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sábado, 14 de septiembre de 2019

Para un escritor que se suicidó

Para un escritor que se suicidó - Literatura
Antes de empezar un pensamiento que me persigue, esto es que, una vez que hayas leído mis esfuerzos de escritor, quizás tengas la sensación de que solo has encontrado escombros, desperfectos de una construcción que se aniquila, simples errores que se aplastan a si mismos. Lo que ocurre no es que nadie me entienda, sino que uno no entiende nada. El mundo gira, la gente se queda como siempre y el autor busca una muerte recompensada. 
Recompensada con la fama, el dinero y el reconocimiento. Seguro que hay personajes que buscan doble significado en mis palabras, mensajes ocultos en los cuales se muestran las grandes verdades, las verdades oscuras en definitiva; no los hay. Soy un ser simple, en su día pendenciero y sinvergüenza, ya hoy en día sin respuesta y perruno, acomodado al fin y al cabo. No busques, pues, grandes recompensas en mis escritos.

Para muestra las historias y los sueños que os cuento, lo que hago con las palabras se reduce a un baile a través del cual repito siempre los mismos pasos y notas. Un poco de mi vida, unas nociones de religión casera (sí, existe la religión casera, la inventé yo) y mucho de la mujer que más me odia. Con eso, y con la ayuda de la música, que me acompaña cuando escribo, todo está hecho. Ante la mezcla mágica, hasta el propio creador se queda perplejo. Desde el punto de vista productivo, la fórmula tiene éxito: dos novelas y diez poemarios acabados dan muestra de ello. Desde el punto de vista de la calidad quizás flojea. No debiera ejercer la autocrítica, cualquiera se da cuenta de que mi opinión nace desde el meollo de la subjetividad, incluso así hoy quiero castigarme, flagelarme con mis trucos baratos de comediante y exhibicionista.

Como cantan Barricada «ninguna bandera me pone carne de gallina», ni tan siquiera la propia. Si quieres leerme (al final lo estás haciendo) no te sofoques pues. Aquí no buscamos grandes metas, aunque tampoco ponemos en duda la capacidad intelectual de los compañeros de viaje, todos necesitamos literatura liviana, aunque venga acompañada de un exceso de metáforas.

Llegado a este punto del texto aparece el momento en que el autor ya no sabe qué escribir y escribe lo primero que se le viene a la cabeza, algo así como que no se le ocurre nada. Otra forma de encontrar una salida viene al recoger una palabra del disco que escucha en este momento; o mejor todavía, agarrar un libro de otro autor y no soltarlo hasta haberle sacado la esencia al transponer con otras palabras su ritmo interno. Sí, estáis en lo cierto, todo vale.

Se prepara la gran explosión para crear el universo que algo, alguno, quizás tú, ha creado para nosotros. Seamos felices con lo dado, aunque nos rodee la tristeza; aún podemos respirar aire, aún podemos hacer el amor, forniquemos entonces como posesos hasta que el mundo se acabe, la causa merece la pena (yo también lo intento).

Ahora la pregunta parece obvia: ¿por qué seguir adelante? Solo para pasar el tiempo, para quedarse estancado en el punto de salida. No lo sé; ya os dije, entrelíneas, que soy un ignorante. Tan solo espero la caridad o el compadreo, o las dos cosas a la vez; nada importa, tampoco mi religión casera (a mí solo me ha dado quebraderos de cabeza) y sin embargo sigues leyendo: ¿será magia?

Seré breve porque los textos largos parecen una cárcel, muy bien decorada, pero cárcel después de todo. Ignoro si compraría un libro mío si fuese de otro, digo ya uno porque estoy leyendo las próximas críticas distanciadoras: el texto parece que no avanza y al final no dice nada, resulta una mezcla rara entre poesía y pornografía, un títere sin pies ni cabeza, un engendro del malestar. No os cortéis, es lo que pensáis, nada importa.

David Foster Wallace se ha suicidado, creo con una escopeta o rifle (no sé si son lo mismo), nada importa. He leído algo de él, algún ensayo, y me ha cautivado, ¿soy yo su sucedáneo? La canción dice que «he perdido mi apuesta por el rock and roll» y para los ávidos de señales o datos diré que la estoy escuchando en el disco en directo «pequeño cabaret ambulante» de Enrique Bunbury, ya lo sé, está mal mostrar los engranajes, pero estoy harto de lo que está bien y lo que está mal, soy un iluso y solo escribo esta línea para darle una línea más a un párrafo en el que salen dos grandes autores.

Me gusta mencionar nombres y asociarlos con sensaciones, nace así otro recurso, muchas veces repetido, pero no por ello menos odiado. No voy a abandonar así como así este barco que se hunde, necesito un poco de sal para mi rodaballo (otro recurso: mencionar algo que no tiene nada que ver con lo que se escribe: rompe el ritmo y despierta). Entretanto podéis poner la sartén en el fuego y empezar a calentar el aceite, tengo hambre y necesito vitaminas para continuar.

Continuaremos con una referencia a la actualidad, esa que sale en los telediarios y en los periódicos: «los alumnos del C. I. F. P. Compostela se manifiestan por el uso del tolueno, compuesto tóxico que usan en sus clases prácticas». En el disco Enrique brama: «Él va pidiéndole a Dios que se lo lleve con ella…. Por eso va buscando la muerte». No sé lo que digo, los hechos no están relacionados, llega el momento de desvarío, esos momentos que ponen de los nervios a mis detractores, di algo más Enrique, te necesito. La escritura parece entrecortada como si el autor se hubiera tomado algo para sacar palabras de donde no las hay, la canción acaba pero no las palabras, ha llegado el momento de la verdad y ya está pensando un final, un final sobre el cual nunca hasta ahora habría llegado a pensar que llegaría (y perdón por repetir el verbo, me gustan los juegos de palabras). En el disco el público pide «otra» repetidamente, «bravo, bravísimo» (esto lo digo yo).

Llega el tango final, agárrate a mis michelines, objeto de comida basura como mis escritos. No esperéis peras del olmo, todo se acaba, el ensayo está completo y ha llegado a su punto de inicio. ¿A qué no he añadido nada que no hubieras sabido antes? 
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí, de todas formas esto solo acaba de comenzar, os espero en el próximo sueño. Ahora necesito descansar y olvidar que no he hecho nada, necesito pensar en objetivos, en falsos logros, en creerme un artista para todo lo que me empeño, y aun así no llegar ni tan siquiera a simple artesano: Solo escribo basura, errores que se aplastan por si mismos, casi como una buena película erótica de esas que tanto nos gustan y que abandonamos a los quince minutos por lo que nos provoca.

viernes, 16 de noviembre de 2018

In memoriam: Stan Lee


Publicado por
Stan Lee. Fotografía: Ringo Chiu / Cordon.
Solo hacía falta una frase, una sola, para que los duros de la paga pasaran de tus manos a las del quiosquero. «Stan Lee presenta». Tenían un poder magnético, voraz. Debajo de ellas podía estar silueteado Spider-Man, Los Cuatro Fantásticos o Hulk, daba igual. Dentro había viñetas. Y onomatopeyas campanudas. Villanos con iniciales gemelas. Superhéroes con problemas tontísimos y poderes de verdad. Al principio no teníamos ni idea de la cara que tenía el tal Stanli, pero si él lo presentaba una cosa estaba clara: se venía con nosotros a casa.

Murió ayer, pero seguía en nuestra casa. En nuestra habitación, más bien. Donde sea que nos tumbáramos a hundir nariz entre páginas coloreadas, hasta que alguien más alto que nosotros farfullara: «¡Pero qué aprendes con eso!». Algunos respondían, los más dábamos un portazo brusco que nos devolviera a Queens o a Brooklyn. Esperaban que aprendiéramos pero nos desvivíamos por divertirnos. 

Él, el chico judío enamorado de Shakespeare, nació en Manhattan. Durante mucho tiempo esperó de sí mismo algo muy concreto: escribir la gran novela americana. Un sueño muy grande en una casa muy pequeña. Fantaseaba con verse en letras serias coronando portadas: Stanley Martin Lieber, escritor. Conservó viva la fantasía junto a su nombre real. Acudía de tanto en tanto a alimentarlas. Mientras, casi por azar, empezó a crear fantasías para otros. Un día, Jack Kirby y Joe Simon le prestaron a su Capitán, y el chico judío se inventó una historia para el héroe y un pseudónimo para sí: nacía Stan Lee. 

Sin embargo, a la guerra se fue como Mr. Lieber, destinado al Cuerpo de Comunicaciones para reparar postes de telégrafos. Hizo lo que pudo, pero era cuestión de tiempo que Lee tomara el control. Por eso le transfirieron a otra unidad, con menesteres menos prosaicos como crear eslóganes, guiones, y manuales militares. Y alguna caricatura. Su expediente lo atestigua: fue oficialmente un «dramaturgo» de la guerra, uno de los únicos nueve que tuvieron las fuerzas armadas estadounidenses. 

Nada bueno le esperaba a su regreso de la contienda. Stanley compartió el mismo futuro de incertidumbre que los superhéroes: ¿cuál sería su papel? ¿Qué eran todos ellos sin guerra? Sin la Segunda Guerra Mundial para enfocar su heroísmo se habían vuelto carcasas vacías. Ni la Antorcha Humana, Batman ni el Capitán Marvel levantaban cabeza. Superman se tambaleaba en su pedestal. La llamada Edad de Oro de los cómics había muerto, y ni las capas ni los superpoderes eran ya capaces de seducir a quienes antes hicieron volar. 

Stan Lee, que ya no era un chico, quiso tirar la toalla. Convertido en guionista de plantilla de Timely Comics (futura Marvel) sufría cada cancelación de Capitán América como la muerte de un hijo. Tras probar con el wéstern, con los detectives… estaba exhausto. Quizás era hora de trabajar en las fantasías propias, de cederle el turno a Stan Lieber y su novela aplazada. Se concedió un último intento, porque una mujer con la que no se suponía que tenía que acabar casándose le insistió. «Haz lo que siempre has querido hacer, sea lo que sea», fueron sus palabras. 

No fue la gran novela americana, fue mucho mejor. Una familia, el cuarteto en bronca constante, sin identidades secretas ni ciudades ficticias. Eran superhéroes, pero otros superhéroes distintos, revitalizados. Fantásticos. No solo tenían poder, tenían personalidad, humanos defectos. Se medían el lomo enfundados de azul: había llegado la hora de las tortas. Lo demás es historia contada, que contaremos de nuevo ahora que se ha ido, porque para eso están las gestas. En un lustro, Lee —en triunvirato con Kirby y Steve Ditko nos proporcionaron un mundo entero que habitar. Spider-Man, Iron Man, El Doctor Extraño, Nick Furia… Un lugar en el que lo innato era luchar contra la maldad, donde sabías que en algún rincón estaba la esperanza. El Universo Marvel se creó en cinco años, pero perdurará otros mil. Como mínimo. 

No es exageración, ni hipérbole. Con la marcha de Stan Lee fallece, quizás, el último creador de mitologías de nuestra era. Con todos los claroscuros que su vida y su carrera llevan a rastras. Ahora que la muerte impone desempolvar todos los títulos acumulados («Hacedor de Mundos», demiurgo, «Stan The Man») no hay motivo para no celebrar también el asesinato de Stanley Martin Lieber. Porque gracias a que un chico judío aplazó su fantasía tuvimos un refugio para las nuestras. Porque en lugar de aprender escogió divertir. 

Pocas veces un refugio albergó tantas plazas, tanta gente. Tan diferente. Quien se veía atribulado como Peter o los que se sentían despeñar como Harry Osborn. Da igual si provienes de la época en la que Stan Lee no tenía rostro y los tebeos eran baratos, o si creciste con él convertido ya en una figura de merchandising global. Si le recuerdas posando en pelota picada con anillo en el meñique, sin canas; o si apareció en tu vida con pantalón de jubilado y gafas de ahumado setentero. Cuando en la penumbra de una sala de cine su figura aparece unos segundos, todos esos entusiasmos forman parte del mismo aplauso. 

Todos esos son los que se divirtieron aunque les reprocharan que no aprendían nada. Con blockbusters o con viñetas. Todos los que sabíamos que esta muerte la íbamos a llorar. Un ejército de agradecidos a los que Lee impartió, sin querer, una lección fundamental: que divertirse lo es todo. Que el entretenimiento, por sí mismo, es ya un aprendizaje. ¿En qué consiste, si no, el sense of wonder?

Cada vez que se muere un héroe nos sentimos un poco más viejos, un poco más solos. La infancia se va disipando poco a poco por el cristal de detrás, hasta volverse minúscula. Cuando el que se muere no es un héroe, sino el padre de ellos, el vacío es extraño, inconcluso. Como si faltara un pedazo de narración: «Stan Lee presenta: Farewell». 

Nos duró casi un siglo y ha sabido a poco, qué cosas. Se va sin ver en la pantalla una adaptación cinematográfica a la altura de sus Cuatro Fantásticos, sin llorar la marcha del Capi. Dejando un almacén de gemas preciosas en su Stan’s Soapbox, habiendo cultivado el noble arte del segundo desayuno, como los hobbits. Habiéndose divertido como un cabrón, acuñando frases eternas. Stan Lee, constructor de refugios. Se va, en definitiva, como lo que quiso ser: un cameo en nuestras vidas. Le estaremos despidiendo un tiempo, porque tardará en extinguirse. 

Mensaje a Tierra 616: Stan, tenemos una deuda enorme contigo. Ven a cobrártela si tienes huevos, Excelsior!

PD: Saluda al tío Ben.
Stan Lee, 2017. Fotografía: Cordon.
https://www.jotdown.es/2018/11/in-memoriam-stan-lee/

jueves, 27 de octubre de 2016

3 frases reflexivas: Crucifixión a manos de los cainitas

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Dicen que ha muerto Yosi, el cantante de los Suaves. Quiero creer que es un bulo malintencionado. Después de irse Lemmy  Kilmister, David Bowie y otros, ahora quieren llevarse al último rockero, al auténtico, al que más sufre, al profeta, al gran Yosi; no les dejaremos.

jueves, 30 de octubre de 2014

Contestación a un ultimatum


El conocimiento tienta
a las habladurías perdidas;
escarbo muy adentro,
sólo encuentro sacudidas.

No pasa nada, dicen,
yo tiemblo en lo alto
por algo sucedido,
ahora ya escapado.

Rompo el contacto
con barbaridades sucesivas,
me gusta tu ardor
como el picor de hormigas.

Ahora sé de lo que hablan,
corrompidos en su lengua
de noche clara,
para vivos cadáveres.

Fuimos delatados
por la traición mensajera,
y mueren nuestras argucias
en el perdón del suspiro.

Pretendes tomarme,
yo acabarme,
pensamiento suicida
para falsos días.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Camino de un buen puerto


 

Gracias a Pablo Neruda

Otra vida me mueve en el ritmo
que excita las ávidas raíces
de la ternura en la sangre
a escuchar entre los árboles
la canción del amor insomne.

Desde los ojos que se abren
al despertar precavido,
y se nos escapan los tristes líos
en la integración insolidaria
por la angustia restablecida.

Independencia de credos y consignas
que al respeto de la dignidad estética
hace ascuas en la palabra lírica
en este largo morir despedazado
que es el estar sin estar atrapado.

Al fin llega el día que esperamos
para que todos volvamos a la casa
donde la conversación a modo de animal
se despereza en carantoñas prometidas
en el tono amistoso del timbre cotidiano.

En lo sonoro llega la muerte
a despedazar llamas informes,
y es el frío más tieso
que una escoba de bruja en el aire
a escapar de sus solitarios pecados.

Las voces son vencidas en el día sin salario,
nadan ellas indecisas en aquel mar
para que la obstinación en los rostros
desespere los minutos perdidos
en la larga estancia desentonada.

 

Entonces el vahído cegador e informe
explota en mis entrañas
para quitar llantos embozados
a su dulce piel arremolinados
por la gracia que me acaba.

lunes, 10 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero: "GLOSA A UN EPITAFIO (carta al padre)": "un florecer te arranca de los labios caníbales de nuestra madre Muerte"


       
                                          And fish to catch regeneration.
                                          Samuel Butler, Pescador de muertos.


Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
                                                        Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
                                                                            los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
                                                                      para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
                                          de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
                                                                                  ¿en qué perspectiva
—dime— acoger la muerte?
                                                  en la mesa de disección
tú que danzaste
                              enloquecido en la plaza desierta
                                                                                          tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
                                                                                    danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
                              retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
                                ¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
                                                                                  Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
solo: ABISMO, ABISMO!
                                            Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
                                                                  ¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
—como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol—
                                                                          crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
                                        ¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
                                                                      que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
                                    (te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
                      percibís el frío
                                              la
                                              conspiración de las algas,
                                              gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
                                                                decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
                                                        ¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
                                    De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú, mi amada,
aquí, bajo esta piedra.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Últimas palabras

Noche de estrellas,
escapan del cielo
a mi cabeza,
tengo sueño,
mis ojos te iluminan,
luces falsas
entre caricias,
me muero
en un trago,
insulto,
sopla la tarta,
el viento,
me caigo,
otro verso falso
ahora invento,
nada comprendo,
pero ya no importa:
soy un Dios
en otro tiempo,
muerto.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Muere Ray Harryhausen, el mago de los efectos especiales «fotograma a fotograma»

Es el creador de criaturas como King Kong, Godzilla, los seres de «Furia de Titanes» o la célebre batalla de esqueletos de «Jasón y los argonautas»

Acostumbrados como estamos a los efectos digitales y al 3D, parecen haber caído en el olvido aquellos precursores que, en anteriores épocas del cine eran capaces de crear la magia de la fantasía del celuloide con sus propias manos. Verdaderos artesanos que, en base a un trabajo minucioso, conseguían hacer creer a la gente en otros mundos y en las más insospechadas criaturas.
Ray Harryhausen fue uno de esos magos cuyo trabajo, fotograma a fotograma, lograría que King Kong o Godzilla cobrasen vida ante las sorprendidas miradas de los miles de por entonces ilusionados espectadores. Harryhausen no tenía a su mano una tecnología ni siquiera cercana a la actual, basada en la tecnología, sino que sus creaciones tenían su base en la manualidad artesanal, lo que las dotaba de una cualidad física y tangible frente a la mayor frialdad de las técnicas digitales.
«Sin Harryhausen no existiría Star Wars», dijo en una ocasión George Lucas, uno de sus más acérrimos seguidores, entre los que también estaban Spielberg, John Landis o James Cameron. El último de esta escuela de la animación que Harryhausen abanderó fue Peter Jackson, que durante su carrera no ocultó su admiración e influencia por parte de uno de los primeros magos de los efectos especiales. El Señor de los Anillos era, según Jackson, su «película Harryhausen». También Tim Burton admitió haber hecho su homenaje personal al animador estadounidense, en su cinta Mars Attacks!
Harryhausen consiguió durante su carrera un Óscar a los mejores efectos visuales por King Kong y un BAFTA por su trayectoria. Entre sus mejores creaciones están el gorila más famoso del cine, King Kong; el reptil gigante Godzilla o los esqueletos que cobran vida en Jasón y los Argonautas.
Ray Harryhausen murió este martes a los 92 años de edad, según ha informado su familia a través de sus cuentas de Twitter y Facebook. Hace tres años, Warner Bros. decidía utilizar la animación digital en un remake de una de las obras más célebres de Harryhausen, Furia de Titanes. El filme, a pesar de sus elaborados efectos digitales, fue un fracaso crítico. Prueba de que las más avanzadas técnicas no pueden, en muchas ocasiones, competir con el más esmerado, creativo y laborioso trabajo artesanal.

lunes, 29 de abril de 2013

Capicúa entre la vida y la muerte: 80 años de la muerte del poeta Kavafis

Hoy se cumplen 80 años de la muerte del poeta Kavafis y 150 de su nacimiento en Alejandría

El poeta griego Konstandinos Kavafis.
 
Para cabalistas y especuladores de la numerología, mucha tela donde cortar a la luz de varias fechas redondas. Konstandinos Kavafis nació el 29 de abril de 1863 en Alejandría y murió 70 años después, en 1933, el mismo día y en la misma ciudad. Para cerrar (o abrir) el círculo, y yendo al origen etimológico de capicúa, Kavafis la cuadró a la perfección, esa misma que le obsesionaba en la escritura.
A finales de 2012 y con las miras puestas en este aniversario, el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas publicó una nueva antología bilingüe de Kavafis con un jugoso estudio preliminar de Ilinskaia y las traducciones de Alfonso Silván Rodríguez (Almorox, Toledo, 1948), que ya en 1991 publicara la monumental Obra poética completa del alejandrino (Ediciones La Palma, Madrid) hoy ya un codiciado ejemplar de bibliófilo a pesar de que solo han pasado 15 años. Silván puntualiza: “En cuanto a la responsabilidad contraída por mí en las ediciones, son dos casos muy distintos. Yo asumí enteramente la responsabilidad en la primera. La gestación de la Antología bilingüe es diferente. Se parte de un proyecto conjunto de varias universidades europeas: Ioánnina, Berlín, Nápoles y Granada, para la creación de una Biblioteca de Autores Clásicos Neogriegos”.
A la hora de elegir un poema de Kavafis, el traductor no duda: “Yo salvaría dos, si se me permite. Uno porque es de los que mejor sirven para conocer al poeta, y otro porque es de los que más nos ayudan a realizarnos si le escuchamos. El primero es Cesarión. Creo que ahí se deja sorprender Kavafis en lo más íntimo de su alma y de su método como creador”.
Entonces se adentra en la génesis del poema: “Una pequeña mención atrae su atención cuando ya iba a cerrar el libro de Plutarco. Se refiere a Cesarión, el hijo de César y de Cleopatra mandado asesinar en su temprana edad por Octavio para evitar la posible amenaza a su poder. La acción infame motivada por las especulaciones del poder político, que provoca la desaparición en la profundidad de la historia del ser recreado, admirado y deseado, resucitado amorosamente en el presente, proporciona el contraste que realza el firme donde se asienta el ethos poético de Kavafis”.
El otro poema que motiva a Silván es Ítaca: “Es muy conocido y no voy a extenderme, pues seguro que cuantos lo conocen tienen una percepción muy clara de su mensaje. Otras son las riquezas de la apariencia. Ítaca es lo que es por lo que ha provocado en nosotros. El viaje hermoso, el goce sensible, el conocimiento de lo concreto en su multiplicidad de facetas, de su esencia, despidiendo el engaño. Al final el poema, con todo su dinamismo interno, se contempla verdadero como una escultura clásica griega al aire libre, que necesariamente viene del mar”.
Aquí entra en liza Odiseo: “Quisiera añadir que el tema de la búsqueda del conocimiento asociado nítidamente al mito de Odiseo no procede exactamente de la tradición puramente griega del regreso tal como se refleja a partir de la Odisea, sino de Dante, en el que Ulises continúa su viaje a lo desconocido, algo que estudió Kavafis. Acaba de aparecer el excelente estudio de W. B. Stanford El tema de Ulises [Dykinson, Madrid, 2013]. Ítaca ofrece una curiosa solución optimista, gozosa, contrariamente a la variante peligrosa del conocimiento en la línea del poeta toscano, que termina siendo esencial en este poema, y muy saludable en el universo kavafiano; un tipo de solución que la lucidez, en él siempre presente, normalmente no suele permitirse”.
Kavafis ha superado las modas, incluso la muy rentable vulgarización de icono de literatura gay. ¿Es más interesante el Kavafis político, observador desencantado de su tiempo? Desde el estudio científico, Silván puntualiza: “Él nunca olvidó la elegancia y la dignidad a la hora de evidenciar su homosexualidad, que pueden ser elementos conservadores o integrados, pero son los suyos. Y desde luego jamás hubiera respaldado coartada alguna, ni la hubiera utilizado como recurso de promoción identitario más o menos velado en ciertos círculos, como no lo hace tampoco en el aspecto político, que también a mí me interesa más y donde se muestra muy exigente. Al Kavafis político lo considero menos manipulable y más interesante, porque en ese nivel a fin de cuentas se dirime todo”.
Para cerrar —o abrir— el círculo, como apunta la estudiosa Sonia Ilinskaia, el poema de Kavafis La ciudad (su Alejandría) se yergue como una gigantesca metáfora de universalidad y vigencia.

miércoles, 3 de abril de 2013

Muere Jess Franco, símbolo inconformista del cine español

Con una filmografía tan inabarcable como su lista de pseudónimos, Jesús Franco hizo de la rebeldía estilo sin parar de rodar películas hasta su muerte, acontecida con 82 años. Por CINEMANÍA

muere jess franco simbolo inconformista del cine espanol
Siempre es triste tener que lamentar la desaparición de un cineasta histórico; mucho más si encima se trata de un compañero de publicación, como es el caso del director Jesús Franco, que ha fallecido esta mañana en la Clínica Pascual de Málaga, a consecuencia de un infarto cerebral sufrido el miércoles pasado. El cineasta, más conocido como Jess Franco, ha muerto con 82 años tras dedicar los últimos 56 por completo al cine, siendo autor de aproximadamente dos centenares de películas. Hoy mismo puede verse en Madrid la última de ellas, Al Pereira vs. The Alligator Ladies.
Aunque su primer largometraje, Tenemos 18 años (1959) se inscribiera en el terreno de la comedia (tenía guión de Luis García Berlanga y estaba protagonizado por Terele Pávez y Antonio Ozores), cierta deriva fantástica del argumento ya ayudó a prefigurar lo que terminaría siendo una prolífica carrera consagrada en cuerpo y alma al género puro, especialmente el fantastique. Gritos en la noche (1962), su primer éxito, ya explota las constantes estilísticas del cine de Franco, que se caracterizaría por una frenética rapidez de producción que le permitía completar varios títulos al año (ese mismo año también estrenó Vampireras 1930 y La mano de un hombre muerto), ambientes góticos, temática sobrenatural y mujeres hermosas. Su capacidad de trabajo y la audacia para exprimir al máximo exiguos presupuestos le valieron el reconocimiento de ser considerado el padre de la Serie B española.
Dada su oposición a la dictadura franquista, realizó gran parte de su obra de finales de los 60 y primeros 70 en el extranjero, firmando con pseudónimos como Frank Hollman, Franco Manera, J. P. Johnson, Wolfgang Frank, entre otros, como, el más utilizado, Clifford Brown, con el que hizo filmes como Los demonios (1973), Diario íntimo de una ninfómana (1973), Aberraciones sexuales de una mujer casada (1981) o Las orgías inconfesables de Emmanuelle (1982). El caso es que no sólo la censura española la tomó con él, sino también la internacional, haciendo que muchas de sus producciones eróticas fueran calificadas como cine X o estrenadas en versiones mutiladas. Algo que no impidió que en los 80 también probara suerte dirigiendo algún título porno.
La maldición de Frankenstein (1972) fue una película fundamental en su filmografía por suponer el encuentro con Lina Romay, compañera sentimental y musa del cineasta hasta su muerte el año pasado. Lo cierto es que hablar del cine de Franco muchas veces es hacerlo también de sus actrices, a las que el director escogía y retrataba con suma pasión: Diana Lorys, Soledad Miranda, Rosalba Neri, Maria Rohm, Lina Romay o, recientemente, Fata Morgana han sido figuras clave en películas como El castillo de Fu-Manchú (1969), Marquis de Sade: Justine (1969), 99 mujeres (1969), La isla de la muerte (1970), El conde Drácula (1970), Vampyros Lesbos (1970), Eugénie (1974), El reformatorio de las perdidas (1976), Carne fresca (1997), La cripta de las mujeres malditas (2010) o La cripta de las mujeres condenadas (2012).   
El talento de Jess Franco ha sido reconocido por cineastas de espíritu cercano como Roger Corman (se podría decir que Franco fue el Corman europeo) o Quentin Tarantino. En 1965 trabajó como director de segunda unidad para Orson Welles cuando rodó en España Campanadas a medianoche, así como en sus proyectos inacabados de La isla del tesoro y Don Quijote. De esta última, Franco realizó un montaje incompleto del material rodado por Welles que se pudo recuperar de sus herederos, estrenado en 1992. A finales de la década de los 90 dirigió dos películas protagonizadas por la banda gallega Killer Barbies y un videoclip del grupo granadino Los Planetas, lo que le convirtió en icono de la generación indie. Pese al reconocimiento internacional de millones de fans del género de terror y Serie B, el cine de Franco no obtuvo el beneplácito académico en España hasta la obtención del Premio Goya de Honor en 2009, concedido por su extensa carrera cinematográfica en un emotivo homenaje.

lunes, 18 de febrero de 2013

Camino de un buen puerto

Gracias a Pablo Neruda
Otra vida me mueve en el ritmo
que excita las ávidas raíces
de la ternura en la sangre
a escuchar entre los árboles
la canción del amor insomne.
Desde los ojos que se abren
al despertar precavido,
y se nos escapan los tristes líos
en la integración insolidaria
por la angustia restablecida.
Independencia de credos y consignas
que al respeto de la dignidad estética
hace ascuas en la palabra lírica
en este largo morir despedazado
que es el estar sin estar atrapado.
Al fin llega el día que esperamos
para que todos volvamos a la casa
donde la conversación a modo de animal
se despereza en carantoñas prometidas
en el tono amistoso del timbre cotidiano.
En lo sonoro llega la muerte
a despedazar llamas informes,
y es el frío más tieso
que una escoba de bruja en el aire
a escapar de sus solitarios pecados.
Las voces son vencidas en el día sin salario,
nadan ellas indecisas en aquel mar
para que la obstinación en los rostros
desespere los minutos perdidos
en la larga estancia desentonada.