejorar la experiencia de los espectadores en los efectos, detalles y el 3D. Funcionó: el nivel de detalle es absolutamente impresionante. Concretamente, hay un enfrentamiento entre ejércitos enemigos de enanos y orcos, donde se puede ver con claridad cada uno-contra-uno y el efecto es asombroso. El precio que pagas, especialmente en planos donde los personajes o la cámara se mueve rápidamente, es que te hace sentir como si estuvieras viendo una escena de El Hobbit: El videojuego. No obstante estamos en 2012 y todos hemos jugado a muchos videojuegos, ¿cierto?. No es la muerte de la estética narrativa del cine (es solo una estética diferente, una que muchos de nosotros hemos vivido desde que éramos niños). A los menos puristas no debería importarle este cambio, si eso significa una mirada más clara a la Tierra Media.

4. El Hobbit era un libro para niños y eso se nota a veces. ¿Y? Ni siquiera estoy hablando de los chistes escatológicos de adolescentes con los que Jackson y compañía ponen pimienta a la película (no muy del estilo del buen profesor Tolkien). A pesar de que se basa en la mitología imaginaria que inventó en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, y que desarrolló más tarde en El Señor de los Anillos, J.R.R. escribió El Hobbit como un cuento para sus hijos. Tiene un aire de cuento de hadas de ilógica fantasía (cuando habla de trolls llamados Bert, múltiples enanos cantarines, esa escena clave sobre en un juego de adivinanzas o la tendencia a crear nuevas criaturas constantemente), algo que la película conserva parcialmente. Si tú eres de los que opinas que “la fantasía es un asunto serio”, puede que tengas un problema. Pero alejar esta superproducción de fantasía del realismo y devolverla a la magia es una causa digna.
5. Después de un rato, te olvidas de que el 3D está ahí (lo que significa que puedes omitirlo si lo deseas) Al igual que James Cameron en Avatar, Peter Jackson utiliza principalmente el 3D para dar un sentido de profundidad a sus imágenes. Dependiendo del punto de vista de cada plano, las montañas son montañas de verdad, las cavernas son cavernas de verdad, los ejércitos realmente se ven como ejércitos y así sucesivamente. Hay pocos cortes rebuscados que implican estar rodeado de flechas y las mariposas, lo que significa que te olvidas rápidamente de que lo estás viendo todo en 3D. De hecho, al final de la película estaba convencido de que habían dejado de usarlo. Es una herramienta, no un efecto especial, por lo que si bien es digno de ver la película con esa herramienta en juego, realmente no se pierde nada si no lo haces.
6. Gandalf = Frodo / Bilbo = los otros hobbits graciosos En El Señor de los Anillos, Frodo era el soñador héroe y sus amigos Sam, Merry y Pippin eran el alivio cómico. En El Hobbit, el héroe es el alivio cómico. Hasta el final de la cinta, la historia de Bilbo es el clásico “pez fuera del agua”, por lo que es normal que un chico de comedia como Martin Freeman consiguiera el papel. El resultado es que Gandalf asume gran parte del peso dramático, con Ian McKellen actuando menos como un tipo duro y sabio y más como un pistolero viejo que teme perder su toque cuando más importe. Es una dinámica muy diferente a la trilogía original.
7. Recordarás aproximadamente a dos tercios de los enanos sin esfuerzoHay muchos enanos en esta estrega. Dwalin es el primero en aparecer y se parece a un ciclista. Balin es el sabio viejo. Ori es el joven tonto. Bombur es el gordo. Fili es el atractivo y Kili es su hermano. Bofur tiene un sombrero de leñador y suena como Craig Ferguson. Thorin es el líder y suena como Sean Bean. Son ocho de los trece enanos que probablemente serás capaz de recordar sin proponértelo, un gran logro para la película dado lo poco que Tolkien diferenciaba a la mayoría de ellos. Todos los equipos en cintas de acción, desde Los siete magníficos hasta Alien, se ven obligados por la poca cantidad de tiempo en pantalla para cada miembro del equipo a diferenciarse con unos pocos trazos breves y generales: un acento extraño, una elección de vestuario llamativa, una personalidad memorable, un arma chula. Jackson se arriesgó bastante al hacer de los enanos un grupo variopinto, pero valió la pena.
8. Las criaturas son increíbles Es cierto que la mayor parte del trabajo de diseño inicial de la multitud de bichos que intentan engullir a nuestros héroes se hizo hace una década, cuando la apariencia de los orcos, trolls, wargos y demás, se fijó en El Señor de los Anillos. Pero usando eso como base, el equipo de Jackson (Weta Workshop) creó algunas bestias verdaderamente originales y raras: los gigantes de piedra maciza como salidos de Shadow of the Colossus, un rey trasgo con aspecto de grano reventado, un malévolo y pálido orco llamado Azog el profanador. Incluso hay un pequeño trasgo que se monta en una cesta para entregar mensajes. Si recuerdas con cariño las fantasiosas películas de los ochenta como Dentro del laberinto, Cristal oscuro, La historia interminable, Willow, e incluso el palacio de Jabba en El retorno del Jedi – con estos bicharracos te van a encatar.
9. Las batallas también son lo más En serio, la hostia. Es aquí donde la combinación de 48 fps y el 3D, además de la tradicional atención obsesiva de Jackson por los detalles, realmente vale la pena. Hay una toma en un flashback a la Guerra de los Enanos contra Orcos, cuando chocan los dos ejércitos, que practicamente puedes observar todos los uno-contra-uno a la vez con claridad. Es una inmersión, caótica (esa es la sensación) que hace que te preguntes lo que una película de guerra verdadera haría con esta tecnología.
10. Gollum es mejor que nunca Odio repetirme, pero en serio, la hostia. Unos 10 años después de su introducción, Gollum seguía siendo el personaje más convincente en animación digital, con un margen sustancial. Y en esta película se supera, llegando a un nuevo nivel de verosimilitud. Su juego de adivinanzas con un perdido y asustado Bilbo –si Bilbo gana, Gollum le mostrará el camino para salir de su guarida subterránea, y si Bilbo pierde, Gollum se lo comerá– es en muchos sentidos la pieza central de la película. Llena de persistentes primeros planos del rostro de Gollum con sus muecas, sonrisas y caras de concentración que son tan convincentes como su actuación en la película. Por favor, inventad una nueva categoría en los Oscar para el Andy Serkis y el equipo que lo transforma en ese alma torturada.
11. Las tramas que no estaban en libro cantan Para engordar el relativamente pequeño y dulce Hobbit en una trilogía épica en toda regla, Jackson incluyó una tonelada de material que no estaba en la novela original: historias de fondo sobre los enanos y su exilio del reino de la montaña conquistado por el dragón o las aventuras fuera de pantalla de Gandalf y otros personajes, que tienen lugar al mismo tiempo que la búsqueda de Bilbo y los Enanos, cosas que Jackson y sus co-guionistas crearon por completo. El resultado no es exactamente perfecto. La sección central de la película, en particular, da la sensación de ser muy episódica, con ataques aleatorios de orcos, escenas de persecución, o las visitas del hippie y ermitaño colega de Gandalf, el mago Radagast, algo que da a la historia cierto ritmo torpe.
12. ¡Saludad a la reina Cate!  Todos los actores que repiten sus papeles de la primera trilogía (incluso Bret McKenzie del la banda de folk rap Flight of the Conchords, el cual ya tenía un papel de elfo en La Comunidad del Anillo, y que le hizo famoso antes de formar parte del dúo neozelandés), consiguen el estallido de la audiencia la primera vez que aparecen en pantalla. La que más, Cate Blanchett, que regresa como la reina elfa Galadriel. Una presencia imponente que domina la pantalla como nadie más en la película. Algo que está bien, si tenemos en cuenta que es la única mujer que tiene una papel con diálogo en el filme.
13. Los verdaderos enemigos aún tienen que dar la cara Literalmente. Smaug, el dragón imparable por el que Bilbo, Gandalf y los enanos están en esta oscura misión, se vislumbra en pequeñas partes (un rugido de llamas, una cola deslizándose, un ojo radiante). Y el Nigromante, un misterioso hechicero que preocupa a Gandalf, Galadriel y a los otros altos poderes, aparece sólo como una sombra. Hay una fina línea entre crear expectación para la próxima entrega a dejar a la aduencia con una escena final que sin duda provocará gritos de "¡¿Eso es todo?!". Lo mismo que la primera vez hace 11 años. Aunque, míralo de esta manera: ahora tienes dos años más para prepárate para el maratón de las seis películas. Que llegará. 
No te pierdas en el próximo número de ROLLING STONE la entrevista con el director Peter Jackson.
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viernes, 14 de diciembre de 2012

¿‘El hobbit’? Más de lo mismo

Un fotograma de 'El hobbit, un viaje inesperado', de Peter Jackson, con Martin Freeman en medio.
Habiendo descubierto y disfrutado inmensamente desde hace cuarenta años a numerosos escritores gracias a los artículos de Fernando Savater, deseé compartir su admiración por Tolkien, pero solo pude leer con interés relativo el primer volumen de El Señor de los Anillos. No me resultó opiáceo, no continué. Imagino que si el universo de Tolkien te fascina es a perpetuidad, que no caben las medias tintas al introducirte en él.
Peter Jackson, un director con prestigiosa etiqueta de destroyer entre la modernidad, cuyas provocadoras películas a mi me resultaban estomagantes, fue el encargado de adaptar al cine ese mundo de la Tierra Media y Mordor, habitado por leyendas épicas y criaturas mágicas, hobbits y elfos, enanos y orcos, la luz y la sabiduría que representa el mago Gandalf y la oscuridad que encarna el malvado Sauron. Y parece ser que el gran público, los adictos a los novelas de Tolkien, las taquillas de cualquier parte, gran parte de la crítica y los trascendentes Oscar, otorgaron su éxtasis y su bendición a las tres partes de la saga. Por mi parte, me sentí desgraciadamente inmune a esa adoración colectiva. Una de mis pesadillas es que me aten a una silla y me obliguen a revisar las ocho horas de metraje que dura la trilogía. Aunque es posible que a pesar del ruido y el griterío que inundan esos filmes me provocaran los efectos de un somnífero infalible.
Independientemente de que Peter Jackson tambien esté legitimamente enamorado de su criatura, está claro que Hollywood iba a prolongar hasta la extenuación ese filón. Y como la carne es débil, imagino que a Jackson, que había jurado al finalizar la trilogía que nunca volvería a dirigir una película sobre ese mundo, los inversores le hicieron una oferta imposible de rechazar. Y El hobbit es más de lo mismo. Sobran por fatigosas las aclaraciones. La única innovación es que se puede ver en 3D. O sea, tres euros más por entrada para que la felicidad del receptor sea completa. Por mi parte, debido a mi ubicación en la sala o a que hace tiempo que no me gradúo la vista, las gafas mágicas contribuyeron a la sensación de mareo. No sé si es peor que la del aburrimiento, pero la combinación de ambas es letal
Ningún amante de la saga del Anillo se sentirá estafado por los recuerdos del anciano Bilbo Bolsón sobre lo que le ocurrió en su añorada juventud. Y su placer será largo. La pequeña novela que escribió Tolkien antes de El Señor de los Anillos va a ser transformada en otras ocho horas de cine que alegrarán el espíritu a los fans y a los banqueros. Los amantes de sagas interminables no deben inquietarse porque Crepúsculo hay finalizado. Al parecer, Disney va a continuar con la saga galáctica hasta el infinito y más allá. Es una pena que Coppola solo hiciera tres padrinos. Aunque pensándolo bien, podría haberse ahorrado el tercero. Es exagerado calificar de geniales los dos anteriores? Que cada uno se divierta como quiera ante las variadas sagas. Unos con los Corleone y otros con vampiros, galácticos, hobbits y demás criaturas extrañas.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Crítica de la serie "Juego de Tronos"


A los diez minutos, me di cuenta que estaba ante un producto televisivo de primerísima calidad. A la media hora, que la historia parecía muy bien urdida. Y, en cuanto acabó, que ya estaba definitivamente enganchado. Después de ver casí toda la primera temporada ya puedo decir que estoy enamorado.

Obviamente, lo más razonable hubiera sido ver algún capítulo más antes de empezar a teclear mis impresiones. Sin embargo, no he podido evitarlo. Y no tan sólo porque soy un tipo bastante impulsivo. No he podido ni he querido evitarlo porque estoy convencido que los capítulos que me quedan por ver justificarán, ratificarán y magnificarán holgadamente lo que voy a manifestar sobre ella.

Así pues, mucho tendrían que cambiar las cosas para que un servidor, asimismo, cambiara de opinión. Algo que, por supuesto, no va a suceder. Entre otras cosas porque sé de buena tinta que mi interés irá en aumento a medida que transcurran los capítulos y porque el final —según me han asegurado— es sencillamente acojonante.

Total, que mientras la trama se vaya enredando más, mientras las dosis de sangre y sexo se mantengan a un buen nivel y mientras el diseño de producción siga siendo tan espectacular, “Juego de tronos” va a tener un fiel adepto más. Literalmente, la HBO hace homenaje al género: ¡Hace magia!


La profundidad de los personajes, el guión, las localizaciones, la fotografía, la música... Todo está mimado al detalle para deleite de todos. Disfrutad de la obra porque la HBO ha vuelto a hacer una joya entrañable e inteligente. No quiero lanzar campanas al vuelo porque ya me conozco este mundillo y se lo injusto que puede llegar a ser con algunas series de excelente calidad, pero con un poco de suerte tendremos Juego de Tronos para muchos años, crucemos los dedos.