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miércoles, 18 de abril de 2018

Trucos y consejos para mantener unido a tu equipo de trabajo



Trucos y consejos para mantener unido a tu equipo de trabajo

Cuando un equipo no está cohesionado y no se alcanzan objetivos, hay que analizar primero si existe confianza



https://elpais.com/elpais/2018/04/13/laboratorio_de_felicidad/1523610647_774129.html





Estás en un equipo de trabajo y las cosas no funcionan. El jefe puede que se esmere en definir objetivos o, incluso, en hablar de las excelencias de la colaboración. Sin embargo, pasa el tiempo y todo permanece igual. Así sucede en muchos comités de dirección, en equipos de proyecto, en el deporte o hasta en la familia. Y el motivo es sencillo (al menos en la teoría): se comienza la casa por el tejado. Se ponen objetivos, reglas, fechas de reuniones… Pero se olvidan los aspectos más importantes para que un equipo esté cohesionado. Veámoslas siguiendo el modelo que propone Patrick Lencioni:


- Ausencia de confianza, o “no me fío de ti”. La confianza es la “madre del cordero”. Si las personas tienen que protegerse y no pueden mostrarse vulnerables, porque no confían en el de enfrente, es muy difícil que los objetivos se consigan. La confianza pasa por conocer al otro y por entender la riqueza de la diversidad. Si esta base no existe, el equipo no llegará muy lejos y se desgastará mucho tanto a nivel personal como profesional.

- Socorro, miedo al conflicto. Cualquier equipo de trabajo está sujeto a opiniones diferentes y es normal que no todo el mundo esté de acuerdo con el 100% de las decisiones. El conflicto es inherente a la vida y, si no se sabe resolver, se crea una armonía artificial. Todo el mundo dice que sí, pero luego no se cumplen los compromisos. La gestión del conflicto requiere entrenar otras habilidades más allá de la comunicación. Implica superar el miedo a decir “no” y a abordar conversaciones enquistadas y difíciles.
- Falta de compromiso, o el reino de la ambigüedad. Si no existe una buena gestión del conflicto, es difícil que haya objetivos pactados por todos. Como todo queda en la ambigüedad y no se sabe realmente qué se espera de cada uno, las personas no se ponen manos a la obra. Sencillamente, esperan o se quedan bloqueadas. Por tanto, para ganar compromiso se han de definir con claridad los objetivos y hay que saber comunicar las expectativas mutuas.

- Escurrir el bulto, o evitar las responsabilidades. Si no hay claridad, no hay responsabilidad. Así de sencillo. Todos necesitamos un cierto aliciente para dar lo mejor de nosotros mismos. Si este no existe porque los estándares son bajos, porque vale cualquier cosa o porque las personas escurren el bulto, es muy probable que no haya mucha motivación. Se necesita una ambición compartida que una con fuerza y, además, que cada miembro del equipo asuma su responsabilidad y se la exija al otro (y para eso hace falta confianza y gestión adecuada del conflicto).


- Primero yo y luego el equipo, o la falta de atención a los resultados. Cuando las personas anteponen su carrera profesional, su estatus o su área por encima del bien del equipo, es difícil que se alcancen los objetivos definidos. Los retos colectivos implican una negociación constante y ser generoso con los compañeros, algo que no sucede si algunas de las actitudes anteriores existen.
En definitiva, cuando un equipo no está cohesionado y no se alcanzan objetivos, hay que analizar primero si existe confianza, si se puede abordar el conflicto con naturalidad, si están claras las expectativas, si las personas asumen sus responsabilidades y si anteponen los logros colectivos a los suyos propios. Solo así se pondrán las bases necesarias para que un equipo se cohesione, alcance los resultados y sus miembros se sientan realizados y con orgullo de pertenencia.

viernes, 23 de febrero de 2018

LA FELICIDAD. Entrevista a Emily Esfahani Smith en la revista MenteSana


"Buscar la felicidad es lo que más nos aleja de ella"

Aquellos que eligen dotar su vida de sentido se sienten al final más realizados, disfrutan de mayor salud mental y paz que aquellos que sólo ensalzan el placer evitando el dolor.

Silvia Díez
Entrevistamos a Emily Esfahani Smith, autora del libro “El arte de cultivar una vida con sentido” (Ed. Urano). Esta buscadora incansable desde que era adolescente ha recogido en su libro “El arte de cultivar una vida con sentido” distintas investigaciones que muestran cómo en la vida es más importante el sentido que obsesionarse con la búsqueda de la felicidad personal.

Después de escribir un artículo titulado “Hay otras cosas en la vida aparte de ser feliz” esta filósofa, que colabora regularmente en publicaciones como el New York Times o e The Wall Street Journal, se ha hecho conocida por defender que una vida con sentido es mejor que encontrar la felicidad.

“Los seres humanos somos criaturas que siempre buscamos el sentido de las cosas y anhelamos llevar vidas significativas. Viktor Frankl, el sobreviviente del Holocausto, dijo que la voluntad de encontrar el sentido es la fuerza psicológica más poderosa que tenemos. Necesitamos saber que nuestra vida ha servido para algo y que la estamos aprovechado haciendo cosas: un trabajo del que nos sentimos orgullosos, la formación de una familia, la dedicación a nuestra comunidad... Son actividades que puede que no nos hagan felices todo el tiempo, pero que resultan determinantes porque dan sentido a nuestras vidas y al final de día eso es lo que nos importa más”, asegura Emily que en su libro “El arte de cultivar una vida con sentido”. Explica que a pesar de que en nuestra sociedad actual la industria de la felicidad continua creciendo, como sociedad somos más desdichados que nunca.

“Desde 1960 en Estados Unidos las personas que padecen depresión ha crecido de forma espectacular y entre 1988 y el 2008 el uso de antidepresivos ha aumentado en un 40%. Según la Organización Mundial de la Salud, se ha disparado la tasa global de suicidios hasta el 60% desde la Segunda Guerra Mundial. En el 2014 Shigehiro Oishi de la Universidad de Virginia y Ed Diener de Gallup estudiaron a 140.000 personas de 132 países distintos preguntando si estaban satisfechos con su vida y si sentían que estas tenían un propósito o sentido importante. Sus hallazgos fueron sorprendentes: las personas de las zonas más ricas como Escandinavia eran más felices que las de regiones más pobres como el África subsahariana. Pero, cuando hacían referencia al sentido, las zonas ricas como Francia y Hong Kong eran algunos de los lugares con los niveles más bajo de sentido, mientras que países pobres como Togo y Níger se encontraban entre los que tenían niveles más altos, aunque las personas que vivían allí eran las más infelices del mundo. Uno de los datos más inquietantes fueron los índices de suicidio. Resultó que en los países más ricos tenían índices significativamente más altos de suicidio que los más pobres. Por ejemplo, la tasa de suicidios en Japón, donde la renta per cápita era de 34.000 dólares, era el doble que el de Sierra Leona, donde la renta per cápita era de 400 dólares. Oishi y Diener ofrecían como explicación que la variable que marcaba la diferencia era el sentido. Los países con los índices más bajo de sentido como Japón también contaban con las tasas más altas de suicidio”.

-¿Qué es lo que nos ayuda a dar más sentido a nuestra vida?
-A partir de mis estudios e investigaciones existen cuatro pilares importantes para construir una vida con sentido. El primero es el sentido de pertenencia: es decir, sentirse que formas parte de una relación, que estás vinculado a los demás y formas parte de una comunidad en la cual te sientes en casa, en la cual te sientes valorado y valoras a los que te rodean.
Para la mayoría de personas la pertenencia y vínculos con los amigos y la familia son el pilar más importante para sentir que llevan una vida con sentido. Eso también es cierto en mi caso. Mis relaciones son lo que hace que mi vida tenga sentido.
En segundo lugar el sentir que tienes propósito: sentir que tienes algo que valga la pena llevar a cabo, que tienes un objetivo o proyecto que organiza tu vida.
En tercer lugar está la trascendencia que significa el haber tenido experiencias en las cuales te sientes que estás conectado con algo más poderoso que tú y que va más allá de ti como es la naturaleza. La trascendencia también es una fuente importante de significado para mí porque me recuerda que el mundo es muy grande y yo sólo soy una pequeña parte de él.
Y en cuarto lugar está la narración que dota de sentido tu vida: las historias que construimos sobre las causas que te han llevado a ser cómo eres y por qué el mundo es como es.
Dan P. McAdams, profesor de Psicología de la Personalidad en la Universidad de Harvard, estudia las historias que las personas cuentan su vida y aquello que hacen. Así descubrió que las personas que aquellas personas que interpretan la historia de su vida como una historia de cuentan historias de superación, historias en las cuales su vida ha servido para enmendar un error tienden a ser más capaces de crear y producir algo, es decir, tienden a contribuir a mejorar la vida de los demás. También descubrió que vivir una vida significativa está asociado a interpretar la vida como una historia de superación, de crecimiento personal y de amor.
-¿Por qué dice que buscar la felicidad es lo que más nos aleja de ella?
-Efectivamente buscar la felicidad es lo que más nos aleja de ella. Hay muchas investigaciones que demuestran que priorizar la felicidad, anhelarla y buscarla obsesivamente algo que nuestra cultura nos estimula a hacer constantemente, puede hacernos muy infelices.
Y es que esta obsesión por la felicidad que fomenta nuestra cultura nos hace tener expectativas muy altas sobre cómo debería ser nuestra vida para ser felices y nos hace creer que deberíamos ser felices todo el tiempo o la mayor parte de tiempo algo que es muy poco realista. La felicidad es una emoción que tal y como viene se va.
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-Tal vez por eso la depresión es una de las enfermedades actuales más frecuentes. ¿Cómo podemos vencer la depresión?
-Para mí ayudar a las personas a salir de sus propias mentes es clave. Muchas personas con depresión están atrapadas en sus propias reflexiones y pensamientos negativos repetitivos: "Soy horrible, soy un fracaso, nunca llegaré a ser nada, etc."
En cambio cuando se comprometen con el mundo llevando a cabo una tarea que de alguna manera, contribuya a mejorar o ayudar a la comunidad o bien cuando lograr conectarse con los demás, entonces eso les ayuda enormemente a salir de su mente, a trascenderse y el hecho de conectarse algo que está más allá de ellos mismos les resulta muy sanador.
-¿Por qué cree que el sentido de pertenencia es lo que más sentido da a nuestra vida?
-Porque los seres humanos somos fundamentalmente seres sociales y cuando los demás nos tratan como si les importáramos, como si fuéramos una persona importante para ellos, entonces es cuando sentimos importantes y que tenemos un valor. El verdadero sentido de pertenencia nos lo proporciona el amor que depende de una elección: se trata de elegir estar completamente presente ante la otra persona y valorarla por lo que ésta es intrínsecamente.
Las personas y comunidades que son capaces de estar verdaderamente presentes ante los demás valorándolos por lo que son en esencia son las que otorgan un sentido de verdadera pertenencia a los demás. Sin embargo algunas personas y comunidades confieren a los demás un falso sentido de pertenencia al valorarlos no por lo que son, sino por lo que creen, por lo que odian, por lo que están dispuestos a hacer para defender sus creencias.
Para mí esto no es un sentido de pertenencia real. Una comunidad o una relación que ofrece un verdadero sentido de pertenencia nunca exigiría a la persona que traicionara su dignidad como ser humano, podemos sacrificarnos para mantener una relación, pero honrando la integridad de cada uno.
-¿Y qué implica experimentar la trascendencia, sentir que hay algo más allá de nosotros mismos?
-Las experiencias de trascendencia son aquellos momentos especiales en los cuales unos siente que se eleva por encima del bullicio, la prisa y las obligaciones de la vida cotidiana y se conecta con una realidad superior y más importante que todo aquello. La gente califica estas experiencias como algo extremadamente significativo en su vida porque en buena medida les dan una nueva perspectiva sobre aquello que es auténticamente importante y lo que no.
Estos momentos consiguen que nos demos cuenta de que nuestros problemas son muy pequeños en comparación con el universo del que formamos parte y al que pertenecemos, son vivencias que también ayudan a las personas a sentirse conectadas con algo mucho más grande, como el universo.
-En su libro “El arte de cultivar una vida con sentido” explica que la meditación sufí la ha ayudado a dotar de sentido su vida.
-Tal y como explico en mi libro pasar mi infancia en un centro de meditación sufí fue maravilloso. Los sufíes después de meditar beben té y les encanta mojar el terrón de azúcar en el té, ponérselo en la boca y después bebérselo a través del azucarillo. Les entusiasma cantar poemas de los sabios y santos sufíes medievales.
Como Rumi: “Desde que fui arrancado de mi hogar de juncos, cada una de mis notas han hecho llorar a muchos corazones”. Como Attar que escribe sobe el buscador: “Puesto que el amor ha hablado a tu alma, rechaza al Yo, ese remolino donde naufragan nuestras vidas”.
Los sufíes que meditaban en nuestro hogar pertenecían a una larga tradición de buscadores espirituales. La autorreflexión y el autoconocimiento juegan un papel determinante en una vida con sentido. Para crear la historia de tu vida, debes reflexionar sobre las experiencias que te van a definir y cómo vas a compartirlas con los demás para que también les ayuden a ellos a crecer.
Para descubrir qué quieres hacer con tu vida y cuál podría es el propósito de tu vida, debes saber quién eres y cómo puedes ayudar mejor a los que te rodean. De adolescente fue esa búsqueda de sentido la que me dirigió a la filosofía.
La pregunta de cómo vivir con sentido fue el eje alrededor del cual giraba esa disciplina, con pensadores como Aristóteles o Nietzsche que ofrecían sus propias visiones de lo que consideraban necesario para el buen vivir. Pero, cuando llegué a la universidad, pronto me di cuenta que hacía mucho tiempo que la filosofía había abandonado esa búsqueda.
5 claves para encontrar nuestro camino
-¿En qué sentido ha cambiado?
-El estudio American Freshman lleva registrando los valores de los estudiantes universitarios de mediados desde mediados de la década de 1960. A finales de los sesenta la prioridad de los alumnos de primero era “desarrollar una filosofía de vida que tuviera sentido”. Casi todos ellos (86%) dijeron que era una meta “esencial” o “muy importante” en su vida. Cerca del año 2000 su prioridad se había transformado en “lograr una muy buena posición económica” mientras que sólo el 40% dijo que su meta principal era una vida con sentido.
Por supuesto, todavía la mayoría de estudiantes anhelan fuertemente encontrar el sentido. Pero esa búsqueda ya no es el motor principal de su educación.
-¿Pueden las culturas ayudar a las personas a ser más saludables?
-Sí si desarrollan culturas que ayudan a dotar nuestras vidas de sentido. La principal política que deben desarrollar es el respeto por la dignidad de cada vida humana. Hay muchas culturas de que dan sentido a nuestras vidas que son malignas porque no se apoyan en el respeto a la vida humana como es el caso de ISIS por ejemplo que no respetan la inviolabilidad de cada vida. Sin embargo, las culturas que dotan de sentido positivo la vida pueden ayudar a las personas a crecer y a llevar vidas más saludables. La vida es hermosa y hay fuentes de significado a nuestro alrededor a las que podemos acceder. Las personas que han mostrado ser más resilientes ante la adversidad son aquellas que han construido su vida sobre pilares que la dotan de sentido. Frankl escribió: “El hecho de ser humano siempre apunta, y está dirigido, hacia algo o alguien diferente a él mismo. Ya sea cumplir algo que aporte sentido o conectar con otro ser humano. Cuanto más se olvida de sí mismo -entregándose a una causa a la que servir o a otra persona

lunes, 10 de marzo de 2014

Qué nos motiva en el trabajo


Además del dinero, que no debería ser incentivo, ¿qué cosas nos sacan de la cama por las mañanas? Los expertos opinan

¿Qué nos motiva en el trabajo? ¡Vaya pregunta!, dirán muchos. Pues el dinero. A primera vista, esa sería la motivación principal de cualquier trabajador pero no es tan sencillo. Hay más. Los retos, la responsabilidad, el liderazgo… son algunas de las respuestas que nos vienen a la cabeza detrás del sueldo pero, en realidad, la tarea más difícil y agradecida es estar orgullosos de lo que hacemos.
Así lo afirmó Dan Ariely, profesor de Psicología y Economía Conductual de la Universidad de Duke en su charla TEDxRíodelaPlata. “Cuando pensamos en el trabajo, por lo general pensamos en la motivación y el sueldo como la misma cosa, pero la realidad es que probablemente deberíamos añadir todo tipo de cosas: el significado, la creación, los retos, la propiedad, la identidad, el orgullo, etc.”, explica. Partiendo de esa premisa, buscamos las claves de lo que nos motiva y hace mejorar nuestro día a día en el trabajo tirando de media docena de estudios. Tomen nota jefes y directivos.

Los frutos de nuestro trabajo nos hacen más productivos

Ariely propuso a dos grupos en la Universidad de Harvard construir personajes con materiales de Lego. Empezaron pagándole tres dólares y en los sucesivos les restaban 30 céntimos. La diferencia era que las construcciones del primer grupo se guardaban mientras que las del segundo se destruían al momento frente a sus narices. Y la conclusión, que aunque ambos grupos sabían que su trabajo iba a ser destruido, para el primero ver el fruto de su esfuerzo, aunque fuera poco tiempo, fue el estímulo para fomentar su motivación, una fuente de disfrute y, por tanto, la forma de mejorar su rendimiento.

La clave está en la motivación

Otro experimento realizado por Ariely consistió en crear tres grupos de trabajo en los que los participantes tenían que encontrar pares de letras correlativas en un papel tipo sopa de letras pagándoles igual que antes. El primer grupo ponía su nombre en el papel y al entregarlo, el corrector lo miraba con aprobación y colocaba en una pila; en el segundo caso directamente se colocaban las hojas con el resto sin prestarle atención, y en el tercero, pasaba ipso facto a la trituradora. El resultado, según explica, tiene dos patas: El último grupo fue el más insatisfecho con su trabajo pero el que más hojas rellenó bien o mal para ganar más dinero, ya que nadie evaluó ni valoró su esfuerzo. Algo similar a lo que le pasó al segundo grupo. Por tanto, “cuando trituras los esfuerzos de la gente, su producción, logras que no estén satisfechos con lo que hacen”, asegura el investigador. “Simplemente ver lo que alguien ha hecho, mirarlo y decir ajá parece ser suficiente para incrementar radicalmente la motivación. Por tanto, la buena noticia es que aumentar la motivación de la gente no parece tan difícil, pero la mala noticia es que eliminarla parece ser increíblemente fácil”, matiza.

Lo más difícil es sentirnos orgullosos

Aquí fue el origami la tarea del estudio. La situación eran dos grupos de trabajo y otros dos de evaluadores. El primer grupo tenía que hacer una construcción con las instrucciones y el segundo con la mitad de ellas. El resultado reveló, por un lado, que todos los constructores pensaban que su trabajo era mejor y más original, y por tanto, pagarían más por él que los observadores y, por otro, el segundo grupo estaba más orgulloso de su trabajo puesto que había supuesto un esfuerzo adicional. Por tanto, agrega Ariely, nuestra valoración del trabajo está directamente relacionada con el esfuerzo que nos implica.
Varios estudios sugieren que el sueldo no es la principal fuente de motivación laboral / Cordon Press

Ayudar a los demás nos motiva

Y lo hace inconscientemente. Un estudio publicado en The New York Times Magazine recogía un experimento hecho en un centro de llamadas para recaudar fondos para becas de la Universidad de Michigan. Las personas que hablaron con estudiantes becados lo hicieron durante más tiempo –un 142% más– e invirtieron más dinero –171% más– en el programa que los que no hablaron con ningún estudiante beneficiado. “Fue casi como si los buenos sentimientos, los operadores en los procesos cognitivos conscientes, hubieran ido directamente a una fuente más subconsciente de motivación”, explica el diario. Pero además, añade el diario con otro estudio (evaluaba la cantidad de médicos y enfermeras que usaban jabón desinfectante en función de si en los carteles ponía que prevenía contagios o prevenía que los pacientes contrajeran enfermedades), ayudar a los demás nos hace seguir las reglas ya que fomenta una conducta prosocial que nos motiva.

La importancia del refuerzo positivo

Imagínese en una entrevista de trabajo. El entrevistador asiente y sonríe a su discurso o, por el contrario, frunce el ceño y se cruza de brazos. Este fue el experimento que realizó la Universidad de Harvard para descubrir que en las situaciones estresantes que son manejables, como las del primer grupo, nos encontramos ante un desafío que podemos manejar mientras que frente a un “estado de amenaza”, como el del segundo caso, cualquier tarea parece más difícil y eso nos desanima. Por tanto, el reto motiva y lo afrontamos mejor cuando tenemos confianza en nuestras capacidades, concluyeron. Y lo mismo pasa cuando esa positividad es emocional. Esas conexiones refuerzan la motivación, desencadenan ternura y mejoran el rendimiento, como comprobó un grupo de investigadores de la Universidad de Hiroshima al poner a sus estudiantes a realizar una tarea de destreza antes y después de mirar fotos de animales simpáticos (los gatitos todo lo pueden).

¿Y en tiempos de crisis?

Aquí tiramos de un estudio patrio para ver cómo ha cambiado la crisis española la percepción de la situación laboral. Esta investigación, elaborada por un alumno de doctorado de la Universidad de Oviedo, apunta a que la estabilidad y las posibilidades de promoción incentivan más al trabajador que una subida salarial. Y más en esta época. “A lo bueno nos acostumbramos bastante pronto, y cuando consigues una subida de sueldo de 200 euros estás muy contento un par de meses, pero luego vuelves al estado anterior”, señalaba el autor del estudio. Por eso, añadía, la formación y especialización de los empleados junto a la estabilidad del puesto de trabajo es una fuente de motivación mayor a la hora de enfrentar nuestra tarea.