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jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Cómo importa la cultura en el desarrollo?



http://www.letraslibres.com/mexico/como-importa-la-cultura-en-el-desarrollo

Los sociólogos, antropólogos e historiadores han hecho reiterados comentarios sobre la tendencia de los economistas a no prestar suficiente atención a la cultura cuando investigan el funcionamiento de las sociedades en general y el proceso de desarrollo en particular. Aunque podemos pensar en muchos ejemplos que rebaten el supuesto abandono de la cultura por parte de los economistas, comenzando al menos por Adam Smith (1776), John Stuart Mill (1859, 1861) o Alfred Marshall (1891), en tanto una crítica general, empero, la acusación está en gran medida justificada.
     Vale la pena remediar este abandono (o tal vez, más precisamente, esta indiferencia comparativa), y los economistas pueden, con resultados ventajosos, poner más atención en la influencia que la cultura tiene en los asuntos económicos y sociales. Es más, los organismos de desarrollo, como el Banco Mundial, también pueden reflejar, al menos hasta cierto punto, este abandono, aunque sea solamente por estar influidos en forma tan predominante por el pensamiento de economistas y expertos financieros. El escepticismo de los economistas sobre el papel de la cultura, por tanto, puede reflejarse indirectamente en las perspectivas y los planteamientos de las instituciones como el Banco Mundial. Sin importar qué tan grave sea este abandono (y aquí las apreciaciones pueden diferir), para analizar la dimensión cultural del desarrollo se requiere un escrutinio más detallado. Es importante investigar las distintas formas —y pueden ser muy diversas— en que se debería tomar en cuenta la cultura al examinar los desafíos del desarrollo y al valorar la exigencia de estrategias económicas acertadas.
     La cuestión no es si acaso la cultura importa, para aludir al título de un libro relevante y muy exitoso editado en conjunto por Lawrence Harrison y Samuel Huntington. Eso debe ser así, dada la influencia penetrante de la cultura en la vida humana. La verdadera cuestión es, más bien, de qué manera —y no si acaso— importa la cultura. ¿Cuáles son las diferentes formas en que la cultura puede influir sobre el desarrollo? ¿Cómo pueden comprenderse mejor sus influencias, y cómo podrían éstas modificar o alterar las políticas de desarrollo que parecen adecuadas? Lo interesante radica en la naturaleza y las formas de relación, y en lo que implican para instrumentar las políticas, y no meramente en la creencia general —difícilmente refutable— de que la cultura, en efecto, importa.
     En el presente ensayo, abordo estas preguntas en torno al "de qué manera", pero en el camino también debo referirme a algunas cuestiones sobre el "de qué manera no". Hay indicios, habré de argumentar, de que, en el afán por darle su lugar a la cultura, surge a veces la tentación de optar por perspectivas un tanto formulistas y simplistas sobre el impacto que tiene en el desarrollo. Por ejemplo, parece haber muchos seguidores de la creencia —sostenida de manera explícita o implícita— de que el destino de los países está efectivamente sellado por la naturaleza de su respectiva cultura. Ésta no sólo sería una sobresimplificación "heroica", sino que también implicaría imbuir desesperanza a los países de los que se considera que tienen la cultura "errónea". Esto no sólo resulta ética y políticamente repugnante, sino que, de manera más inmediata, diría que es también un sinsentido epistémico. Así es como un segundo tema de este ensayo consiste en abordar estas cuestiones sobre el "de qué manera no".
     El tercer tema del texto consiste en examinar el papel del aprendizaje mutuo en el campo de la cultura. Si bien tal transmisión y educación puede ser parte integral del proceso de desarrollo, se menosprecia con frecuencia su papel. De hecho, puesto que se considera cada cultura, no de manera improbable, como única, puede haber una tendencia a adoptar un punto de vista algo insular sobre el tema. Cuando se trata de comprender el proceso de desarrollo, esto puede resultar particularmente engañoso y sustancialmente contraproducente. Una de las funciones en verdad más importantes de la cultura radica en la posibilidad de aprender unos de otros, antes que celebrar o lamentar los compartimentos culturales rígidamente delineados, en los cuales finalmente clasifican.
     Por último, al abordar la importancia de la comunicación intercultural e internacional, debo tomar en cuenta asimismo la amenaza —real, o percibida como tal— de la globalización y de la asimetría de poder en el mundo contemporáneo. La opinión según la cual las culturas locales están en peligro de desaparición se ha expresado con insistencia, y la creencia en que se debe actuar para resistir la destrucción puede resultar muy atendible. De qué manera debe entenderse esta posible amenaza y qué puede hacerse para enfrentarla —y, de ser necesario, combatirla— son también temas importantes para el análisis del desarrollo. Tal es el cuarto y último asunto que pretendo estudiar con detalle.

CONEXIONES
     Es de particular importancia identificar las diferentes maneras en que la cultura puede importar para el desarrollo. Al parecer, las siguientes categorías son de primordial necesidad, y tienen una relevancia de gran alcance.
     (1) La cultura como una parte constitutiva del desarrollo. Podemos comenzar por la pregunta elemental: ¿para qué sirve el desarrollo? El fortalecimiento del bienestar y de las libertades a que aspiramos por medio del desarrollo no puede sino incluir el enriquecimiento de las vidas humanas a través de la literatura, la música, las bellas artes y otras formas de expresión y práctica culturales, que tenemos razón en valorar. Cuando Julio César dijo sobre Casio, "Él no escucha música: sonríe poco", esto no pretendía ser una loa a la forma de vida de Casio. Tener un alto PNB per capita pero poca música, pocas artes, poca literatura, etcétera, no equivale a un mayor éxito en el desarrollo. De una u otra forma, la cultura envuelve nuestras vidas, nuestros deseos, nuestras frustraciones, nuestras ambiciones, y las libertades que buscamos. La posibilidad y las condiciones para las actividades culturales están entre las libertades fundamentales, cuyo crecimiento se puede ver como parte constitutiva del desarrollo.
     (2) Objetos y actividades culturales económicamente remunerativos. Diversas actividades económicamente remunerativas pueden depender directa o indirectamente de la infraestructura cultural y, en términos más generales, del ambiente cultural. La vinculación del turismo con los parajes culturales (incluidos los históricos) es suficientemente obvia.
     (3) Los factores culturales influyen sobre el comportamiento económico. Aun cuando algunos economistas se han visto tentados por la idea de que todos los seres humanos se comportan casi de la misma manera (por ejemplo, acrecientan implacablemente su egoísmo, definido en un sentido radicalmente insular), hay muchos indicios de que esto, por lo general, no sucede así. Las influencias culturales pueden significar una diferencia considerable al trabajar sobre la ética, la conducta responsable, la motivación briosa, la administración dinámica, las iniciativas emprendedoras, la voluntad de correr riesgos, y toda una gama de aspectos del comportamiento humano que pueden ser cruciales para el éxito económico.
     Además, el funcionamiento exitoso de una economía de intercambio depende de la confianza mutua y de normas implícitas. Cuando estas modalidades del comportamiento están presentes en grado sumo, es fácil pasar por alto el papel que desempeñan. Pero cuando se han de cultivar, esa laguna puede constituir un impedimento de consideración para el éxito económico. Hay multitud de ejemplos sobre los problemas que enfrentan las economías precapitalistas debido al bajo desarrollo de las virtudes básicas del comercio y los negocios.
     La cultura del comportamiento está relacionada con otros tantos aspectos del éxito económico. Se relaciona, por ejemplo, con el hecho de que perduren o dejen de ocurrir la corrupción económica y sus vínculos con el crimen organizado. En las discusiones italianas sobre este tema, en las que tuve el privilegio de participar asesorando a la Comisión AntiMafia del Parlamento Italiano, el papel y el alcance de los valores implícitos se trató con amplitud. La cultura también tiene un papel importante para fomentar un comportamiento amable con el entorno. La contribución cultural al comportamiento podría variar según los desafíos que surjan en el proceso de desarrollo económico.
     (4) La cultura y la participación política. La participación en los intercambios civiles y en las actividades políticas está influida por las condiciones culturales. La tradición del debate público y del intercambio participativo puede ser decisiva en el proceso político, y puede importar para el establecimiento, la preservación y la práctica de la democracia. La cultura de la participación puede ser una virtud cívica toral, como lo expuso ampliamente Condorcet, entre otros pensadores sobresalientes de la Ilustración europea.
     Aristóteles señaló, por cierto, que los seres humanos suelen tener una inclinación natural hacia el intercambio civil. Y, sin embargo, el alcance de la participación política puede variar de una sociedad a otra. De manera particular, las inclinaciones políticas pueden ser suprimidas no sólo por gobiernos y restricciones autoritarios, sino también por la "cultura del miedo" que genera la represión política. También puede existir una "cultura de la indiferencia", que abreve del escepticismo y conduzca a la apatía. La participación política es extremadamente importante para el desarrollo, lo mismo a través de sus efectos en la valoración de los medios y los fines, que a través de su papel en la formación y la consolidación de los valores que permiten ponderar el desarrollo mismo.
     (5) Solidaridad social y asociación. Aparte de los intercambios económicos y la participación política, el propio funcionamiento de la solidaridad social y el apoyo mutuo puede estar fuertemente influido por la cultura. El éxito de la vida social depende en gran medida de lo que la persona, la gente, hace espontáneamente por los demás. Esto puede influir de manera profunda en el funcionamiento de la sociedad y hasta en la preocupación por sus miembros menos afortunados, así como en la preservación y el cuidado de los bienes comunes. El sentido de cercanía con los otros miembros de la comunidad puede ser un bien de gran importancia para esa comunidad. En años recientes, las ventajas que afluyen de la solidaridad y del apoyo mutuo han recibido mucha atención en textos que versan sobre el "capital social".
     Ésta es una importante área nueva de la investigación social. Existe, sin embargo, la necesidad de escrutar la naturaleza del "capital social" en tanto "capital" —en el sentido de un recurso para todo uso (como se considera el capital). Los mismos sentimientos e inclinaciones pueden de hecho operar en direcciones opuestas, dependiendo de la naturaleza del grupo de que se trate. Por ejemplo, la solidaridad dentro de un grupo particular (verbigracia, los residentes más antiguos de una región) puede ir de la mano con una percepción muy poco amistosa de quienes no son miembros de dicho grupo (como los nuevos inmigrantes). La influencia del mismo pensamiento centrado en la comunidad puede ser tanto positiva para las relaciones internas como negativa al generar y fomentar tendencias de exclusión (lo que abarca los violentos sentimientos y acciones "antiinmigrantes", como se puede observar en ciertas regiones con una impecable solidaridad "intracomunitaria"). El pensamiento basado en la identidad puede tener aspectos dicotómicos, ya que un fuerte sentido de la filiación grupal puede tener un papel aglutinante dentro de ese grupo al tiempo que fomenta el trato más bien severo contra quienes no son miembros (a quienes se ve como "los otros", que "no pertenecen" allí). Si esta dicotomía es correcta, entonces puede ser un error tratar el "capital social" como un recurso para todo uso (que es la idea que se tiene, en general, del capital), antes que como un activo para ciertas relaciones y un pasivo para otras. Hay, pues, espacio para un escrutinio que indague en la naturaleza y el funcionamiento del concepto importante, aunque en algunos sentidos problemático, del "capital social".
     (6) Parajes culturales y rememoración de la herencia histórica. El fomento de una comprensión más clara y más amplia sobre el pasado de un país o de una comunidad a través de la exploración sistemática de su historia cultural constituye otra posibilidad constructiva. Por ejemplo, al apoyar excavaciones y exploraciones históricas e investigaciones relacionadas, los programas de desarrollo pueden ayudar a facilitar una apreciación más cabal de la amplitud —y de las variaciones internas— de culturas y tradiciones particulares. La historia a menudo abarca una variedad mucho más amplia de influencias culturales y de tradiciones de la que tienden a permitir las interpretaciones intensamente políticas —y frecuentemente ahistóricas— del presente.
Cuando es éste el caso, los objetos, parajes y archivos históricos pueden ayudar a equilibrar algunas fricciones en la política moderna. La historia árabe, por ejemplo, incluye una larga tradición de relaciones pacíficas con las poblaciones judías.
     La rememoración de la historia puede ser un aliado importante en el cultivo de la tolerancia y la celebración de la diversidad, y estas notas se cuentan —directa e indirectamente— entre los rasgos importantes del desarrollo.
     (7) Influencias culturales en la formación y evolución de los valores. No sólo sucede que los factores culturales figuran entre los fines y medios del desarrollo: también sucede que tienen un papel central incluso en la formación de los valores. Esto, a su vez, puede influir en la identificación de nuestros fines y el reconocimiento de instrumentos practicables y aceptables para alcanzar dichos fines. Por ejemplo, el debate público abierto —él mismo un logro cultural importante— puede influir poderosamente en el surgimiento de nuevas normas y prioridades por considerar.
     En realidad, la formación de valores es un proceso interactivo, y la cultura de hablar y escuchar puede tener un papel significativo en el momento de hacer posible la interacción. Conforme surgen nuevos patrones de conducta, es el debate público, así como la emulación inmediata, lo que puede diseminar las nuevas normas a través de una región y, en última instancia, entre las regiones. Las normas surgidas para fomentar bajosíndices de fertilidad, o la ausencia de discriminación entre niños y niñas, o el enviar a los niños a las escuelas, en fin, no constituyen tan sólo rasgos importantes del desarrollo: pueden estar influidas en gran medida por una cultura del debate público y de la discusión libre, sin obstáculos políticos ni represión social.

INTEGRACION
     Con el fin de apreciar el papel de la cultura en el desarrollo, resulta de particular importancia situar la cultura en un marco suficientemente amplio. Las razones para ello no son difíciles de hallar. En primer lugar, aun cuando la cultura resulta tan influyente, no tiene una posición toral única en la determinación de nuestras vidas e identidades. Otros factores, como la clase, la raza, el género, la profesión y la política también importan, y pueden importar mucho. Nuestra identidad cultural es uno de los muchos aspectos de nuestra realización, y es sólo una influencia entre muchas que pueden inspirar e intervenir en lo que hacemos y la manera en que lo hacemos. Además, nuestro comportamiento no sólo depende de nuestros valores y predisposiciones, sino también del hecho concreto de la presencia o ausencia de instituciones medulares y de los incentivos —orientadores o morales— que éstas generan.
     En segundo lugar, la cultura no es un atributo homogéneo —puede existir un gran número de variaciones, incluso dentro de la misma atmósfera cultural general. Los deterministas culturales subestiman con frecuencia el alcance de la heterogeneidad dentro de lo que se ve como "una" cultura específica. Las voces discordantes a menudo son "internas", no provienen del exterior. Puesto que la cultura tiene muchas facetas, la heterogeneidad también puede provenir de los componentes particulares de la cultura en los cuales decidimos enfocar nuestra atención (por ejemplo, si prestamos particular atención ya a la religión, ya a la literatura, o a la música, o de manera general al estilo de vida).
     En tercer lugar, la cultura no permanece quieta en absoluto. Cualquier suposición de inmovilidad —explícita o implícita— puede ser desastrosamente engañosa. Hablar, digamos, de la cultura religiosa hinduista, o en fin, de la cultura nacional hindú, considerándola como una cultura bien definida en un sentido temporal estático, no sólo implica pasar por alto las grandes variaciones dentro de cada una de estas categorías, sino también ignorar su evolución y sus grandes transformaciones a través del tiempo. La tentación de usar el determinismo cultural a menudo adquiere la forma irremediable de un esfuerzo por largar el ancla cultural de un barco que se mueve veloz.
     Por último, las culturas interactúan unas con otras y no se pueden ver como estructuras insulares. La perspectiva aislacionista —que casi siempre se da por sentada implícitamente— puede ser en gran medida falaz. A veces podemos estar sólo vagamente conscientes de la manera en que una influencia llegó desde fuera, pero ésta no es razón para restarle importancia. Por ejemplo, aunque el picante era desconocido en la India antes de que los portugueses lo introdujeran en el siglo xvi, ahora es una especia totalmente hindú. Los rasgos culturales —desde los más triviales hasta los más profundos— pueden cambiar en forma radical, dejando a veces pocas señales del pasado que llevan detrás.
     Considerar que la cultura es independiente e inmutable, y que no cambia, puede ser en verdad muy problemático. Pero esto, por otra parte, no es razón para no tomar en cuenta la importancia de la cultura, vista apropiadamente desde una perspectiva amplia. No cabe duda de que es posible prestar una atención adecuada a la cultura mientras se toman en cuenta todas las salvedades recién expuestas. En realidad, si se reconoce que la cultura no es homogénea ni inmóvil y que es interactiva, y si la importancia de la cultura se entrevera con las fuentes rivales de influencia, entonces la cultura puede ser una parte muy positiva y constructiva en nuestra comprensión del comportamiento humano y social, y del desarrollo económico.

INTOLERANCIA Y ALIENACION
     La cuestión del "de qué manera no", empero, merece una atención extremadamente seria, ya que las generalizaciones culturales apresuradas no sólo pueden socavar una comprensión más profunda del papel de la cultura, sino que también pueden servir de herramienta a los prejuicios sectarios, a la discriminación social e incluso a la tiranía política. Las generalizaciones culturales simplistas tienen la gran capacidad de fijar nuestra forma de pensar, y con demasiada frecuencia son más que un pasatiempo inocente. El hecho de que tales generalizaciones abundan en las creencias populares y en la comunicación informal se puede reconocer con facilidad. Estas creencias implícitas y acríticas no son únicamente el tema de muchas bromas racistas y calumnias étnicas; a veces también asoman como elegantes teorías perniciosas. Cuando se da una correlación fortuita entre el prejuicio cultural y la observación social (no importa qué tan casual sea), nace una teoría, y ésta puede rehusarse a morir incluso después de que la correlación casual se desvanece por completo.
     Por ejemplo, las bromas urdidas contra los irlandeses (insolencias tales como "cuántos irlandeses se necesitan para cambiar un foco", que han tenido vigencia en Inglaterra por largo tiempo) parecían ir bien con el predicamento desalentador de la economía irlandesa, cuando la economía irlandesa estaba bastante mal. Pero cuando esta economía comenzó a crecer asombrosamente rápido —de hecho, más rápido que cualquier otra economía europea (como lo hizo, y por muchos años)—, el estereotipo cultural y su relevancia económica y social pretendidamente profunda no se desecharon como la pura y absoluta basura que eran. Las teorías tienen vida propia, y parecen desafiar el mundo fenoménico que se puede, en efecto, observar.

EL DETERMINISMO CULTURAL
     Si bien el maridaje entre el prejuicio cultural y la asimetría política puede ser casi letal, la necesidad de tener cuidado al saltar a conclusiones culturales resulta más insidiosa. Tales conclusiones pueden influir incluso sobre la forma en que los expertos conciben la naturaleza y los desafíos del desarrollo económico. Las teorías se derivan muchas veces de pruebas bastantes escasas. Las verdades a medias o fragmentadas pueden desorientar garrafalmente —a veces incluso más que la falsedad llana, que es más fácil de delatar.
     Considérese, por ejemplo, el siguiente argumento del influyente e importante libro editado en conjunto por Lawrence Harrison y Samuel Huntington llamado Culture Matters [La cultura importa] (al que me referí antes), y en particular el argumento del ensayo introductorio de Huntington en ese volumen, llamado "La cultura cuenta":

A principios de la década de 1990, me topé con información económica sobre Ghana y Corea del Sur durante los años sesenta, y me sorprendió lo parecidas que sus economías eran en aquel entonces. [...] Treinta años más tarde, Corea del Sur se había convertido en un gigante industrial con la decimocuarta economía más grande del mundo, corporaciones multinacionales, exportaciones considerables de automóviles, equipo electrónico y otras manufacturas sofisticadas, y un ingreso per capita cercano al de Grecia. Y no sólo eso: estaba en camino de consolidar instituciones democráticas. No habían ocurrido tales cambios en Ghana, cuyo ingreso per capita era ahora casi quince veces menor al de Corea del Sur. ¿Cómo podía explicarse esta extraordinaria diferencia en el desarrollo? Sin duda, muchos factores entraron en juego, pero me parecía que la cultura debía constituir gran parte de la explicación. Los coreanos del sur valoraban la frugalidad, la inversión, el trabajo duro, la educación, la organización y la disciplina. Los ghaneses tenían valores diferentes. En pocas palabras, las culturas cuentan.

Bien puede haber algo de interés en esta comparación sugestiva (tal vez incluso una verdad fragmentada arrancada de su contexto), y el contraste demanda un examen probatorio. Mas la secuencia causal, utilizada a la manera de la explicación arriba citada, es extremadamente engañosa. Existían muchas diferencias importantes —además de la predisposición cultural— entre Ghana y Corea en los sesenta, cuando le parecían tan similares a Huntington, excepto por la cultura. En primer lugar, las estructuras de clase en ambos países eran bastante diferentes, y Corea del Sur tenía una clase comerciante mucho más grande con una participación más activa. En segundo lugar, la política era muy diferente también, y el gobierno de Corea del Sur estaba dispuesto y ansioso por desempeñar un papel primordial para dar inicio a un desarrollo centrado en los negocios, bajo una modalidad que no era aplicable en Ghana. En tercer lugar, la estrecha relación entre la economía coreana y la japonesa, por un lado, y Estados Unidos, por el otro, fue determinante, al menos durante las primeras etapas del desarrollo coreano. En cuarto lugar —y tal vez esto sea lo más importante—, para la década de 1960 Corea del Sur había alcanzado un nivel educativo mucho más alto y un sistema escolar mucho más extendido que el de Ghana. Las transformaciones en Corea se habían originado durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, en gran parte gracias a una firme política pública, y no se podrían ver tan sólo como un reflejo de la antigua cultura coreana.
     Con base en el ligero escrutinio ofrecido, es difícil justificar ya sea el triunfalismo cultural a favor de la cultura coreana, o el pesimismo radical sobre el futuro de Ghana que la confianza en el determinismo cultural parecería sugerir. Ninguno de ellos podría derivarse de la comparación apresurada y carente de análisis que acompaña el diagnóstico heroico. Sucede que Corea del Sur no se apoyó únicamente en su cultura tradicional. Desde la década de 1940 en adelante, el país atendió deliberadamente a las lecciones del extranjero con el fin de utilizar la política pública para impulsar su atrasado sistema educativo.
     Y Corea del Sur ha seguido aprendiendo de la experiencia global incluso hasta hoy. A veces las lecciones han provenido de experiencias de fracaso, y no de éxito. Las crisis del este asiático que han abrumado a Corea del Sur, entre otros países de la región, hicieron manifiestas algunas de las penalidades de no contar con un sistema político democrático plenamente funcional. Tal vez cuando las cosas avanzaron más y más en conjunto, la voz que la democracia otorga al más débil no se extrañó de inmediato, pero cuando sobrevino la crisis económica, y los coreanos fueron divididos y vencidos (como sucede típicamente en tales crisis), los nuevos depauperados echaron en falta la voz que la democracia les habría dado para protestar y para exigir un desagravio económico. Junto con el reconocimiento de la necesidad de prestar atención a los peligros de una recaída y a la seguridad económica, el asunto más vasto de la democracia en sí se convirtió en el foco de atención predominante en la política de la crisis económica. Esto ocurrió en los países afectados por las crisis, como Corea del Sur, Indonesia, Tailandia y otros, pero además aquí se dio una lección global sobre la manera específica en que la democracia contribuye a ayudar a las víctimas del desastre, y sobre la necesidad de pensar no sólo en el "crecimiento con equidad" (el viejo lema coreano), sino también en la "caída con seguridad".
     Asimismo, la condena cultural de los prospectos de desarrollo en Ghana y otros países africanos es simplemente pesimismo apresurado con poco fundamento empírico.
Para empezar, no toma en cuenta lo rápido que muchos países —incluida Corea del Sur— han cambiado, en lugar de permanecer anclados a ciertos parámetros culturales fijos. Las verdades a medias y mal identificadas pueden ser terriblemente falaces.

INTERDEPENDENCIA Y APRENDIZAJE
     Si bien la cultura no opera en forma aislada respecto de otras influencias sociales, una vez que la colocamos en la compañía adecuada, puede ayudarnos a iluminar en gran medida nuestra comprensión del mundo, incluido el proceso de desarrollo y la naturaleza de nuestra identidad. Permítaseme referirme de nuevo a Corea del Sur, que tenía una sociedad mucho más educada y cultivada que la de Ghana en los años sesenta (cuando ambas economías le parecían a Huntington tan similares). El contraste, como ya se ha mencionado, era sustancialmente resultado de políticas públicas implementadas en Corea del Sur durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
     Sin duda, la política pública de posguerra en torno a la educación también estaba influida por rasgos culturales precedentes. Sorprendería que no existiera tal conexión. En una relación de sustento mutuo, la educación influye sobre la cultura justo como la cultura precedente tiene un efecto sobre las políticas educativas. Es de notarse, por ejemplo, que casi todo país en el mundo con una fuerte presencia de la tradición budista ha tendido a emprender un proceso generalizado de alfabetización y educación con cierto entusiasmo. Esto es así no sólo para el Japón y Corea, sino también para China, Tailandia y Sri Lanka. De hecho, incluso un país tan empobrecido como Birmania [Myanmar], con un espantoso registro de opresión política y abandono social, tiene un mayor índice de alfabetización que sus vecinos en el Subcontinente Hindú. Considerado desde un marco más amplio, es probable que haya aquí algo que investigar y de lo cual se pueda aprender.
     Sin embargo, es importante subrayar la naturaleza interactiva del proceso en el cual el contacto con otros países y el conocimiento generado por sus experiencias puede transformar la práctica. Sobran indicios para decir que cuando Corea decidió avanzar enérgicamente por medio de la educación al final de la Segunda Guerra Mundial, estaba influida no sólo por su interés cultural en la educación, sino también por una nueva comprensión del papel y la significación de aquélla, basada en las experiencias del Japón y el Occidente, incluido Estados Unidos.
     Las interrelaciones culturales, situadas dentro de un marco amplio, proporcionan en verdad una perspectiva útil para nuestro entendimiento. Esto contrasta tanto con el abandono total de la cultura (ejemplificado por algunos modelos económicos), como con el privilegio de la cultura en términos de aislamiento e inmovilidad (como se observa en algunos modelos sociales de determinismo cultural). Debemos ir más allá de ambas posturas e integrar el papel de la cultura a otros aspectos de nuestra vida.

LA GLOBALIZACION CULTURAL
     Ahora debo pasar a lo que parecería una consideración contradictoria. Cabe preguntar: al alabar la interacción entre los países y la influencia positiva de aprender de los otros, ¿no estoy desatendiendo la amenaza que las interrelaciones globales plantean a la integridad y la supervivencia de la cultura local? Es posible sostener que, en un mundo tan dominado por el "imperialismo" cultural de las metrópolis occidentales, sin duda la necesidad básica radica en fortalecer la resistencia, y no en darle la bienvenida a la influencia global.
     Permítaseme decir, en primer lugar, que no hay contradicción alguna. Aprender de los otros implica libertad y buen juicio, no estar abrumado y dominado por influencias externas sin tener otra opción, sin un espacio para ejercer la propia libertad y los deseos propios. La amenaza de verse avasallado por el poder superior del mercado de un Occidente opulento, que tiene una influencia asimétrica sobre casi todos los medios, trae a colación un asunto del todo distinto. En particular, no contradice de ninguna manera la importancia de aprender de los otros.
     Pero ¿cómo habríamos de considerar la invasión cultural global en sí misma como una amenaza a las culturas locales? Hay aquí dos cuestiones de particular relevancia. La primera se relaciona con la naturaleza de la cultura de mercado en general, ya que ésta es parte y parcela de la globalización económica. Aquellos que encuentran vulgares y empobrecedores los valores y las prioridades de una cultura relacionada con el mercado (muchos de quienes adoptan esta posición pertenecen al mismo Occidente) tienden a considerar la globalización económica como algo objetable en un nivel muy básico. La segunda cuestión tiene que ver con la asimetría de poder entre Occidente y otros países, y la posibilidad de que esta asimetría pueda llevar a la destrucción las culturas locales —una pérdida que podría empobrecer culturalmente a las sociedades no occidentales. Dado el constante bombardeo cultural que proviene en gran medida de las metrópolis occidentales (desde MTV hasta el Kentucky Fried Chicken), existe el temor genuino de que las tradiciones nativas puedan ahogarse en el estruendo.
     Las amenazas a las viejas culturas nativas en el mundo globalizado de hoy son, hasta cierto punto, inevitables. No es fácil resolver el problema deteniendo la globalización de los negocios y el comercio, pues las fuerzas del intercambio económico y la división del trabajo son difíciles de resistir en un mundo basado en la interacción. La globalización suscita, por supuesto, otros problemas también, y sus efectos en materia de distribución han recibido numerosas críticas recientemente. Por otra parte, resulta difícil negar que los negocios y el comercio globales puedan acarrear —como lo predijo Adam Smith— una mayor prosperidad económica para cada nación. El desafío consiste en obtener los beneficios de la globalización sobre una base participativa. Este asunto fundamentalmente económico (que he intentado abordar en otros lugares) no tiene por qué entretenernos, mas existe una cuestión relacionada con él dentro del campo de la cultura, a saber: ¿cómo incrementar las opciones reales —las libertades sustantivas— que tienen las personas a través del apoyo a las tradiciones culturales que quieran preservar? Esta preocupación no puede ser menos que capital en cualquier esfuerzo de desarrollo que traiga consigo transformaciones radicales en la forma de vida de las personas.
     En realidad, una respuesta natural al problema de la asimetría debe tomar la figura del fortalecimiento a las oportunidades de la cultura local, de manera que ésta sea capaz de defender lo suyo contra una invasión opresiva. Si los valores ajenos predominan gracias a un mayor control de los medios, sin duda una política de resistencia implica la ampliación de la infraestructura que corresponde a la cultura local, con el fin de que se presente la propia producción, tanto a nivel local como más allá de las fronteras. Ésta es una respuesta positiva, antes que una tentación —una tentación muy negativa— de proscribir la influencia exterior.
     En última instancia, la piedra de toque de ambas cuestiones debe ser la democracia. La necesidad de un proceso participativo de toma de decisiones sobre la clase de sociedad en que la gente quiere vivir, un proceso basado en la discusión abierta —con las oportunidades adecuadas para la expresión de posturas minoritarias—, debe ser un valor bien difundido. No podemos, de un lado, querer la democracia y, de otro, excluir ciertas opciones basándonos en argumentos tradicionalistas, por su "extranjería" (sin importar lo que la gente decida, de manera informada y reflexiva). La democracia no es consistente si las opciones de los ciudadanos quedan eliminadas por las autoridades políticas, por las instituciones religiosas o por los grandes guardianes del gusto, no importa qué tan indecorosa consideren la nueva predilección. La cultura local puede en verdad necesitar asistencia para competir en términos equitativos, y el respaldo a los gustos de las minorías frente a la embestida externa puede formar parte de la tarea democrática de abrir posibilidades, pero la prohibición de influencias culturales de otros países no es coherente con el compromiso adquirido con la democracia y la libertad.
     Existe también un asunto más delicado que se relaciona con esta cuestión y que nos lleva más allá de la preocupación inmediata por el bombardeo de la cultura de masas occidental. Dicho asunto tiene que ver con la forma en que nos vemos a nosotros mismos en el mundo —un mundo que se halla asimétricamente dominado por la preeminencia y el poderío occidentales. Por medio de un proceso dialéctico, esto puede derivar de hecho en la inclinación por una postura agresivamente "local" en el campo de la cultura, como una suerte de resistencia "valiente" frente al dominio occidental. En un notable ensayo titulado "What is a Muslim?" ["¿Qué es un musulmán?"], Akeel Bilgrami ha señalado que las relaciones antagónicas a menudo llevan a la gente a verse a sí misma como "el otro" —la identidad se define, así, a partir de una diferencia empática que la separa de los occidentales. Un dejo de esta "otredad" puede encontrarse en el surgimiento de numerosas definiciones que caracterizan el nacionalismo cultural o político, el dogmatismo religioso e incluso el fundamentalismo. Bajo su apariencia beligerante en contra de Occidente, estos planteamientos dependen, en realidad, de aquello que combaten —si bien en una forma negativa y opuesta. El verse a sí mismo como "el otro" no hace justicia a la propia libertad ni a la capacidad deliberativa. Este problema también se debe tratar de una manera que sea coherente con los valores y la práctica democráticos, si éstos han de ser considerados prioritarios. La "solución" al problema que diagnostica Bilgrami no puede radicar en la "prohibición" de ninguna opinión particular, sino en la discusión pública que clarifica e ilumina la posibilidad de ser privado de la propia autonomía.
     Finalmente, mencionaré que una preocupación específica que aún no he abordado surge de la creencia —a menudo implícita— de que cada país o colectividad debe mantenerse fiel a su "propia cultura", sin importar qué tan atractivas resulten las "culturas extranjeras" para los habitantes. Esta posición fundamentalista no sólo impone la necesidad de rechazar la introducción de los McDonald's y los concursos de belleza en el mundo no occidental, sino que también impide gozar de Shakespeare, del ballet y hasta de los partidos de críquet. Es obvio que esta posición, conservadora en extremo, ha de chocar con la función y la aceptación de las decisiones democráticas, y no necesito reiterar lo que ya he dicho sobre el conflicto entre la democracia y el privilegio arbitrario de cualquier práctica. Pero he de señalar que dicha postura también trae a colación una cuestión filosófica sobre la catalogación de las culturas respecto de la cual Rabindranath Tagore, el poeta, ya había lanzado una advertencia.
     Dicha cuestión se refiere a la disyuntiva entre definir la propia cultura a partir del origen geográfico de una práctica, o bien a partir del uso y disfrute manifiesto de esa actividad. Tagore (1928) mantenía, con gran fortaleza, una postura contraria a la catalogación regional:

Cualquier producto humano que comprendemos y disfrutamos se convierte al instante en nuestro, dondequiera que tenga su origen. Estoy orgulloso de mi humanidad cuando puedo reconocer a los poetas y los artistas de otros países como míos. Que se me consienta sentir con un júbilo prístino que todas las glorias del hombre son mías. -

Traducción de Marianela Santoveña

Estos fragmentos corresponden al capítulo "How Does Culture Matter?", publicado originalmente en el libro Culture and Public Action / The International Bank for Reconstruction and Development, Stanford University Press, 2004. La presente traducción es responsabilidad de Letras Libres. En caso de discrepancias con la versión original, esta última se tomará por definitiva. Los datos, interpretaciones y conclusiones aquí expresados no necesariamente reflejan el punto de vista del Directorio Ejecutivo del Banco Mundial, o de los gobiernos que representa. El Banco Mundial no garantiza la exactitud de los datos incluidos en este trabajo.

martes, 4 de marzo de 2014

Ucrania: la maldición geopolítica



http://www.letraslibres.com/blogs/atalaya/ucrania-la-maldicion-geopolitica
Febrero 24, 2014 | 
Ucrania no es la única nación que ha transitado por la historia cargando la geopolítica como una maldición que insiste en determinar su destino. Pero pocas han pagado un precio más alto. Corredor geográfico entre los combatientes, fue arrasada por los países en guerra entre 1914 y 1918 y por la cruenta guerra civil después del golpe de estado bolchevique. La naciente Unión Soviética absorbió a Ucrania. El nuevo régimen no podía darse el lujo de perder un territorio que, no sólo era la primera línea de defensa del país contra un nuevo ataque alemán, sino la sede de la única base naval soviética libre de hielo y con acceso al Mediterráneo en Sebastopol. En los años treinta, Ucrania tuvo que padecer a Stalin: más de 3 millones de ucranianos murieron durante la colectivización agrícola y 70,000 más desaparecieron en el Gulag.
Aún así, las planicies ucranianas son agrícolamente tan ricas que en 1940 producían el 90% de los alimentos de la Unión Soviética. Inevitablemente, Ucrania se convirtió en parte del infame “espacio vital” nazi. En los planes de Hitler cabían las tierras agrícolas de Ucrania (que serían repartidas entre los laboriosos alemanes), pero no sus habitantes, eslavos desechables. Y así trataron los alemanes a los ucranianos: entre 1941 y 1944 asesinaron a tres y medio millones, incluyendo a todos los judíos de Ucrania. Tres millones más perdieron la vida combatiendo. Ucrania languideció durante la posguerra hasta que la desaparición de la URSS le permitió declarar su independencia en 1991. Es una nación joven que, sin embargo, carga una larga historia, terrible y cruenta: la marca geopolítica de Caín.
Tal vez por eso, la violencia que vivió el país en los últimos días y la cauda de muertos que dejó fueron un espectáculo especialmente doloroso. Doblemente, porque los ucranianos han luchado desde 1991 por consolidar un país moderno: en 2004 escenificaron una admirable revuelta pacífica –la famosa “revolución naranja”– para acabar con el desgobierno de la rapaz nomeklatura postsoviética. 
Diez años después el país regresó al punto de partida de 2004, con los mismos políticos corruptos en el poder, pero en una situación económica mucho más delicada. Viktor Yanukovich, el presidente que abandonó Kiev, la capital, hace días, cometió dos errores que le costaron el poder. Cedió a las presiones económicas de su aliado ruso Vladimir Putin, que pretende sumar a Ucrania a lo que considera su esfera natural de influencia, y rechazó a fines de noviembre un acuerdo comercial y de asociación con la Unión Europea(UE) que apoyaba el 60% de sus gobernados. Los ucranianos salieron a la calle y convirtieron a Maidan, como llaman a la plaza de la Independencia en el corazón de Kiev, en Euromaidan. Esta vez, la revuelta no fue naranja sino acerada. Reunió a grupos dispares, sin líderes visibles y sin un proyecto consensual: el movimiento creció desde sus inicios bajo la sombra de la guerra civil. El Este del país –base de apoyo de Yanukovich– se ha inclinado por una alianza más cercana con Rusia; el Occidente –alrededor de la ciudad de Lviv– quiere a Ucrania dentro de Europa. Fueron ellos los que ocuparon Maidan.
Yanukovich olvidó que esos desacuerdos profundos no se resuelven por la fuerza y optó por la represión. A imagen y semejanza de su aliado ruso, envió iniciativas al Parlamento para incrementar sus poderes y encarcelar a quien se le diera la gana y ordenó a la policía reprimir a los manifestantes. Los grupos más radicales respondieron con la misma moneda y Ucrania se hundió en la violencia. 
Con la huida de Yanukovich se evaporó también la vigencia del acuerdo promovido por Francia, Alemania y Polonia hace unos días. Un acuerdo frágil e inestable que no hubiera resuelto gran cosa, porque muchos manifestantes lo rechazaron y Rusia se negó a firmarlo. Ucrania enfrenta un futuro cercano complejo e inestable: tendrá que construir un marco institucional moderno de la nada, en medio del vacío de poder y, más difícil aún, encontrar un líder visionario y honesto que tome las riendas del poder en las elecciones de mayo.
En cualquier escenario futuro, Ucrania puede tener la certeza de que el Kremlin recurrirá a cualquier cosa para mantener su dominio sobre el país: desde el poder blando de la propaganda(los medios rusos han trastocado la revuelta ucraniana y la han transformado en un “pogromo terrorista”) y el chantaje cultural, hasta medidas duras de presión económica de probada eficacia (cierre de fronteras a los productos ucranianos, congelación de paquetes de ayuda y, peor aún, reducción de las entregas de gas para paralizar a la economía ucraniana), o, en última instancia, la intervención armada. El gran enigma es que hará Europa, el único contrapeso que tiene Moscú en esta lucha geopolítica. Por justicia y responsabilidad histórica, la Unión Europea, con Alemania a la cabeza, tiene la obligación de apuntalar la economía de Ucrania,  abrirle las puertas de Europa y, tal vez, transformar finalmente la maldición geopolítica en una bendición para el país.

Dos perspectivas sobre el desarrollo económico

Por Enrique Seira
http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-creacion/dos-perspectivas-sobre-el-desarrollo-economico
Febrero 21, 2014 |
A más de dos siglos desde que Adam Smith publicara "La riqueza de las naciones", la ciencia económica ofrece una guía muy limitada acerca de cuáles son los determinantes del crecimiento y del desarrollo económico, al menos al nivel que se requiere para diseñar políticas efectivas. De hecho, las disparidades entre países pobres y ricos son mucho mayores ahora y las preguntas sobre por qué unos países crecen sostenidamente y otros no, cómo podemos aprenderqué funciona para fomentar el desarrollo y qué se puede hacer para ayudar a los países pobres a crecer, se mantienen vigentes.
Sobre desarrollo económico hay dos posiciones que han tenido influencia en el debate académico reciente y que han intentado dar respuestas estas interrogantes. Antes de definir y contrastar estas posiciones me permitiré una digresión sobre la relación entre crecimiento y desarrollo, y un brevísimo recuento de las prescripciones para fomentar del crecimiento económico. 
El misterio del crecimiento y del desarrollo
Frecuentemente los conceptos de desarrollo y crecimiento económico se usan de forma intercambiable aunque fijan su atención en cuestiones distintas. El crecimiento económico se refiere a la elevación de los niveles de ingreso de un país, mientras que desarrollo económico está ligado al concepto de libertad para ser y actuar: estar libre de hambre, enfermedad, represión, ignorancia, y pobreza, de forma que las personas puedan desarrollar sus capacidades.[1] Aunque diferentes, ambos conceptos están fuertemente vinculados: no es posible tener desarrollo económico sin crecimiento económico. En su libro más reciente[2], el profesor de economía de la Universidad de Priceton, Angus Deaton, muestra que el ingreso/riqueza está relacionado de forma positiva tanto con la salud como con la felicidad auto-reportada. Muy probablemente el crecimiento causa mayor salud y mayor bienestar.
La estrecha relación entre desarrollo y crecimiento económico implica que resolver el enigma del crecimiento económico es fundamental para entender cómo impulsar el desarrollo. Desafortunadamente, en palabras de Elhanan Helpman[3], profesor de economía en Harvard, el crecimiento económico sigue siendo un misterio. En los cincuenta y sesenta del siglo pasado se creía que el problema de subdesarrollo era resultado de la falta de acumulación de capital y que se necesitaban inyecciones masivas de inversión para fomentar el desarrollo. Esto ayudó a justificar políticas de ayuda a países pobres (“foreign aid”), que tuvieron magros resultados[4]. Recientemente se ha enfatizado la importancia del capital humano, con especial atención en la inversión en educación.
Pero estos enfoques no están exentos de crítcas. En The Mystery of Economic Growth, Helpman, , demuestra que la acumulación de capital explica poco del crecimiento. Y William Easterly[5], argumenta que de poco sirve proveer educación si esta no se premia en el mercado, y que las transferencias de dinero de países ricos a pobres pueden ser contraproducentes si se destinan a repartir dádivas en vez de a inversiones productivas. El argumento principal de Easterly es que en el subdesarrollo está latente un problema más profundo de desalineación de incentivos: no solo es un problema de oferta de recursos sino de una demanda que no premia a los factores que impulsan el crecimiento. Un problema grave en este debate es que tenemos pocas mediciones rigurosas sobre la efectividad de las distintas intervenciones del gobierno y donantes. Esto hace que reinen las opiniones y las modas pasajeras.

Macro versus micro
En la última década ha habido dos corrientes intelectuales influyentes en “desarrollo económico”, la primera es encabezada por economistas como Esther Duflo y Abhijit Banerjee del MIT con una propuesta metodológica que consiste en medir rigurosamente la efectividad de las políticas implementadas para ayudar a los pobres mediante experimentos controlados[6] (randomized control trials). Este método ha probado ser útil en las ciencias físicas y médicas. La propuesta práctica recomienda dirigir los recursos hacia políticas y programas específicos que hayan demostrado ser efectivos, en vez de enfocarlos en esquemas grandilocuentes que buscan transformaciones radicales. La propuetsa es avanzar con pasos pequeños pero seguros.
Los economistas de esta corriente han sido llamados los randomistas, y asociaciones como el Jameel Poverty Action Lab (JPAL) del MIT y Qué funciona para el desarrollo en México impulsan esta agenda de experimentos. Buena parte de la inspiración de este grupo surgió del tipo de experimentos controlados que dió origen a Progresa/Oportundiades en nuestro país en 1997.[7] Los experimentos implementados por los randomistas van desde la desparasitación de niños, pasando por incentivos para que los maestros asistan a la escuela, hasta el microcrédito y la provisión de fertilizantes. Hay muchos resultados destacables pero quisiera mencionar uno que muestra el poder desmitificador de los experimentos: Dean Karlan and Jonathan Zinman, economistas de Yale, demostraron que en el caso del banco que ellos estudian en Filipinas el micro-crédito no incrementó la actividad empresarial.[8]
La segunda corriente influyente en “desarrollo económico” busca entender el crecimiento económico desde una perspectiva histórica y macro-social.[9] Enfatizan la importancia de la política en el diseño de las instituciones, y de estas últimas en el crecimiento económico. Su idea principal es que el subdesarrollo se debe a que los grupos en el poder crean instituciones que bloquean la innovación, la competencia,y la movilidad. Las instituciones “excluyentes” les sirven a la élite para apropiarse de rentas, aunque reduzcan el crecimiento de la economía en su conjunto. Entre sus exponentes destacan los profesores Acemoglu y Robinson, y Besley y Persson (AR&BP).
La principal crítica que AR&BP podrían hacer a los randomistas es que las intervenciones que implementan no tienen el potencial de generar desarrollo a gran escala, sino que solo incrementan marginalmente el ingreso de algunas pocas personas. En un artículo reciente[10], Mark Rosenzweig señalaba que mientras que la diferencia en ingreso entre Estados Unidos y Kenia es de 2800%, la mayoría de las intervenciones analizadas en el libro Poor Economics[11]tienen efectos entre 1% y 10% del ingreso. La segunda y quizá más importante crítica es que según AR el subdesarrollo no se debe a la ignorancia sobre qué políticas son efectivas, sino que es diseñado, en el sentido de que no les conviene a los grupos de poder cambiar la forma de operar del país. Por otro lado, la mayor critica de los randomistas hacia AR&BP es que su perspectiva macro-social no proporciona elementos para diseñar mejores políticas públicas, más allá de decir que la igualdad de oportunidades, los derechos de propiedad y de participación en el proceso político, o la capacidad del estado para recaudar son fundamentales para generar crecimiento. AR aceptan esta crítica y aseguran que “no es posible manejar ingenierilmente el desarrollo”, el desarrollo es un proceso histórico-político difícil de controlar.

La agenda de políticas pro-desarrollo
La agenda de políticas que surge de estas dos corrientes no es contradictoria. La agenda de desarrollo tiene que proceder en dos niveles: el micro nivel enfatizado por los randomistasen el plano de política social, y el macro nivel enfatizado por AR&BP en el plano de las reformas políticas y económicas.  
Es indispensable evaluar rigurosamente los programas y proyectos de los gobiernos y dirigir los recursos hacia los que funcionan, en particular en un contexto en el que se elevan los impuestos para dedicarlos a este tipo de programas. También es indispensable hacer una reforma política que haga a los congresistas más sensibles a los intereses de los ciudadanos y, por ejemplo, apoyar a la comisión de competencia en su tarea de luchar en contra de las prácticas anti-competitivas. La búsqueda del desarrollo es ardua, tenemos poca información y nos enfrentamos a intereses contrarios, pero si otros países lo han logrado, significa que es posible.




[1]Esta distinción se la debemos en gran parte a Amartya Sen en su libro “Development as Freedom”, Oxford UniversityPress, 1999.
[2]Angus Deaton “The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality”, Princeton University Press, 2013.
[3]Elhanan Helpman, “The Mystery of Economic Growth”, Harvard University Press, 2004.
[4]Ver el artículo de William Easterly “Can Foreign Aid Buy Growth?”, Journal of Economic Perspectives, 2003.
[5]William Easterly es professor de Economía en la Universidad de Columbia y estos argumentos los desarrolla en su libro “The Elusive Quest For Growth: Economists’ Adventures and Misadventures in the Tropics”, MIT press, 2001.
[6]Un experimento controlado consiste en administrar un “tratamiento” o intervención a una muestra aleatoria de la población, dejando a otra muestra aleatoria como grupo de comparación.
[7]A pesar de estar en la frontera de la innovación social en el México de 1997 bajo el liderazgo de Santiago Levy, desafortunadamente en México actualmente existe poca evaluación rigurosa de impacto de los programas sociales y productivos (menos de 2 al año según el Coneval).
[8]“Microcredit in Theory and Practice: Using Randomized Credit Scoring for Impact Evaluation”, Science 2011.
[9]Véase los libros “Why Nations Fail”, Random House, 2011 de Daron Acemogu and Jonathan Robinson; y  “Pillars of Prosperity” Princeton University Press 2011 de Thimothy Beesley and Torsten Persson.
[10]Mark Rosenzweig “Thinking Small: A Review of Poor Economics”, Journal of Economic Literature 2012.
[11]Esther Duflo y Abhijit Banerjee “Poor Economics: A Radical Rethinking of the Way to Fight Global Poverty”, 2011

jueves, 5 de septiembre de 2013

Madrid 2020, a la tercera va la vencida

Hay algunos que no los quieren: conozco a algunos amigos madrileños que dicen que, si se conceden, ese año va a ser un caos en la capital. Puede que estén en lo cierto, pero si ponemos en la balanza todos los beneficios y perjuicios el saldo es favorable a los primeros.

Puede sonar a chauvinismo,  a facha, pero hay un factor que manda: el económico. En estos tiempos de gastos e ingresos mínimos esta inyección que supone los Juegos Olímpicos es vacuna y antídoto. 

Vacuna por la repercusión futura de prestigio y reconocimiento mundial. Las Olimpiadas deben servir para demostrar al mundo que sabemos hacer las cosas sin recurrir al chantajeo, la prevaricación y el saqueo de fondos públicos. Al igual que en Barcelona debemos dar una imagen de país unido, más allá de favoritismos y afinidades. Esto no es cuestión de PP, PSOE, IU, CIU y demás; de si nos cae bien Ana Botella, mal los nacionalistas o este es un país de rojos donde la culpa  es de Zapatero. En definitiva, lo importante es hacer una buena campaña de marketing para el bien de la marca España; pero, e insisto, sin trapicheos.

Es también antídoto por la riqueza y empleo que genera. Sólo hay que ver el caso de Londres donde el paro bajó más de tres puntos porcentuales, siguiendo ese efecto aún después de los Juegos. Además, en estos tiempos de racionamientos, bienvenido sea todo lo que suponga gasto, siempre que genere activos y no pasivos; para entendernos: que sea una inversión con efectos positivos para la gente y no sólo dar dinero sin objeto directo claro como se realizó con el rescate bancario.

No voy a entrar en si somos favoritos o no, todo se verá dentro de un par de días, al fin y al cabo en todos los sitios se cuecen habas y como en la tanda de penaltis también cuenta la suerte. Ahora lo fundamental es alimentar la esperanza, pues aunque la gente no lo crea también alimenta que por algo es lo último que se pierde.

Así que sólo queda desear buena suerte, sin pensar en las adversidades, los reveses pasados y con optimismo. Además siempre es una gozada para los que nos gustan los deportes el verlos en nuestro país por el espíritu de trabajo en equipo que transmite su organización al margen del meramente deportivo.

                                                                                                                                                                        Juan Carlos Pazos

miércoles, 28 de agosto de 2013

Apple cambiará los iPhones antiguos o dañados por modelos nuevos con descuento

Septiembre va a ser un mes movidito para los seguidores de la compañía de la manzana. Además de los posibles lanzamientos de un nuevo iPhone más potente y de un modelo 'low cost', parece que Apple comenzará su nuevo programa de renovación de sus smartphones. 

Apple iPhoneLa empresa de Tim Cook recogerá los teléfonos antiguos o con fallos y se los cambiará a los usuarios por un terminal nuevo con un descuento en el precio, lo que podría suponer un importante empujón a las ventas de sus nuevos dispositivos. 

Hasta el momento, los propietarios de iPhone tenían una garantía de un año desde la adquisición del terminal ampliable otros dos años pagando el seguro Apple Care. Con esta nueva medida, la compañía permite a los usuarios cambiar su ter

Sin duda, el comienzo de este nuevo servicio en el mes de septiembre no coincide con el lanzamiento de los nuevos terminales por casualidad. Los expertos apuntan a una estrategia para aumentar el número de ventas de iPhones de nueva generación. Pese a que todavía no está confirmada la llegada del nuevo o nuevos terminales, todo apunta a que será el día 10 de septiembre la fecha elegida por Apple para la presentación. 

Por el momento, los rumores apuntan a un terminal un 31% más potente equipado con el nuevo chip A7, con reconocimiento dactilar y una potente cámara, además de un nuevo modelo más barato que cambiará la carcasa de aluminio por el plástico.

Apple cambiará los iPhones antiguos o dañados por modelos nuevos con descuento,Digitech. Expansión.com

miércoles, 6 de febrero de 2013

El déficit de EE.UU. caerá por debajo del billón de dólares este año

La razón es una mejoría de la economía y mayores impuestos pagados por los estadounidenses más ricos

Economía | 06/02/2013 - 07:33h
El déficit de EE.UU. caerá por debajo del billón de dólares este año
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en su discurso sobre su propuesta para acabar con la violencia de las armas AP / Jim Mone
Por David Lawder WASHINGTON (Reuters).- El déficit presupuestario de Estados Unidos caerá por debajo del billón de dólares este año por primera vez durante la presidencia de Barack Obama, dijo el martes la Oficina Presupuestaria del Congreso, pero advirtió de que la deuda aumentará a niveles insostenibles sin nuevas medidas de los congresistas.
La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) calculó que el déficit para el año fiscal 2013, que termina el 30 de septiembre, se reducirá levemente a 845.000 millones de dólares (unos 627.000 millones de euros) después de cuatro años consecutivos por encima del billón de dólares.
La razón es una mejoría de la economía y mayores impuestos pagados por los estadounidenses más ricos.
El análisis de la Oficina, que alimentará un amargo debate sobre los planes para reducir el déficit, asume que el 1 de marzo entrarán en vigor 85.000 millones de dólares en recortes automáticos del gasto público, como está programado.
Dijo que el ajuste fiscal derivado de esos recortes generalizados y los mayores impuestos desacelerarán el crecimiento económico a un 1,4 por ciento a finales de 2013, provocando que el desempleo suba una décima a un 8,0 por ciento en esa fecha.
El análisis es el primero de la agencia presupuestaria apartidista que incorpora el acuerdo de Año Nuevo para evitar el llamado "abismo fiscal", que restauró los impuestos previos a 2001 para aquellas parejas con ingresos superiores a 450.000 dólares y permitió el vencimiento de una reducción tributaria a las nóminas.
Los recortes automáticos del gasto público fueron postergados dos meses hasta el 1 de marzo. Pero tras absorber estas dificultades, la economía recuperará fuerza en 2014 y llenará las arcas fiscales a un mayor ritmo, incluso sin nuevos recortes al gasto o alzas de impuestos, dijo la CBO.
Estimó un déficit de 616.000 millones de dólares en el año fiscal 2014 y un déficit de 430.000 millones de dólares en el año fiscal 2015, equivalente a un 2,4 por ciento del Producto Interior Bruto de Estados Unidos en ese momento, un nivel que muchos economistas consideran como sostenible.
Pero los déficit aumentarán de manera constante desde mediados de la década, acercándose nuevamente al billón de dólares en 2023, según la estimación.
El déficit acumulado a 10 años llegaría a 6,958 billones de dólares. "sin embargo, los déficits aumentarían más adelante en la próxima década, debido a las presiones de una población más vieja, los crecientes costes sanitarios, una expansión de los subsidios federales a los seguros médicos y el creciente pago de intereses de la deuda federal", dijo la CBO en el informe.
La CBO advirtió que la deuda de Estados Unidos en manos públicas seguiría creciendo, y permanecerá en los mayores niveles como porcentaje del PIB desde aproximadamente 1950 durante la próxima década, alcanzando un 77 por ciento del PIB para 2023.
Sostuvo que esto apartaría la inversión privada y limitaría seriamente la flexibilidad de los legisladores para lidiar con desafíos como nuevas recesiones o una futura guerra.
"Una deuda tan grande aumentaría el riesgo de una crisis financiera, durante la cual los inversores perderían tanto la confianza en la capacidad del Gobierno para administrar su presupuesto que el Gobierno podría ser incapaz de endeudarse a tasas accesibles", dijo la CBO.


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