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domingo, 10 de mayo de 2020

Fragmento de Sexus (Henry Miller)

Entonces confesó algo que era –bien lo sabía yo- una puñetera mentira, pero aun así, interesante. Una de esas “deformaciones” o “trasposiciones” propias de los sueños. Sí, cosa bastante curiosa, las otras chicas, verdad, sintieron lástima de ella… lástima de haberla metido en aquél fregado. Sabían que no estaba acostumbrada a acostarse con todo quisqui. Así, que pararon el coche y cambiaron de asiento para que se sentara delante, con el tipo peludo, que hasta entonces había parecido decente y tranquilo. Ellas se sentaron detrás en las rodillas de aquellos hombres, con las faldas alzadas, mirando hacia delante y, mientras fumaban sus cigarrillos y reían y bebían, les dejaba ponerse las botas.
“¿Y qué hizo el otro tipo, mientras sucedía eso?”, me sentí obligado a preguntar al final.
“No hizo nada”, dijo. “Le dejé que me cogiera la mano y le hablé lo más rápido que pude para quitárselo de la cabeza.”
“Venga, hombre”, dije, “déjate de cuentos. A ver, ¿qué hizo? ¡Cuenta!¡Cuenta!”
Bueno, el caso es que le tuvo cogida la mano mucho tiempo, lo creáis o no. Además, ¿qué podía hacer? ¿Es que no iba conduciendo el coche?
“¿Quieres decir que en ningún momento se le ocurrió parar el coche?”
Claro que sí. Lo intentó varias veces, pero ella lo convenció para que no lo hiciese… Ése era el rollo. Estaba pensando desesperadamente cómo pasar a la verdad.
“¿Y al cabo de un rato?”, dije, para allanar el terreno.
“Pues, de repente, me soltó la mano…” Hizo una pausa.
“¡ 

“Y después volvió a cogerla y se la colocó sobre la pierna. Llevaba la bragueta abierta y tenía el aparato tieso… y estremeciéndose. Era un aparato enorme. Me entró un susto tremendo, pero no me dejaba retirar la mano. Tuve que hacerle una paja. Después paró el coche e intentó arrojarme fuera. Le rogué que no lo hiciese. “Sigue conduciendo despacio”, dije, “Haré lo que quieras… después. Estoy asustada”. Se limpió con un pañuelo y reanudó la marcha. Entonces empezó a decir las guarrerías más soeces…”
“¿Como por ejemplo?¿Qué dijo exactamente?¿Lo recuerdas?”
“Oh, no quiero hablar de eso… era repugnante.”
“Después de lo que me has contado, no veo por qué vacilas por unas palabras”, dije, “¿Qué diferencia hay? Igual podrías…”
“Muy bien, si lo deseas… “Eres la clase de tía a la que me gusta follar”, dijo. “Hace mucho tiempo que tengo ganas de joderte. Me gusta la forma de tu culo. Me gustan tus tetas. No eres virgen: ¿a qué vienen tantos remilgos? Como si no te hubieran jodido más que una gallina… como si no tuvieses un coño que te llega hasta los ojos” …y cosas así.”
“Me estás poniendo cachondo”, dije. “Vamos, cuéntamelo todo”
Ahora veía que le encantaba desembuchar. Ya no era necesario disimular por más tiempo: estábamos disfrutando los dos.
Al parecer, los hombres del asiento trasero querían cambiar de pareja, cosa que la asustó de verdad. “Lo único que podía hacer era fingir que quería que me jodiese el otro primero. Éste quería parar al instante y salir del coche. “Conduce despacio”, lo engatusé, “luego podrás hacer lo que quieras conmigo… no quiero tenerlos a todos encima a la vez”. Le cogí la picha y empecé a darle masajes. Al cabo de un intante estaba tiesa… más incluso que antes. ¡La Virgen! Te lo aseguro, Val, nunca había tocado una herramienta como aquélla. Debía de ser un animal. Me obligó a cogerle los huevos también: eran pesados y estaban hinchados. Se la meneé deprisa, con la esperanza de hacerlo correrse enseguida…”
“Oye”, le interrumpí, excitado con lo de la gran polla de caballo, “hablemos claro. Debías de morirte de ganas de follar, con aquél aparato en la mano…”
“Espera”, dijo, con los ojos brillantes. Ya estaba tan mojada como una gansa, con los masajes que le había estado dando…
“No me hagas correrme ahora”, suplicó, “o no podré acabar la historia. ¡La Virgen! Nunca pensé que querrías oír todo esto”. Cerró las piernas bajo mi mano, para no excitarse demasiado. “Oye, bésame…” y me metió la lengua hasta la garganta. “Ay, Señor, ¡ojalá pudiéramos follar ahora! Esto es una tortura. Tienes que curarte eso pronto… me voy a volver loca…”
“No te distraigas… ¿Qué más ocurrió? ¿Qué hizo él?”
“Me cogió por la nuca y me metió la cabeza a la fuerza en su entrepierna. “Voy a conducir despacio como has dicho”, susurró, “quiero que me la chupes. Después de eso, estaré listo para echarte un polvo como Dios manda”. Era tan enorme, que creí que iba a asfixiarme. Sentí ganas de morderlo. De verdad, Val, nunca había visto una cosa igual. Me obligó a hacerle de todo. “Ya sabes lo que quiero”, dijo, “Usa la lengua. No es la primera vez que te metes una picha en la boca”. Al final, empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo, a meterla y sacarla. Me tuvo todo el tiempo cogida de la nuca. Estaba a punto de volverme loca. Entonces se corrió… ¡pufff! ¡Qué asco! Creí que no acabaría nunca de correrse. Aparté la cabeza rápidamente y me echó un chorro a la cara… como un toro.”
Para entonces estaba a punto de correrme yo también. La picha me bailaba como una vela mojada. “Con purgaciones o sin ellas, esta noche follo”, pensé para mis adentros.
Después de una pausa, reanudó el relato. Que si la hizo acurrucarse en el rincón del coche con las piernas levantadas y le anduvo hurgando por dentro, mientras conducía con una mano y el coche iba haciendo eses por la carretera, que si le hizo abrirse el coño con las dos manos y después lo enfocó con la linterna, que si le metió el cigarrillo y la obligó a intentar chupar con el coño. Que si uno de ellos intentó ponerse de pie y meterle la picha en la boca, pero que estaba demasiado borracho para lograrlo. Y las chicas… entonces ya en pelotas y cantando canciones verdes, sin saber adónde se dirigía ni qué vendría después.
“No”, dijo, “tenía demasiado miedo para sentirme apasionada. Eran capaces de cualquier cosa. Eran unos matones. En lo único que podía pensar era en cómo escapar. Estaba aterrada y lo único que él seguía diciendo era: “Ya verás, preciosa… te voy a joder hasta las entrañas. ¿Qué edad tienes? Ya verás…”. Y entonces se la cogía y la blandía como una porra. “Cuando te meta esto dentro de ese chochito tan mono que tienes, vas a sentir algo. Voy a hacer que te salga por la boca. ¿Cuántas veces crees que puedo hacerlo? ¡Adivina!”. Tuve que responderle “¿Dos…tres veces?”. “Supongo que nunca te han echado un polvo de verdad. ¡Tócala!”. Y me hizo cogerla otra vez, mientras se movía hacia delante y hacia atrás. Estaba viscosa y resbaladiza… debió de estar corriéndose todo el tiempo. “¿Qué tal sienta, amiga? Puedo alargarla dos o tres centímetros más, cuando te barrene ese agujero tuyo con ella. Por cierto, ¿qué tal, si te la metiera por el otro agujero? Mira, cuando acabe contigo, no vas a poder ni pensar en follar en un mes”. Así es como hablaba…”
“¡Por el amor de Dios, no te detengas ahora!”, dije. “¿Qué más?”


Pues, paró el coche, junto a un campo. Se habían acabado las contemplaciones. Las chicas estaban intentando vestirse, pero los tipos las sacaron desnudas. Estaban gritando. Una de ellas se ganó un guantazo en la mandíbula para que fuese aprendiendo y cayó como un tronco junto a la carretera. La otra se puso a apretar las manos, como si estuviese rezando, pero no podía emitir sonido alguno, de tan paralizada estaba por el miedo.
“Esperé a que abriera su puerta”, dijo Mona. “Entonces salí de un brinco y eché a correr por el campo. Se me salieron los zapatos. Me corté los pies con los espesos rastrojos. Corrí como una loca y él tras de mí. Me alcanzó y me arrancó el vestido: lo desgarró de un tirón. Después le vi alzar la mano y al momento siguiente vi las estrellas. Tenía agujas en la espalda y veía agujas en el cielo. Él estaba encima de mí cabalgándome como un animal. Me hacía un daño terrible. Quería gritar, pero sabía que lo único que haría sería volver a pegarme. Me quedé tumbada y rígida de miedo y lo dejé magullarme. Me mordió por todo el cuerpo –los labios y las orejas, el cuello, los hombros, los pechos- y no dejó de moverse ni por un instante: no paraba de follar, como un animal enloquecido. Pensé que me había roto todo por dentro. Cuando se retiró, creí que había acabado. Me eché a llorar. “Calla”, dijo, “o te doy una patada en la mandíbula”. Sentía la espalda como si hubiera estado rodando entre cristales. Él se quedó tumbado boca arriba y me dijo que se la chupase. Todavía la tenía grande y viscosa. Creo que debía de tener una erección perpetua. Tuve que obedecer. “Usa la lengua”, dijo, “¡Lámela!”. Se quedó tumbado respirando pesadamente, con los ojos en blanco y la boca completamente abierta. Después me puso encima de él, haciéndome saltar como si fuera una pluma, girándome y retorciéndome como si estuviese hecha de goma. “Así está mejor, ¿eh?”, dijo. “Ahora dale tú, ¡zorra!”, y me sostuvo ligeramente de la cintura con las dos manos, mientras yo follaba con todas mis fuerzas. Te lo juro, Val, no me quedaba una pizca de sentimiento… excepto un dolor abrasador, como si me hubieran metido por el cuerpo una espada al rojo vivo. “Ya está bien”, dijo. “Ahora ponte a cuatro patas… y levanta bien el culo”. Entonces me lo hizo todo… la sacaba de un sitio y la metía en el otro. Me tenía con la cabeza enterrada en el suelo, en pleno lodo, y me obligó a cogerle los cojones con las dos manos. “¡Apriétalos!”, dijo, “pero no demasiado fuerte, ¡o te parto la boca!”. El lodo me estaba entrando en los ojos… apestaba horriblemente. De repente, sentí que apretaba con todas sus fuerzas… estaba corriendose otra vez… era caliente y espesa. Yo ya no podía resistir un momento más. Me desplomé de cara contra el suelo y sentí derramárseme la lefa por la espalda. Le oí decir: “¡Maldita sea tu estampa!”, y después debió de golpearme otra vez, porque no recuerdo nada hasta que me desperté tiritando de frío y me vi cubierta de cortes y magulladuras. El suelo estaba mojado y yo estaba sola…”


En aquél punto la historia siguió una dirección y despues otra y otra. Con mi afán por seguir sus divagaciones, casi me olvidé del sentido de la historias, que era el de que ella había contraído una enfermedad. Al principio no se había dado cuenta de lo que era, porque se había manifestado como un grave acceso de hemorroides. La causa había sido haber permanecido tumbada en el suelo mojado, afirmó. Al menos, esa había sido la opinión del médico. Después vino lo otro… pero había ido al médico a tiempo y la había curado.

A veces (poema erótico de Angel Gónzalez)


Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.

Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!

Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.

Pero él disimulaba

AGUA SEXUAL (Pablo Neruda)


Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando

en las costuras del alma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor

saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos

sábado, 14 de septiembre de 2019

Mi heroína



Caballos al galope
destronan divinidades
fuera de los puntos cardinales
para así dar pleitesía
a todos mis retoños.

Circuncisión de parafimosis,
escayolada en lo trasplantado,
rompo todos los caminos
de la indigna sociedad culpable,
que ahora condena mis bromas.

Todo el mundo lo tendrá,
picaremos la carne sangrante
con las oscuras iras indispensables
que traen más gusto
a mi ración obrera.

Al salir, la envidia correrá
desnuda en sus dudas
por la vacía calle universal,
para buscar un sumidero
donde despotricar confortable.

La posesión te destronará
de tu latido miserable
cayendo al abismo de mis pesares
donde viven todas mis ganas
aún por ti, en la nada.

Juntos comeremos al nuevo rico,
en los diez mandamientos esfumado,
como cáliz lleno de sangre
en nuestra ávida sed desechable,
igual que el cigarro que apago.

Sociedad aburrida del bienestar
de ti desterrarme no quiero,
pues cada vez me hundo más,
manipulando tus tempestades
para morir en tu mar.

Al final es todo ceniza
del motor al suspenso marchito
durante siglos de risa
en la erosión caliza
que alza el sigilo.

Quedaremos, por ello, desnudos
tú, yo y él con su brillo
de chica de otro barrio
donde se mendigan suavidades
por un trozo de pesar.

Caballos al galope
sobre las ruedas de la fortuna,
las chicas tuercen la cabeza
a tu sarcasmo feroz
de buscar otros golpes.

Operación biquini

Operación biquini - Sociedad
Son libertarios los que querían emancipar al hombre de todas sus cadenas políticas, también los que pretenden, aún hoy en día, liberarlo de la totalidad de las morales religiosas. Sin embargo, algunos ilusos encontraron en la literatura erótica una expresión de radicalismo que fue convirtiéndose en algo totalmente convencional y conformista. Por extraños caminos derivo en los abusos de género y en lo que llamamos pornografía; el sexo se ha convertido en un producto manufacturado, vulgar, sin imaginación y sin gusto. Tanta competición la celebras con una sola mano y hay muchos casos que ni siquiera entonces. Desde luego creo que la historia erótica muchas veces ha venido acompañada por la vulgaridad. Vivimos llenos de estereotipos; aun así no cabe la queja, el erotismo es un desafío y desde luego que hay darle un tratamiento muy cuidadoso. Hay que tratar este tema con infinita reverencia, buscando siempre una perspectiva original, un gran cuidado formal que es lo que no se he procurado hacer.

Ya ha llegado el verano, el invierno se acabó, y en una hora de falso género erótico vemos que tenemos que reducir los michelines. Actuamos cuál si fuésemos el mismo Quijote, la visión es totalizadora, a partir de un espejo caemos en el sentimiento de culpa. Somos muy convencionales. La cita con el dietista se ha convertido en una misa muy convencional. La gran literatura da acceso siempre a otro tipo de cosas, pero nadie lee lo que hay que leer; si coincide a lo mejor algún artículo sobre la Operación biquini, pero nada de más enjundia. El arte siempre rompe lo que es la perspectiva convencional, también la visión totalizadora de una sociedad donde la condición humana está de más. Ante esto mi propuesta tiene que venir de la ficción de calidad, se puede llegar a través de las buenas novelas a una experiencia más o menos directa con la verdad, con nuestras reales fantasías eróticas y no con la de las modas. La Operación biquini es una gran patraña publicitaria, perfectamente legítima por lo demás, pero no real con lo que debe ser la vida.

Creo que un escritor siempre se vuelca en lo que escribe, por eso debo dejar de disimular: estoy algo obeso, pero no enfermo que es lo que debería importar. Debes de huir de los fantasmas que te señalan con el dedo, confía en mí, todavía me gustas. Los fantasmas secretos déjalos para las películas; huyo de las estrellas de cine, de las mujeres fabricadas por ordenador. La persona humana necesita una inversión diaria en satisfacción. Aquí queda dicho, creo que lo he hecho bien. Ahora disfruta de la vida, no abuses, todos necesitamos explorar nuestra propia intimidad, nuestra vida secreta se enriquece con esos materiales propios de la fantasía de los buenos libros, proponte una especie de catálogo universal de fantasías eróticas, lee, diviértete y come bien. La Operación biquini déjalo para los que experimentan con el marketing, para las empresas de productos dietéticos y para los escritores que como un servidor hacemos uso de ese término para redactar otro texto para el verano que ya tuvimos aquí y que siempre volverá.

jueves, 31 de enero de 2019

Eva Green: “Bertolucci nunca me presionó en las escenas de sexo”


La actriz, que debutó en el cine de la mano del italiano, asegura en una entrevista pocos días después de su muerte que trabajar con él fue "un privilegio" y que "nunca hubo nada raro"

La actriz Eva Green. En vídeo, así explicaba la actriz su personaje y el trato con Bertolucci durante el rodaje de 'Soñadores', en 2002.

Eva Green forma parte del vasto universo femenino del desaparecido Bernardo Bertolucci, que murió en Roma a los 77 años. La actriz francesa debutó en la gran pantalla en 2003 con él, como protagonista de la película Soñadores, y es una de las grandes y jóvenes actrices que descubrió y catapultó al éxito el maestro del cine italiano. Tenía apenas 22 años, y acababa de salir de la escuela de Interpretación cuando el último emperador del cine se cruzó en su camino y le ofreció el papel de Isabelle, que protagoniza en esta película un ménage à trois con su hermano y un estudiante estadounidense intruso, con el mayo francés del 68 como telón de fondo. Entonces sus padres —su madre es la actriz Marlène Jobert, de El pasajero de la lluvia, entre otras— pensaron que sería difícil para ella volver a hacer más películas después de interpretar algo así. En cambio, su carrera como femme fatal, y no solo, despegó. “Yo estaba muy decidida: amaba el cine de Bertolucci desde siempre, durante años había tenido un póster de El último tango en París en la pared de mi habitación. Después fue todo tan fácil y hermoso, un sueño”, revela la actriz a la revista Vanity Fair Italia esta semana.

Sus padres también temieron que no fuera una buena idea, después de la polémica que se había generado con las acusaciones de violación de Maria Schneider. La actriz aseguró que durante la grabación de El último tango el París el director y el actor Marlon Brando habían pactado a sus espaldas la controvertida escena de la sodomía con la mantequilla. El propio Bertolucci lo reconoció en un primer momento y más tarde matizó que lo único que desconocía la actriz era el uso de la mantequilla y que el resto estaba en el guion.

“No quiero desacreditar la experiencia de Maria Schneider, estoy segura de que ella sufrió realmente. Pero por lo que a mí respecta, siempre ha sido un caballero, muy respetuoso. Sabía lo nerviosa que estaba antes de rodar las escenas de sexo y nunca me presionó. Simplemente nos dejaba hacer, nunca hubo nada raro”, declaró Green la semana pasada a la publicación Hollywood Reporter.

La actriz, que está en Nueva Zelanda rodando la serie The Luminaries, se puso en contacto con la periodista de Vanity Fair Paola Jacobbi al conocer el fallecimiento del cineasta. “Bernardo era un verdadero artista, un pintor de imágenes en movimiento. He tenido el privilegio de trabajar con él y su mágica serenidad te hacía pensar que todo es posible. Lo echaré mucho de menos”, le dijo.

Ahora, que acaba de ingresar en la Academia del Cine de Hollywood, como miembro con derecho a voto en los Oscar, y es embajadora de la firma de joyas Bulgari, recuerda su debut y las mariposas en el estómago en el estreno de aquella Soñadores. “Llevaba un vestido diseñado por una amiga”, rememora. “Era todo tan nuevo y tan extraño”.

También evoca los fines de semana de descanso del rodaje hablando sobre cine y música en casa del director y los días en el plató. “He aprendido tanto de él. Era muy abierto a lo inesperado, a las cosas espontáneas. Por ejemplo, hubo una escena en la cocina en la que mi pelo empezó a arder. Michael Pitt saltó sobre mí para apagar el fuego y Bernardo continuó grabando. Si miráis con atención la película, veréis durante un segundo como mi pelo arde”, señala.

Después de su bautizo de fuego con Bertolucci le llovieron las ofertas y su salto al estrellato se cristalizó. En marzo  se estrenará Dumbo, su tercera cinta con Tim Burton, de quien se ha convertido en musa, entre rumores de una posible relación sentimental. Green los desmiente en la publicación italiana. “Nos conocimos en Londres, un día de tormenta, con rayos y truenos. Un encuentro bellísimo. Pero la nuestra es solo una relación artística. No me hizo una prueba real, creo que solo había visto Casino Royale”.

En esa película, Eva se metió en la piel de la espía Vesper Lynd —también interpretada por Ursula Andress en 1967—, la Chica Bond que rompe el corazón del agente 007. “He tenido suerte, porque es una Chica Bond pensante”, explica a la revista italiana y confiesa sus dudas antes de aceptar el papel. “¿Qué debo hacer? ¿Estar allí y ser… guapa?”, pensó. “Para una actriz no hay nada peor que ser un caparazón vacío”, subraya.

¿Por qué 'Soñadores' es la película más transgresora de Bernardo Bertolucci?



El fallecido director de cine rompió todas las normas en esta película de 2003 que elevó a Eva Green al cielo de las superestrellas

https://www.vogue.es/living/articulos/bernardo-bertolucci-muere-pelicula-sonadores-mas-transgresora-carrera/37871
© D.R.
Verónica Marín @VmarinB El director Bernardo Bertolucci, el último emperador del cine italiano, ha fallecido hoy a los 77 años en Roma, la ciudad en la que había vivido casi toda su fructífera vida. Su filmografía está marcada en rojo por una escena que apenas dura cinco minutos en la controvertida El último tango en París (1972), la película que le dio fama mundial. Otro título que casualmente lleva la palabra último (El último emperador, de 1987, ganadora de nueve Oscar), lo cubrió de los oropeles de Hollywood. Pero el trabajo donde Bertolucci rompió todas las normas establecidas fue en una película mucho más reciente: Soñadores (The Dreamers). Un cinta que Bertolucci filmó en 2003 con los tres actores más 'cool' de principio de los dosmil: Eva Green, Louis Garrel y Michael Pitt.

living
© D.R.
Tres actores que empezaban a despuntar y a los que Bertolucci eligió por razones obvias. La película es una alegoría del fracaso de los ideales del mayo del 68 y de los principios de igualdad, fraternidad y libertad sobre los que se basa la democracia francesa (y por extensión, la europea). Los sueños de una sociedad libre, igualitaria y justa que se esfumaron en los 70. Bertolucci utilizó un triángulo amoroso (basado en la novela de Gilbert Adair, The Holly Innocents), para contar aquella perdida de la inocencia.  

Matthew (Michael Pitt) es un joven estadounidense que vive en París como estudiante de intercambio, allí conoce a los universitarios Isabelle (Eva Green) y Theo (Louis Garrel), dos hermanos obsesionados con el cine y muy implicados en el Mayo francés. Isabelle y Theo, cuyos padres están de viaje, lo invitan a dejar su hotel y a vivir con ellos. Allí descubre que son siameses y que tienen una extraña e inclasificable relación.


Los tres inician una relación sexual marcada por la atracción velada entre los dos chicos y entre los hermanos entre sí. Matthew, que termina involucrándose en una manifestación de protesta con violentos enfrentamientos con la policía, es la parte débil de ese trío y acaba por darse cuenta de que los ideales políticos y el comportamiento psicológico de los hermanos son incompatibles con su relación con Isabelle. El incesto, probablemente el tabú más grande que existe en Occidente y el poliamor (las relaciones entre tres, cuatro y cinco personas) están presentes en toda la película. Hace 15 años no se hablaba de este tipo de amor multitudinario (más antiguo de lo que parece) y Bertolucci, director de sentimientos y sexualidades, se atrevió a ponerle nombre con una película tan incómoda como bella.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Letra de canción de Haz Lo Que Quieras (Tu Cuerpo) de Barricada

Letra de Haz Lo Que Quieras (Tu Cuerpo)

La hipnotizante curva de tus labios
fue el argumento que me convenció.
Como si fuese el ultimo día,
dando mas de lo que nunca daría.
Con la fuerza de un adolescente
hiciste el amor esa noche,
entre las sabanas paseándote inquieta
sabiendo que ahí eres la más fuerte.

Tu cuerpo, lo que deseo.
Tu cuerpo, precioso miedo.
Resultado de imagen de cuerpo mujer

Poco importa como empezó
la locura en aquella habitación.
Con sus mil ojos la oscuridad
se presentaba perversa y fatal.
Ha llegado el momento,
un alarido húmedo y tenso.

Destrózame, destrózame
que poco importa como empezó.

Tu cuerpo, lo que deseo.
Tu cuerpo, precioso miedo.
Resultado de imagen de cuerpo mujer

Dejo otra vez mi cabeza correr,
creo que éste no puedo ser yo.
Es un castigo tanto placer
Haz lo que quieras, haz lo que quieras.
Déjame sin sangre esta vez,
clava tus dientes en mi cuello,
destrózame, destrózame,
en esa boca esta mi destino:
Tu cuerpo, lo que deseo.
Tu cuerpo, precioso miedo.
Tu cuerpo, lo que deseo.

16 PELÍCULAS ERÓTICAS QUE ESCANDALIZARON AL MUNDO

Ahora que la saga de '50 sombras' llega a su fin, todas estas películas pueden servir para rellenar su hueco.