Entrada destacada

Libros de Juan Carlos Pazos desde 1€

  https://www.amazon.com/author/juancarlospazosrios “EL LABERINTO DE LOS AFECTOS” https://amzn.eu/d/9Hc7xoY “EL LIBRO VERDE (versión autoriz...

Mostrando entradas con la etiqueta manias persecutorias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta manias persecutorias. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de noviembre de 2012

Reflexiones callejeras: Mientras elucubro otros padecen

-->
Mientras elucubro otros padecen. Los niños juegan protegidos por los soportales, lo que toca hoy es improvisar guerras con sus petardos, les tengo simpatía, pero a la vez no soporto sus ruidos sorpresa. Con tanta nube, la ciudad parece tan lúgubre como sus habitantes. La nota de colorido es puesta de nuevo por los barrenderos al trabajar, con sus impermeables amarillos, debajo de la persistente lluvia. Vuelva a casa andando por la destacable ciudad vieja, claridad de piedras entrañables que susurran más que rezan peleas históricas. ¿Cuántas puñaladas? ¿Cuántas inocencias ultrajadas en cuerpo o en espíritu? En los tiempos actuales esta zona es transitada por el ambiente estudiantil en las noches de juerga, en las noches que agotan la inocencia y buscan destinos ignorados por los abusos impuestos sobre uno mismo.
En otra época, las luces de Navidad enredaban un contexto que luchaba por ser y no era, físicamente se podía afirmar que conservaba muchos recuerdos apacibles. Eso no era raro, el egoísta egocéntrico del más alto ego también recorrió esta calle de piedras tanto físicas como espirituales, busqué entre las rocas una gema, una esmeralda o quizás una veta de oro; pero, a pesar de golpear con fuerza todas estas paredes, sólo encontré silencio y desdicha. La calle y la lluvia siguen siendo las mismas, pero no el espectador, le han afectado el tiempo empleado en la búsqueda y el cansancio de la entrega.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Una supuesta infidelidad

 En mi nebulosa alcohólica, imagino en otras manos a esa mujer que me prometió fidelidad eterna. Mientras deambulo por la ciudad, otro hombre ocupa el sitio que me corresponde. Además, comete el error de olvidar mi regreso, suceso que debería obligarle a tener un poco de respeto hacia un compañero de sensaciones. Ahora el muy cabrón se esconde debajo del colchón, desaforado por derrocarme, pero incomodo por su posición, también por  mi presencia. Su única suerte es que aún conservo cierto raciocinio, éste evita el confrontarme con él en una lucha de machos sin sentido. Congratulado conmigo mismo, paso despectivo camino del baño, e ignoro a ese hombre desnudo que ha pasado la mitad de la noche debajo de mis ronquidos, quizás intentando explicarse el motivo que tiene para meterse en líos.
     Definitivamente, debería dejar la bebida y dedicar más tiempo a mi esposa, aunque signifique abandonar el lado poético de la vida. Acabaría así con mis revoluciones, y me volvería en un adepto a su gregarismo. Podría evitar, de esta forma, el ser desplazado a la antípoda de lo rebuscado, cosa que por otra parte forma parte de mi mecanismo de defensa. Por desgracia, siempre que me pongo ese objetivo, el encontronazo con mi integridad lo derriba. Sé que en el fondo rindo  pleitesía a mis intervenciones impostadas, y que quizás pudiera irme mejor si aparento un estado más afectuoso y menos frío, tal vez si me basase más en la interpretación que en el instinto.

martes, 6 de noviembre de 2012

Ninguna bandera me pone de pié



Podríamos inventar el regalo para todos los adioses, podríamos salir de la senda de todas las bienvenidas, podríamos pero no podemos.  En su lugar, quedamos encerrados en el callejón sin salida, pasmados ante la huída del retoño que no quiere más caridad que la de su amada, pasmados ante su orgasmo lleno de vergüenza. ¿Quién invento acaso esta idea? Como dice el grupo de Pamplona (los nunca bien ponderados “Barricada”): “Otros llegarán después, no la dejarán caer al suelo”.
A pesar de las canciones,  no hay salida para tanto grito, para tanta teta y tantas salidas: “una pierna encima de otra, nunca se puso cachonda ni se sabe bien por qué”. Alguna ignoraba mis sensaciones y casi acierto la primitiva con sus millones llenos de huesos, el disco giraba “Por instinto”; en otro disco comprado en la misma época Kurt Cobain lloraba mi amor frustrado, nadie pidió clemencia y los autos chocaron en un bar de carretera.
Tienes acaso suficiente luz para este insulto, o has caído en el desacato más simplón, me gusta tu sonrisa. No importa: “ninguna bandera me pone carne de gallina, ninguna bandera me pone de pie”, y caes rendida mientras suena el himno; ya podemos entrar en el taxi, ya podemos contar los minutos mientras la historia se acaba, nadie quiere ya volver a aquellos tiempos malditos. Algo se hizo mal, ahora renegamos, no teníamos paciencia.

Traducción: Luces de colores

Las luces rojas y rosadas
algún garbo en el contenido
y mira la culpa;
Estoy lleno de eso,
a quién le importa
lo que me dices,
y mucho menos el futuro lector
con su jersey amarillo

Poema en gallego: Luces de cores

Luces vermellas e rosas,
un certo garbo no contento
e miradas que acusan;
estou cheo deso,
a quen lle importa
o que ti me digas,
menos aínda ao futuro lector
co seu xersei amarelo

Avaricia

En el borde de la certeza cabalga
un círculo de triste tiempo
que me ahoga en mi morir.
Me encierra él en mares eternos
que aíslan al andante
por los caminos de lo antiguo
que todos ven en mí.

Luego la paloma coge vuelo
y se detiene en medio del aire;
es muy lista, sabe sufrir,
pero yo sufro más que ella,
porque la entiendo
como ella a ti,
mi pensamiento fiero
que yo no sé si lo tengo.

Soy o no soy cazador
del alarde menos sincero
con que salir del paso
para resbalar en el regreso
y luego describir lo mío,
con palabras que no son nada
más que la pétrea certeza
de que alguien va a oír.

Alguno se reirá
de mi mísero dolor,
fabrica de versos
que encierran mi historia
en la magia de la tinta
que tu química vertió
en esta celulosa de árbol.

Sin embargo, sin raíces
existiré sin existir,
con mis trucos pendencieros,
con mis cuentos falsos
que tú no entiendes.
¿Qué te importara a ti?
y yo creo que sí.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Luna



El interior cae sobre nosotros,
qué, entre todos, suplicamos,
mártires
de un sofoco
al principio, al interior.

Y nosotros,
simplemente agua que se torna sangre;
en cada recoveco, sin temor
a ese aire romántico,
Luna de los primeros lunáticos.

Las habilidades sofocan
con los golpes que damos
de la ignorancia altruista, pereza
que a cada momento implica
maldad, miedo.

Todo ha concluido;
el perro ladra en la calle,
no hay nadie que me comprenda;
estoy sólo contigo, aúllo
al reflejo de tu blanco rostro.

El Morse de mis labios
a cada paso que abrazamos,
ha leído la polémica:
un viejo se masturba delante
de su hermana.

Caen desde el cielo;
vuelven a perder,
un partido amistoso,
lo más importante:
la Luna.

Juicio Final



En el punto en que coincidimos, planeta y satélite,
sabemos la ola que entiende a la revolución,
a la caricia del encuentro, magia, desborde pornográfico
que otros despellejan sin sentimiento, frío
de los aceros que cortan la factura de la luz eléctrica,
apocado invento de un tal Edison, desmesura de una noche
que no acaba ni con eclipses de barra de labios
sobre los míos, indecisión de los niños que bebimos.

Luego cantan otras desmesuras, yo con la tuya
con gracia compondría la novena de un tal Beethoven.
Sírvanmela bien fría, con hielo cariño mío,
pues refresca y voy caliente de tantas bofetadas.
En mi casa siempre hubo pornografía como la tuya,
salimos para romperla, pero ella desertó del calendario
en que se crían las verduras, también las dudas
del granjero y su modelo, envidia que es endivia,
pues refresca y voy caliente de tantas bofetadas.

El lado oculto tergiversa las verdades
y el juez está viendo un partido en el Maracaná
del invento del tal Edison, será corrupto,
él, muy ciego como su falsa justicia, balanza
en la cual pongo mis kilos de más.
No declares si no te dan comida,
toma mi verga y despierta, niña
que ha desertado del calendario; corrupto,
el juez aplaude a su jugador favorito.

Al final triunfa la perversidad, la furia
de un Dios que no existe sino en sueños
como los que cantaba el poeta,
el tal Calderón de la Barca, sueños son
para todo el que no se rinda ignorante.
Lentas circunstancias que ahora tiemblan
en el centro, en aquel clítoris que invento,
hasta yo invento, miento y me declaro culpable.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Traducción: Versos incomprendidos

Volver a mi lado
Es un convulso balbuceo,
Una herida de muerte
En el momento de no alcanzar
Otro amor es posible.

Pero aún así les pido lo imposible
Finalizar no entender
Todo este lenguaje huido
En los albores de una ilusión
Que ya no entra ni sale.

Realmente que lamento
No saber enfadarme
Para que permitan el cumplimiento
A todos los que soportan
El olor de la profundidad.

Soy un cobarde,
La anémona significa una caída,
Después de tanto tiempo
No sé donde estoy
Pero sirvo a estes versos.

Versos mal entendidos,
Algunos ritmos que huían
En la lucha por traerte aquí
Ellos saben que no son nada
Sólo otra decepción.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Declaración de intenciones


Para los curiosos, diré que el tema de mis divagaciones constituye un asunto sin importancia, pues parece un sucedáneo de mi paraíso particular. Lo esencial, a estas alturas, es imbricar las ideas en torno a los espacios vacíos, siendo más necesario la forma que el fondo. Con ella procuraré una efímera conexión, así ya os puedo decir que por aquí podéis encontraros todo lo que concierne a mi propio homenaje. Por eso mi trabajo carece de dedicatoria, precisamente por la injusta causa de estar dedicado a su mismo autor; un autor que tejerá su discurso con la ayuda de un público que ya está buscando la salida de incendios ante esta fogosa pero inútil explicación; no os asustéis de mi osadía y procurad recordar aquel momento de cariño que ya desde ya os voy a intentar provocar.
Ya que todo esto va a versar sobre mí, y dado que debéis conocerme, os diré de nuevo que soy alguien vulgar, tan sólo un simple autor de palabras dictadas por otros. Ante todo, mis textos son pruebas de vanidad, y que me perdone Dios y sus acólitos. Pido disculpas por si a veces intento suplantar su trono al fabricar seres a mi imagen y semejanza. Para compensar, ahora voy a crear no un personaje sino la presentación de una personalidad. Quizás esto resulte aun más vanidoso, por ello, ya desde aquí, aviso de posibles susceptibilidades que os pueden asaltar cuando habléis de mí con vuestros más íntimos amigos, de todas formas os aconsejo que no les hagáis caso y que sigáis leyendo lo que voy con el tiempo a escribir, no os arrepentiréis y, si lo hacéis, os prometo un premio de consolación: la capacidad de leer un pensamiento que quiere compartirse.

miércoles, 31 de octubre de 2012

En la cárcel de la libertad. Traducción

En la cárcel de la libertad

Una vez en la calle atrapado,
son augurio cadenas
una sensación permanente,
enfermedad muy difícil de alcanzar
abstracto con ese nombre.

 

Días sin principio,
noches aburridas
por la sangre de otro organismo
me da risa el evento
te siento tan extraña,

 

¿Por qué entonces dejar la cama sueño
y luego finge dolor sin sentido?

Pesadilla de las dos de la mañana,
presagio de dos de mi vida
que siempre aparecen.
 

Llamé a la policía para que no se derramen,
y me meto en un calabozo prisionero
de la calle de la desgracia.
Ahora recuerdo
en el principio.

 

Quédate solo,
y luego comprar el nicho
irredentos los muertos
que se escribe
frustrado por el interés frenético.

Los delitos del goce

        Visto lo visto, hasta yo me sorprendo de mi buen humor y la deferencia con que las trato. Sé que un día me vencerán, pero espero que al menos no lloren por mí. Yo en cambio si lloro por ellas, porque la realidad se escabulle con la maldad que no dominamos. El sufrimiento asciende más que desciende el Down Jones y no podemos darnos cuenta que las hipotecas del sentimiento se pagan con dolores de espalda, de esa espalda que no vemos, pero que acaba por crearnos extrañas posturas, y no precisamente las del Kamasutra.
        Ignoro pues el motivo del asesinato, las extrañas tretas que me llevan a sus entrañas, además, el dibujo es difuso pues ha caído sobre él un chorro de agua. Indeciso, sigo mareándome al combinar la música con choques de latas. El poema nace de una raíz llamada patata, y almidono mi camisa para ir de putas. Todo debe tener un sentido, un fin concreto que no sea la conservación del código genético. Reducir nuestra vida a un escupitajo es demasiado ingrato. Por eso me comunico, para romper lo dado.

Efectos de la borrachera

En esta voluble realidad, puedo afirmar que, dentro de una borrachera, la almohada es tu mejor amiga: aunque el alcohol intenta marearte, ella busca la sintonía para llevarte a un centro sin localización cierta, allí te encuentras repleto de malabarismos con yunques al rojo vivo, ellos, tan férreos, te dicen que no hay condena de la que el exceso no pueda sacarte para luego volverte a encerrar; poca cosa en definitiva, pero fundamental para alguien que quiere dejar de ser humano para alcanzar lo sobrenatural.
La noche tergiversa las voces y el murmullo busca derribar las murallas, combinas la ropa del mismo modo aleatorio que los licores, así, si logras un acto reflejo, ya te consideras el rey del mundo, pero en realidad pareces la última escoria que uno pueda encontrar. Con todo, también se descubren cosas, pero no las voy a contar todas y tenderé a inventarme la mayoría de ellas, pues, al fin y al cabo, merezco un poco de intimidad.

martes, 30 de octubre de 2012

Noches locas: Mejorar las estadísticas

¿En qué invertir el tiempo? He aquí el gran problema. Parece tarde, sobre todo para llegar a ser hipnotizador de Marujas con ganas de pasta, mi verdadera vocación si miramos hacia un pasado confuso; de todas formas, no debemos rendirnos antes de tiempo, todo es posible en este mundo. Por eso, y por ciertas influencias que manejan mis movimientos, me propongo desde este texto el mejorar mis estadísticas cada año. ¿Qué tal el duplicarlas en ese periodo de tiempo? ¿Qué tal el convertirme en el nuevo guerrero del nuevo siglo? Perdonadme por las redundancias, pero ya desde ya me siento con más y nuevas fuerzas. Por supuesto que debo aumentar mis destrozos para atacar con todas las armas posibles a esas amas de casa con ganas de perder el tiempo. Yo soy vuestro hombre, podéis levantaros la falda cuando suene la flauta. Pensaréis que sólo digo cosas ordinarias, pero eso se debe a que no me conocéis bien. Tengo ciertas admiradoras que serían capaces de todo por mí, es una pena que sean lesbianas o no tengan orgasmos, aún así prometo no defraudarlas, para ello me hundiré hasta el cuello; cuando el agua salada me rodee, prometo pedir un trago, sírvanmelo con un poco de hielo y, si es Martini, que venga bien seco.

Renuncia sentimental

Lo podríamos dejar aquí, pero no me convence quedarme tan corto, descarrilan todos los trenes en la estación del paso mal dado. Deberías callarte si no lo entiendes. Acabo cruelmente con aquella llamada a las tres de la madrugada, era del servicio de bomberos.
Arde Roma leído al revés, arde el amor entre tus brazos, no lo pienses y ejecuta el nivel más bajo de tus gracias desnudas, realmente no te reconozco, pareces otra hija del destino en mi lista de onanismos que se desvanecen, realmente no me convence tan sólo el quedarme: necesito otras vidas.

Invitación a una fiesta

Invítame a la fiesta del perro meando. Soy un truhán que no respira, invítame la negocio de la cornisa helada. Necesito otros sucedáneos para su amor.
 Ella no conoce los cataclismos que acontecen por estos lugares, invítala también a ella, llegará a conocerte como si fueses su hijo, pues en realidad lo eres. Las circunstancias navegan por tu mar, pero no lo siento. Sentiría dejarte por las buenas, sentiría reventarte los tímpanos con mi protesta.
Invítame a la fiesta del perro meando, que alguien pregunte por los postres, el perro ya no ladra, levántate y respira, yo soy tu Dios, tú eres Lázaro.

Crucifixión

En cada ojo hay una foto de otro cielo
donde amartillan caballos al galope, fieras
fuera de los puntos cardinales
para rendir pleitesía a mis humores fatuos,
casi como la vida misma si no estuvieras muerta
entre toda esa mala hambre de sangre.

Circuncisión parafimosis en el borde de un vaso
soldado a mi mano sobre cuatro extremidades
que avanzan por todos los caminos de mi aldea,
esa gran indigna sociedad culpable
que me rompe los oídos con sus villancicos
para viejas que se agarran a su última menstruación.

Todo el mundo lo tendrá, calma de lo acabado
en esta playa sin mar llena de ahogos,
para de esta forma formar lo deforme
que anida en lo que no tiene más gusto
que las oscuras iras indispensables;
envidia corriendo desnuda por un jardín
de avaricia ira universal para mi glotis.

Buscaremos un sumidero confortable,
para, desde allí, despotricar a mis penas
las posesiones de lo que no se puede abarcar,
desde el trono de barro miserable al abismo
en que se ahogan los miserables,
¿soy yo uno de ellos? Espera antes de contestar,
aun me quedan dos estrofas.

Al final quedan los restos del incendio, la ceniza
hecha de gasolina para el coche sin suspensión.
Tras siglos de erosión sus ruedas se pinchan con un acorde
del rumor o humor de una sonrisa con la que dar
un último giro a este discurso de siesta,
siesta o brillo de borrachera, luces que ahorran
la energía de un litro o dos, de gasolina o de ron.

La chica de otro barrio mendiga saludos
sobre el juego de la fortuna desdichada
para torcer cabezas sin norte, lucha
que busca dar otro golpe, en mis venas
simple dispensa religiosa con la que dormir
las caricias que alguien pudo con pudor otorgarme.

Y sin duda, un calor, en mi frío buscado,
firma un epitafio con el que reír
aquellas olvidadas fechas del temblor,
favores que nadie entendió, pero que ahora crean
una estrofa más de lo prevista,
posdata del sentimiento hundido,
que ya no mueve molino, y todo gracias a Dios.

lunes, 29 de octubre de 2012

Epifanía

La mirada trastocada anda pinchada por lo hablado
en aquel día de durmientes estatuas, ahora simples
abalorios con los que inventar tempestades
que calientan las bragas mojadas de una santa,
simple condena de penes que atacan suavidades
para la terca piel de los que boicotean mis sueños.

De otro, serás de otro; ¿y qué más da?
nunca fuiste de nosotros borrachera,
ni tan siquiera verdad con la que alimentar
a todas esos gusanos que despotrican
en una casa de las afueras; pero sin luz roja,
que para algo están las lesbianas rebeldes
de los maricones que se esconden en la madriguera
donde retumban mis oídos de piedra para María.

Por eso me revoluciono en mi país de incendios
de todas esas banderas que ahora amaño,
con colores no uniformes, simples maragatos
como los de tu boca temblores, saliva de los diarios
que escriben miradas. Y verás otras cosas
de ahogos sin auxilio, de humores de cicatrices descosidas
como los que tú siempre buscas pero no encuentras.

De otro, serás de otro; ¿y qué más da?
pidiendo limosna el viejo se sonroja
ante el gesto desabrido, catarsis, huída
del último sin testamento. Solitaria,
en el camino de los árboles sin raíces,
durmiendo la culpa yacerás, y yo entre brumas
cantaré otra gesta llena de ateas oraciones.

Pereza

Contemplo el ejercicio de distinguir
el sonido entre el infierno y el invierno,
del poder y el vivir, mientras rezo
a todos esos pájaros de mal agüero
que pían y pían sin ningún fin,
habrán sido tradicionales sus cantos
pero no quiero oírlos;
prefiero al depredador en mi boca,
prefiero enterrar a todo bien dentro de mí.

Sino quien hubiera pensado, aunque solo un momento,
en que consiste esto de vivir.
Tendré que discutirlo con mis padres,
con el amor que cambie por una copa,
con la virgen que me hace sufrir.

Y luego quedaré insensato en el mar
en el que se ahogan los idiotas
con un final sin fin.

Pedofilia veraniega

Parece mentira que escritores como García Márquez escriban libros en que aparece el proxenetismo, la pedofilía y demás enseres, como si fuesen algo justificable, y sean aclamados. Hablo de "Memorias de mi putas tristes" libro que por otra parte me gustó. Lo mismo hizó aunque con matices Nabókov con su también excelente "Lolita". Pero para mí el mejor y el precedente de los anteriores es "La muerte en Venecia" de Thomas Mann del que os dejo este fragmento:



Con su cartera de viaje sobre las rodillas, empezó a contestar su correspondencia, con estilográfica. Pero después de un cuarto de hora, encontró que era lastimoso abandonar en espíritu la expectación más agradable que conocía y echarla a perder con una actividad indiferente. Dejó a un lado sus útiles de escribir, y volvió a mirar al mar. Poco tiempo después, atraído por la algarabía de los chicos que jugaban con montones de arena, volvió la cabeza hacia la derecha, apoyándola cómodamente en el respaldo de su silla, para contemplar lo que hacía Adgio.
Pudo verlo al lanzar la primera mirada. La cinta roja de su pecho flotaba sin escaparse. Ocupado con otros niños en colocar una tabla vieja como puente sobre el foso húmedo de la montaña de arena, daba órdenes con gritos y movimientos de cabeza. Serían unos diez compañeros, chicos y chicas, algunos de su misma edad y otros, más pequeños, que hablaban en francés, en polaco y también en idiomas balcánicos. Pero el nombre más repetido era el de Adgio. Sin duda lo querían, lo admiraban todos. Especialmente uno de ellos, polaco también, robusto y fuerte, llamado algo así como «Saschu», con el cabello negro, engomado, parecía ser su más íntimo amigo y vasallo sumiso. Cuando el trabajo de la montaña de arena estuvo terminado, se fueron todos abrazados, playa adelante, y el llamado Saschu besó al hermoso Adgio.
Aschenbach se sintió tentado de amenazarle con el dedo. «Mas a ti, Cristóbulo, te aconsejo —pensó sonriendo—, que te vayas un año a viajar. Pues eso necesitas, por lo menos, si quieres curar.» Y luego se comió con delicia unos fresones maduros que compró a uno de los vendedores ambulantes. Hacía calor, a pesar de que el sol no lograba atravesar las nubes que cubrían el cielo. El espíritu se sentía invadido por una gran indolencia, y los sentidos penetrados por el encanto infinito y adormecedor del mar. A un hombre de la seriedad de Aschenbach le pareció en aquel momento una ocupación apropiada y suficiente adivinar, investigar qué nombre podía ser el que sonaba algo así como «Adgio». Con ayuda de algunos recuerdos, pensó que debía de ser «Tadrio», diminutivo de «Tadeum» y que se pronunciaba «Tadrín».

LA MUERTE EN VENECIA
      Thomas Mann (n. Lübeck; 6 de junio de 1875 – f. Zúrich; 12 de agosto de 1955)