Entrada destacada

Libros de Juan Carlos Pazos desde 1€

  https://www.amazon.com/author/juancarlospazosrios “EL LABERINTO DE LOS AFECTOS” https://amzn.eu/d/9Hc7xoY “EL LIBRO VERDE (versión autoriz...

Mostrando entradas con la etiqueta biografías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biografías. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de mayo de 2020

Manuel Antonio, el poeta

Variaciones sobre un poeta gallego

Publicado por 

https://www.jotdown.es/2013/07/variaciones-sobre-un-poeta-gallego/Manuel Antonio

Dudas

Precisamente porque Manuel Antonio (Rianxo, 1900- 1930), poeta gallego, ha tenido una vida tan razonablemente fotogénica cuesta encontrar al individuo tangible tras esos intentos por hacerse una biografía. Supongo que no hace falta encontrar a nadie; incluso una buena labor del retratista o biógrafo debiera ser la de esquivar al hombre redondo que se ha hecho a sí mismo (o que lo han hecho), y nunca mejor dicho. Suele ser una redondez sospechosa, esa. Qué mejor que descomponerlo, como un mecano. No he visto más que wikipedias por ahí sobre nuestro poeta, muy razonables y ortodoxas todas. Se ha creado una coraza alrededor de Manuel Antonio. Es, como diríamos, un intocable. Hay un muy digno artículo de César Antonio Molina sobre el poeta en su libro Sobre la inutilidad de la poesía, que se sale del palabreo militante. Las cartas del poeta no aclaran gran cosa; son una extensión de su fotografía, y todo contribuye a endurecer esa costra de coherencia. Así, tenemos la pajarita de poeta, la pipa de marinero y el sombrero de ala ancha; alguna vez hubo alguien que sostuvo todos esos complementos, que observaba a la posteridad con el desparpajo aprendido en las fotos de las revistas literarias de vanguardia. Pero quiero pensar que no hay nadie, que el energúmeno melancólico y rabioso que creemos ver se ha evaporado o nunca ha estado ahí, y que es la poesía anclada en esa cáscara la que sostiene todos los versos, como si los versos necesitasen de una percha. 

Ruido

Pensemos, antes de seguir, que se trata de una percha sin apellidos. El Pérez Sánchez se le ha caído al nombre. Puede que el Pérez fuese una de las primeras trabas que encuentra para ser poeta. Se quita de en medio los apellidos. Esto es lo primero que hará el poeta; antes del primer verso compone el nombre. Más ligero, todavía se ve rodeado de aldea, y la aldea es otro incordio. La aldea, como se sabe, es el punto más lejano de un centro, de cualquier centro. La aldea es un enterrarse bajo un cielo. El centro es ruidoso y el tiempo corre rápido. Octavio Paz: «La época moderna es la aceleración del tiempo histórico». Manuel Antonio asume hasta tal punto esa máxima que también en él se acelera el tiempo vital. «La vida obliga a la prisa por vivir porque el pan enseguida se pone duro», diría Ramón. Los futuristas italianos, menos metafóricos, asombrados por la velocidad de los trenes, fundan su religión, una metafísica de la turbina con mucho ruido de exclamaciones. La ciudad es la gran expendedora de novedades, y a principios del siglo XX no va a haber otra cosa que sed de novedades. El terremoto apenas llega a la aldea.

Pero él se va a enterar de todo. Conecta con Dieste, Castelao, también rianxeiros, y con Vicente Risco, el oráculo del momento. Risco le consiente, y al mismo tiempo, le advierte contra la moda de los ismos. Es posiblemente gracias a Risco que le llegan a Manuel Antonio las novedades artísticas de esa Europa efervescente. Risco lo sabe todo y le pone al tanto pero también le informa que a él no le interesan ninguno de esos movimientos (cubismo, dadaísmo, neo-imaginismo, creacionismo…). Tanto Risco, como Castelao, hablan de crear un arte gallego, ajeno a modas extranjeras. Si acaso, nombra el Saudosismo portugués, los haiku japoneses y el Arte Negro, y por encima de todo las literaturas nórdicas antiguas y modernas (celta y escandinava principalmente). Risco era una suerte de Pound galaico, un sabio oriental que se volvió loco al encontrarse rodeado por la barbarie guerracivilesca. 

A pesar de todo Manuel Antonio cae, de puerta afuera al menos, en esa superstición; asume lo nuevo como principal valor estético. Y lo nuevo es la juventud y sus valores. Es la época de los manifiestos artísticos, y escribe uno con ánimo de dinamitero, que titula Máis alá. Lo que se echa en falta en este manifiesto es la absoluta ausencia de sentido del humor. Cosa, por cierto, que no le faltaba a Valle-Inclán, «mestre da Xuventude imbécil de Galicia», según el manifiesto. El dolor del castellano. Una prueba más, quizá, de lo poco que en realidad interiorizó el espíritu bromista de las vanguardias. Se diría que no estaban las cosas para bromas. A mediados de los 80, y mentando a Manuel Antonio, Suso de Toro publicaría Manifiesto Kamikaze, en el que recomienda, entre otras cosas, hacer croquetas con la momia de Castelao. Está muy bien, este texto. Hoy en día dan un poco ganas ya de hacerse unas croquetas con la momia Manuel Antonio, dejando a un lado el bigote.

De todas formas Manuel Antonio manda al cuerno también a los santos de la literatura gallega, y emplaza a sus paisanos a dejar a un lado el patriotismo llorón. Es un hombre de acción. El vivir como deporte, consigna en una carta desde el mar. No ha hecho otra cosa en su vida más que remangarse para estrangular esa melancolía que lleva en los huesos. Sale al mundo a buscar los versos, a recolectarlos, y de paso una futura República Galega. 

Biografía

Manuel Antonio y dos amigosManuel Antonio, que es todavía un romántico inglés o alemán, sabe que vida y obra son lo mismo; huye del aburrimiento y de una vida sin biografía. Lo de hacerse una biografía es una preocupación vieja del escritor, y sobre todo del poeta. La poesía está más cerca de la vida, es una sombra que lleva encima el versificador. El poeta no puede dejar a la poesía en casa, o usarla para pasar el rato los domingos. Otra cosa es que escriba versos todos los días, que no hace falta, o incluso no conviene.

Manuel Antonio, efectivamente, fue uno de esos poetas que pronto se encontró con la imperiosa necesidad de irse a morir a Grecia, como Byron, y de paso hacía la revolución. Sus intentos son bien conocidos; en 1918, todavía estudiante en Santiago, escribe al vicecónsul de Francia en A Coruña para pedirle que le dejé alistarse en la Legión Extranjera del ejército francés para luchar en la Primera Guerra Mundial, y en vista de que el vicecónsul no quiere saber nada de tal petición, Manuel Antonio coge un tren para Irún y lo detienen en la frontera. La leyenda habla de unos días de cárcel por la trastada y una vuelta heroica a casa. Le tentará también la Revolución Rusa y la guerrilla de Sandino en Nicaragua. Como se ve, siempre acontecimientos históricos de primera categoría. Por suerte para su madre todo eso se quedó en agua de borrajas. A falta de guerras o revoluciones se hizo marino. 

Para contar la vida de Manuel Antonio es importante mentar a su madre. Se queda sin padre a los cuatro años, así que no le queda más que una madre conservadora que va a misa los domingos y un tío en Padrón que ejerce de sochantre en la parroquia. Es algo que se repite siempre al hablar de Manuel Antonio, lo de la madre conservadora, como si hubiera sido más probable tener una madre jipi, una especie de Cher con mandilón negro en la Galicia costera de principios del siglo XX. Precisamente tras la muerte de Manuel Antonio, esa madre conservadora no toca ni un papel del hijo poeta durante décadas, hasta que unos venerables rescatadores convencen a la madre moribunda y se hacen con el alijo de cartas y poemas inéditos y papeles varios. Después, tampoco se aprovecha mucho ese legado, por miedo a destapar al radical nacionalista o por lo que sea. Manuel Antonio siempre tuvo fama de extremado. Entramos aquí en la guerra entre catedráticos, siempre desinteresadas. En lo ideológico da un poco igual saber si el poeta era independentista, me parece. Su poesía es, de todas formas, impermeable a todo eso. Las Asambleas Nacionalistas le hicieron poco efecto al poeta. Va y viene de ellas, un poco asqueado de tanto consenso.

Si tuviésemos que resumir su vida en tres palabras nos quedaríamos con estas: poesía, mar, tuberculosis. Escapando de la tuberculosis que mató al padre se refugia en Padrón, con solo dos años, en casa de su tío sochantre. A los 12 años deja las cosas claras; no va a hacer carrera en la Iglesia. Aquí, ovación de sus filólogos futuros. Estudia el bachillerato en Santiago de Compostela. Y ponemos ahí a la poesía, que le llama desde el otro lado de la ventana, como un vampiro flotando en el aire. Qué de gente debió arruinar esta ciudad. 

En Vigo descubre otro tipo de ciudad, menos de su gusto quizá. Pero es un poeta urbano; detesta el ruralismo. Lucifer es un viejo aldeano y burgués, todo en uno. La ciudad le abruma y le atrae. Estudia en la escuela de Náutica. Vigo, en parte, le resulta incomprensible; el dinero, el fútbol, la burguesía. Qué burguesía no acabamos de saberlo; él la reconoce. Esa es la ciudad que no le interesa. Le gusta su cosmopolitismo, o lo que él entiende por tal. Es un mundo nuevo que le atrae. Toda ciudad o pueblo portuario tiene un ambiente de perdición destacado, como si la soledad de los mares hubiese calado a fondo en cada una de las calles y habitantes. En una de sus cartas a su primo Roxelio habla de Vigo: 

As rúas, de noite, teñen un aspecto de pervertimento e de deformidade en segredo (istes cines de putas pintadas; istas tabernas semimisteriosas; istes mangantes que van matando en borrachera as horas noiturnas de descanso; as carcaxadas histéricas que saen do fondo de calquer curruncho; unha puta calexeira que che aborda temerosamente, c’ unha escitante fracasada; os mariñeiros eistranos que pasan falando falas descoñecidas; as luces adormentadas dos barcos da badía).

Uno de las grandes chascos de esos referentes galleguistas y artísticos de principios de siglo (Vicente Risco, Castelao…) es que a poco que salieran de Galicia o España se escandalizaban como señoronas de aldea ante lo que ellos entendían como desórdenes y desviaciones de la moral. Por ejemplo, en ese diario de Risco en Alemania, Mitteleuropa, llega a confesar que está pasando una crisis religiosa, «de exaltación relixiosa», «contra a impiedade». Y recuerda que Castelao pasó por lo mismo en Francia. No parece el caso de Manuel Antonio. Se siente irremisiblemente atraído por los neones y la estética de una moral que se descompone.

Por fin se embarca; primero en el paquebote Constantino Candeira, a las órdenes del capitán Augusto Lustres Rivas, al que dedica su libro de poemas, después en el buque holandés Gelria y por último en el pesquero de altura Arosa. 

Se incide en la dura vida que llevó en esos mares. Salud precaria, largas jornadas de trabajo fatigoso. No cabe duda; alguna que otra queja deja en sus cartas, y es fácil imaginar que no solo se dedicó en sus travesías marítimas a mirar el horizonte y escribir versos. Ese mar le dio el espacio; para eso había salido de casa. No era un marino que escribía versos, sino un poeta que se hizo marino para salir de su aldea y encontrarse poéticamente. Ya se había hecho a la idea de que los versos que estaba destinado a escribir no podían escribirse en el ambiente rural en el que había nacido. Con ese aburrimiento también se nace, y ese aburrimiento él lo encuentra en la aldea. Se entiende; un chico que mira a París, con sus dadaístas y cubistas y surrealistas pegándose en los cafés. En septiembre de 1925 recibe unos navajazos por defender a una señorita, pero no es lo mismo. Presume de los pocos milímetros que le faltó a la cuchillada para seccionarle una arteria. Ya que no va a ser poeta en París se conformará con pasear los océanos en barco. La vida de marino es la alternativa más o menos razonable a esos prontos juveniles y fracasados de participar en la Primera Guerra Mundial o en alguna revolución. 

En 1929, ya muy enfermo de tuberculosis, vuelve a Asados, una aldea muy cercana a Rianxo, y el 28 de enero de 1930 muere. 

paquebote Constantino Candeira

Poesía

En el paquebote Constantino Candeira escribe De catro a catro. Follas sin data d’un diario d’abordo (Nós, 1928). Participan en la edición del libro el escritor Rafael Dieste, también de Rianxo y amigo de Manuel Antonio, y es ilustrado por Carlos Maside.

Es el poemario. Era el poemario. Fue muy celebrado dentro de la literatura gallega, desde Cunqueiro hasta el Grupo Rompente, a mediados de los 70. Ya no me atrevo más que a cazar versos al vuelo, nervioso por si todo se me derrumba. Y se me derrumba, lo sé, al menos en parte. Y se me derrumba como se le derrumba a uno la juventud, qué cosas. Manuel Antonio es el poeta oficial de la vanguardia gallega, un Vicente Huidobro menos charlatán y desatado. Unos poemas en los huesos. Por debajo del maquillaje formal muy del momento que le toca vivir, está el poeta intimista y solitario que ya deja caer los versos sin importarle mucho cómo caen en la página. Menos caligramas y más sangre.

Nos bordeis xa saben
que a nosa moeda
ten o anverso de ouro
e o reverso sentimental
Os ecos imprevistos
do noso cantar sonámbulo
apagarán os focos de madrugada
Mañá despertaremos
na ausencia desta xornada
Esquivouse unha folla
do diario efusivo

El valor de Manuel Antonio está precisamente ahí, en ese tono sentimental y seco al mismo tiempo con el que describe esa vida en el mar, traspasada por ciertas alucinaciones elegantes de la soledad.

Xa non vira o vento
por que a noite fechou tódalas portas

Su otro gran acierto está en la introducción del vocabulario marítimo en su poesía. Calima, barlovento, singradura, gavia, cabotaxe. La materia y el peso del poema.

Este verso, por ejemplo:

O sol era un páxaro triste
que se pousaba no penol

El más fiero vanguardista de la literatura gallega describe con nostalgia un mundo en extinción. Como dice César Antonio Molina «Manoel Antonio, situado al final de un mundo todavía romántico, intimista, sentimental y perfectamente hundido en las raíces de la naturaleza rural y marina, eleva esos elementos básicos del hombre antiguo uniéndolos al nuevo mundo presentido ya como algo inevitable tras el humo de esos vapores vistos desde los últimos veleros».

Al igual que Kafka, tuberculoso, Manuel Antonio parece atrapado en esa lucidez de una muerte temprana. En fin, el cuerpo. 

A alba nova sorprendeume
cacheando entre los luceiros
unha despedida que se me perdeu

sábado, 14 de septiembre de 2019

Steinitz, el primer científico-poeta del ajedrez

Steinitz, el primer científico-poeta del ajedrez - Deporte

Cultura, ciencia y ahora tecnología, pulsamos el botón rojo y comienza la grabación, tras una semana de garabatear aparece toda una vida. Steinitz juega con su tablet, le da peón y turno de ventaja, ya no somos los mismos. Pese a lo huraño de su carácter fue el primer experto en ajedrez pedagógico, estableció los pilares de lo que vino después. Debemos repasar su historia apasionante, aquí queda parte de la verdad.
El padre del ajedrez moderno nació en distintos días según quién nos lo cuente, podría ser un día 18, pero también un día 14 o un día 17 de mayo; lo único fijo es el año 1836 y el sitio: Praga que en aquel momento de principios del siglo XIX era austriaca. Se crió en una en una modesta familia de comerciantes de ferretería y era el menor de trece hermanos, desde pequeñito destacaba sobre todo en matemáticas, algo habitual en los ajedrecistas debido su gran capacidad de cálculo. Más adelante se trasladó a Viena para cursar allí sus estudios de Ingeniería, carrera que no llegó a terminar debido a que el ajedrez se cruzó en su camino, un hecho que marcaría profundamente su vida y con el tiempo el de otros muchos aficionados a este juego-deporte. Viena era entonces uno de los grandes centros ajedrecísticos de Europa quizás solo por detrás de Londres que era aquel entonces la meca del ajedrez, en Viena podríamos encontrar en aquel tiempo hasta diecinueve cafeterías en las que la gente jugaba a diario. Gracias a esto Steinitz pronto se interesó en el juego, que había aprendido con su padre. Sus progresos fueron rápidos y Steinitz, que se ganaba un buen dinero apostando en los cafés, abandonó sus estudios para dedicarse de lleno al ajedrez, pronto se convirtió en el jugador más fuerte de Viena.

Según Steinitz, el primero que dominó la pareja de alfiles, una vez comenzado el final el poseedor de los dos Alfiles debería maniobrar de la siguiente forma contra el jugador que tiene Alfil y Caballo:
1-Dominar el centro
2-Quitar al Caballo enemigo posibles puntos fuertes y limitar al máximo sus movimientos
3-Tratar de ganar espacio avanzando los Peones
4-Preparar la maniobra decisiva – que en muchos casos consiste en penetrar con el Rey por las casillas de color diferente al Alfil del jugador que tiene Alfil y Caballo-.
5-Se puede, en determinado momento, simplificar la posición cambiando uno de sus Alfiles por una pieza contraria –Alfil o Caballo- para transformar la ventaja de los Alfiles en otra aún más prometedora y determinante en la victoria.

El joven Steinitz triunfaba en el tablero; tanta fue su fama y su gloria que lo invitan a Londres a la Exposición Universal que tuvo lugar en el año 1862. Es su primera aparición en el circuito internacional; por otro lado también es la primera vez que se juega con controles de tiempo, mediante rudimentarios relojes de arena. Con 26 añitos consigue colocarse en sexto lugar , lo mejor de cada casa estaba allí en Londres, además su partida contra Mongredien recibió el premio a la partida más brillante del torneo , balance positivo en definitiva.

Estamos hablando de un tipo genial, pero que además tenía un enorme seguridad, se cuenta que en cierta ocasión le preguntan si podría ganar algún torneo de los importantes de verdad y respondió ni corto ni perezoso que de «salida ya le digo que tengo una gran ventaja pues yo soy el único que no tiene que enfrentarse a Steinitz«.

Steinitz tenía unas enormes ganas de triunfar, aunque su fuerte y hosco carácter a veces le traía problemas. Otra anécdota en su historial le ocurrió en una partida contra el famoso banquero Epstein (muy poderoso en aquélla época), en un lance del juego Epstein le dijo muy molesto: «¡Joven, tenga cuidado!, ¿no sabe usted con quien está hablando?«, a lo que el atrevido Wilhelm respondió: «Lo sé perfectamente, usted es Epstein, pero en el ajedrez Epstein soy yo«. Esto en aquélla época era una grave falta de respeto, pero así era el temperamental Steinitz, siempre acompañado de su mal humor que le hizo granjearse un gran número de enemistades.

Principio de ataque: si se considera tras la evaluación que se está mejora hay que transformar esta ventaja por medio del ataque («el bando superior está obligado a atacar, si no lo hace perderá tal ventaja»), pero ¿qué atacar?; también mostró el camino: el objetivo debe ser una debilidad en la posición enemiga y siguiendo la estrategia militar se elige el punto de menor resistencia.
Principio de defensa: «el que está en desventaja debe estar dispuesto a defenderse, debe estar dispuesto a hacer una concesión». Añadió que la norma a seguir en cuanto a las concesiones debe estar guiada por el principio de economía, hacer la mínima concesión posible y, por supuesto, abstenerse de jugadas agresivas; sólo debe intentar volver a equilibrar la posición.

Al principio Steinitz practicaba un estilo muy agresivo, el típico ajedrez romántico de la época. Los jugadores que ganaban un buen torneo se auto-proclamaban como campeón del mundo, luego venía otro torneo y ahora el nuevo campeón era otro. De todas formas desde sus comienzos Steinitz quiso ante todo ser brillante en su juego. Sus partidas fueron tan notables que fue apodado el ‘Morphy austriaco’. Su fama iba aumentando sin cesar y a esto contribuyó su victoria en el match contra Anderssen en 1866. Aquella victoria supuso un relevo en el trono, pero no un cambio de paradigma ajedrecístico. No todavía. Steinitz aún jugaba con el estilo de su época, esto es, básicamente como un Anderssen en versión más joven.

Steinitz estuvo largas temporadas ausente de la gran competición, más centrado en intentar salir adelante como escritor de ajedrez en periódicos y revistas, o publicando ensayos. No era muy bueno manejando sus finanzas pero se honraba de pagar siempre sus deudas, por lo que inevitablemente nunca gozó de una buena posición económica. El trabajo como escritor le daba más y mejor de comer que la propia competición. Recordemos que la figura del ajedrecista profesional ni siquiera existía por entonces.

Según Steinitz, se puede resumir en 6 puntos la manera de llevar una partida en el medio juego:
1º Construcción de una posición sólida.
a) Uso casi exclusivo de las aperturas cerradas
b) Ausencia de sacrificios y en general jugadas de relumbrón que carezcan de solidez
c) Parquedad en los cambios de piezas y peones
d) Predominio de los ataques lentos o de larga preparación
2º Acumulación de pequeñas ventajas.
Steinitz resaltó la ventaja del alfil sobre el caballo, hasta ese momento se consideraban piezas de igual potencia.
3º Formación de puntos débiles en el campo enemigo y utilización de los mismos.
Puntos débiles, llamados holes por Steinitz: un peón doblado o aislado, pieza intercluida, pieza aislada.
4º El ataque no se ha de dirigir exclusivamente al flanco donde se halla el Rey.
5º Asegurar el triunfo final.
Se refiere a tener una fuerte preparación en los finales, cosa que en aquélla época no era muy habitual.
6º Estrategia expectante.
     O sea la práctica de sus teorías sobre el juego posicional.

Fue el primero es sistematizar y dogmatizar principios posicionales, tales como la importancia del centro, la debilidad de casillas, los peones débiles, la importancia de la pareja de alfiles, temas como el del alfil malo, etc…

En los clubes vemos con regularidad jugadores con poco conocimiento en la técnica, se desprenden de la pareja de alfiles con facilidad extraordinaria, debido a la preferencia y temor que siente por los caballos. Recientemente el gran maestro francés Dorfman en su libro «El método de Ajedrez» toca el tema de la pareja de alfiles como una de las ventajas estáticas. El jugador que pretenda seguir ascendiendo su nivel debe comprender el manejo de la pareja de alfiles. William Steinitz muestra el procedimiento para manejar la pareja de alfiles, Steinitz fue el primero en realizar un estudio a profundidad sobre el tema «PAREJA DE ALFILES».

Por otro lado, Steinitz hacía de las posiciones de carácter más cerrado su predilecto campo de acción. En ellas los peones tienen menos movilidad, lo que suele ser señal de una larga lucha, en contraposición al juego variable que ofrece la partida abierta.

Quizás pecó de dar excesiva importancia a sus valoraciones estáticas frente a las cuestiones dinámicas de la lucha. A Steinitz no le importaba jugar de una manera muy defensiva y permitir a sus «románticos» rivales que se estrellaran en el ataque.

Antes de Steinitz, Philidor había aportado algo de verdadero valor teórico al recalcar la importancia de los leones con aquella frase mítica de que los peones son el alma del ajedrez. Pero cuando llegan las nuevas teorías de nuestro hombre todo cambia, deduce que hay ciertos principios estratégicos que conviene analizar en una posición y que no es todo arte, romanticismo y florituras. Como decía la filosofía del neopositivismo hay que analizar la posición, fijarse si tenemos pequeñas ventajas, se fija en un concepto mucho más estratégico del ajedrez, se vuelve más tranquilo el juego, quizás bastante más sosegado, incluso más aburrido por qué no decirlo, empieza la lucha entre los románticos y los estratégicos. Cuando se encuentra una flor escribes un tratado de biología, eso es lo propio de Steinitz, escribir un poema sería más propio de los jugadores románticos. Leyendo los principios fundamentales el paisaje parece diáfano.

Por ejemplo, muchos jugadores incluyendo fuertes grandes maestros no le prestaban especial atención a la pareja de alfiles, esta ventaja fue sometida a estudio por el primer campeón mundial Steinitz. En la práctica podemos ver ejemplos donde un gran maestro de la talla de Spielman firmó las tablas en dos posiciones con la pareja de alfiles en el torneo de New York 1927, esto demuestra que el desconocimiento técnico esta a todos los niveles.
 
David Hooper resumió algunos de sus más importantes principios en su libro La teoría de Steinitz:
  1. Al inicio de una partida las dos fuerzas están en equilibrio.
    2. Un juego correcto en ambas partes mantiene el equilibrio y conduce inevitablemente al empate.
    3. Por lo tanto, un jugador solamente puede ganar como consecuencia de un error del oponente. No existen «jugadas ganadoras».
    4. En tanto que se mantenga el equilibrio, el ataque —sin importar cuán hábil sea— nunca puede tener éxito frente a una defensa correctamente ejecutada. Dicha defensa tarde o temprano forzará la retirada y reagrupamiento de las piezas atacantes, con lo que el jugador que hasta entonces atacaba sufrirá una inevitable desventaja.
    5. Por lo tanto, ningún jugador debe iniciar el ataque hasta que haya obtenido previamente una ligera ventaja causada por un error del oponente, ventaja que justifique la decisión de atacar.
    6. Así, al inicio de una partida el jugador no debe buscar un ataque inmediato. Lo que debe hacer es buscar alterar el equilibrio en su favor induciendo al oponente a cometer un error. Esto debe preceder a cualquier ataque.
 
Ya después de su primera y aplastante victoria contra Blackburne, quedó claro que Wilhelm Steinitz contaba con un arma de batalla que el resto de sus colegas desconocían. El ascendente maestro checo había superado los vehementes ataques de su talentoso oponente con una defensa tenaz, pero sobre todo con una sencillez y una lógica sorprendentes ¿De dónde había extraído el austriaco los elementos que le daban esa superioridad sobre sus contrarios? Los principios de su teoría ajedrecistica, que conforman lo que hoy damos en llamar «juego de posición», los formuló Steinitz en su obra inmortal «The Modern Chess Instructor», cuyas enseñanzas ayudarían a forjar a los grandes genios de la siguiente generación, con Emmanuel Lasker y Siegbert Tarrasch a la cabeza. Steinitz era ante todo un gran pensador y supo vislumbrar un componente lógico y una serie de aspectos íntimos del juego en el fugaz paso de Morphy por Europa. Pero aun así, y al contrario que el americano, Steinitz no buscaba la brillantez y la rapidez de acción, sino aspectos más duraderos de la posición. Así pues, es frecuente ver en sus partidas largas defensas con el objeto de conservar una leve ventaja de posición, cosa muy frecuente hoy en día, pero revolucionaria en aquel tiempo. Esta característica de su estilo era la que le hacía preferir las partidas más cerradas.
Estrictamente hablando, es posible que no tuviera más capacidad que Anderssen o Zukertort, a quienes sistemáticamente había vencido. Su auténtica grandeza radicaba en sus dotes de pensador profundo, en saber captar y sintetizar de sus predecesores lo que hoy denominaríamos juego de posición, cuyos principios sería él el primero en formular.
Jugaba lentamente, calculaba con precisión sus movidas, prefería las maniobras posicionales a los ataques brillantes y solo combinaba cuando podía prever todas las consecuencias. El estilo posicional, su gran aporte, llevó a Steinitz a arrasar donde se presentara, a diseñar variantes novedosas (y aún vigentes) para la Defensa Francesa y la Apertura Española, y a derrotar a cada uno de los grandes maestros de finales del siglo XIX, incluyendo al polaco Johannes Zukertort en el primero de los matches por el campeonato del mundo, efectuado en 1886.

Tres veces defendió exitosamente el trono. Además Wilhelm Steinitz, ha sido el Campeón Mundial más viejo de la Historia. Tenía 58 años cuando perdió el título frente a Emanuel Lasker en 1894.

La nueva teoría propugnaba el estudio de la estructura de peones. De pronto, adquirían vida detalles “anecdóticos” del juego sobre los que nadie se había parado a pensar: peones aislados, doblados, agujeros y debilidades permanentes, piezas sobrecargadas…Pero no sólo eso. Steinitz afirmaba que no se debía atacar si la posición no era superior y que, en tal caso, era obligado hacerlo, so pena de dejar escapar las ventajas estratégicas. En general, lo que entonces se llamó Escuela Moderna (y que, con el tiempo, se rebautizaría como Clásica) preconizaba una racionalización de todos los aspectos del juego, dotándolo de una lógica cientifista. En una frase Steinitz plasmó su nueva forma de sentir y percibir el ajedrez: Un sacrificio se refuta mucho mejor al aceptarlo… toda una declaración de intenciones a favor de la destrucción de belleza en un tablero de ajedrez.

En 1883 se trasladó a los Estados Unidos donde adquirió la nacionalidad norteamericana. fuentes revelan que lo hizo por su deseo de enfrentarse a Paul Morphy, con el que mantuvo varias entrevistas en New Orleans. Morphy no aceptó jugar con Steinitz, ya que su decisión de retirarse del ajedrez era irrevocable. Sus motivos iban incluso más allá, ya que reconoció haber llegado a odiar el juego que tanta fama le reportó, debido a la fuerte presión que recibió de la conservadora sociedad de su ciudad natal, New Orleans, que no veía con buenos ojos que uno de sus ciudadanos perdiera el tiempo en algo tan ‘irrelevante’ como el ajedrez.

Siempre fue un luchador y supo superar las adversidades de una vida marcada por las penurias económicas. Después del match con Lasker, estuvo recluido en un sanatorio en Rusia, pero sus problemas de salud y mentales eran graves —parece ser que se imaginaba jugando eléctrica o telegráficamente contra Lasker o contra Dios mismo— y murió prácticamente en la pobreza tras una vida marcada por desgracias personales en un hospital psiquiátrico de la isla de Ward en Nueva York.
Como él mismo dejó escrito:
«Me hallaba 20 años más adelantado que mi tiempo. Jugaba bajo ciertos principios que eran desconocidos para Zukertort y para el resto de mis rivales. Básicamente, mis ideas no eran comprendidas. Hasta que jugadores contemporáneos como LaskerTarraschPillsburySchlechter y otros, ya por fin han comprendido mis ideas, las han adoptado, y como es natural, han perfeccionado la obra teórica que yo mismo inicié».

Sus teorías sobre la posición desempeñaron un papel muy importante en el desarrollo del arte de ajedrez.
Tampoco se deben olvidar sus aportaciones a la teoría de las aperturas:
– Sistema Steinitz en la apertura española
– Variante Steinitz en la defensa francesa
– Gambito Steinitz en la apertura vienesa
 
Por desgracia, a sus aportaciones a la teoría de ajedrez no se les prestó la debida atención durante sus años de vida.