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domingo, 12 de julio de 2020

Un crimen y un culpable


En el lado equivoco de las cosas se ahoga este provocador sin ánimos de corrección. Santas Patrias esquivadas, rezos y juramentos; todo lo tuyo sin lo mío; pedazo de carne que revienta ante el pudor de no tener otro destino que probar la existencia de algo que se llama amor y luego es fracaso.

Te ríes de mí, en tu pedestal de ceniza, fuego arrasado, sentimientos raros, hoy ha llegado un circo al pueblo de tus carencias, mira las gracias del payaso, mira la furia del león; estás invitada a ver todo el espectáculo, no vas a tener que pagar, todo corre a mi cargo, estoy de promoción, hasta puedes tomar las palomitas de la paz.

Seré mentecato, no te rías. También te podría haber sugerido otras cosas, pero preferías lo clásico, no importa, tengo que garantizar el disfrute de todo el personal; hoy vendemos lotería de Navidad, la puedes recoger en la administración de siempre, la he dejado a tu nombre, forma parte del espectáculo en el cual nos forramos, ábrete de piernas, soy tu hombre hecho placer, ya no importa nada, sudor en la mejilla, sentimiento acordado por un contable que juega a ser escritor.

El cuento tiene que acabar cuando apenas ha empezado, no te olvides de cerrar la puerta al salir, seguiremos en contacto, dale
recuerdos al idiota de tu hermano.

Si declaras, hemos acabado, tengo una coartada, el cuento tiene que acabar cuando apenas ha empezado, no te olvides de escribirme, yo ya lo hecho, en este escrito, en este juramento de venganza.

jueves, 17 de octubre de 2019

Felicidad y tristeza







Felicidad y tristeza - Literatura

Estábamos lejos de casa, alguien había logrado impresionarla, todas las versiones coincidían en que yo tenía la culpa, cobré el precio estipulado por contar un mal chiste, pagaste contenta, con una felicidad llena a sabor a cerveza mejicana mezclada con un toque de limón. No eras la que peor estabas, tampoco la más serena. Tus padres se asustaron con tantas ínfulas de macho. Todo salió mal, pero hoy no voy a pasar por nuestra calle, la calle de los presagios cumplidos, la calle que compartimos entre apuntes, platos sin lavar e inocencia corrompida, pero aun así todavía inocencia.
No me digas que ya lo sabías. No hay clemencia para los perdedores. La competencia es abrumadora. Hay un concurso de celebridades en un poblado gitano. Ya no crees en Dios, tampoco en la Virgen. Rezas al becerro de oro, lloras de rodillas y suplicas otro duples de rayas. No te olvido.
Recuerdo un círculo mágico en tu vientre, la postura del misionero y tu padre protestando. No hay clemencia para los perdedores. La lista de caricias se marca a fuego en tu espalda. Somos los amos del planeta de mis versos. La aspiración de un poeta corrompido por las palabras que no son mías.
Éramos felices y todo salió mal o simplemente no salió. Llegó la hora y decidimos decirnos adiós. No sabíamos si fuimos amantes, amigos o compañeros, recuerdo tu risa  y el primer beso… Ahora sustituyo aquella felicidad por el placer sin más.

Caballo regalado




Caballo regalado - Literatura
Ninguno de mis colegas conoce los verdaderos problemas que tengo con la bebida. Nunca parezco estar ebrio, pero los errores que perpetro los identifico bien, habrían podido producirse sin estar bebido; aunque esta afirmación no sirve de disculpa, en el fondo me doy cuenta de que el aborrecimiento contra mí mismo me incita a beber todavía más. Tanto alcohol me deja atolondrado y torpe en mis reacciones, todos mis amigos lo pueden ver, pero incluso así lo ignoran porque creen que es culpa mía, que no les incumbe los errores ajenos.
Aún con la boca amarga, decido examinar mi rostro en el espejo para confirmar mi identidad. Tengo ojeras, legañas y el pelo engrasadamente desordenado; pero a grandes rasgos puedo afirmar que tengo el mismo careto. Por mi reflejo, deduzco que estoy decaído, pero solícito de tentaciones que alumbren los últimos destellos de mi juventud. Sin embargo, ante la propia incredulidad, saco la lengua buscando quizás una reacción repulsiva. Palpo luego la papada de este animal amancebado por el tedio, lo hago como si de verdad estimara ese símbolo excelso de mi buena vida. Mi ojo con legañas guiña una complicidad a mi aparente felicidad. Para acabar el espectáculo, examino los dientes a la vez que entrecierro los párpados.
Mis músculos faciales son los de un caballo regalado que se encabrita para golpear mi insondable insignificancia. Todos sus gestos son meras presunciones, simples mascaras cotidianas que acuartelan las realidades verdaderas. Este ensayo esta desquiciado por la indiferencia del sujeto pensante, él le obliga a languidecer en su absurdo. No obstante, mi faz desprende, cínicamente, una última sonrisa, después de ser lavada y antes de que apague la luz del espejo.
De regreso a mi lugar de descanso, y a la vez de guerra, pongo un albornoz sobre mi cuerpo propio pero ajeno. También ajusto la correa del reloj que me regalo mi madre hace un par de cumpleaños. Protegido del frío y de la perdida de tiempo, superviso de nuevo el sueño de Lucía. Que sea real o fingido importa poco. Lo mejor es dejarla tranquila para evitar que se dispare la representación de la víctima, agravada en su caso por la ingenuidad y confianza en un ser tan deleznable. Además de en su inocencia, últimamente está asentada en la presunción de que todo lo que yo intente está condenado al fracaso. Que no valgo nada en definitiva.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Costura del pecado

Costura del pecado - Literatura
Habría cogido alguna vez un hilván, el rasgo sesgado de un camino que se debía seguir. Las puntadas hacían daño en el corazón, la burla pecaminosa de una mujer que no te merecía. El modo salía orgulloso, el tiempo volvía inclemente y el lugar acababa entre tus brazos. La borrachera parecía otro complemento circunstancial. Eras una niña, eras Lucifer con una hoguera entre las piernas. No importa, te haré caso aunque no quiero.
Descartes se casó con Spiderman. Fue la boda del año y tú no estabas invitada. Hubo todo tipo de viandas, hasta mataron un cochinillo. Lloraste amargamente cuando no te invitaron, la clase política tiene esas cosas, aquella noche hubo sesión doble de hidratante.

Necesito tus ganas de corromperme. Necesito tus arañazos, tu dolor encarnado en mi cuerpo. He roto todos los relojes, he quemado todas las cartas. Soy el diablo que te molestó, soy el admirador que humillaste. No lo entiendo. No puedo aguantar más, la catarata no deja ver el paisaje, agonizo en el barro de tus improperios, muero en el intento de recordarte.

En la Corte todos te envidian; la Reina siempre ha deseado tener tu cutis para presumir delante de su suegra, noche tras noche se masturba para no dejarle nada que hacer a su marido. Dicen que hasta la misma esperanza iba a  desertar de tus filas para no cruzarse en tu camino. Puedes andar con la cabeza alta, la gente  te adora.

Cierro la maleta para el viaje, me esperan un par de parientes pacientes. Paciente como el veneno de una flor que arde delante de mis ojos. Oigo tu voz y luego rompo este cuento, así vendo mi alma. Mi alma muere debajo de la Luna y encima de los retales.

Para un escritor que se suicidó

Para un escritor que se suicidó - Literatura
Antes de empezar un pensamiento que me persigue, esto es que, una vez que hayas leído mis esfuerzos de escritor, quizás tengas la sensación de que solo has encontrado escombros, desperfectos de una construcción que se aniquila, simples errores que se aplastan a si mismos. Lo que ocurre no es que nadie me entienda, sino que uno no entiende nada. El mundo gira, la gente se queda como siempre y el autor busca una muerte recompensada. 
Recompensada con la fama, el dinero y el reconocimiento. Seguro que hay personajes que buscan doble significado en mis palabras, mensajes ocultos en los cuales se muestran las grandes verdades, las verdades oscuras en definitiva; no los hay. Soy un ser simple, en su día pendenciero y sinvergüenza, ya hoy en día sin respuesta y perruno, acomodado al fin y al cabo. No busques, pues, grandes recompensas en mis escritos.

Para muestra las historias y los sueños que os cuento, lo que hago con las palabras se reduce a un baile a través del cual repito siempre los mismos pasos y notas. Un poco de mi vida, unas nociones de religión casera (sí, existe la religión casera, la inventé yo) y mucho de la mujer que más me odia. Con eso, y con la ayuda de la música, que me acompaña cuando escribo, todo está hecho. Ante la mezcla mágica, hasta el propio creador se queda perplejo. Desde el punto de vista productivo, la fórmula tiene éxito: dos novelas y diez poemarios acabados dan muestra de ello. Desde el punto de vista de la calidad quizás flojea. No debiera ejercer la autocrítica, cualquiera se da cuenta de que mi opinión nace desde el meollo de la subjetividad, incluso así hoy quiero castigarme, flagelarme con mis trucos baratos de comediante y exhibicionista.

Como cantan Barricada «ninguna bandera me pone carne de gallina», ni tan siquiera la propia. Si quieres leerme (al final lo estás haciendo) no te sofoques pues. Aquí no buscamos grandes metas, aunque tampoco ponemos en duda la capacidad intelectual de los compañeros de viaje, todos necesitamos literatura liviana, aunque venga acompañada de un exceso de metáforas.

Llegado a este punto del texto aparece el momento en que el autor ya no sabe qué escribir y escribe lo primero que se le viene a la cabeza, algo así como que no se le ocurre nada. Otra forma de encontrar una salida viene al recoger una palabra del disco que escucha en este momento; o mejor todavía, agarrar un libro de otro autor y no soltarlo hasta haberle sacado la esencia al transponer con otras palabras su ritmo interno. Sí, estáis en lo cierto, todo vale.

Se prepara la gran explosión para crear el universo que algo, alguno, quizás tú, ha creado para nosotros. Seamos felices con lo dado, aunque nos rodee la tristeza; aún podemos respirar aire, aún podemos hacer el amor, forniquemos entonces como posesos hasta que el mundo se acabe, la causa merece la pena (yo también lo intento).

Ahora la pregunta parece obvia: ¿por qué seguir adelante? Solo para pasar el tiempo, para quedarse estancado en el punto de salida. No lo sé; ya os dije, entrelíneas, que soy un ignorante. Tan solo espero la caridad o el compadreo, o las dos cosas a la vez; nada importa, tampoco mi religión casera (a mí solo me ha dado quebraderos de cabeza) y sin embargo sigues leyendo: ¿será magia?

Seré breve porque los textos largos parecen una cárcel, muy bien decorada, pero cárcel después de todo. Ignoro si compraría un libro mío si fuese de otro, digo ya uno porque estoy leyendo las próximas críticas distanciadoras: el texto parece que no avanza y al final no dice nada, resulta una mezcla rara entre poesía y pornografía, un títere sin pies ni cabeza, un engendro del malestar. No os cortéis, es lo que pensáis, nada importa.

David Foster Wallace se ha suicidado, creo con una escopeta o rifle (no sé si son lo mismo), nada importa. He leído algo de él, algún ensayo, y me ha cautivado, ¿soy yo su sucedáneo? La canción dice que «he perdido mi apuesta por el rock and roll» y para los ávidos de señales o datos diré que la estoy escuchando en el disco en directo «pequeño cabaret ambulante» de Enrique Bunbury, ya lo sé, está mal mostrar los engranajes, pero estoy harto de lo que está bien y lo que está mal, soy un iluso y solo escribo esta línea para darle una línea más a un párrafo en el que salen dos grandes autores.

Me gusta mencionar nombres y asociarlos con sensaciones, nace así otro recurso, muchas veces repetido, pero no por ello menos odiado. No voy a abandonar así como así este barco que se hunde, necesito un poco de sal para mi rodaballo (otro recurso: mencionar algo que no tiene nada que ver con lo que se escribe: rompe el ritmo y despierta). Entretanto podéis poner la sartén en el fuego y empezar a calentar el aceite, tengo hambre y necesito vitaminas para continuar.

Continuaremos con una referencia a la actualidad, esa que sale en los telediarios y en los periódicos: «los alumnos del C. I. F. P. Compostela se manifiestan por el uso del tolueno, compuesto tóxico que usan en sus clases prácticas». En el disco Enrique brama: «Él va pidiéndole a Dios que se lo lleve con ella…. Por eso va buscando la muerte». No sé lo que digo, los hechos no están relacionados, llega el momento de desvarío, esos momentos que ponen de los nervios a mis detractores, di algo más Enrique, te necesito. La escritura parece entrecortada como si el autor se hubiera tomado algo para sacar palabras de donde no las hay, la canción acaba pero no las palabras, ha llegado el momento de la verdad y ya está pensando un final, un final sobre el cual nunca hasta ahora habría llegado a pensar que llegaría (y perdón por repetir el verbo, me gustan los juegos de palabras). En el disco el público pide «otra» repetidamente, «bravo, bravísimo» (esto lo digo yo).

Llega el tango final, agárrate a mis michelines, objeto de comida basura como mis escritos. No esperéis peras del olmo, todo se acaba, el ensayo está completo y ha llegado a su punto de inicio. ¿A qué no he añadido nada que no hubieras sabido antes? 
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí, de todas formas esto solo acaba de comenzar, os espero en el próximo sueño. Ahora necesito descansar y olvidar que no he hecho nada, necesito pensar en objetivos, en falsos logros, en creerme un artista para todo lo que me empeño, y aun así no llegar ni tan siquiera a simple artesano: Solo escribo basura, errores que se aplastan por si mismos, casi como una buena película erótica de esas que tanto nos gustan y que abandonamos a los quince minutos por lo que nos provoca.

lunes, 4 de febrero de 2019

Placer y abandono


Cuando se ausentaba de casa, el tiempo de sentimientos se paraba. También las palabras hipócritas. Llegaba el momento de la improvisación, cadencia confusa para levantar un imperio. Nos quitábamos la ropa con el placer que daba la propia incertidumbre. La confianza en nuestro cuerpo interior sembraba las caricias debajo de las sábanas.

Pero aquel día llamaron por teléfono. Nos iban a desahuciar. La revolución me comía las tripas. No quedaba nada por hacer. Me serví una copa de vino tinto barato. Abrió la puerta, regresó como si tal cosa. La maldición correspondía a las que tenemos que servir. La casa estaba sin limpiar.

lunes, 14 de enero de 2019

Atraco circunstancial


Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato,  la Luna cual testigo imparcial se sonrojaba. Por mucho que hubiera suplicado no había marcha atrás. Aparcaron el viejo coche al lado de un comercio de golosinas, dejaron el motor encendido. Compraron cacahuetes y unas botellas de cerveza, hoy había chicas. Uno de ellos vomitó junto a un taxi abandonado, otro empezó a gritarle a la nada. Éramos jóvenes, nuestro primer atraco iba a salir mal. A la pobre Luna la habíamos convertido en juez, testigo y culpable. No había perdón para los pecados al mirarnos a los ojos con el frío de los actos bien hechos.

lunes, 17 de diciembre de 2018

De insectos y amores


La fastidiosa mosquita con su lengua veloz come la miga de pan que hay en tu ojo. No parpadea, está muerta. Lo mismo sucede con lo nuestro; el tiempo es un juez sin escrúpulos; estamos condenados al fuego obtuso de la nada. Sonríes desde el otro lado de la cama, te quiero como la miel a la abeja. Seré el saltamontes de tus gracias, seré la araña en tu espalda. Luego el insecticida me hará olvidar, olvidar que somos parásitos de la sociedad culpable. La noche se ha acabado, el personaje kafkiano es al ave fénix de tus besos. Tus besos que vuelan en el aire sin destino fijo.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Libación


http://xn--despeaverbos-ehb.es/category/microrrelatos-eroticos
Tamara-de-Lempicka-12-668x1024Solo la tela de la mosquitera se interponía ante mi mirada. Una boca te succionaba, como en un ritual de libación.  Sentí la turbulencia de tus pezones erectos pero no pude seguir profanando tu secreto a través de la puerta entreabierta y me marché. Los jadeos que arqueaban vuestras pelvis me acompañaron por el pasillo en silencio, martilleándome. Ahora la noche ha vencido mis sombras y solo me trae los gemidos del grillo. Duermes tranquila, lejana, tan ajena a mi deseo.

“EN EL AIRE” (Ruiz Dávila)

Las noticias ya habían acabado. Era la sesión de madrugada y en esa televisión local, a veces, incluso el cámara apagaba y se iba justo al acabar de emitir. Ese día incluso un poco antes.
Los presentadores del informativo se sabían solos. Ella se quitó el zapato de tacón y le puso el pie en la entrepierna. Él sabía que era la señal. Se aproximaron lentamente uno al otro, y lo hicieron casi sin quitarse la ropa. Al terminar, cada uno se fue a casa. Él con su familia. Ella con su novio. Pero no advirtieron que el pilotito rojo de la cámara estaba encendido. Seguían en el aire.
https://ruizdavila.wordpress.com/2017/05/25/en-el-aire-nuevo-microrrelato-erotico/#more-421

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Dame más



Necesito tus ganas de corromperme. Necesito tus arañazos, tu dolor encarnado en mi cuerpo. Lastima el zapato en la boca, hiere el sabor agrio en la garganta de otro hombre.


No puedo aguantar más, la catarata no deja ver el paisaje, agonizo en el barro de tus improperios, muero en el intento de recordarte.


He roto todos los relojes, he quemado todas las cartas. Soy el diablo que te molestó, soy el admirador que humillaste. No lo entiendo.


No entiendo porque me dejaste atado a tu perro en una calle desconocida. Usaste tu cinturón de Prada como correa, me estrangulaste con tu soberbia. Eras una niña, eras Lucifer con una hoguera entre las piernas. No importa.

Resultado de imagen de cinturón Prada


Serás mi diosa en el amanecer rebuscado. Simple recurso para acabar un cuento que no debió comenzar.  Simple insulto a la inteligencia de quién creyó en ti para morir lejos de tus abrazos.