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lunes, 29 de octubre de 2012

La entrada al infierno

A esta mi particular cárcel, vendrá el cartero regularmente, pero más que nada para traer folletos publicitarios y facturas. De vez en cuando, recibiré también alguna carta de algún despistado; pero lo que ya no espero ni quiero son felicitaciones y menos si son de Navidad, esas que se las quede mi carcelaria. A mí que me dejen sólo con la condena y libre de falsos amigos o amigas.
Aparece una urgencia fecal repentina, pero el cuarto de baño es una trinchera; esto se debe a que, aunque conocemos nuestros cuerpos, no conviene mostrar las interioridades olorosas. Relaciono esto con el hecho de que el sexo ha puesto un freno de mano, quizás para intentar arrancar en esta cuesta que contraviene toda lógica.
Todo será cuestión de asumir los rasgos transgresivos que impone la ausencia de luz de nuestro hall; en esa entrada al infierno es donde tomo la pastilla antidepresiva, asunto éste que por otra parte  resulta en cierta forma contradictorio. De todas formas, todo se reduce a aceptar las exigencias que traen nuestra desleal carne en esa otra estancia en penumbra, en la cual no encuentro, como en el otro lado, ningún auxilio.

jueves, 16 de agosto de 2012

Ciertos intermediarios para salirse de la topología cotidiana


Mis ansias pueden instigar comportamientos reaccionarios, tambien ciertas afinidades. Por ello intento salir de la pecera, pero sólo recibo la incredulidad del resto de los peces. Hago todos estos intentos para no quedar estancado en un analogismo discordante, pues sé que dicha combinación de términos es posible, más aun entre animales primarios como son mis compañeros habituales. Unos amigos que cuestionan mi suerte mágica, aunque no sé si en mayor medida que las mutaciones gozosas. Desde un punto de vista distinto al suyo, las considero a todas ellas como algo inherente a mi idiosincrasia.
Quizás la causa de estar repleto de reflejos es lo que obliga a evadirme de la topología cotidiana, pero únicamente para que no me localicen las almas perversas que nos dominan a casi todas. Merced a los intermediarios que me ayudan, es, entonces, cuando los estados de la conciencia sufren una metamorfosis. Reactivos en lo preconsciente salen tras invocar la excitación hiperbólica y consigo, de esta forma, salirme de los prejuicios miserables; definitivamente, sólo con estos aliados, consigue este ejecutivo emprendedor (aunque no agresivo) terminar esta pésima traducción de lo que le sucede.