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lunes, 29 de abril de 2013

Ritmos antiguos

Tus manos acarician mi pecho con ritmos antiguos, con gustos que me persiguen en una pintura futurista que avanza sobre si misma. Oigo palabras extrañas, palabras ininteligibles que pertenecen a la bestia, al lado oculto del suceso que no comprendo en mi perplejidad gozosa. Alguien tañe una campana, se oye un golpe en la barra, en la barra equivoca en la que yacen dos ginebras con tónica y una cerveza. Yacen impertérritas, ignorantes de que van a ser bebidas en la altanería insensata de un martes que no es de carnaval (lo del carnaval se me ocurre debido a que todos llevamos una máscara).
Intentas explicar mis gustos poéticos, mis músicas y circunstancias, no lo entiendo, eres la Diosa y yo el lacayo; en el torneo de los golpes un viejo ha entrado. Lanzo un sorbo que parece una aventura después del beso y de los reproches. ¿Quién te ha invitado? Mientras, afuera, a la intemperie, espera el transporte, la ligereza de la carretera, el vivo recuerdo de otras incursiones en otras circunstancias.
Entras en mi casa, en mi cuerpo, detonas la bomba, y otros ríen, se equivocan, me pongo en tu pellejo, soy un artista, pocos pueden decirlo, te comprendo. Mientras, llegamos a una señal de stop, y todo empieza desde cero. Salgo corriendo, acelero, no paro ni un momento, no puedo tomarme un respiro.
Soy el conejo que quiere entrar en la boca del zorro, soy un artista, pocos pueden decirlo. Aquí queda todo lo que fuimos en aquella noche que casi no reímos. Ahora despierto para ver la ceguera delante de la señal de tráfico. Había policías, en ese tipo de situaciones siempre hay policías, aunque nunca habrás llegado a saberlo.

viernes, 11 de enero de 2013

Historias antiguas: Un viejo y un niño



Un viejo entre mentiras
que cuenta feliz a otros nietos,
absurdos cotidianos
junto a un fuego que se apaga.
Lucrecia desertó de mi almanaque,
mira como tiembla, pero no digas nada,
el viejo todavía se ríe.

Siento decírtelo con metáforas,
el día se ha acabado, mi noche duerme,
llaman a las puertas de casa,
ya no se venden enciclopedias,
solo whisky barato.
Bebe como si fuese el último día,
no te guardes ninguna carta en la manga,
a día de hoy hasta la propia muerte es un regalo,
y no debemos desperdiciarlo,
es lo único cierto de los oráculos.

Lástima lo del niño,
dicen que buscaba un juego nuevo;
lo vieron arrojarse desde lo alto;
la madre llora, el padre borracho
canta y canta sin parar.
No te olvides de asistir al entierro.

Los síntomas del sueño;
la cadencia falsa;
y todo es mentira;
el viejo sonríe;
el poema se acaba.

viernes, 23 de noviembre de 2012

TVE recuerda a 'Miliki' este sábado con 'Había una vez un circo'

 
En farodevigo.es: http://ocio.farodevigo.es/tv/noticias/nws-136509-tve-recuerda-miliki-sabado-habia-una-vez-circo.html
'Cine de barrio' recibirá la visita de Rita Irasema mientras que 'Informe semanal' le dedica un reportaje
22-11-2012 11:52 
Fotografía de archivo con
Fotografía de archivo con "Fofó" (i), y Emilio Aragón "Miliki" (d). EFE
El programa de TVE Cine de barrio recordará este sábado a Miliki, fallecido el pasado domingo, con la emisión de uno de sus títulos más conocidos, Había una vez un circo, según ha informado la cadena pública.

En el programa de este sábado participarán además familiares, como su hija Rita Irasema, acompañados de amigos y compañeros.

Mientras, Informe semanal analizará su figura en un reportaje que desvelará la impronta que ha dejado en las generaciones de niños que han crecido con sus canciones, marcando toda una época que ha perdurado hasta su muerte.

Había una vez un circo es una película argentina rodada en 1972, dirigida por Enrique Carreras y protagonizada por Los payasos de la tele que retrata una familia circense de gira por varias ciudades argentinas. En uno de los pueblos que recalan, conocerán a una niña. La pequeña será raptada y ahí se iniciará una loca aventura en la que todos los miembros del circo aunarán esfuerzos por encontrarla.

La banda sonora la componen las canciones más conocidas de Los payasos de la tele, como La gallina Turuleca, Don Pepito y Don José, Susanita o la que da nombre a la película, Había una vez un circo.

En el programa Cine de barrio, además de disfrutar de la película, escucharemos a la hija de Miliki, Rita Irasema, recordar a su padre; también pasarán por el programa que presenta Concha Velasco los actores Fernando Chinarro, conocido como señor Chinarro, y Lola Muñoz, los actores coprotagonistas de sus sketches en TVE, quienes sufrían las bromas y torpezas de Gaby, Fofó Miliki y Fofito, y que con ellos hicieron reír a los niños de varias generaciones.

Varios reportajes a lo largo del programa recordarán su figura, sus actuaciones en TVE, y se podrá escuchar al propio Miliki en una larga entrevista que concedió a Cine de Barrio, en la última visita que hizo al programa. Cine de Barrio se emite los sábados en La 1 de TVE en torno a las 18.55 horas.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Apetencia por las mujeres maduras


El agobio es terrible. Quedan tres días para el examen y, aun por encima, la madurita no me hace caso. Parece mentira que no se fije en mi, ni que fuera un pretencioso. Siempre me gustaron las mujeres mayores, ya desde que era un crío. Seguramente esto proviene de mi gusto temprano por el sexo débil. Cuando aun era un niño, mi madre tenía un montón de amigas de muy buen ver, y todas pasaban de la cuarentena. Como no maravillarse ante tanta bondad y elegancia, como no enamorarse ante tanta belleza en estado puro. El ser de buena familia también ha sido un acicate. No he sido un pobre hombre deseoso de chicas bien arregladas que no le hacen caso por ser un don nadie en la vida. A mí nunca me han faltado jovencitas con ganas de aventuras pero sin un grano de sensatez. En cambio, he carecido de madres con preocupaciones a las cuales poder consolar del trato recibido de sus maridos. Señoras que están de vuelta de todo pero que necesitan un estímulo.
De vez en cuando, alguna queda atrapada entre mis lazos de galán, pero en general se quedan asombradas de que me interese por ellas, luego, cuando les explico mis gustos, creen que soy un pervertido. Como no me gustan las escenitas, procuro ser cauto hasta que llega el momento en que no puedo más y tengo que declararme, o al menos incitar una ocasión propicia para atacar. Sí, soy cauto, pero tengo cierto instinto que me dice cuando le gusto a una mujer y creo que con ésta voy por el buen camino.

Corriendo por el bosque: Historia de un abandono

Intenté aprovechar la mañana para correr un poco por un pinar situado a las afueras de la ciudad. Así, podía descargar la adrenalina. Ya lo había decidido, iba abandonar, aún tenía mucha vida por delante y no iba a echarme a atrás por un desengaño amoroso. Los índices del paro estaban altos, pero con mi físico y mi entrega no me iban a faltar trabajos. Necesitaba vivir cosas nuevas, espacios que se fugan en el recuerdo, con la curiosidad de la inocencia que no retorna.
A estas alturas ya habréis alabado mis dotes de escritor, pero eso vino después y no forma parte de esta historia, de una historia que subyace debajo de la corriente general y que puede resultar extraña. El desorden aparece delante, dentro de mis ojos. Los oídos tiemblan como hace un rato. ¿Qué más da lo que pensamos? Ahora me toca a mí pagar el precio. Además, tropiezo con una lánguida certeza: que nunca seremos los mismos, pero también que estoy en el mismo sitio. Todo salió mal, pero hoy no voy a pasar por nuestra calle, la calle de los presagios cumplidos, la calle que compartimos entre tus documentos y mis libros de segunda mano para pasar el tiempo.
Éramos felices y todo salió mal o simplemente no salió. Llego la hora y decidimos decirnos adiós. No sabíamos si fuimos amantes, amigos o compañeros, recuerdo tu risa  y el primer beso… Parece que hablo por tu boca, que grito socorro en esta casa en llamas, en este mundo quemado y sin agua. Quizás ahí esté el desfase entre deseo y tiempo. Pero todo eso ocurrirá más tarde, por lo cual dejo aquí en interrogante mi discurso, sobre todo para poner una nota de misterio y que algunos se sientan mejor al poder jugar de detectives con unas expresiones que juegan a confundirse a si mismas; unas expresiones que me rodean y me atacan al igual que llamaradas que avanzan difusas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Historias antiguas para gente nueva: Absurdos cotidianos junto a un fuego que se apaga

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Un viejo entre mentiras
que cuenta feliz a otros nietos,
absurdos cotidianos
junto a un fuego que se apaga.
Lucrecia desertó de mi almanaque,
mira como tiembla, pero no digas nada,
el viejo todavía se ríe.
Siento decírtelo con metáforas,
el día se ha acabado, mi noche duerme,
llaman a las puertas de casa,
ya no se venden enciclopedias,
solo whisky barato.
Bebe como si fuese el
último día,
no te guardes ninguna carta en la manga,
a día de hoy hasta la propia muerte es un regalo,
y no debemos desperdiciarlo,
es lo único cierto de los oráculos.
Lástima lo del niño,
dicen que buscaba un juego nuevo;
lo vieron arrojarse desde lo alto;
la madre llora, el padre borracho
canta y canta sin parar.
No te olvides de asistir al entierro.
Los síntomas del sueño;
la cadencia falsa;
y todo es mentira;
el viejo sonríe;
el poema se acaba.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Hiroshige: En la penumbra de una canción de Placebo


En la penumbra de una canción de Placebo permanezco,
mínimo de mí, como Neruda en un cielo estrellado
que ahora contemplo en el libro, única ocasión.
Gente revoleteando, otros gritan al cerezo en flor,
blanco, tan blanco que hubieras podido estar muerto,
nadie lograría comprenderlo, sólo el autor
que ahora duerme su siesta, no holgazanea
sino que espera a la inspiración
a revolotear como mariposa, sumido en sombras,
ahora vienen, ahora se van.
 

Simples líneas, simple sentimiento
que resulta al afrontar el peligro
del honor insinuado en la profundidad,
estilo que revolotea, rosa y azul
se encuentran en un bar, ¿quién invita?

Otros se postran ante el mar,
pero el mar está ausente de mis escritos,
me ahogo en su nómina barata, lloro
y empiezo de nuevo, ¿qué más da?
 

La serie se repite, desolada la erupción
de lo taimado. Madre que revolotea,
alguien grita, y empiezo de nuevo,
alijo en el recoveco; miradas
que nacen y mueren entre láminas;
no hay principio ni final, solo muero
y empiezo de nuevo, ¿qué más da?

El día después 2


Mírala como se revuelca revoltosa,
mira al abismo con sus ojos
de cara de niña traviesa,
me gusta cuando te enfadas;
aquí hay demasiada gente,
hagan sitio, apártese de ahí, hombre,

tengo prisa en mis neuronas,
no ve que ya llega la estrella.

El público está francamente enfadado,
todos quieren quemar sus entrañas,
perdón, quise decir entradas.
Mi boca se revuelve por culpa de la coca.
Anoche me robaron la ilusión
los camellos del ultraje.
Ayer sucumbí entre sus piernas.
¡Qué importa lo que suceda hoy!

El destino se fugó del calendario.

El libro de Job: El torso desnudo de antiguas caricias

Tienta el viento, mi viento
que luego acaricia tu torso,
el torso desnudo de antiguas caricias,
síndrome inequívoco del fracaso,
de algo que no existe en el objetivo
de cansarme en otra hora igual a otra.

Otra hora igual a otra, cariño,
¿por qué pasa el tiempo y no estás aquí?,
¿por qué pasa?

Entonces comprendo y tú también comprendes,
que todo resulta absurdo si lo miramos,
si lo miramos desde los años olvidados
en un cajón con ropa usada, limpia.

Ignoro dónde quedarán los restos del accidente:
la carne rota, la sangre a borbotones, tu falsa sonrisa
de un payaso sin cabeza, marioneta epiléptica,
mordida la lengua, los ojos, aquel día…

Aquel día que ahora vuelve, como Proust, Joyce, la película
que pudimos protagonizar sin sentir la tinta
que ahora escapa líquida, limpia, locuaz;
lenta agonía en los versos de otro punto final.

Epifanía: Serás de otro.

La mirada trastocada anda pinchada por lo hablado
en aquel día de durmientes estatuas, ahora simples
abalorios con los que inventar tempestades
que calientan las bragas mojadas de una santa,
simple condena de penes que atacan suavidades
para la terca piel de los que boicotean mis sueños.

De otro, serás de otro; ¿y qué más da?
nunca fuiste de nosotros borrachera,
ni tan siquiera verdad con la que alimentar
a todas esos gusanos que despotrican
en una casa de las afueras; pero sin luz roja,
que para algo están las lesbianas rebeldes
de los maricones que se esconden en la madriguera
donde retumban mis oídos de piedra para María.

Por eso me revoluciono en mi país de incendios
de todas esas banderas que ahora amaño,
con colores no uniformes, simples maragatos
como los de tu boca temblores, saliva de los diarios
que escriben miradas. Y verás otras cosas
de ahogos sin auxilio, de humores de cicatrices descosidas
como los que tú siempre buscas pero no encuentras.

De otro, serás de otro; ¿y qué más da?
pidiendo limosna el viejo se sonroja
ante el gesto desabrido, catarsis, huída
del último sin testamento. Solitaria,
en el camino de los árboles sin raíces,
durmiendo la culpa yacerás, y yo entre brumas
cantaré otra gesta llena de ateas oraciones.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Herido del tiempo

Cálida la arrogancia
a pesar de algunos,
quizás por ello
más allá de lo cierto
intentándolo.

Pero tú escapas
entre ciénagas,
a ciegas,
sin rumbo fijo,
pidiendo.

Pidiendo lo imposible,
el juego tierno
de tus abrazos,
entre susurros,
sintiendo.

Mientras te busco,
pienso
en otras luces
casi a ciegas,
herido del tiempo.

Y pido lo imperfecto,
el orgullo herido,
por tu maldad,
mi yo imperfecto
cayendo.

No, no lo digas,
quédate con ellos,
ese enemigo fiero
de calamidades
frustradas en lo eterno.

Si no vienes,
la verdad no importa,
jugaré a entenderlo,
a pesares de los míos,
lo último que quiero.


En el borde de la certeza


Dedicado a Matilde González Guindos


En el borde de la certeza cabalga
un círculo de triste tiempo
que me ahoga en mi morir.

Me encierra él en mares eternos
que aíslan al andante
por los caminos de lo antiguo
que todos ven en mí.

 

Luego la paloma coge vuelo
y se detiene en medio del aire;
es muy lista, sabe sufrir,
pero yo sufro más que ella,
porque la entiendo
como ella a ti,
mi pensamiento fiero
que yo no sé si lo tengo.

 

Soy o no soy cazador
del alarde menos sincero
con que salir del paso
para resbalar en el regreso
y luego describir lo mío,
con palabras que no son nada
más que la pétrea certeza
de que alguien va a oír.

 

Alguno se reirá
de mi mísero dolor,
fabrica de versos
que encierran mi historia
en la magia de la tinta
que tu química vertió
en esta celulosa de árbol.

 

Sin embargo, sin raíces
existiré sin existir,
con mis trucos pendencieros,
con mis cuentos falsos
que tú no entiendes.

¿Qué te importara a ti?
y yo creo que sí.

Vamos a la cama: El origen de mis ansias eróticas


En mi época de niño, en aquella lejana época durante la cual ejercía de estudiante de la vida, todo circulaba tan lentamente que los acelerones parecían simple saliva de babosa. Recuerdo alguna tarde lluviosa, en la cual esperábamos la hora de la salida de la escuela como un preso espera su último día en prisión. Cuando llegaba el momento de abandonar el aula, nos sorprendía afuera la última luz del día para decirnos que habíamos perdido otras veinticuatro horas más. Relacionado con esta frustración, está  la canción que más suena  en mi memoria, ésta es la tonada televisiva que nos invitaba a ir a la cama, otro transito nunca apetecido y por lo tanto bien recibido.
Años me llevó el poder superar la dichosa canción, sobre todo en lo que se refiere a la culpa de estar despierto después de que la emitieran en una televisión en blanco y negro (la de color llegó con el Mundial de España, en 1982) queriendo yo dormir, aunque sólo fuera por complacer a mis padres.
Aun hoy, el recordar aquellos niños felices de la tele que se alegraban si lograban convencernos de que ya era hora de dormir, incita mis peores pesadillas en las cuales veo pasar el tiempo desde mi pequeña cama sin otro acompañamiento que el silencio.
 Ya  en mis ocho años, mis vanas creencias eran insuficientes para soportar esos tipejos mimados y famosos (dense cuenta que eran dibujos animados, aunque para un niño poco diferentes de los seres de carne y hueso), pero que duda cabe de que aún más difícil de aguantar era el tedio de no tener sueño, ya que por muy santo que me creyese nada podía evitar la sensación de que estaba perdiendo el tiempo.
Con el paso de los años, he intentado rellenar ese vacío de las ganas intelectuales de dormir, y de las físicas de seguir despierto, con numerosos trucos. Al principio inventaba historias que me acompañaran, formaban parte de mi vida como un amigo de juegos violentos; la violencia era parte sustancial de ellas, aunque de aquella no lo consideraba de esta manera. Imaginaba mi vida de adulto, y lo hacía mediante un personaje norteamericano que luchaba por mantenerse vivo a costa de eliminar a todo tipo de energúmenos; quién podía considerar desde mi corta edad que a veces se excedía en los medios.
 Ahora que tengo la edad del cuento que imaginaba, creo que mis pretensiones de heroicidad podían haber sido ciertas, pero, pese a ello, difíciles de realizar. La vida maltrata tanto a la gente que dan ganas de empezar a repartir, y no precisamente mensajes de paz. Lo malo de esta perspectiva lo constituyen las ganas de dar un paso más, unida a la cobardía ante el hecho de meterse en líos. Creo que, ya de aquella, debí darme cuenta que mi físico no daba para peleas con las que salvar al mundo; por ello fui sustituyendo lo altruista por lo obsceno. De esta forma, el sexo no apareció en mi vida como consecuencia de un exceso de hormonas o de provocaciones ajenas. En mi caso, apareció para matar el tiempo durante el cual no conseguía dormirme, ni tan siquiera con cuentos de superhéroes foráneos. Esa fue la causa de todo y no la perversa Iglesia (a la que le corresponden otras culpas), ni la televisión, ni las revistas de mi hermano ni aún menos aquellas manoseadas novelas gráficas (lo que mi madre llama tebeos) subidas de tono.
Todo vino a causa del tedio de intentar dormir noche tras noche y no conseguirlo al instante. Lo que ahora ignoro es si mi vena porno tendrá un final distinto a mi muerte, ese otro gran sueño. De todas formas, creo que quizás su mayor enemigo sea su propio creador, aquel tedio infantil que con el paso del tiempo puede que derive en asco, o, lo que es peor, en simple indiferencia.

Buscando una salida

Caen las suspicacias iniciales
y retorno a lo que no se puede ver,
a la luz que agoniza;
pero es entonces cuando lo veo claro:
intentan comprarme la confesión de los pecados,
la lucha concisa por alcanzar un final.
Los ignoro  con un trago de ron cubano,
no se asemejan a mi tedio,
a mi lucha por recordarla;
luego, no existen si los leemos
con la falsa tendencia de ponernos en su lugar:
Sólo son inventos de la imaginación,
y sus cuentos intentan alumbrar un comienzo
que todos buscamos,
esto es la muerte en manos de tu amada,
ahora simple almohada
en la cual lloras todos tus errores,
pero también los aciertos volcados en palabras.



martes, 6 de noviembre de 2012

Resurrección de un muerto en vida

Más que nada deseaba
Unas vacaciones en tus dudas
Como catarsis de los encuentros
Con un pasado que no existe,
Únicamente en estas escrituras.

Palabras para los equívocos,
Arrogancias en toda historia
Que empieza en una risa y acaba en rosas
Para el entierro de las viudas,
Todas ésas que venían.

Las madrugadas socavan
Una tumba de lentitudes,
Escupitajo a su cara
Para que tengas algarabía,
Aunque no sé si te divertías.

Alrededor de mí todos los engaños
Llovían piedras sobre la sangre
Para devorar a mis locas prisas,
Y entonces entiendo porque te reías,
Porque estabas muerta en vida.

Me transformo en cada rima,
Busco extrañas salidas
Por las que salir de este cementerio,
Pero extraños seres mutantes me seguían,
Tú los llamabas policías.

Sabían donde estaba la presa,
En silencio guardan mi secreto.
¿Por qué lo descubrías?
Ya no estás entre nosotros,
Pero todas vosotras no existíais.

Reflexiones sobre un amor perdido

¿Qué vio en ti? Quizás la oportunidad de demostrar algo, tal vez el orgullo de esconder lo dado. Por mi parte, tardé en enterarme del incidente; de todas formas no puedo dejar de divertirme e, incluso hoy, creo más en las sonrisas que en las suspicacias.
Pero eludamos lo directo, busquemos las expresiones que no dicen nada, inventemos una historia hecha a medida de los perdedores. En el otro lado, quizás estimen mi inventiva mientras los críticos se rasgan las vestiduras. Todo por no querer estudiar, todo por anidar en la vagancia más excelsa. Soy culpable acaso de este desprecio o sólo un mero testigo de mi condena. En un momento de mi infancia, un viejo pregunta la hora mientras un par de amantes juegan al ahorcado, luego desaparezco en un instante de vergüenza. Cásate conmigo si no tienes nada que hacer, no alegues que has quedado para tomar un café, te necesito, como podría sin ti lograr avanzar en este cuento.
Una estación de autobuses llora en el imperio de quienes buscan no aguantar, los engendros metálicos rugen en un sueño. Seré famoso si escapo de este infarto hecho a medida, lograré lanzar todos los dados y cantaré la victoria; una victoria mínima, pero lo que importa es que no me alejará de mi perdición más sencilla.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Luna



El interior cae sobre nosotros,
qué, entre todos, suplicamos,
mártires
de un sofoco
al principio, al interior.

Y nosotros,
simplemente agua que se torna sangre;
en cada recoveco, sin temor
a ese aire romántico,
Luna de los primeros lunáticos.

Las habilidades sofocan
con los golpes que damos
de la ignorancia altruista, pereza
que a cada momento implica
maldad, miedo.

Todo ha concluido;
el perro ladra en la calle,
no hay nadie que me comprenda;
estoy sólo contigo, aúllo
al reflejo de tu blanco rostro.

El Morse de mis labios
a cada paso que abrazamos,
ha leído la polémica:
un viejo se masturba delante
de su hermana.

Caen desde el cielo;
vuelven a perder,
un partido amistoso,
lo más importante:
la Luna.

El circo cotidiano de los ridículos culpables



Este circo incluye múltiples espectáculos.
Pongamos, por ejemplo, las caricias, las risas,
ciertos casuales encontronazos en la vida,
aquella sorna, la misma delicia
de mis labios entre los tuyos.

Y sin embargo, oigo voces que son la tuya,
y las multas ascienden entre los índices
que tocan tus pezones ilusos, camisa
a la que ahora pertenezco; pezones ilusos o ilusionados,
no hay termino medio, ni tampoco en el recuerdo,
accidente “in itinere” de mi sangre tras la tuya.

Misión imposible, Tom Cruise de aquel insulto;
croissant del día anterior, café frío,
y todos volvíamos por el oscuro camino
que conduce a un siniestro en aquel circo,
en aquel circo de sueños ilusos,
ilusos o ilusionados, no había niños.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cantar de los cantares: Lo asesino de tu ausencia


Debo olvidar, dicen algunos, no, no lo saben;
son esos que dicen ser mis amigos,
todo pasa, olvídala, debes ser fuerte,
ésos sueltas no te conocen que, y yo qué sé.


Reconozco que debo agradecer su ayuda,
pero tú ya te has ido, y yo quiero volver.

Volver al mismo sitio, a las mismas buenas risas,
juntos, que se fastidien los demás, disfrutar.


Me llamarán hipócrita, cegato,
pues todo me da igual y sólo quisiera retenerte,
tal vez retenerte igual y todo me da quisiera;
pero no, te pierdo debido a que algo se borra, ¿qué será?


No hay quién me trate, dicen algunos, creo.

Creen ellos que mi dolor tendrá un fin.
Me da todo y retenerte quisiera todo igual.


Sin embargo, ahora ni pensar quiero,
sólo aniquilar a los farsantes,
en un puente entre los dos,
directo a la sien
en una bañera de ahogos,
en tus brazos de amiga.


¿Y ellos?

        Que se queden en su refugio.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Agria venganza

Sol de la tarde
en una plaza con niños,
hay empacho de murmullos,
y la Luna no ha salido,
¿por qué entonces ese guiño?

No  me mires,
no tienes derecho
a meterte en su vida,
no tienes sufragio
en lo que yo decido.

Reniego de todo lo tuyo,
no soy su lacayo,
pese a que simple victima
es mi fiero orgullo
cuando estoy a tu lado.

Revienta de ira,
huye y no mires atrás,
ahógate en el mar,
pero, sobre todo, bebe
cuando ni siquiera respires.

No le voy a dar limosna,
te voy a pisar,
ya sé que soy malvado,
pero así es la vida,
pregúntale a mamá.

No olvido ni perdono,
el daño que me has hecho
es de los que queman y quedan,
aparta su llama de mi camino,
es lo mío, aléjate de ello.